* Acepte a su hijo como es y no como debería ser.
* Evite compararlo con sus amigos, hermanos o primos.
* Háblele en forma positiva.
* Respete a su hijo: escúchelo con interés.
* No interfiera cuando está tratando de solucionar él sólo un problema.
* Demuestre confianza en él, de modo que pueda creer en sí mismo.
* Dele responsabilidades para que tenga oportunidad de desarrollar sus capacidades.
* Enfatice sus progresos y habilidades. El estímulo fomenta la cooperación; el elogio, la competencia.
* Reconozca y valore sus esfuerzos y no sólo sus logros finales.
* Comparta su valioso tiempo con su hijo.
* Revise su propia autoestima, lo que la ha favorecido u obstaculizado.
* Ante su hijo y lejos de él, sea siempre veraz y auténtico.
* Recuerde que su hijo es el más preciado bien que Dios pone en sus manos para que a través suyo descubra que Él la acoja y acepta, la perdona y la aliente, en definitiva, que lo ama.
(Carisma Educación Nro. 15)
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