Ella, uva y espiga

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Sin tierra no sabe crecer el trigo,
sin entraña fresca el manantial no surge.
María te dio la tierra de su sangre,
y fue el primer cáliz de la primera fuente.
Cuando partes para nosotros tu pan,
estás entregándonos la harina blanca
de la espiga de Nazaret.
Ella no lo olvidó jamás,
ni cuando molían tu trigo en el Calvario,
ni cuando pisoteaban los racimos de tu fuego,
ni en las eucaristías primeras de la Iglesia
cuando ella renovaba al Padre su Magníficat,
y recibía de vuelta el Cuerpo y la Sangre
que iniciaron los latidos en su entraña.

Joaquín Alliende Luco
del libro “Niño Dios-Niño Sol”, 2002

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