Novedades en la categoría Análisis y opinión

La siguiente nota ha sido firmada en Cannes por la Asociación Católica Mundial para la Comunicación (SIGNIS):

Mucha preocupación por muy poco... Muchos cristianos de diferentes extracciones y sensibilidades estaban ansiosos por el estreno de la película el Código Da Vinci, dirigida por Ron Howard sobre la novela de Dan Brown. Sin embargo, lejos de ser una obra cinematográfica de interés, la película está destinada al simple entretenimiento. Mientras que las escenas iniciales presentan un interesante juego de pistas, en la segunda parte del filme los excesivos diálogos y los permanentes giros de la trama decepcionarán a muchos espectadores.

No hay nada que temer de una película que sólo es una ficción y una aventura personal o comercial. Mientras que la novela intentaba persuadir a sus lectores sobre la veracidad de una dudosa hipótesis y de algunas teorías rebuscadas, el filme desea más bien complacer a todo el mundo y no incomodar demasiado a nadie. Los guionistas se han ocupado de morigerar con interminables diálogos las afirmaciones más polémicas de la novela sobre la Iglesia, la divinidad de Jesús, el rol de María Magdalena e incluso el Opus Dei.

La polémica mediática que acompañó la publicación de la novela y el estreno de esta película ha evidenciado el enorme impacto que las campañas de promoción tienen sobre el gran público. Esperamos que la Iglesia pueda aprovechar este fenómeno para explicar los fundamentos teológicos de la fe y la esperanza de los cristianos.

Más información: www.signis.net

Fuente: www.iglesia.cl

¿Libertad de ofender?

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Si las cosas siguen como van, veremos cosas peores. Es lo único que podemos asegurar ante la espiral de violencia que han desatado unas cuantas caricaturas danesas que los musulmanes de varios países han considerado inaceptables. La ofensa a su creencia ha encajado en medio de una “guerra de civilizaciones” que parece estar subiendo de tono. En tiempos no tan remotos, países enteros se desangraron por ofensas menores. No hay que remontarse mucho para recordar con horror el incendio de todas las Iglesias de Barcelona en plena República española y los más de siete mil sacerdotes y religiosas fusilados unos años después en la guerra civil. Hay que dejar constancia que en ese caso, los musulmanes nada tuvieron que ver. El caso es, sin duda paradójico. No fueron fanáticos religiosos, sino por el contrario, fanáticos antirreligiosos.

El último libro de Umberto Eco, del que acabamos de tomar nota en la crítica literaria habla sobre el regreso o retroceso de la humanidad desde la guerra fría a la caliente y desde la tolerancia a la intolerancia. El reconocido pensador pareciera recoger una constante que muchos ya vienen vislumbrando. En lugar del progresismo, lo que le acontece al mundo postmoderno es más bien un regresismo.

El Islam está invadiendo a Occidente por muchas rutas, pero esta invasión no es con grandes desplazamientos de tropas a caballo y con el pendón de la Media Luna al viento, sino con la penetración silenciosa de millones de inmigrantes que van ocupando el lugar dejado por culturas que se adormecen entre el lujo, el despilfarro y la sensualidad, dejando de tener hijos y eutanasiando a los ancianos.

Ya no es un tema aislado el que la libertad de prensa sea entendida por algunos como patente de corso para robar el honor y ofender a quien se ponga por delante. Si no lo sabemos bien los cristianos que, día a día, tenemos que soportar no ya caricaturas, sino verdaderas avalanchas de insultos a nuestra propia fe en Dios, la Virgen o los santos. En nuestros antiguos países cristianos somos más vapuleados por el solo hecho de creer o testimoniar nuestra fe, que lo que son ofendidos nuestros hermanos musulmanes por testificar su fe en Alá y en Mahoma, su profeta.

En esta desgraciada guerra, la intolerancia es el común denominador de occidentales y musulmanes. Los primeros apelan a la dictadura de la libertad, mientras los segundos esgrimen la dictadura de la fe. Ambos bandos actúan de forma muy similar. En definitiva, unos y otros son hombres que piensan que sus valores tienen algo de absoluto frente a los valores del otro. Para el caricaturista danés, su libertad de expresión es el valor que está en juego. Para el musulmán herido en sus sentimientos es también su libertad de la expresión de su fe, sin que nadie le reproche o subestime. Ambos tratan de ejercer su derecho a ser respetados. El occidental pide respeto a su voluntad de ofender, el musulmán pide respeto a su derecho a no ser ofendido.

Entendiendo así las cosas, el problema moral que se suscita es el de la libertad. Esta ¿es un derecho absoluto o tiene algún tipo de restricción?

