Madres, Esposas: Santas para Dios

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Generalmente uno piensa que para ser Santo, hay que ser Sacerdote o Religiosa y pasarse el día rezando. Si bien es cierto esto ayuda al camino de la Santidad, todos estamos llamados a ser santos: laicos y religiosos. E incluso los pecadores están llamado también a la santidad, pero antes deben vivir el proceso del arrepentimiento y el perdón por medio de la Confesión y comprometerse a vivir, desde ahí en adelante, según los mandato divinos.

A continuación queremos invitarlos a conocer la historia de dos mujeres, casadas, con hijos, que no llevaron una vida muy correcta, pero en un momento de sus vidas algo paso, se produjo un quiebre entre el antes y el después y vino el camino de la conversión, que no sólo las llevó a obrar rectamente, sino a caminar por el camino de la Santidad.

Santa Angela de Foligno (1248-1309)

En los primeros años de su vida fue una pecadora: orgullosa, vanidosa, poco piadosa y dedicada a la vida mundana. Se casó muy joven y tuvo varios hijos. Poseía riquezas, castillos, lujos, joyas y fincas, pero nada de esto la hacía feliz.

En 1283, cuando tenía 35 años de edad, murieron sucesivamente su madre, su esposo y sus hijos. En medio de la inmensa pena, Angela va al templo y oye predicar a un franciscano, el Padre Arnoldo, y durante el sermón se da cuenta de lo equivocadamente que ha vivido. Hace una confesión general de toda su vida. Se hace terciaria franciscana. Va en peregrinación a Asís, y en una visión, San Francisco le dice que es necesario hacer dos cosas muy importantes: vender todo lo que tiene, darlo a los pobres, y dedicarse a meditar en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Santa Angela de Foligno.jpg
Así lo hace. Lo vende todo, menos un castillo o palacio que estima muchísimo. Hasta que en una visión oye decir a Cristo crucificado: "¿Y por amor a tu Redentor no serás capaz de sacrificar también tu palacio preferido?". Lo vende también y todo el dinero recogido lo distribuye entre los pobres. Vende todas sus joyas y lujos, reparte el dinero entre los más necesitados, y se dedica a la vida de contemplación y meditación en la Vida, Pasión y Muerte del Señor.

Santa Margarita de Cortona (1247-1297)

Hija de una familia de agricultores, los primeros años los pasó alegremente junto a su madre, que era una mujer muy piadosa, que le enseña a ofrecer por la salvación y por la conversión de los pecadores todo lo que hace y lo que reza.

A los 7 años quedó huérfana de madre, y su padre se volvió a casar con una mujer dominante y agresiva que se dedica a hacerle la vida imposible a Margarita, la cual empieza a volverse triste y desconfiada y a buscar fuera del hogar las alegrías que en su casa no logra hallar.

A los 17 años al no encontrar cariño en su hogar, se deja engañar por un terrateniente, un rico agricultor que le promete que se casará con ella y la convence para que abandone se casa y se vaya con él. Ella al principio opone resistencia porque sabe que lo que le ofrece es la deshonra y una vida de pecado, pero los regalos y las promesas mentirosas la logran convencer.

El día de la huida, viajan por un río en una balsa. Chocan y la balsa se hunde. Ella corre peligro de ahogarse, pero su prometido logra salvarla. Margarita considera esto como una llamada de Dios, pero en aquella hora pueden más las promesas del pecado que los avisos de Dios, y sigue con aquel hombre.

Viven ocho años de pecado, de lujos, de fiestas y placeres, pero su alma no es feliz. Desea volver a los tiempos antiguos cuando no tenía lujos ni fiestas, ni honores, sin embargo tenía el alma limpia de pecado y tranquila su conciencia. Tiene un hijo (que más tarde será franciscano) pero en su alma se libra cada día una violenta batalla entre su deseo de vivir en gracia y amistad con Dios y los deseos pasionales de su naturaleza humana. La gente la ve atravesar plazas y calles, elegantísima, en lujosas cabalgaduras, pero no imaginan que su alma agoniza de angustia.

