Regímenes conyugales I - La sociedad conyugal

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anillo 1.jpgLa sociedad conyugal es uno de los tres regímenes matrimoniales bajo los cuales puede contraerse matrimonio en Chile. De los otros dos, esto es, la separación total de bienes y la participación en los gananciales nos ocuparemos en los próximos meses en esta misma página. La sociedad conyugal es el régimen normal, u ordinario de matrimonio en Chile. Establece la ley que a falta de pacto en contrario, por el solo hecho del matrimonio, se contrae este régimen.

Las ventajas de este régimen radican principalmente en su intento de proteger a la mujer que no trabaja fuera del hogar, por la vía de formar un patrimonio común, de propiedad del marido y la mujer por iguales partes, con todos aquellos bienes que obtiene el marido con su trabajo durante el matrimonio. Este régimen se justifica porque antiguamente la mujer permanecía normalmente en la casa dedicada a la crianza y educación de los hijos, en tanto que era el marido quien formaba el patrimonio.

Las principales características de la sociedad conyugal son las siguientes:
1- Todos los bienes que adquiere el marido con su trabajo durante el matrimonio quedan a su nombre y son administrados por él libremente, es el llamado patrimonio social. Sin embargo, su libertad tiene límites, ya que para la venta de bienes raíces debe contar con la autorización de su mujer, al igual que para garantizar deudas de otras personas mediante avales, prendas, hipotecas u otras garantías, o para dar en arriendo los bienes raíces por más de cierto tiempo. A la fecha de la disolución de la sociedad conyugal, sea por muerte de uno de los cónyuges, por cambio a otro régimen matrimonial, como por ejemplo, separación total de bienes o por cualquier otra causa, todo aquel patrimonio acumulado por el marido durante el matrimonio, debe dividirse entre ambos cónyuges a razón de un cincuenta por ciento para cada uno.

2- El marido es el administrador de sus bienes propios que no forman parte del patrimonio social, tales como los bienes que tenía antes de casarse o los que adquiere durante el patrimonio por herencia o donación, y respecto de éstos si que actúa libremente y sin limitación alguna.

3- El marido es el administrador de los bienes propios de su mujer, vale decir administra todos aquellos bienes que la mujer había adquirido antes de casarse, o que adquiere durante el matrimonio por herencia o donación. Esta administración sí que obviamente está sujeta a limitaciones, ya que para vender los bienes raíces de su mujer, o sus derechos hereditarios, requiere de su autorización. Probablemente es la característica anotada en este número, el mayor inconveniente de la sociedad conyugal.

Es necesario considerar que tanto en los casos señalados en el número 1 como en el número 3, la autorización de la mujer puede ser reemplazada por una autorización dada por el juez con conocimiento de causa, en caso de impedimento o de negativa injustificada por su parte.

Patrimonio reservado de la mujer casada

Es interesante comentar brevemente esta variable que puede darse dentro del régimen de sociedad conyugal. Como se analizó anteriormente, dicho régimen estaba estructurado considerando a la mujer dentro del hogar. Con el tiempo, y la incorporación de la mujer al mundo laboral, fue necesario hacerle algunos ajustes, los que se materializaron en la institución del patrimonio reservado de la mujer casada. Este consiste en que aquellas mujeres casadas bajo régimen de sociedad conyugal que realizan un trabajo fuera del hogar, pueden administrar libremente, y sin injerencia de su marido aquellos bienes que adquieran con el producto de ese trabajo, y formar así su propio patrimonio. A la fecha de la disolución de la sociedad conyugal, la mujer o sus herederos pueden decidir, si aportan este patrimonio reservado al patrimonio social formado por el marido, según se señaló antes en el número 1, para posteriormente dividir el total a razón de un cincuenta por ciento para cada uno; o bien renuncian al patrimonio social, el que quedará únicamente para el marido o sus herederos, y conservar su patrimonio reservado.

María del Carmen Rozas Ortúzar
Abogado

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