Roberto Méndez
El último censo, realizado hace sólo tres años, incluyó una pregunta sobre religión, tal como se ha hecho habitualmente. La pregunta utilizada es simple, pero categórica: "¿Qué religión profesa usted?". Es decir, no se trata de una pregunta vaga referida a simpatía o cercanía; se trata de algo más: el término utilizado es "profesar". Un verbo duro, que habla de una creencia fuerte, para algunos con connotaciones heroicas. Pues bien, enfrentados a tal interrogante, 70 de cada 100 personas optaron por marcar la opción "católico". Nada menos que una confesión pública (el censo es un documento público) de tantos chilenos que dicen adherir a la religión de Jesucristo y a su Iglesia. La cifra, si bien algo inferior al resultado de diez años antes, resultó claramente superior a las expectativas (y temores) de los varios grupos interesados. El resultado es notable, pero convengamos que no sabemos exactamente qué significa. Realmente no sabemos qué quisieron decir los más de 10 millones de compatriotas que optaron por tan masiva profesión de fe.
Esta reflexión me vino a la mente hace algunos días cuando llegó a mis manos un estudio realizado en Chile a personas que se declaran católicas. Más de 600 católicos fueron interrogados sobre diversos temas de carácter controversial dentro de la Iglesia, y los resultados son sorprendentes. Tan sorprendentes, que no cabe sino preguntarse ¿qué significa declararse católico hoy en día? (Se trata de un estudio realizado por Adimark que replica, en nuestra realidad, uno similar sobre los católicos de Estados Unidos realizado en 1992 por Gallup)
Observemos algunas de las inesperadas respuestas de los católicos chilenos: Un 59% aprueba que los sacerdotes puedan contraer matrimonio. Un 60% de los católicos afirma ser partidario que se permita a las mujeres ser ordenadas como sacerdotes. Un 74% aprueba que los divorciados vueltos a casar sean admitidos a la comunión, y un contundente 95% aprueba el uso del condón como medio de prevenir el Sida. Por si esto fuera poco, un 75% dice ser partidario de que los obispos sean elegidos por los sacerdotes y fieles de las diócesis, y un impresionante 95% afirma que las parejas debieran ser libres de escoger el método de control de la natalidad que prefieran.
Tales opiniones, bien sabemos, están en abierta contradicción con lo que es la enseñanza de la jerarquía eclesiástica en Chile y en el mundo. Y eso, me imagino, lo saben también estas personas que se definen como católicos. La sorpresa, me parece, y la clave, no es tanto el tipo de creencias que estas personas manifiestan; lo inesperado es ¿por qué insisten en declararse católicos?
Podríamos hacer una muy negra lectura de estos datos en lo que se refiere al futuro de la Iglesia chilena. Es el fin, podríamos decir, puesto que tantos se han apartado de la enseñanza de sus pastores. Pero, debo confesar, personalmente lo leo en forma positiva. No se trata de una catástrofe; al contrario, es un resultado que devela vitalidad, energía, que nos habla de una Iglesia que está viva.
Es la libertad, de nuevo la libertad, que penetra también en la Iglesia. Lo que observamos, creo, son los hijos que se enfrentan, pero no reniegan de su padre y menos de su madre. Es como el adolescente que se rebela, pero que no se aleja del techo que lo cobija. Por eso, lo que parecen decirnos tantos es algo como "pienso diametralmente distinto a mi madre, pero si me lo preguntan, confieso mi identidad con ella, incluso mi amor. Porque no son incompatibles".
No será fácil la modernidad. ¿Cómo conciliaremos estos espíritus libres con la tradición patriarcal de la Iglesia romana? Es la pregunta que nos hacemos muchos, y cuando vemos resultados como el que comento, la sensación es de urgencia. Me imagino que para algunos, la sensación será de angustia. Pero quizás, la respuesta es más profunda y esperanzadora de lo que imaginamos: lo verdaderamente central en el mensaje de Cristo no pasa por ninguna de estas interrogantes.
Fuente: El Mercurio
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Enviado por Maximiliano el 2 de Abril de 2006
Es interesante el estudio de la actual mentalidad del católico,en esta parte de Occidente,si bien es cierto, que Jesús vino a enseñarnos acerca del Padre, no hay escritura que indique algunas regidez de cómo llevar nuestras vidas, porque creo que el católico actual no esta sujeto a actividades dogmáticas y su mente es abierta mientras tengamos presente los mandamientos elementales que nos enseño Jesús y nos sigue enseñando hasta nuestro días. Si puedo reconocer en críticas que esta libertad es tan amplia actualmente que cada uno lo hace a su manera, esto muchas veces nos desune a diferencia por ejemplo de los evangélicos o testigos de Jeová que trabajan en conjunto hacia un sólo objetivo e imagen como conjunto, por eso merecen todo mi respeto, empero no comparto su poca apertura a la diversidad, son demasiado extremistas hacia la libertad de pensamientos, que sin la intensión de ofenderlos me parece sectario algunos de sus comportamientos. Bueno tengamos presente que todos somos hermanos y debemos trabajar en conjunto para derrotar al mal, después de todo "todos" los cristianos creemos en un solo Dios. "amén!
Finalmente como este espacio es para mujeres, les digo a las futuras madres que en su vientre tienen en sus manos la solución del mañana, busquen conciencia colectiva y con esperanza pidan que los futuros hijos sean concientes que deben mejorar este mundo antes que por violencia, indiferencia o mal trato al medio ambiente, este sea destruido. No por nada ya hemos escuchado bastante de los niños de luz que vienen naciendo...piensen en la paz para futuras generaciones que vienen.
Sldos.
Maximiliano