Para calmar un poco los remordimientos de su conciencia se dedica a repartir limosnas entre los pobres. A una viejita agradecida que le dice: "Gracias señora, Ud. si es buena persona". Le responde: ¡Por favor: no diga eso, que yo sólo soy una miserable pecadora!

A ratos se retira a las soledades del bosque a llorar. Y allí exclama: "Oh Dios: que bueno es poder hablarte, aunque el alma se siente tan débil y pecadora. Te repito las palabras del hijo pródigo: He pecado contra el cielo y contra Ti". Le ruega a su compañero que contraigan matrimonio porque su alma no puede vivir tranquila en esa vida de ilegitimidad, pero él le responde que prefiere vivir en unión libre todavía por muchos años. Entonces ella ruega a Dios que le proporcione alguna solución. Y no se cansa de pedirle, con lágrimas, penitencias y mucha fe.

Una mañana su compañero se va al campo a visitar sus fincas y es atacado por unos guerrilleros, quienes le dan muerte y esconden el cadáver entre unas matas. El perro que lo acompañaba, llegó al día siguiente a la casa y se va a la falda de Margarita como diciéndole: "Por favor, sígame". Ella lo sigue llena de temor de que algo grave le haya sucedido a su compañero. En el bosque, junto a un gran árbol hay un montón de ramas y hasta allí la lleva el perro fiel. Margarita mueve ramas y encuentra el cadáver de su amante, destrozado con horrorosas heridas y empezando a descomponerse.
Margarita siente en aquel momento como un relámpago la llamada del cielo a volver a vivir en gracia y en amistad con Dios. Estalla en llanto por la tristeza de ver muerto a aquel hombre y por los terribles remordimientos que atormentan su propia conciencia. Pero recuerda que el Padre Celestial tiene siempre abiertos sus brazos bondadosos para recibir a todos los hijos pródigos que quieren volver a su divina amistad, y que Jesucristo nunca rechaza a las Magdalenas que quieran arrepentirse y cambiar de comportamiento, y con todas las energías de su alma se propone darle un vuelco total a su vida.

Margarita, lo primero que hace al volver del funeral de su amante es devolverles a los familiares todas las propiedades. Luego, vende las joyas y el dinero obtenido lo reparte a los pobres. Ella se prepara para vivir en total pobreza.

Se va con su hijito a casa de su padre, pero la madrastra no permite que sea recibida allí, pues la considera una mujer escandalosa, y no cree en su arrepentimiento. Entonces sentada bajo un árbol se pone a llorar y a pensar. Los enemigos de la salvación le dicen: "Eres hermosa, tienes apenas 25 años, lánzate a la vida, que amadores no te van a faltar". Pero mientras reza siente que el Espíritu Santo le inspira esta idea: ¿Por qué no ir a la ciudad de Cortona donde están los Padres Franciscanos que son tan amigos de los pobres, y pedirles que me ayuden? Y hacia esa ciudad dirige sus pasos.

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Al llegar a Cortona, en la entrada de la ciudad se encuentra con dos buenas señoras que se conmueven al verla en tan impresionante estado de pobreza y se ofrecen a ayudarla. La llevan a su casa; se encargan de la educación del niño y ellas mismas van donde los Padres Franciscanos a recomendarla.

Una gran bendición para Margarita fue encontrar entre los Padres Franciscanos dos santos y sabios sacerdotes que le supieron dar una excelente dirección espiritual. Durante tres largos años luchó contra las terribles tentaciones de su carne. Deseaba hacer excesivas penitencias, porque decía que con las pasiones de su cuerpo nunca podía hacer las paces y que tenía que dominar a la fuerza ese cuerpo que tanto le había hecho ofender a Dios. Pero los Padres Franciscanos la moderaban y le insistían en que para la sociedad puede ser más útil un burro vivo que un cadáver. Margarita fue al pueblo y a los campos donde había dado malos ejemplos viviendo en concubinato, y fue vestida de penitencia y pidiendo perdón a los vecinos por todos los escándalos que les había dado con su vida pecaminosa de otros tiempos.