Para los más simples, libertad es “hacer lo que me de la gana, cuando quiera, como quiera y ante cualquier circunstancia”. Para los que miran las cosas con un poco de mayor complejidad, la libertad es el patrimonio del hombre que él mismo regula con su racionalidad y que podría expresarse así: Libertad es la capacidad de hacer lo que debo, porque quiero, sin que nadie pueda impedírmelo. Es decir que la libertad humana está controlada por el bien natural que toda persona debiera perseguir.

Ofender a otro es, naturalmente, un acto de irracionalidad que todos los hombres de todos los tiempos han reconocido como malo. Y por este motivo, no debiera ser considerado como un acto humano digno del hombre.

A diferencia del animal que actúa por instinto y obedece la ley de su propia naturaleza, el hombre actúa de acuerdo a su recta razón. Y esta le dice siempre que ofender a otro no es bueno. Por cierto que ese mismo sujeto es consciente de que puede actuar en contra de la razón, si le vine en gana. ¡Claro que puede!, aunque sabe por su conciencia moral que no debe.

Queda por afinar algo. Hay grados, sin duda, en la ofensa. Es malo moralmente desde matar hasta divertirse a costa de otro. Pero la verdad es que en moral objetiva, lo bueno y lo malo se distinguen solamente por su finalidad. Lo bueno es lo que se adecua a la naturaleza. Lo malo es lo que va contra esa misma naturaleza. El que hace cualquier mal a otro, por pequeño que sea, actúa contra la naturaleza. El que obra siempre bien, ese es el verdadero humano.

¿Libertad de ofender? No, hablemos más bien de libertad de actuar siempre bien. En el caso que comentamos, sin duda que ambos ofensores están actuando mal.

Jesús Ginés Ortega
Universidad Santo Tomás

Roberto Méndez

El último censo, realizado hace sólo tres años, incluyó una pregunta sobre religión, tal como se ha hecho habitualmente. La pregunta utilizada es simple, pero categórica: "¿Qué religión profesa usted?". Es decir, no se trata de una pregunta vaga referida a simpatía o cercanía; se trata de algo más: el término utilizado es "profesar". Un verbo duro, que habla de una creencia fuerte, para algunos con connotaciones heroicas. Pues bien, enfrentados a tal interrogante, 70 de cada 100 personas optaron por marcar la opción "católico". Nada menos que una confesión pública (el censo es un documento público) de tantos chilenos que dicen adherir a la religión de Jesucristo y a su Iglesia. La cifra, si bien algo inferior al resultado de diez años antes, resultó claramente superior a las expectativas (y temores) de los varios grupos interesados. El resultado es notable, pero convengamos que no sabemos exactamente qué significa. Realmente no sabemos qué quisieron decir los más de 10 millones de compatriotas que optaron por tan masiva profesión de fe.

Esta reflexión me vino a la mente hace algunos días cuando llegó a mis manos un estudio realizado en Chile a personas que se declaran católicas. Más de 600 católicos fueron interrogados sobre diversos temas de carácter controversial dentro de la Iglesia, y los resultados son sorprendentes. Tan sorprendentes, que no cabe sino preguntarse ¿qué significa declararse católico hoy en día? (Se trata de un estudio realizado por Adimark que replica, en nuestra realidad, uno similar sobre los católicos de Estados Unidos realizado en 1992 por Gallup)

Observemos algunas de las inesperadas respuestas de los católicos chilenos: Un 59% aprueba que los sacerdotes puedan contraer matrimonio. Un 60% de los católicos afirma ser partidario que se permita a las mujeres ser ordenadas como sacerdotes. Un 74% aprueba que los divorciados vueltos a casar sean admitidos a la comunión, y un contundente 95% aprueba el uso del condón como medio de prevenir el Sida. Por si esto fuera poco, un 75% dice ser partidario de que los obispos sean elegidos por los sacerdotes y fieles de las diócesis, y un impresionante 95% afirma que las parejas debieran ser libres de escoger el método de control de la natalidad que prefieran.

Tales opiniones, bien sabemos, están en abierta contradicción con lo que es la enseñanza de la jerarquía eclesiástica en Chile y en el mundo. Y eso, me imagino, lo saben también estas personas que se definen como católicos. La sorpresa, me parece, y la clave, no es tanto el tipo de creencias que estas personas manifiestan; lo inesperado es ¿por qué insisten en declararse católicos?

Podríamos hacer una muy negra lectura de estos datos en lo que se refiere al futuro de la Iglesia chilena. Es el fin, podríamos decir, puesto que tantos se han apartado de la enseñanza de sus pastores. Pero, debo confesar, personalmente lo leo en forma positiva. No se trata de una catástrofe; al contrario, es un resultado que devela vitalidad, energía, que nos habla de una Iglesia que está viva.

