La seducción en el matrimonio

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seducción en el matrimonio.jpgFuente: Revista Ya, El Mercurio
diario.elmercurio.com
Texto: Ana María Egert R.
Fecha: 22 de Julio de 2003

El Libro se llama "Descubrir la sexualidad", y puede asombrar a cualquiera en los tiempos que corren, cuando todo ya parece estar descubierto.

Pero no es lo que piensan su autora, Beatriz Zegers, ni sus coautoras, María Angélica Contardo, María de la Luz Ferrada, María Soledad Rencoret y María Elisa Salah, todas sicólogas, ni la profesora de Historia, Isabel Zegers, quienes no sólo abordan el tema desde una visión sicológica y antropológica, sino también de la ética católica, entre cuyos principios está el matrimonio para toda la vida y la virginidad hasta el casamiento.

Dice Beatriz, quien es directora de investigación en la Escuela de Sicología en la Universidad de los Andes:

"Es cierto que hoy existe mucha información respecto de lo que es la conducta sexual y los métodos para prevenir determinadas enfermedades, pero pienso que hombres y mujeres siguen tan desinformados como siempre respecto de lo que es el verdadero significado de la sexualidad humana, y esto causa problemas en muchos matrimonios. Lo veo en mi consulta y en la vida diaria".

María Soledad agrega que "lo que proponemos en este libro es que cada persona que lo lea pueda descubrir el auténtico sentido de su sexualidad y la integre en todos sus aspectos, sin reducirla sólo a la genitalidad. Por eso abordamos temas sobre cómo descubrir la riqueza personal de la sexualidad, el ser masculino y femenino, el cuerpo, la elección de pareja y el matrimonio, el desarrollo sicosexual y de la identidad en las distintas etapas del crecimiento vital".

Según María Elisa, "la sexualidad tiene una dimensión de descubrimiento personal desde el nacimiento hasta la muerte". Dice que en la infancia, aún no conscientemente, los pequeños descubren su sexualidad a través de jugar, por ejemplo, al doctor, "lo que es una manifestación de que están conociendo su cuerpo, sus genitales y sus diferencias respecto del sexo de niños del género opuesto". Los adolescentes, añade, se abren a una revolución sexual interna, donde en especial los hombres necesitan compartirla con su grupo. En cambio, las niñas suelen guardársela, pero llenándose de inquietud".

"Muchas llegan a la consulta cuando han iniciado precozmente su vida sexual, lo que en parte han hecho presionadas por el entorno. Y los padres, a pesar de ser los encargados de conversar con ellas, de escuchar sus temores no sólo ante el encuentro sexual, sino frente a temas más simples como las primeras salidas con jóvenes - si bailaron o no en la fiesta o cómo se sienten- , dejan de lado esa dimensión de lo íntimo para solucionar la parte práctica, como llevarlas al ginecólogo para prevenir un embarazo, porque suponen que están sobradamente informadas en este mundo hipererotizado".

Advierte que esto no significa que debamos reprimir la sexualidad, "pero tampoco ponerla en exposición, sino en el lugar de importancia personal y profunda que tiene para cada uno. Lo ideal es poder llegar a la sexualidad madura, que significa establecer un lazo con otro, enmarcándolo en un proyecto de vida en común que dará hijos que contribuirán a la construcción de la sociedad".

Sobre la mujer adulta, piensa que lo primero que ella debe descubrir es lo original de su femineidad. "Su genitalidad es interna, poco visible y de estructura compleja, por lo que muchas veces ella es ignorante acerca de su sexualidad. Los ovarios, el útero, las trompas de Falopio, la vagina, el clítoris están dispersos por su cuerpo, pero todo dispuesto para acoger a otro en su integridad, ya sea a la pareja en la relación sexual o al hijo que puede procrear".

Esto, a diferencia del hombre, donde sus genitales son externos y en ellos se concentra gran parte de su zona erógena. "Él busca lo activo, penetrar, conquistar. Y ése es el complemento de lo femenino y masculino, de contener y ser contenido".

Asegura que estas diferencias anatómicas en el encuentro íntimo van acompañadas de variables sicológicas, emocionales y culturales para ambos sexos. "La mujer tiene ligado el goce de su sexualidad al plano afectivo, por lo tanto, ahí es donde debe cultivarla, en la acogida, la comprensión y el afecto que le permitan llegar a una relación satisfactoria".

Un desafío que tiene que ser planteado al interior de la pareja involucrándolos a ambos. "Así, los dos podrán descubrir lo que el otro siente y cómo disfrutar mejor el encuentro sexual. Pero para que este ajuste se logre, es esencial la comunicación y saber que necesita tiempo, dedicación y paciencia".

