Mamerto Menapace
Para peor, el año aquel pintaba feo. Desde hacía meses una sequía bárbara tenía a los colonos en la angustiosa perspectiva de perder las cosechas. Ya no se sabía cómo enfrentar la situación. Y claro, cuando se acaban los posibles humanos, no queda otra que recurrir al buen Dios.
Y esto es lo que hicieron los buenos feligreses del padre Damián. Pero, como quizás les pareció mucho recurrir directamente a Nuestro Señor, prefirieron hacerlo a través de algún calificado intercesor que entendiera del asunto. Y así fue que se pensó en san Isidro Labrador.
Precisamente, a unas cuatro leguas del pueblo, un colono había levantado un pequeño oratorio que dedicara devotamente a la memoria de san Isidro Labrador, aquel santo sevillano, experto en tierras aradas y cosechas levantadas. Y propuso a sus paisanos piamonteses presionar la intercesión del Santo, haciéndole celebrar in situ una misa en su honor.
Pero, para ello, había que conseguir la buena voluntad del padre Damián, que fiel a las nuevas normas de su obispo, no era muy afecto a celebrar misas particulares motivadas por intereses demasiado materiales. Pero como la necesidad tiene cara de hereje, y la cosa apretaba tanto a los colonos como al cura con su iglesia destechada, decidieron ir a solicitarle una misa lo más solemne posible en el mismísimo oratorio rural. Claro que, para ablandar la respuesta, le prometieron comenzar haciendo una colecta previa a favor del techo parroquial.
Ante semejante evidencia, el padre Damián accedió pensando que Dios no se enojaría porque aquella buena gente se mostrara más confiada en san Isidro que en El, puesto que en definitiva todo redundaría en un beneficio común. Y después de todo ¿qué le costaba una lluviecita de 70 milímetros? ¡Si tarde o temprano tendría que mandarla lo mismo! Y, de paso, una intervención tan oportuna no dejaría de ser un argumento para el sermón del domingo sobre la Providencia.
La colecta se hizo. Y, con sobre en mano, los colonos fueron nuevamente a ver al párroco. Pero, cuando el padre Damián constató lo mezquina que había sido la respuesta de sus buenos paisanos piamonteses, le salió de adentro y en su propio lenguaje, como para que lo entendieran:
-¡Ma con questo, chiéronno que llueva! ¡Ma con questo no alcanza ni pa lo refucilo!
Dicen que hasta Tata Dios le sonrió a san Isidro. Al día siguiente llovió 15 milímetros. Y la iglesia se está techando.
Do you mind if I quote a couple of your articles as long as I provide credit and sources back to your weblog? My blog is in the exact same niche as yours and my visitors would truly benefit from a lot of the information you provide here. Please let me know if this okay with you. Cheers!