Vocación

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Muchas veces nos hemos preguntamos si tenemos vocación. La palabra vocación viene de la palabra latina "vocatio" que quiere decir llamado. Aparece relacionado con el anhelo y con aquello que resulta inspirador para cada sujeto, concuerda con los gustos, los intereses y las aptitudes de la persona. Implica descubrir quién soy, cómo soy y hacia dónde quiero ir. Estos son elementos para una respuesta dogmática.

Otra manera de develar nuestra vocación es atender a nuestra pasión, esta es una manera pragmática de encontrarla; encontrar los gustos de una persona, sus intereses y aptitudes. Ciertamente allí, en esos procesos que me conmueven, está mi vocación. Este proceso del "darse cuenta" no es tan complejo. En buena medida está marcado por nuestra intuición y por nuestro quehacer espontáneo.

vocación.jpgMi vocación es una característica de mi ser. La coherencia se produce cuando yo, descubriéndola, la reafirmo, desde mi voluntad, con mi decisión. Entonces entro en un proceso de círculo virtuoso que produce un resultado creciente. La vocación nunca está realizada sino que está en germen; nuestra tarea y pasión consiste en hacer brotar ese germen y maravillarnos del resultado que somos capaces de producir. Así la vocación podría caracterizarse como una fuerza interior capaz de ponernos en acción y que, a pesar de la cantidad objetiva de energía empleada, el resultado es desproporcionado y nosotros, en vez de estar agotados, estamos energizados sin comprender porque nos pasa que a pesar de tener que estar cansados estamos llenos de energía. Hemos actuado sobre el chorro de nuestra pasión y ello nos ha traído la vida. Ha brotado entre nuestro ser desencadenando nuevos y novedosos procesos.

Esta es la magia del Ideal Personal y de toda la pedagogía del Ideal que el Padre Kentenich nos enseña y nos propone. Es el darse cuenta de mi pasión dominante y, en ello, de mis fuerzas vitales internas que son capaces de transformar el entorno.

Entonces podemos que la vocación es:
1. Un llamado
2. Develar la originalidad de nuestro ser
3. Encontrar nuestras pasiones dominantes que hacen que en nosotros surja nueva vida.

La vocación no es evidente, siempre es naciente. No tiene certeza, siempre tiene incertidumbre y riesgo. Por eso la vocación supone la capacidad de decidirse por algo y hacerse cargo de las consecuencias de nuestra decisión.

Por ejemplo ¿cómo saber si tenemos vocación al matrimonio?. Es una pregunta que muchos fracasan en el intento y entran en un proceso de circulo vicioso que en ocasiones pueden derivar en una crisis mayor y en una ruptura; salir de eso es posible pero es difícil. Algunos pueden decir que es mejor (y más prudente) no hacerse la pregunta, no hacer el proceso de discernimiento. Se equivocan porque eligen vivir en medias aguas, en la duda y nunca podrán encender sus motores para volar en su originalidad.

Entonces, conviene, tomar el riesgo de hacer el proceso.

No es bueno enrollarse ni buscar en la complejidad, habrán infinitas dudas porque la vocación no es certeza sino que potencial.

Es mejor caminar por los senderos de la intuición y de la conducta. Darse cuenta y creerle a la propia intuición sabiendo que esta poderosa inteligencia de síntesis descubre los elementos que participan de la síntesis aunque no es capaz de comprender ni explicar las relaciones que existen entre esos elementos ni las causas y efectos que se producen y concadenan. Esa capacidad de encadenar procesos sucesivos y lógicos es la inteligencia racional, lineal o de procesos; no es la inteligencia intuitiva.

La inteligencia intuitiva nos pregunta QUE no PARAQUE ni PORQUE. La inteligencia intuitiva es inteligencia de PRESENTE mientras que la inteligencia racional es del tiempo, del PASADO y del FUTURO. Lo importante es que el pasado, el presente y el futuro traspasan coherentemente toda mi existencia. Así puedo encontrar mi vocación en el pasado, en el presente o en el futuro. En el pasado con la reflexión sobre la historia; en el presente con la intuición y en el tiempo futuro soñando lo que imagino y quiero aspirar. Todo esto es coherente; por eso es enteramente válido y posible descubrir y encontrar mi vocación desde la intuición o desde el análisis pormenorizado de la historia o de la proyección del futuro.

Quien tiene vocación matrimonial se complace en ese estado, descubre allí su paz, encuentra allí la promesa del futuro; trasciende y se admira de su paternidad. No tiene certeza sino que esperanza. Seguramente la capacidad de dar esperanza es lo más propio de la vocación. Entonces cuando algo nos llena de esperanza es allí donde nuestro ser, nosotros, queremos estar.

Cariños; que Dios los bendiga, la Mater los cuide y nuestro Padre los guíe.
Fernando Besser Mahuzier

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