Es la libertad, de nuevo la libertad, que penetra también en la Iglesia. Lo que observamos, creo, son los hijos que se enfrentan, pero no reniegan de su padre y menos de su madre. Es como el adolescente que se rebela, pero que no se aleja del techo que lo cobija. Por eso, lo que parecen decirnos tantos es algo como "pienso diametralmente distinto a mi madre, pero si me lo preguntan, confieso mi identidad con ella, incluso mi amor. Porque no son incompatibles".

No será fácil la modernidad. ¿Cómo conciliaremos estos espíritus libres con la tradición patriarcal de la Iglesia romana? Es la pregunta que nos hacemos muchos, y cuando vemos resultados como el que comento, la sensación es de urgencia. Me imagino que para algunos, la sensación será de angustia. Pero quizás, la respuesta es más profunda y esperanzadora de lo que imaginamos: lo verdaderamente central en el mensaje de Cristo no pasa por ninguna de estas interrogantes.

Roberto Méndez.

Fuente: El Mercurio

Jorge Costadoat S.J.
Bachiller en Filosofía y Doctor en Teología dogmáticia.


san_alberto_hurtado.jpg La próxima canonización del Padre Alberto Hurtado en Octubre del 2005 es una oportunidad para conocer algo más de su espiritualidad caracterizada por su perfil humanista ligado a la suerte de la persona en la sociedad en que vivimos.

La regla de oro de la vida religiosa y moral de los cristianos
consiste en preguntarse, en toda circunstancia, "¿qué haría Cristo en mi lugar"?

Cristo hizo de Alberto Hurtado un cristiano, un católico y un jesuita cuyo perfil humano más notable fue el de un "místico social". El caso de Alberto Hurtado es el de un cristiano auténtico, cuya experiencia mística de Dios en Cristo, en vez de ofrecerle el éxtasis en la soledad de la oración, lo encarna en el mundo conflictivo que le tocó vivir para amar aquel mundo y redimirlo.

Tradición espiritual

El P. Hurtado no "inventó la pólvora". El recibió su identidad de la tradición espiritual que lo formó como cristiano, católico y jesuita.

El cristianismo

alberto_hurtado2.jpgComo para Jesús, para Alberto Hurtado lo más importante es "hacer la voluntad de Dios". Y, Jesús mismo, es el paradigma de esta obediencia a Dios: "Aquí está la clave: crecer en Cristo... Viviendo la vida de Cristo, imitando a Cristo, siendo como Cristo".

Pero, ¿qué Cristo? En una época en que se acostumbraba predicar a los pobres el Cristo paciente del cual ellos debían obtener resignación, el P. Hurtado anunció al Cristo del reino y de la acción, el Cristo que moviliza a cambiar la suerte de los que la sociedad, y no Dios, ha hecho miserables.

Por otra parte, en contra de una catequesis teorizante de los muchos misterios de la vida del Señor, Alberto Hurtado urge personalizar el conocimiento de Cristo. Sigue en esto a San Ignacio que en los Ejercicios Espirituales hace pedir la gracia del "conocimiento interno de Jesucristo para más amarlo y seguirlo".

La Iglesia Católica

Sus escritos nos hablan, además, de una noción de Cristo inseparable de su Iglesia. En su experiencia ministerial sobresalió por su colaboración con la Iglesia local.

alberto_hurtado1.jpgAlberto Hurtado encontró en la doctrina del Cuerpo Místico de Cristo la fuente de su inspiración. La idea de que la Iglesia anticipa la pertenencia de todos los seres humanos a aquel Cuerpo cuya cabeza es Cristo, la extrae el P. Hurtado de la convicción de que en la encarnación el Verbo divino se ha unido mística y amorosamente con el género humano, para hacer de cada una de las criaturas un hijo de Dios, y así divinizarlas.

El P. Hurtado fue un católico de avanzada. Probablemente todavía nos lleva la delantera como apóstol de la Doctrina Social de la Iglesia. Si hoy muchos ignoran esta enseñanza, en ese entonces su proclamación producía acerbas resistencias. En las encíclicas sociales fundamentó sus reflexiones sobre la propiedad, el trabajo de los obreros y la necesidad de reformas estructurales de la sociedad chilena.

