Archivos Junio 2004

Por Daniela Bueno, Periodista

“Había que salir de alguna manera y yo me las rebusqué”. Esta podría ser el reflejo en una frase del espíritu de las jefas de hogar, mujeres que por diversas razones son el sustento de sus familias tanto en lo económico como en lo emocional. La Iglesia Católica las acoge y se hace cargo de su dolor profundo, pero la ley de divorcio recién aprobada las afectará, para algunos para peor, y para otros para mejor.

El último Censo las puso en el centro de la noticia: el 32% de los hogares de Chile está en manos de una mujer, quienes tienen a su cargo a 3,3 personas en promedio. Por ello, en diversas instancias sociales se ha reafirmado la necesidad de generar mecanismos de apoyo a este grupo que, además, está marcado por la pobreza: el 23,1% de los hogares pobres es sostenido por una mujer según la última encuesta Casen del 2000.

El Sernam se enfoca a este grupo de manera prioritaria. Además de tener programas especialmente enfocados para ellas, coordina acciones con el conjunto de servicios públicos a fin de que incorporen esta variable como un criterio de priorización de cobertura, cupos en programas, o asignación de beneficios.

La Iglesia también se ha preocupado de ellas: la Campaña Solidaria de Cuaresma de Fraternidad ha destinado sus fondos durante cuatro años al financiamiento de proyectos destinados a su capacitación, nivelación escolar, microcréditos y talleres para su desarrollo personal. Se ha logrado desarrollar cientos de proyectos que han beneficiado de 5 a 8 mil mujeres cada año (y por consiguiente familias) en todo Chile.

El mismo creador del banco de los pobres, Muhammad Yunus, ha remarcado la importancia de apoyar a las jefas de hogar: “si queremos superar la pobreza hay que atender a las mujeres – ha dicho- en la pobreza, las mujeres luchan más que los hombres”.

La soledad del poder

No es fácil para una mujer tomar las riendas de su hogar. Además de las dificultades económicas, están las profundas huellas sicológicas que les provoca una ruptura amorosa, la viudez o el abandono.

“En el caso de las separadas, se sienten muy solas y marginadas ya que antes llegaban a todas partes con su marido y sus hijos como familia, y después pierden el círculo social, dejan de ver a las mismas personas.”, dice Rosario Jiménez, secretaria pastoral de la Vicaría para la Familia y orientadora del Centro Pastoral de Familias Incompletas (Cepafi) de la misma entidad.

También está la dificultad para erigirse como autoridad frente a los hijos: “es que la autoridad paterna es muy necesaria – dice Rosario Jiménez- porque la madre no puede cumplir los dos roles, madre y padre tienen roles específicos”.

En definitiva, el quedar a cargo de un hogar es un proceso de aprendizaje a vivir de otra forma. Es por eso que en Cepafi se les enseña a perdonar, a curar las heridas y reconstruir la relación con los hijos. El apoyo está a cargo de mujeres que han pasado por lo mismo, y que una vez recuperadas, sólo quieren ayudar a otras a pasar la tormenta.

Una de ellas es Mabel Calderón, 45 años, cuatro hijos, se separó hace seis años. Su marido tenía problemas siquiátricos y de drogas que resultaron imposibles de superar. Tras la separación quedó completamente a cargo de sus hijos, para ello debió aventurarse en la elaboración y venta de cortinajes. “Me ví sola a cargo de una familia rota y eso fue bastante duro”, recuerda.

Mabel se había alejado de la fe, pero los problemas la hicieron reencontrarse con Dios: “la fe me sostuvo y me permitió mantener la esperanza -dice ahora- entendí que con Él era capaz de todo, que era cosa de tener paciencia. Tener la certeza de que Él sabía todo y lo permitía por alguna razón, me ayudó a pasar lo días más difíciles de mi vida”.

Ley de divorcio: la polémica unilateralidad

La Ley de Matrimonio Civil fue aprobada este año tras una larga discusión. Uno de los puntos más polémicos fue la posibilidad que se le entrega a uno de los cónyuges de terminar el matrimonio de forma unilateral tras tres años del cese de la convivencia. En este caso, una vez presentada la solicitud de divorcio por una de las partes, el juez tiene la obligación de concederlo.

Además, será el mismo juez en base a los antecedentes que les aporten las partes, quien determinará las reparticiones de bienes y las reparaciones económicas. Este es un importante cambio respecto a las nulidades que se realizan hoy, en que se negocian estos aspectos, y la mujer es la que casi siempre pide la mayor parte por el hecho de quedarse a cargo de los hijos.

Actualmente, cuando hay nulidad, no existe derecho legal a compensación económica para la mujer. Cuando es una separación de hecho, sí hay derecho a una pensión alimenticia (aunque según un estudio del año 97’ sólo el 10% de las mujeres pide pensión para ella, a pesar de que sólo el 35% percibía ingresos propios). Con la nueva ley de matrimonio civil la mujer tendrá derecho a una pensión si acredita que el cuidado de los hijos le impide encontrar un trabajo suficiente para su sustento o si tiene problemas de salud.

Para la Corporación La Morada, este es un avance importante: “en las nulidades pocas veces las mujeres tienen capacidad de negociación, es decir, sólo cuando pueden pagar a un abogado se hace efectiva su capacidad de pedir pensiones. Además están las mujeres que se quieren separar de sus maridos y éstos les imponen como condición para darles la nulidad el no pedir pensiones de ningún tipo”, dice Patsilí Toledo, abogada de la Corporación.

