Archivos Marzo 2003


anillo 1.jpgLa sociedad conyugal es uno de los tres regímenes matrimoniales bajo los cuales puede contraerse matrimonio en Chile. De los otros dos, esto es, la separación total de bienes y la participación en los gananciales nos ocuparemos en los próximos meses en esta misma página. La sociedad conyugal es el régimen normal, u ordinario de matrimonio en Chile. Establece la ley que a falta de pacto en contrario, por el solo hecho del matrimonio, se contrae este régimen.

Las ventajas de este régimen radican principalmente en su intento de proteger a la mujer que no trabaja fuera del hogar, por la vía de formar un patrimonio común, de propiedad del marido y la mujer por iguales partes, con todos aquellos bienes que obtiene el marido con su trabajo durante el matrimonio. Este régimen se justifica porque antiguamente la mujer permanecía normalmente en la casa dedicada a la crianza y educación de los hijos, en tanto que era el marido quien formaba el patrimonio.

Las principales características de la sociedad conyugal son las siguientes:
1- Todos los bienes que adquiere el marido con su trabajo durante el matrimonio quedan a su nombre y son administrados por él libremente, es el llamado patrimonio social. Sin embargo, su libertad tiene límites, ya que para la venta de bienes raíces debe contar con la autorización de su mujer, al igual que para garantizar deudas de otras personas mediante avales, prendas, hipotecas u otras garantías, o para dar en arriendo los bienes raíces por más de cierto tiempo. A la fecha de la disolución de la sociedad conyugal, sea por muerte de uno de los cónyuges, por cambio a otro régimen matrimonial, como por ejemplo, separación total de bienes o por cualquier otra causa, todo aquel patrimonio acumulado por el marido durante el matrimonio, debe dividirse entre ambos cónyuges a razón de un cincuenta por ciento para cada uno.

2- El marido es el administrador de sus bienes propios que no forman parte del patrimonio social, tales como los bienes que tenía antes de casarse o los que adquiere durante el patrimonio por herencia o donación, y respecto de éstos si que actúa libremente y sin limitación alguna.

3- El marido es el administrador de los bienes propios de su mujer, vale decir administra todos aquellos bienes que la mujer había adquirido antes de casarse, o que adquiere durante el matrimonio por herencia o donación. Esta administración sí que obviamente está sujeta a limitaciones, ya que para vender los bienes raíces de su mujer, o sus derechos hereditarios, requiere de su autorización. Probablemente es la característica anotada en este número, el mayor inconveniente de la sociedad conyugal.

Es necesario considerar que tanto en los casos señalados en el número 1 como en el número 3, la autorización de la mujer puede ser reemplazada por una autorización dada por el juez con conocimiento de causa, en caso de impedimento o de negativa injustificada por su parte.

Patrimonio reservado de la mujer casada

Es interesante comentar brevemente esta variable que puede darse dentro del régimen de sociedad conyugal. Como se analizó anteriormente, dicho régimen estaba estructurado considerando a la mujer dentro del hogar. Con el tiempo, y la incorporación de la mujer al mundo laboral, fue necesario hacerle algunos ajustes, los que se materializaron en la institución del patrimonio reservado de la mujer casada. Este consiste en que aquellas mujeres casadas bajo régimen de sociedad conyugal que realizan un trabajo fuera del hogar, pueden administrar libremente, y sin injerencia de su marido aquellos bienes que adquieran con el producto de ese trabajo, y formar así su propio patrimonio. A la fecha de la disolución de la sociedad conyugal, la mujer o sus herederos pueden decidir, si aportan este patrimonio reservado al patrimonio social formado por el marido, según se señaló antes en el número 1, para posteriormente dividir el total a razón de un cincuenta por ciento para cada uno; o bien renuncian al patrimonio social, el que quedará únicamente para el marido o sus herederos, y conservar su patrimonio reservado.

María del Carmen Rozas Ortúzar
Abogado

la paradoja del amor.jpgEl autor Xavier Lacroix , reflexiona, en este artículo, sobre tres tipos de amor: la amistad, el amor eros y el amor ágape. Finalmente indaga sobre la fuente de donde viene ese movimiento que a la vez nos permite acceder a lo más profundo de nosotros mismos al mismo tiempo que nos conduce a otros.

NIVELES DE AMOR

Hay una singular diversidad de sentidos de la palabra amor, lo cual a menudo da lugar a confusiones.

El primer nivel es el placer, amar es encontrar gusto, experimentar placer al estar con una persona. El placer es una experiencia de armonía con el mundo o con el otro Pero tiene dos límites. Puede ser egocéntrico : es en mí, por mí, que siento placer, sobre todo si lo busco por si mismo. Y además puede ser superficial : podemos experimentar placer mientras lo profundo del corazón permanece indiferente.

Si ahora pasamos de lo sentido a lo resentido, el amor puede ser una emoción, es decir , una conmoción interna, un trastorno. La emoción es más interior que el placer ; puede disponernos a acoger al otro, puede ser, por ejemplo, maravillarse de algo, pero lamentablemente descubrimos que siempre es efímera y que también puede ser muy superficial. Se puede ir de emoción en emoción y no cambiar, no dar pasos reales en la relación con el otro.

El tercer grado nos abre mucho más a los otros : es el sentimiento. Es un apego, una afección, una ternura. No es algo que brota sólo del placer sino de la alegría. No es sólo goce, sino regocijo por la presencia del otro, por el sonido de su voz, por la luz de su mirada. Es algo más interior, pero aún tiene sus límites. El sentimiento también puede ser precario, frágil, inconstante. Del mismo modo que vino puede desaparecer, o incluso transformarse en su contrario, el odio. La búsqueda puede complacernos por nosotros mismos. Recordando su juventud tumultuosa, San Agustín dirá " Yo no amaba, sino que amaba amar".