Al P. Hurtado le dolía la situación del catolicismo en su patria. Ello le llevó a escribir ¿Es Chile un país católico? En esta obra lamentó la profunda ignorancia sobre la fe del pueblo cristiano y la falta de sacerdotes para educarlo. En Humanismo Social insistió en "la tremenda crisis de valores morales y religiosos por que atraviesa nuestra patria". Advertía que la educación religiosa no sirve, si no se enseña la religión del amor al Padre y a nuestros hermanos los hombres. Criticaba la frivolidad e incoherencia de muchos católicos pudientes, a los que llama cristianos "solamente de nombre". A consecuencia de la injusticia de los malos cristianos concluía que "la gran amargura que nuestra época trae a la Iglesia es el alejamiento de los pobres, a quienes Cristo vino a evangelizar de preferencia".

Con los años su concepción de la Iglesia parece haber recuperado su humildad histórica más característica. Siguiendo a Bossuet, decía: "La Iglesia (es una) ciudad edificada para los pobres; es la ciudad de los pobres. Los ricos (son) sólo tolerados...". Afirmaba aún: "La Iglesia es Iglesia de pobres y en sus comienzos los ricos al ser recibidos en ella se despojaban de sus bienes y los ponían a los pies de los Apóstoles para entrar en la Iglesia de los pobres".

La espiritualidad ignaciana

Cualquier miembro de la Compañía de Jesús podría imaginar al mismo San Ignacio ocupándose de lo que al Padre Hurtado desvelaba. Los Ejercicios Espirituales ignacianos son, por cierto, la matriz teológica y espiritual más determinante de su santidad. Como hijo de San Ignacio, procuró en su vida "poner a la criatura con su Creador". Toda su predicación, toda su actividad, son fruto de estos ejercicios: su deseo de la mayor gloria de Dios expresado en la búsqueda de su voluntad; su amor a Jesucristo y sus ansias de ser otro Cristo; la pasión por la salvación de los hombres de carne y hueso, y no sólo de sus almas; su apertura a las inspiraciones nuevas del Espíritu; su devoción a María; su "sentir en la Iglesia", su fidelidad a los pastores y a los laicos; su conciencia de pecado y su deseo de la santidad; su mortificación, su humildad y su alegría; la fortaleza de su voluntad y su paz interior. Tantas otras características de su modo de seguir a Jesucristo el Padre Hurtado las hizo suyas gracias a Ejercicios Espirituales, particularmente, y a la espiritualidad ignaciana en general.

Nadie duda que Alberto Hurtado fuera un hombre de oración. En especial, buscó cultivar una oración afectiva y amorosa con su Señor. Pero lo propio y distintivo suyo, es haber hecho de todo su apostolado su oración. Con sus propias palabras nos advierte: "adoración sobre todo en la acción (brevemente en la oración)", pues "nuestro fin es la mayor gloria de Dios por la acción, i.e., hacer aquellas obras que sean de mayor gloria de Dios". Esto, sin embargo, no significa que cualquiera acción es contemplación: "nuestra obras deben proceder del amor de Dios y deben tender a unir más estrechamente las almas con Dios. Las obras que no realicen directa o indirectamente este fin no son jesuitas"

Alberto Hurtado se supo jesuita y amó a la Compañía de Jesús como pocos. En carta a su gran amigo y Provincial, el P. Álvaro Lavín, le dice: "Creo que si alguna vez debiera dar Ejercicios a los nuestros sería una plática consagrada a 'sentirnos de la Compañía'; esto es a no considerar la Compañía como algo extrínseco a nosotros, de lo cual uno se queja o se alegra, sino como algo que formamos parte íntima: una especie de Cuerpo Místico en pequeño. Esta idea yo la creo y la vivo a fondo...".

Originalidad espiritual

La experiencia cristiana de Dios no se agota en la recepción de la tradición espiritual que la comunica. El Espíritu Santo nos hace contemporáneos a Cristo y, en la medida que seguimos a Cristo con la creatividad que nos sugiere el mismo Espíritu, los cristianos incrementamos la tradición recibida. Bajo el impulso del Espíritu, el P. Hurtado combinó su identidad cristiana, católica y jesuítica con originalidad. Si es posible resumir en qué consistió esta originalidad suya, hay que decir que el P. Hurtado fue un "místico social". Álvaro Lavín ha dicho: "Todos los que estuvieron más cerca de él, lo acompañaron y mejor lo conocieron en su breve, pero intenso apostolado, están de acuerdo en afirmar que esta vocación especial fue la social".

La "mística social" del P. Hurtado apunta a la transformación de la sociedad en su conjunto, como expresión de amor a Cristo-prójimo. Se distinguen dos aspectos en la "mística social" del P. Hurtado: la "mística del prójimo" y la "utopía social"; dos aspectos que se exigen recíprocamente.