El instituto Libertad y Desarrollo tiene una visión distinta, argumentan la existencia de estudios sobre experiencias internacionales en que las mujeres han visto disminuidos los beneficios económicos que reciben cuando dejan de ser la parte negociadora. Aducen además que en Chile, la compensación que se le pagará a la mujer no tomará en cuenta variables importantes como la cantidad de hijos de los que debe hacerse cargo. Además, perderá sus derechos patrimoniales y hereditarios.

Si bien es cierto que esto último ya sucedía con las nulidades, a juicio del abogado Jorge Morales de la Federación de Familias del Movimiento de Schoenstatt, de todas formas será una desventaja para las mujeres que son abandonadas ya que al no poder apelar a la condición que les impone su cónyuge, se verán en la obligación, aunque no lo deseen, de llegar a un juicio para la disolución del vínculo, donde perderán los citados derechos.

Los promotores de la idea han dicho que las compensaciones económicas aseguran el bienestar de la mujer, pero Libertad y Desarrollo (LyD) ha rebatido que el 41% de las pensiones alimenticias no se paga, por lo que esos resguardos económicos no son tan efectivos. Además, la posibilidad legal de formar nuevas familias provocaría una mayor dificultad para que los hombres -principalmente de escasos recursos- paguen las pensiones, puesto que tendrán más obligaciones con su nueva familia. Esto, según LyD derivará en un problema económico del cual tendrá que hacerse cargo el Estado.

El test de la fe

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Muchos de los que trabajan han pasado por la experiencia estresante de tener que ser evaluados en su desempeño y que de esta evaluación dependan cursos de perfeccionamiento, bonos económicos y otros beneficios. Algo parecido pasa con la fe. Ya lo decía Santiago el Apóstol en su época. "Muéstrame tu fe sin obras y yo te mostraré a través de mis obras mi fe" (St 2,18). El apóstol nos llama a dejar nuestra huella, a pensar en el otro, a hacer de nuestra sociedad una más solidaria, más humana. Nosotros, al igual que María, quien se realizó en plenitud cooperando y colaborando con la tarea redentora de su Hijo, estamos llamados a continuar esta tarea a través de nuestras obras.

alli_donde_esta_tu_tesoro.jpgComunidad es una palabra que expresa muy bien lo que todos queremos experimentar: una común unidad en torno a lo que toca lo más profundo de nuestro corazón. Comunidad es la familia cuando ella tiene una base sólida que permite que cada uno de sus miembros pueda desarrollarse en plenitud. Comunidad es el grupo de amigos que se junta para poner en común los tesoros que hay en sus corazones y que se ayudan mutuamente a multiplicarlos. Comunidad puede ser un colegio donde alumnos, padres y profesores miran hacia un mismo horizonte y trabajan por hacerlo realidad.

Comunidad implica saber vivir con otros haciendo cada día un esfuerzo para quererlos y acogerlos tal como son. Implica sacrificios de unos por los otros para que todos puedan realizarse. Es el esfuerzo de hacerse partícipes de lo que lo bulle en el interior del otro, de poner en común tiempos y vivencias que marquen a cada uno. Implica también buscar los sueños que se comparten y que se quisieran poder realizar juntos. Es proyectarse, compartir, cargar, afrontar, soportar, potenciar, educar, etc. para que cada uno de los miembros que la conforman pueda ser quien es en plena libertad.

Esta comunidad es el lugar donde nos sentimos cómodos y experimentamos la sensación de estar en casa. Es el lugar donde tenemos puesto nuestro corazón, donde sentimos que somos acogidas con todo lo que somos y tenemos, donde podemos "ser". La unidad de corazones -de estar emocionalmente conectadas- y de las tareas tienen que ir de la mano para poder hacer que este grupo humano tenga vida y vida abundante.

Revisémonos a lo largo de este mes preguntándonos dónde está nuestro corazón, cuál es nuestra comunidad principal, cuáles son las otras que se nos han confiado y que libremente hemos asumido, y cómo estamos desarrollando las tareas a las que nos hemos comprometido para que ellas desarrollen en plenitud su vida. Comprometámonos personalmente a cultivar una actitud en nosotros que ayude a nuestra comunidad (ej.: más atención al escuchar, mejor disponibilidad para realizar alguna tarea específica, etc.). En la medida que orientemos bien nuestras fuerzas para hacer crecer la comunidad de tareas y de corazones podremos vivir menos angustiadas porque sabremos qué es lo que se nos está pidiendo y qué es lo que tenemos que hacer.


"De esta cruz no me bajo...." Estas son las palabras que dijo el Papa Juan Pablo II años atrás cuando le propusieron que renunciara a su cargo por su enfermedad. Al igual que San Pedro y San Pablo está dispuesto a seguir fielmente hasta el final, aunque esto le signifique grandes esfuerzos humanos.

Contrasta su ejemplo a lo que el mundo de hoy nos propone: más que nunca se oyen cantos de sirena que nos invitan a seguir caminos fáciles y soluciones miopes o con anteojeras que no atacan la raíz de los problemas como ocurre, por ejemplo, con la píldora del día después.

 

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