La Clueca y los patitos

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Nuestro papel es ayudar a nuestros hijos a crecer, a tener principios que les permitan ser ellos mismos, sin miedos, desarrollando su propio misterio.

Con nuestros temores o nuestras incapacidades corremos el riesgo de cortarles a nuestros pequeños una parte de su vida, y con ellos la riqueza que puede ser su imaginación. Ella tiene especial importancia en el riesgo que tiene cada juego. Tienen derecho a ser ellos mismos bajo nuestra mirada vigilante. Y hasta diría que debemos permitirles asumir ciertos riesgos, a fin de que descubran los verdaderos peligros, distinguiéndolos de los imaginarios.

No les voy a contar un cuento sino un recuerdo de los tantos que guardo de mi infancia. A mamá le gustaba tener de todo en gallinero. Tenía pavos, guineas y sobre todo patos. Cuando quería poner a empollar huevos de pata, no los colocaba debajo de una pata, porque parece ser que este animal cuando está en la cautividad de un gallinero no tiene demasiada fidelidad maternal. Basta que uno le toque la nidada para que la abandone. Normalmente solía empollar los huevos de pata debajo de una gallina clueca. y por supuesto la gallina estaba convencida de que iban a nacer pollitos. Pero afortunadamente la cosa no era así. Nacían patitos. Porque lo que habían puesto eran huevos de pata.

Ni bien nacía la nidada, se le veía a la mamá gallina con sus siete, diez, u once patitos, cruzar el patio de tierra camino a la laguna. Y los patitos seguían siendo patitos aunque hubieran nacido empollados por una gallina. Porque lo que constituye al patito no es debajo de quien nació, sino el misterio que llevan dentro desde su concepción. Y eso no depende de quién lo empolla, sino de quién el ha dado el misterio de la vida.

Por mejor que haya empollado, la gallina no puede impedir que los patitos sigan siendo lo que son. Y una de las cosas que éstos hacen cuando empiezan a caminar es buscar el agua de algún charco para pegarse una zambullida. Y ustedes saben que la gallina es bicho de corral que no sabe nadar y le tiene un profundo temor al agua. El patito en cambio se tira al agua naturalmente y de corazón.

Era de ver a la clueca cuando los patitos veían un charco. Se iban derecho a él y ¡ plum: al agua pato! La pobre gallina se arrimaba hasta el borde, corría, los esperaba del otro lado, volvía, se desesperaba como si sus pequeños estuvieran haciendo algo horroroso, algo que les comprometía la vida. Ella imaginaba que sus pequeños eran pollitos. Y su instinto le aseguraba que los pollitos si caen al agua se mueren ateridos de frío o se ahogan. Lo que no sabía la pobre madre era que no se trataba de pollitos, sino de patitos.

Y así también mis queridos padres, sucede con los chicos. Es cierto que ustedes los han traído a la vida. Es cierto que de ustedes estos chicos han nacido. Pero el misterio, el sentido, el para qué de la vida no se lo han dado ustedes. Se lo ha dado Dios. Al menos es lo que pensamos aquellos que tenemos fe. Y si no es Dios, pueden pensar que se los da su destino. Pero lo cierto es que no somos nosotros los que le hemos dado el misterio de su vida, ni quienes debemos decidir sobre su futuro. Quizás tengamos que empollarlos, brindándoles calor y ternura. Pero no podemos hacer que esta persona sea lo que nosotros decidamos. Ése es su misterio personal que tenemos que ayudarle a descubrir. Y una vez descubierto, acompañarlos para que lo acepten. Y aceptado, animarlos y prepararlos para que lo realicen bien.

He visto en mi vida de cura a muchas personas, por otro lado muy buenos padres, que han impedido que sus hijas puedan ir a estudiar la secundaria o la facultad, porque el hecho de ir a una Capital, u otra ciudad desconocida, les infundía temor. Quizás muy similar al que pueda tener la gallina cuando ve zambullirse en el estanque a los pequeños patitos.

Fuente: "Cuentos Matizados", Mamerto Menapace, Editorial Patria Grande

Vuelve a leer detenidamente este relato y reflexiona:

¿Cómo soy yo con mis hijos / grupo?

¿Lucho por mantenerlos todo el tiempo bajo mi control o los dejo para que aprendan a ser ellos mismos bajo mi mirada vigilante?

¿Les permito asumir los riesgos para que descubran los verdaderos peligros?

¿Procuro que descubran el sentido de su vida o trato de hacer de sus vidas una prolongación de la mía?

Amiga, esta reflexión aparece aquí en "Todomujer.cl "; pero también sirve para "todohombre ". Ayudemos a descubrir en cada persona el misterio personal al que está llamado.

¿Tienes algún cuento propio o que quieras compartir con nosotros? Envíalo a editora@todomujer.cl.

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