La "mística del prójimo"

Todo místico cristiano halla a Dios en Cristo y a Cristo en el prójimo. A Alberto Hurtado, es el amor a Dios en Cristo lo que lo lleva a hacerse cargo del prójimo. Somos Cristo unos para otros. Podemos decir que el compromiso ético-activo, que podemos llamar el "ser Cristo para el prójimo", deriva su razón de ser de la experiencia mística-pasiva de "ver a Cristo en el prójimo", y es inseparable de ella.

La razón última del amor al prójimo es que "el prójimo es Cristo". El prójimo representa a Cristo, desde que Cristo mismo ha querido ser reconocido en él. Para Alberto Hurtado, Cristo vive en el prójimo, pero especialmente en el pobre: "Tanto dolor que remediar: Cristo vaga por nuestras calles en la persona de tantos pobres dolientes, enfermos, desalojados de su mísero conventillo... ¡Cristo no tiene hogar!".

A los miembros de la Fraternidad del Hogar de Cristo, les pedía un voto de "obediencia al pobre; sentir sus angustias como propias, no descansando mientras esté en nuestras manos ayudarlos. Desear el contacto con el pobre, sentir dolor de no ver a un pobre que representa para nosotros a Cristo".

El aspecto activo, ético, de esta "mística del prójimo", es distinguible pero no separable del aspecto pasivo, contemplativo, ya que consiste en ser "cristo" para otros "cristos". Para el P. Hurtado, el cristiano es "otro Cristo", viviendo según el Espíritu de Cristo,poseyendo el criterio de Cristo, siguiéndolo en pobreza y cargando su cruz.

La regla de oro de la vida religiosa y moral de los cristianos consiste en preguntarse, en toda circunstancia, "¿qué haría Cristo en mi lugar"?. Decía: "...supuesta la gracia santificante, que mi actuación externa sea la de Cristo, no la que tuvo, sino la que tendría si estuviese en mi lugar. Hacer yo lo que pienso ante Él, iluminado por su Espíritu que haría Cristo en mi lugar...".

Al centro de la espiritualidad del P. Hurtado, la visión de Cristo en el pobre de acuerdo al mandato evangélico del mismo Jesús (Mt 25, 31-46), constituye la experiencia fundante del compromiso activo de caridad y de justicia suya propia y de los verdaderos cristianos a favor de los pobres.

Por todo esto, el P. Hurtado se indigna contra los malos católicos, "los más violentos agitadores sociales". Según él, el cristianismo burgués de estos, una especie de "paganismo disfrazado de cristianismo", es "una de las causas más profundas de la apostasía de las masas". Por el contrario, si "el gran pecado del mundo moderno fue no haber querido a un Cristo Social", Alberto Hurtado alaba el propósito de la JOC de querer "abolir este pecado".

La utopía social

La "mística social" del P. Hurtado ansía cambiar las estructuras de la sociedad a partir de un cambio interior en los cristianos, y viceversa.

El concepto que mejor expresa su utopía cristiana es el de Orden social cristiano. Éste aterriza el Reino de Dios del Evangelio. Como el Reino, ya está en gestación "entre sacudimientos y conflictos".

El orden social existente, según el P. Hurtado, "tiene poco de cristiano". Es imperativo cambiarlo. "El orden social actual no responde al plan de la Providencia". No puede ser "orden" la conservación del statu quo; el "'orden económico' implica gravísimo desorden".

El Orden social cristiano no puede ser impuesto a la fuerza. Debe consistir en un "equilibrio interior que se realiza por el cumplimiento de la justicia y de la caridad". Estas son las dos virtudes fundamentales que estructuran la sociedad humana. El P. Hurtado combate la ilusión de quienes se vanaglorian de su benevolencia, saltándose las obligaciones de justicia: "la caridad verdadera comienza donde termina la justicia". Por ello, fustiga a quienes "están dispuestos a dar limosnas, pero no a pagar el salario justo".

La construcción de este orden exige como condición la reforma espiritual de acuerdo al modelo de Cristo. Pero, por otra parte, la misma santificación no tendrá lugar a menos que se efectúe "una profunda reforma social". Dirá: "Esta reforma (de estructuras) es uno de los problemas más importantes de nuestro tiempo. Sin ella la reforma de conciencia que es el problema más importante es imposible".

Hay otra expresión que el P. Hurtado utiliza para designar su utopía social. Esta es, la de "cristianismo integral": la necesidad de una fe en Cristo manifestada en todos los aspectos de la vida. Es imposible ser exhaustivo para enumerar las áreas y ángulos de la vida humana, que el P. Hurtado quiere evangelizar en una perspectiva social. Baste recordar su preocupación por la educación, la alimentación, la salud, la vivienda, el trabajo, la empresa, los salarios, la familia, la propiedad, las clases sociales. Está atento a lo nacional e internacional. De todos espera su contribución propia y responsable, de acuerdo a su oficio o profesión; los desafía a pasar a la acción. Así como ausculta los signos de los tiempos, se interesa por el gesto cristiano pequeño: urge ponerse en el punto de vista ajeno o alegrarle la vida a los demás.

