Archivos Mayo 2007

Ven Espíritu Divino
Manda un rayo de tu lumbre
desde el cielo
Ven, oh Padre de los pobres
Luz profunda en tus dones
Dios espléndido

No hay consuelo como el tuyo
Dulce huésped de las almas
Mi descanso
Suave tregua en la fatiga
Fresco en horas de bochorno
Paz del llanto
Luz santísima penetra
Por las almas de tus fieles hasta el fondo
Qué vacío hay en el hombre
Qué dominio de la culpa sin tu soplo
Lava el rostro de lo inmundo
Llueve, Tú, nuestra sequía, ven y sánanos

Toma todo lo que es rígido
Funde el témpano,
encamina lo extraviado
Da a los fieles que en Ti esperan
Tus sagrados siete dones
y carismas
Da su mérito al esfuerzo
Salvación e inacabable
alegría

Amén

Angeles Custodios

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Angeles_Custodios.jpgUn día Tata Dios llamó a uno de sus angelitos. De esos que Él tiene destinados para ponerlos junto a un niño que está por nacer, para que sea su guardián de por vida, y más allá.

-Mira-le dijo- ven que te necesito. Te voy a mandar para que le hagas compañía y lo ayudes en su camino por la tierra a un niño que esta noche va a comenzar su vida.

-¡No, Tata Dios! -respondió el angelito, medio asustado por el encargo que estaba por recibir. Yo soy muy chiquitito y de esas cosas no entiendo nada.

-No te preocupes-le dijo Dios- Sólo tienes que acompañarlo y aconsejarlo. Y, a la vez, mantenerme informado de todo lo que le pase. Me traerás sus pedidos, y le llevarás mis consejos.

-¡No, Tata Dios! Yo no puedo- se volvió a excusar el angelito. -No sé hacer eso que me estás pidiendo. Me contaron otros angelitos que los niños lloran mucho, que se hacen caca, y otras cosas que yo no entiendo. Yo siempre estuve en el Cielo y sólo sé jugar; reír y cantar en tu presencia.

-No te hagas problemas- le volvió a insistir el Padre Bueno. -De esas cosas tú no tendrás que ocuparte. Para eso yo ya destiné a otro ángel grande, que estará siempre con ustedes dos, y que entiendo bien lo que tiene que hacer.

-Ah, bueno. Entonces sí. Pero dime: ¿cómo se llama ese ángel grande?

A lo que Dios respondió con una sonrisa: -No importa como se llama. Ustedes le dirán: MAMÁ.

¿Tienes algún cuento propio o que quieras compartir con nosotros? Envíalo a editora@todomujer.cl.

Para escucharla pincha aquí

Como el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su madre
así mi corazón bien a ponerse
sobre tus manos, al caer la tarde.

Como el niño que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y esperanza,
así descansará mi alma segura
sabiendo que tú que nos aguarda.

Renunciarás mi última amargura,
Tú aliviarás el último cansancio,
Tú cuidará su sueño de la noche,
Tú borrar las las huellas de de mi llanto.

Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la alegría,
y, por las obras que te traigo muertas,
Tú me dará una mañana viva. Amén

Hace unos pocos días escuché el comentario de que generosa es la “fulana”, una mujer dispuesta a postergarse o sacrificarse, desde el punto de vista de quien lo comentaba, para poder tener más hijos. Que era increíble que toda su vida y sus decisiones estuvieran traspasadas por esta opción de vida. ¡Cuántas veces comentamos entre nosotros lo increíble que nos parece que un determinado matrimonio opte por tener varios niños! Y a veces lo llegamos a decir con un dejo de pena: “pobrecita, siempre que la veo está embarazada”, como si fuera algo semejante una enfermedad. O que decir del ambiente de las empresas donde, a veces, le hacen sentir a la mujer embarazada que es una irresponsable por haber queda esperando otro niño: ¡cómo no toma en cuenta las molestias que causa a raíz de eso!

Hoy vivimos en un mundo en el que hemos dejado a Dios fuera de nuestras vidas. Sólo cuando se experimenta a Dios como alguien cercano por haber ido construyendo voluntariamente una historia de la mano con El, y lo percibimos como alguien personal, cálido se puede uno a “arriesgar” a traer más niños a este mundo. Se hace porque se confía que Dios nos dará los medios a través de nuestro trabajo y opciones en nuestro estilo de vida matrimonial, para poder cuidarlos y educarlos, aún cuando hoy no sepamos si mañana podremos tener la misma situación económica.

Desde este punto de vista la maternidad es un acto arriesgado y, a su vez, generoso porque ponemos en primer lugar al “otro” que aún no ha llegado, pero que anhelamos que venga para que comparta con nosotros la alegría de formar una familia. Y generoso, además porque cuidar de cada vida exige muchas renuncias diarias: a horas de sueño, a planes que yo haya hecho para ese día, a cosas que me gustaría tener y que renuncio para darle a cada hijo una alegría en algo concreto que él quiera o necesite, sólo por citar algunos ejemplos. Tengo que forzarme a morir cada vez más para que esa vida que se nos ha confiado pueda crecer sana, alegre, querida y confiada. Ese es el mayor acto de generosidad: mi muerte por sus vidas.

En este mes de la madre queremos agradecer a todas aquellas mujeres que se han arriesgado a ser madres biológicas, madres adoptivas y madres espirituales. Gracias porque con su ejemplo y entrega de corazón hacen posible que nuestra patria vuelva a sus verdaderos valores, que recupere su alma. Ellas nos regalan la mejor riqueza que tenemos: nuestros hijos.

Atrevámonos y arriesguémonos en nuestra maternidad para que ella pueda realizarse en plenitud en nosotras tal como Dios la soñó.

 

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