Beatriz descarta que las relaciones prematrimoniales, como algunos postulan hoy, sean una buena medida para evitar que un matrimonio zozobre porque no pudo comprobar cómo se llevaría en el plano sexual.

"Es que en la vida hay muchos cambios que pueden influir positiva y negativamente en la libido, como la llegada del primer hijo, el exceso de trabajo y el estrés que produce o las crisis de la edad media".

Advierte que si el matrimonio es bien avenido en los planos sexual, espiritual y de responsabilidades, su unión es excelente. "Pero si uno de los tres no es satisfecho, por ejemplo el sexual, igual puede funcionar, sobre todo si existe la posibilidad de que mejore con una terapia de parejas. Y aunque no resulte, no quiere decir que deba separarse".

Una postura ante la cual muchos pueden no estar de acuerdo, en momentos como los actuales en que la vida sexual fuera del matrimonio, las convivencias y las separaciones están en franco aumento.

Beatriz señala que no está diciendo que en esas uniones no haya amor, "pero hay que considerar que existen diferentes maneras de amar. Están el enamoramiento, el amor apasionado, el amor erótico, todos distintos a lo que es el amor personal en el que uno se compromete profundamente y busca encontrar, descubrir y acompañar al otro, responsabilizarse por él".

Según la sicóloga, hoy se confunden esas distintas formas de amar.

"El libro hace una distinción entre ellas, porque muchas veces se confunden. El enamoramiento, por ejemplo, suele ser pasajero; puede ser un comienzo, pero para que dure hay que dar un paso hacia la madurez de ese amor, que implica jugártela por él, decidir, voluntariamente, cultivarlo".

Contrariamente a lo que muchos dicen, advierte, varios son los jóvenes de ambos sexos, católicos y no católicos, a quienes les interesa más saber sobre el amor que sobre el sexo y están optando por guardarse hasta el matrimonio.

"Eso es importante, porque el ajuste sexual no es algo que se logre a la primera, como muestran las películas actuales. Hay todo un proceso de aprendizaje que debe darse en un clima de cariño, intimidad y responsabilidad y no en uniones pasajeras".

Cuando la pareja se da cuenta de que la sexualidad no se reduce a lo sexual genital, sino que está abierta a toda esta dimensión amorosa, avanza a lo que es el amor personal que es cuando cada uno descubre que el otro es una persona única e insustituible. "Entonces está dispuesto a conocer a su pareja profundamente y hacer todo lo posible para que permanezca siempre a su lado".

Pero el libro no sólo se titula "Descubrir la sexualidad", sino... "Cubrir la sexualidad". Y ahí se refiere especialmente al pudor.

Beatriz lo define como aquello que nos permite mantener la intimidad a cubierto de extraños, "tanto en lo que respecta al cuerpo como a la vida íntima personal, sicológica y espiritual. Por eso es tan poco pudoroso quien se viste sin dejar nada a la imaginación, como el que habla sin inhibiciones de sus intimidades".

Detecta que los que mandan hoy son el marketing y el rating que buscan - a todo dar- lo que es exhibicionista e impactante, con personajes que lo hacen todo y dicen cualquier cosa sin pasar nada por el cedazo.

María Soledad advierte que se ve al recato como pasado de moda. "Sin él, la gente se cree más libre, pero no hay que olvidar que el ser humano tiene dos dimensiones fundamentales: la intimidad y la identidad; el pudor se relaciona con la intimidad".

Por lo tanto, señala, tiene que ver con la persona en su totalidad, ya que existen aspectos de cada cual que son propios y no compartidos y lo mismo pasa con la corporalidad.

Para María Elisa, la palabra pudor hoy tiene un sentido peyorativo, negativo.

"Ahora se prende la televisión y se ve cómo el lenguaje utilizado tiene una gran connotación sexual. O los peaks de rating son cuando se muestra una escena fuerte o provocativa. En las entrevistas, muchas veces las personas no tienen dificultades de hablar de sus problemas íntimos; es un tema totalmente abierto y descubierto".

El pudor tiene toda una dimensión íntima, de impenetrabilidad, que puede ser algo que aumenta la curiosidad, la fantasía y lo erótico.

"Lo que no se muestra, lo que se insinúa, muchas veces es lo más atractivo. Esta dimensión se ha perdido y puede ser muy enriquecedora para la vida sexual. Tú eres un misterio para mí siempre; por lo tanto, no me canso de descubrirte y conquistarte. Eso es lo positivo de este pudor tan devaluado hoy".

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