Por ser social, su mística es auténticamente cristiana. La espiritualidad del Padre Hurtado es Cristo; su santidad, el Cristo que a través de su Espíritu lo movió a él y mediante él a otros, a convertir este mundo malherido en el reino de Dios.

(*) Publicado en el libro del autor "Si tuviera que educar un hijo. Ideas para transmitir la humanidad. Ediciones Ignacianas. Santiago de Chile. 2004.

Gentileza de www.compartiendo.cl

Higiene del Alma

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Preocupa mucho la higiene del cuerpo. Nuestra época es particularmente sensible a la asepsia, a la limpieza, al aire incontaminado, al ambiente limpio. Es natural. El ser humano ha superado épocas de ignorancia y desidia. La calidad de vida se nos impone como una tarea rigurosa a la que todo ser desarrollado aspira y en la medida en que sus fuerzas se lo permiten, trata de hacer sensible a su alrededor. ¡Fuera la inmundicia! ¡Muerte a la suciedad! Tal vez el grito colectivo frente a los basurales en el gran Santiago sea la mejor expresión de ese espíritu de limpieza que nos acompaña, nos asiste y nos identifica.

higiene_del_alma.jpgHay también una higiene del alma, invisible, sutil, de corte más bien higiene del alma.jpgprofundo que afecta por igual a todos y que, sin embargo, no es tan perceptible como la otra. La limpieza así como la inmundicia del alma tiene que ver con la imaginación, la fantasía, la palabra, los gestos, las representaciones que muestran el espíritu interior de las personas y los grupos. A ella pertenecen otras limpiezas que merodean los universales de la verdad, de la unidad, del bien y de la belleza, para concretarlas en los universales filosóficos que todos tácitamente compartimos.

Hay mucha fantasía desatada en imágenes, que chocan contra las sensibilidades finas, hay mucha palabra desembozada que rastrea en los basurales de la coprolalia, hay mucha acción y hábito que se van haciendo costumbre, procedentes de la misma inclinación poco veraz, poco buena y poco bella. No es exagerado afirmar que nuestro mundo globalizado, el de las comunicaciones instantáneas y pluriformes, está infectado de inmundicia de muchos órdenes. ¡Cuánta basura a nuestro alrededor, presentada, sugerida o servida, sin posibilidad de escape, en la calle, en la casa a través de cables y señales inalámbricas.

Decir la verdad y actuar de acuerdo a lo que decimos, preferir el bien y actuar en conformidad a lo bueno, favorecer la unidad y no la división y finalmente optar por la belleza en vez de hacerlo por lo feo, son las manifestaciones que distinguen un alma limpia de una sucia. Son, en su conjunto, las opciones libres del hombre que manifiestan la higiene del alma.

Un conocido autor americano - Soglow - ha consagrado una frase proverbio de validez universal que bien pudiera ser el test de la higiene del alma a la que nos referimos, como contrapartida de la más conocida higiene del cuerpo. Dice asi: "Cuida tus pensamientos, que se convierten en palabras; cuida tus palabras, porque se convierten en actos; cuida tus actos, porque se convierten en hábitos; cuida tus hábitos, porque se convierten en carácter; cuida, finalmente tu carácter porque en él te juegas tu destino". En jerga moral podriamos traducirlo como una invitación a limpiar o purificar desde adentro la intención, con el fin de suscitar buenas acciones. Certeramente, Soglow ha dispuesto una secuencia lógica que pertenece a la sabiduría universal y que por su lógica racional puede ser suscrita por toda filosofía humana de cualquier procedencia: Toda ella nos asegura que la higiene del alma tiene su raíz en el pensamiento y culmina en el carácter de la persona. Correspondencia que nos lleva a predecir en nosotros mismos la conducta que tendremos y anticipar los resultados positivos o negativos de nuestra conducta.

Pensar bien, pensar rectamente, pensar positivamente, pensar limpiamente, he ahí el secreto de palabras, acciones y hábitos buenos, rectos, positivos y limpios. Las acciones y los hábitos siguen al pensamiento y a las palabras que los enuncian como la carreta a los bueyes, como la sonrisa al gozo interior, como la rigidez facial a la ira.

