
Tú tienes alas, decía la rosa
Y el zafiro intenso que en tu cuello reposa.
Háblame de tu vida inquieta, reposo nocturno de mi gruta,
De tus pasiones intensas que te llaman en luna.
Tú tienes boca, gemía la luna
Y la voz extensa de un alma en ayunas.
Confíame tus secretos que en la vida misma se revelan,
Que en una mirada desembocan, sonrisa de niña, en una bella sirena.
Tú tienes manos, exclamaba el mar
Y el cuerpo preparado para poder llorar.
Róbame el alma si me queréis
Pues ni mi agua es tan dura de ahogar.
Tú tienes ojos, observaba el sol
Y el lamento del rocío seco.
Utiliza tu rostro casi frío
Para poder renovar mi río.
¿Yqué hago, señores míos
si no tengo ojos, manos, boca ni alas?
Sólo dos palabras te digo:
Te quiero.
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