El amor es también del orden de la acción, del consentimiento al otro. Es compromiso de la voluntad. El cuarto nivel es la voluntad, la voluntad es compromiso de todo el ser, es decisión puesta en práctica. Es el corazón del amor. La voluntad es el deseo más la decisión. Decisión de acordar prioridad al otro, de hacer todo para que él viva. Estos cuatro grados no se oponen , pero el cuarto es el más determinante.

Amar a alguien es gozar de que exista y querer que exista aún más tiempo. Hay gozo, alegría por la presencia ; hay también una vertiente activa que se configura en el servicio por la vida del otro.

AMISTAD; EROS; ÁGAPE

La amistad es como si una nueva dimensión se abriera a mí al momento en que descubro al otro y me siento reconocido por él. Amistad es más simple que una atracción. Es concordia, es decir, acuerdo de corazones, o siguiendo a Montaigne, " conveniencia de voluntades". Se apoya en lo que hay de mejor en cada uno para juntos perseguir un bien, un valor ; descubrir uno por otro, uno en otro, la verdad de nuestras vidas. Aristóteles definía la amistad por un término muy rico, la koinonia, es decir, la comunidad. Poniendo en común - por la palabra, por el don, por los actos de afecto - es la manera que se construye el lazo. La amistad cuida y respeta este, " entre" nosotros. Integra la distancia entre las personas.

El amor de deseo, en griego el amor " eros", es la forma que toca lo más íntimo de nuestro ser, ya que compromete la carne, el cuerpo vivido del interior y , especialmente, la sexualidad. El deseo es uno de los resortes más legítimos de las relaciones entre los seres sexuales que somos. Contribuye , por ejemplo , a hacernos percibir el encanto o la belleza de tal sexualidad. Porque compromete lo más íntimo de los cuerpos en su totalidad, hasta las fuentes mismas de la VIDA que hay en ellos. Este tipo de amor se traduce en gestos de donación, de abandono, de acogida mutua que encuentra su verdadero sentido en el contexto de una relación de don recíproco. El amor eros está llamado a tomar forma en una relación única que se construye a través del tiempo.

¿Que sería de todos aquellos por los cuales no experimentamos espontáneamente amistad, ni deseo.?

Se trata del amor ágape, término que traduciremos como caridad, amor fraternal, ya que consiste en amar al otro como un hermano o hermana. Es un amor de otro orden, un amor por lo desconocido, por el recién llegado, un amor en actos , que no se mide, generoso y desinteresado.

No se trata de experimentar sentimientos, sino de actuar como si los sintiéramos. El sentimiento no es algo que se gobierna, pero los actos si pueden ser mandados. Es por ello que el amor puede ser objeto de un mandamiento " Amarás a tu próximo como a ti mismo"

El sentido del mandamiento bíblico es más bien de descentrarnos para dar a la existencia del otro tanta importancia como a la nuestra, lo que no es fácil.

El amor es reconocimiento. Pero ¿De quien? ¿De que?. Cuando amo de verdad no solo descubro mi espejo en el otro. Reconozco en él, en ella, un ser diferente pero emparentado. No es un extranjero, sino una hermana , un hermano. Descubro en él , en ella la vida que brota y que al mismo tiempo nace en mí. Es en la vida, cerca de la fuente, el lugar donde nos reunimos. En términos de fe, reconozco en él, en ella , al hijo de un mismo Padre : Dios.

Siendo receptivos, sensibles a la escucha del don secreto de la vida de Dios, estaremos en condiciones de recibir la revelación de ese don, de ese tesoro que aparece en la mirada del otro y que me permito reconocer como hermano o hermana. Lo que amaremos en el otro , no será sólo el reflejo de nosotros mismos, ni el reflejo de él mismo, sino el reflejo de Dios.

El don recibido no es sólo interior, sino que implica actos. " Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo". Amor que consiste en quitarse el manto y lavarles los pies, asumiendo la posición del sirviente, hasta dar la vida por ellos.

Lo maravilloso de esta revelación es que el mismo movimiento que nos permite acceder a lo más profundo de nosotros mismos es también aquel que nos conduce más allá de nosotros mismos. Volviendo a la fuente de nuestro ser somos , al mismo tiempo descentrados y empujados hacia nuestros hermanos. Y en movimiento inverso al salir de nosotros mismos, liberándonos del cómodo estar ligado a nuestro ego, nos lleva a la verdad de nuestro ser, ya que somos conducidos a descubrir y realizar una dimensión más auténtica de nuestra persona, más profunda que el yo y que la pesadez de nuestra vida psicológica. Al entrar en la dinámica de don , entramos en la dinámica de nuestra vida espiritual, que es lo más profundo de nuestro corazón. Accedemos así a la verdadera libertad. Nuestro yo es el primero de nuestras prisiones. Amando , somos liberados o, incluso aliviados del "yo".

No se trata de identificarse con su prójimo o de identificar al prójimo con uno mismo, sino de entender que amar al prójimo es ser tu mismo. Que tú eres tú mismo en el movimiento que te lleva hacia tu prójimo. Eres verdaderamente tú cuando te descentras para ir hacia el otro.

Nuestra vida verdadera no está sólo en nosotros, clausurada en nosotros mismos, sino que se encuentra y se realiza en el movimiento por medio del cual aceptamos ser desposeídos de nosotros mismos para darnos al otro. Nuestro centro de gravedad está fuera de nosotros, delante de nosotros.

Xavier Lacrix
Teólogo moral y decano de la
facultad de teología de Lyon
Revista Mensaje

 

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