Habría que añadir, por cierto, que los pensamientos se alimentan con imágenes, con palabras y acciones ajenas, con propuestas que vienen de nuestros maestros de cada día; padres, amigos, líderes, profesores, comunicadores, artistas, políticos, consejeros, críticos, aduladores y en general de todos los que nos rodean cada día..

En la contingencia de cada día, la que nos toca vivir que no es ni mejor ni peor que la de ayer, cabe preguntarse por esta higiene del alma, un poco menos percibida y sentida que la del cuerpo, pero tan necesaria para la convivencia saludable, como la estrictamente corporal.

Frente a las enormes inmundicias en el ámbito del espíritu, como pueden verse, por ejemplo en nuestros medios masivos de entretenimiento y a veces en nuestra convivencia ciudadana, ¿podremos esperar que haya una voluntad unánime de la muchedumbre, que se oponga con la misma tenacidad a los basurales del espíritu? ¿Cuántas poblaciones estarían dispuestas a salir a la calle para exigir que la suciedad que nos llega hasta el alma, de adultos y de niños, de mujeres y hombres, sea rechazada con igual vigor y persistencia?

Es una reflexión que se me ocurre plantear a propósito de vertederos, basurales y otras inmundicias que atentan contra la higiene del cuerpo. Es muy sano cuidar nuestro cuerpo. El antiguo aforismo decía: "Mens sana in corpore sano", porque presuponía que el interés más perseguido por el hombre decía relación a su mente, a su espíritu. Hoy, los hechos parecen contradecir esta sentencia. Al acentuar tanto el "corpus sanum", pareciera advertirse un descuido en cuanto a la sanidad del espíritu. Tal vez sea necesario insistir en esta tarea. Es preciso insistir en la higiene del alma.

Autor: Jesús Ginés

"Es necesario racionalizar los horarios de los españoles para conciliar vida familiar, personal y laboral, y para aumentar la calidad de vida de todos los ciudadanos". Así lo afirmó hoy en la Universidad de Navarra Ignacio Buqueras y Bach durante la presentación del libro España, en hora, editado por la Fundación Independiente.

En concreto, la obra es fruto de los trabajos de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles y su Normalización con los de los demás países de la Unión Europea, que este experto preside. Ignacio Buqueras abogó por que nuestros horarios sean "más europeos": "Hay que generalizar los horarios flexibles, las jornadas continuas siempre que sea posible y que el trabajo termine hacia las 17.30 ó 18 h.", destacó.

Según dijo, "aunque se cree que los horarios más racionales son menos productivos, es al revés: aumentan la productividad". Y declaró que "no debemos estar orgullosos de que los españoles seamos los que más tiempo dedicamos al trabajo, ya que nuestro índice de productividad es el más bajo de la Unión Europea". A su juicio, "se confunde el estar en el lugar del trabajo con el estar trabajando".

Más accidentes y estrés

Por otro lado, subrayó que "los horarios irracionales que sufrimos los españoles provocan más accidentes laborales, de tráfico y domésticos", en los que España tiene "un extraño liderazgo", así como estrés y otros trastornos psicológicos. "Todos los ciudadanos estamos siendo perjudicados por nuestros horarios, y de forma muy especial las mujeres, quienes desde su mayor sensibilidad desean compatibilizar sus diferentes responsabilidades".

El objetivo de este libro y de la Fundación Independiente consiste en sensibilizar a la población española sobre la inconveniencia de unos horarios que provocan que el español medio esté "tenso, estresado y con una vida excesivamente colgada del reloj". En su opinión, aunque las autoridades tienen que tomar medidas, "no es un tema de boletín oficial ni de reales decretos sino de sensibilidad de la sociedad y de que cada uno asuma su responsabilidad".

En esta línea, la Universidad de Navarra ha adoptado recientemente un nuevo horario laboral, que explicó el gerente del centro académico, José Manuel Zumaquero. "Nos sentimos particularmente satisfechos de este logro, porque cualquier organización que desee conseguir una mejora en la productividad y en la calidad debe saber que, junto a otros incentivos o motivaciones, es clave tener un horario laboral que permita una rica vida familiar, la atención a gustos y aficiones, más horas de descanso; en suma una mayor calidad de vida". Por su parte, Ignacio Buqueras afirmó que este centro académico supone "un modelo para otras universidades por haber dado este paso adelante".

Fuente: Servicio de noticias, Universidad de Navarra
Fecha: 2005-05-30
Mujer Nueva

Muy preocupados se encuentran la jerarquía y el clero católicos chilenos tras conocer parcialmente los resultados de una encuesta aplicada por Adimark a unos 600 bautizados, y que refleja que éstos se alejan bastante de la fe y doctrina de la Iglesia.

