Por: Marta Coronado
Secretaria Ejecutiva del área Laicado
Iglesia de Santiago de Chile
Estamos viviendo el Adviento, preparándonos a la venida del Salvador, tiempo de vigilia para convertirnos cada día más al Señor y revisar nuestro actuar como cristianos, mirar y reflexionar lo que hemos vivido durante este año bicentenario, con el propósito de ser cada día mejores personas y proyectarnos al 2011, en la esperanza de que haremos realidad los propósitos ofrecidos a Dios.
Adviento es tiempo de esperanza para el mundo entero. Esperamos a nuestro Salvador, y nos detenemos para revisar y reflexionar sobre nuestras actitudes en la vida de cada día, como comunidad de Iglesia y como país, mirarnos como hermanos: en nuestra familia, en el trabajo, con nuestros vecinos, y al igual que la Virgen María que "guardaba todas esas cosas en su corazón" (Lc 2,19), tengamos presente que llevamos un tesoro en vasos de barro, pero sostenidos y guiados por el Espíritu Santo.
Han sido muchos los acontecimientos dolorosos que nos han marcado, como sociedad y como Iglesia y en ellos, hemos experimentado la acción de Dios presente en nuestra historia:
• El terremoto y maremoto que remeció nuestra tierra, nos hizo darnos cuenta que nos habíamos olvidado de ser un país de hermanos;
• La tragedia de los 33 mineros, de la mina San José, nos hizo ser más conscientes que debíamos resguardar la vida y la dignidad de los trabajadores;
• Las acusaciones en contra algunos sacerdotes, nos han conmovido y nos han remecido en nuestro ser Iglesia y nos interpelan a ser más coherentes con el evangelio. Más humildes y misericordiosos con los débiles.
• El conflicto con el pueblo Mapuche nos deja al descubierto que tenemos una deuda país, de reconocimiento y valoración y los católicos debiéramos aportar a ello;
• La trágica muerte de los 81 reos, en el incendio de la cárcel de San Miguel desnuda de manera brutal las condiciones infrahumanas en que viven.
• Es urgente una reflexión como sociedad y también de las autoridades. San Alberto Hurtado nos cuestionaría ¿Qué sociedad queremos para nuestro país? Todos estamos llamados a aportar nuestro granito de arena buscando los caminos de solución.
• Como Iglesia hemos hecho una apuesta pastoral para el 2011, por la educación y los jóvenes en condiciones de vulnerabilidad, es un paso necesario en el que todos debemos comprometernos.
En el silencio de la oración y los sacramentos busquemos la paz y el amor, para acoger con gozo a nuestro Salvador. Él transforma nuestras vidas para ser audaces y valientes discípulos misioneros de su evangelio, capaces de re-construir una sociedad más humana y más justa:
• Como Iglesia chilena queremos renovarnos en Jesucristo, en un proceso de misión permanente, para llevar su evangelio a todos los hombres y mujeres que aún lo esperan.
• Como pueblo de Dios, esforcémonos en cultivar las actitudes de Jesus, especialmente hacia los hermanos(as) que sufren, los pobres, los ancianos, los enfermos, los niños, los jóvenes.
• Sigamos cultivando la solidaridad, con los necesitados, para renovarnos en nuestra humanidad;
• Agradezcamos el regalo de haber nacido como nación y pueblo en la fe cristiana,
• Fe que está impregnada en el alma de los chilenos y que tenemos que cultivar y fortalecer.
• En estos doscientos años, hemos crecido bajo el amparo y cuidado maternal de la Madre de Jesús, la Virgen del Carmen, ella nos ha guiado a su Hijo, y bajo su manto protector nos ha enseñado a ser hermanos en Él.
El 24 de diciembre, al contemplar el misterio del nacimiento de Jesús, los invito a dar gracias a Dios y con renovada esperanza en el corazón, junto al pesebre, ofrezcamos nuestros mejores esfuerzos en ser alegres discípulos misioneros de Jesucristo; porque hemos sido testigos de su Amor, proclamemos a nuestros hermanos que Él es el Camino la Verdad y la Vida, esta es nuestra esperanza y queremos regalarla a Chile entero. Es nuestro deseo que nuestro pueblo tenga vida plena en Jesucristo y siga siendo iluminado por su luz...
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