Luego por inspiración de Dios dejó de pensar tanto en sus antiguos pecados, y se dedicó más bien a pensar en el amor que Dios le ha tenido, y esto la hizo crecer mucho en santidad. Entonces empezó a tener éxtasis (se llaman éxtasis a ciertos estados de contemplación y de meditación profunda cuyo resultado es la suspensión temporal de la actividad normal de los sentidos y cierta unión mística con Dios, acompañada de visiones sobrenaturales). Sus directores, los dos Padres Franciscanos, fueron escribiendo todos los datos que lograron saber y redactaron la vida de la santa y muchas de sus visiones. Fue admitida como Terciaria Franciscana, viviendo en el mundo, dedica a llevar una vida de mucha oración y de intenso apostolado.

Con la ayuda de otras jóvenes terciarais franciscanas, y pidiendo limosnas y ayudas de todas partes, Margarita funda un hospital en Cortona y allí se dedica con sus compañeras a atender gratuitamente a muchos enfermos.

Nuestro Señor empieza a hablarle en visiones, y así esta santa llega a ser una de las precursoras de la devoción al Sagrado Corazón. Recordemos algunos de los mensajes que Jesús le dio:

"Quiero que tu conversión sea un ejemplo para muchos pecadores, para que se sientan animados también a dejar la vida de pecado que han llevado, y a emprender desde ahora en adelante una vida llena de buenas obras. Deseo que todos los pecadores de todos los siglos recuerden que estoy dispuesto a recibirlos con los brazos abiertos como el padre recibió al hijo pródigo".

Cuando le asaltan las angustias al pensar si Jesucristo le habrá perdonado todas sus maldades, oye la voz de Nuestro Señor que le dice: "Porque he muerto en la cruz por salvarte, por eso te perdono todas tus culpas, sin dejar ninguna que no quede perdonada".

Otro día le dice Nuestro Señor: "Glorifícame, y Yo te glorificaré. Ámame, ámame y Yo te amaré. Dedícate a buscar lo que más te convenga para tu salvación".

En sus últimos años Margarita recibió de Dios el don de obrar milagros. Y se dedica a continuas penitencias. Ayuna; duerme sobre el duro suelo; pasa horas y horas rezando. Atiende con exquisito cuidado a toda clase de enfermos, especialmente a los más repugnantes. Ayuda a las mujeres pobres que van a tener hijos y que no tienen quién las atienda. Y sobre todo soporta con gran paciencia la increíble cantidad de cuentos y calumnias que las gentes malas le inventan contra su buena fama. Hasta los Padres Franciscanos dejan de atenderla porque las malas lenguas dicen que es una mujer indigna. Se retira a pasar sus últimos días en un rancho miserable y abandonado, para hacer penitencia de sus pecados.

Muere el 22 de febrero de 1297, a los 50 años. La mitad de la vida la pasó en pecado y la otra mitad haciendo penitencia y obras buenas. Lo último que dijo al morir fue: "Dios mío: yo te amo". El Papa Benedicto Trece, al declararla santa, dijo que Margarita es la mujer que más parecido tiene con María Magdalena.

El Arrepentimiento: el llamado de Dios

La historia de estas dos mujeres nos muestran claramente que el amor de Dios es infinito, y que siempre está dispuesto a acogernos, pero somos nosotros quienes rechazamos a Dios Padre. La razón es muy sencilla: el egoísmo. Seguir a Dios implica sacrificios y renuncias, pero para aquellas personas que han vivido muy lejos de los mandatos divinos son más difícil de realizar.

Otro punto importante a destacar, es que pese a la mala vida que llevaron, Dios continuamente les estaba hablando, de alguna manera les estaba mostrando el camino, pero como dicen por ahí, no hay peor ciego que no quiera ver. Cuántas veces nos pasa, que Dios nos muestra el camino, y nosotros no queremos verlo, más bien nos guiamos por el equivocado, y cuando todo ha salido mal, ahí, en la derrota aceptamos la equivocación. Es en este momento cuando surge el arrepentimiento y la necesidad de buscar el perdón, para ir al encuentro de Dios.

Autor: TATIANA MILSTEIN CHATEU
LICENCIADA EN HISTORIA

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