El director de Adimark, Roberto Méndez, explicó que nota lo preocupados que quedaron muchos sacerdotes porque "me han tapado a e-mails y telefonazos pidiéndome dichos resultados". Algunas de las respuestas son: 40% aprueba el aborto, 59% está a favor de que los sacerdotes puedan contraer matrimonio y un 60% afirma ser partidario de que se permita a las mujeres ser ordenadas presbíteros.

Al respecto, el obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, señaló que estas cifras son una expresión clarísima de la crisis moral que vive el país.

Chile, sin Dios

"Lo que pasa es que hemos ido dejando a Dios y sus cosas de lado. Estos resultados pueden ser totalmente ciertos, hay que ver cómo se hicieron las preguntas, porque el individualismo y la autonomía personal hoy priman por sobre los valores morales como lo dice el Papa Benedicto XVI. Hemos llegado a una filosofía en que lo que se puede hacer, por el sólo derecho a hacerlo, es lícito", dijo González.

Pero el obispo reconoce que durante mucho tiempo la Iglesia dedicó esfuerzos tremendos a otras cosas que no eran las esenciales, "quizás necesarias en un momento", pero que cuando llegó el minuto de trabajar en lo de la Iglesia, en Dios y su Evangelio, la gente ya no estaba con los sacerdotes.

"Estaban todos con nosotros batallando contra cuanta cuestión de política había, y cuando dijimos que lo nuestro era anunciar a Cristo, su Evangelio y su moral, en la Iglesia o la capilla quedaron menos de la mitad".

Otras de las respuestas que dieron los católicos chilenos es que el 74% aprueba que los divorciados vueltos a casar sean admitidos a la comunión.

El vicario de la Familia, padre Jaime Fernández, quien dijo que le gustaría conocer cómo se hicieron las preguntas, destacó que éstas no son las respuestas de los católicos observantes.

"Al interior de la Iglesia no es lo mismo ser bautizado que ser católico. Como se dice en una forma un poquitito fuerte, hay muchos católicos y muchos bautizados paganos. Los bautizaron cuando chicos y hoy dan opiniones como si estuvieran en la Iglesia, pero claramente, en doctrina, no lo están", dijo.

Destaca que estas respuestas no demuestran el "latido" de las personas que la Iglesia conoce. "Yo a estas personas que contestaron les preguntaría primero si darían su vida por Cristo. Si dicen que sí, recién tomaré en serio sus respuestas".

De los consultados, el 75% dice ser partidario de que los obispos sean elegidos por los sacerdotes y fieles de las diócesis, y un 95% afirma que las parejas deben ser libres de escoger su método de control de la natalidad.

pcacox.jpgPara el rector del Santuario Nacional de Maipú, padre Carlos Cox, sería bueno conocer cómo se hicieron las preguntas en esta encuesta, porque muchas veces eso es lo central para dar la respuesta.

Pese a esto, recuerda que la formación del grupo más amplio de los católicos no se da necesariamente a través de una "formación sistemática por parte la Iglesia", sino muchas veces por lo que aparece en los medios de comunicación.

A nivel laical existe la autocrítica de que no se denuncia una cultura de muerte que oculta a Dios, con la consiguiente explotación de la creación y del hombre y un gran desamor.

El método de Adimark

El director de Adimark, Roberto Méndez, dijo que la encuesta es representativa de la gente que dice ser católica en Chile, pese a que usó un método de cuotas. "No son las personas que están directamente trabajando con la Iglesia o grupo católico especial", explica. La encuesta, que se realizó a nivel nacional, comenzaba con la pregunta de a qué religión pertenecía. Si la persona contestaba que era católica, se seguía con el resto de las consultas. Esto implica que no es probabilística ni aleatoria.

Nueva evangelización

En 1999, desde México, Juan Pablo II dirigió al clero y a los laicos la exhortación apostólica "Ecclessia in America", en la que siguiendo las líneas trazadas desde 1992 (Quinto Centenario), llamó a una "nueva evangelización". Expresa preocupación por la corrupción, la ecología, la pobreza y la droga, como desafíos, pero centra su carta en "la revisión del propio modo de actuar a la luz de los criterios evangélicos" para lograr una real conversión de los mismos católicos, que "no es completa si falta la conciencia de las exigencias de la vida cristiana". En esta línea, la familia franciscana celebrará el 3 y 4 de octubre el tránsito de Francisco de Asís, con un centramiento en su imitación de Cristo y el domingo 9 hará una caminata por el centro de Santiago. También se recordará al Padre Hurtado como seguidor de Jesús.

Fuente: El Mercurio
RODRIGO CERDA Q.

 

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