Precio de una familia

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Por: Nuria Chinchilla, Profesora del IESE, La Vanguardia, España, 2004-05-07)

Teóricamente las directivas, las mujeres que “lo han alcanzado todo”, no parecen tener problemas de dinero ni de igualdad. Sin embargo, hay noticias estremecedoras. Tres alumnas de Harvard han ganado un premio a la mejor idea de negocio que, si no fuera porque es real y está financiado como tal, podría estar sacado del famoso libro “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, del que ya se han cumplido muchas de sus increíbles predicciones. Esta podría ser una más: “Programe su vida y también su carrera como si se tratase de un plan de pensiones… congele sus óvulos y tenga un hijo cuando haya triunfado”.

Cada año, los alumnos del programa Master elaboran un “business plan”, que un jurado analiza y califica. Este año el primer premio ha sido para unas peculiares emprendedoras, cuyo negocio se centraría en “mejorar la vida de las mujeres”. ¿Cómo? A través de una línea de servicio que posibilite parar el reloj biológico a voluntad.

El argumento esgrimido por tan singulares vendedoras del producto es: “En las mujeres coincide la edad fértil con la época de despegue profesional... la única solución es retrasar la maternidad. De este modo podemos tenerlo todo”.

¿Todo?¿A qué coste? Éste es el problema: querer tenerlo todo… sin cambiar nada –del entorno claro está– para conseguirlo. Equivale a seguir el rol del varón del pasado siglo, aceptar, de entrada, que no hay nada que cambiar en la empresa y la sociedad. Para ellas no existen políticas de conciliación trabajo-familia o cultura suficiente.

La flexibilidad en el tiempo y el espacio es todavía vista con recelo como modo de trabajo para una profesional competente capaz de lograr objetivos con medios distintos a las largas horas de presencia en la oficina. La realidad es así y la aceptan… cambiando lo que son, es decir, mujeres con una ambición no sólo profesional, sino también familiar.

Hasta que la empresa no incorpore la maternidad y la paternidad como un valor en la empresa, será imposible hablar de humanizarla. Como sabemos, la discriminación laboral no es por sexo, sino por maternidad. “Venid, venid, mujeres, estudiad, trabajad, votad, sedlo todo…, menos madres.” Éste es el engaño más perverso de la igualdad oficial, de la vida laboral enloquecida en la que andamos inmersos. Somos nosotras, con la complicidad de los varones, quienes debemos cambiar esta realidad, día a día.

Fuente: Mujer Nueva
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