Si no opinamos ni de ciencia, ni de filosofía, ni de fe, terminaremos comprando lo que nos vendan, pensando lo nos digan y creyendo cualquier barbaridad importada.
Usted puede opinar de todo. Tiene pleno derecho a hacerlo, salvo que opine sobre religión y sobre todo si se trata de la religión católica. A partir de ahí la sociedad de los “políticamente correctos” le invitará a guardar su opinión, so pena de ser condenado por fundamentalista. Eso sí, usted puede opinar sobre todo lo humano y lo divino, siempre que no exagere en esto último. Puede sostener cualquier posición, pero en relación a Dios, ojalá que no pronuncie ninguna. Y para los menos avisados, este precepto de la cuasi libertad de opinión también puede extenderse a las opiniones de la Iglesia, porque esta, de alguna manera es considerada como la más cercana palabra sobre Dios y sus atributos.
. Entre los derechos humanos más defendidos, sobre todo por los políticos, están los llamados derechos a tener o no religión con la consecuente práctica de ritos y enunciado correspondiente de credos. Pero este derecho tiene ciertos límites que, según los autorreferentes progresistas, están precisamente en no opinar con categorías absolutas. Toda afirmación debe ser relativa, salvo la afirmación de que todo es relativo que, en sus mentes es el único principio absoluto. No es raro encontrar entre las recomendaciones de buenas formas sociales aquella que dice: No está bien visto hablar en público sobre religión o política. Afortunadamente todavía podemos opinar de fútbol, de empleadas domésticas y del tiempo sin que nos condenen los petronios de la elegancia social. Esta conducta debe ser observada tanto en los encuentros sociales, como en los sets de televisión, en los programas de conversación, conocidos como “talk show”
Cuando en Chile se enfrenta el tema de Dios o de la religión, principalmente en los medios de televisión, los conductores y también muchos entrevistados abordan el tema como poniendo distancia, en tercera persona, como si quisieran rehuir el compromiso de afirmar que son creyentes o que tienen opinión propia al respecto. Hasta en la presentación de las noticias se hace referencia a la Iglesia católica como si fuera una secta desconocida del Africa Central. Es, simplemente, un miedo evidente a opinar, una especie de terror reverencial a reconocer creencia y fe ante los demás.
Curiosamente en el tema futbolístico es el único en que los comentaristas se permiten hacer afirmaciones contundentes, definitivas, irrebatibles. Más aún, pareciera que los televidentes gozaran particularmente de esta firmeza y contundencia asertiva. Cuanto más duro, mejor. ¡Oh paradoja!
Volviendo al miedo a la opinión religiosa, se advierte una cierta ventaja ocasional. La ventaja que puede tener el no emitir opinión, es que así se evita caer en herejías. Si no hay opinión, no habrá herejes, porque para eso tendría que haber creyentes explícitos, opinantes, asertivos. Si no hay creyentes, no hay herejes. La desventaja es que si no hay herejes, los creyentes van perdiendo la fuerza de sus argumentos por desuso y terminan por olvidarse de su creencia. O sea, un verdadero desastre desde el punto de vista de las ideas, que son las que alimentan las opiniones.
Pero resulta que en el mundo globalizado que habitamos sí que hay ideas y dogmas y creencias, tanto en política como en religión, en filosofía como en ciencia aplicada. Y como nosotros no desarrollamos ideas ni opiniones propias, terminamos por adoptar como propias las ajenas. Por ejemplo, en materia de familia no nos atrevemos a sustentar una tesis que hable de la naturaleza estable del matrimonio, del valor absoluto de la vida, de la verdad, de la honestidad en los negocios, de la validez de la palabra, del sentido del honor, de la subsidiariedad de la ley. Y como no mantenemos, por desuso, nuestro pensamiento fundado al respecto, terminamos por repetir las consignas que nos vienen hechas por las cadenas de cable TV, por los políticos de las potencias, los intelectuales de las editoriales, por los periódicos que se han constituido en el referente filosófico y moral del mundo. En lo único en que nos permitimos opinar es en el futbol. Y así, evidentemente que no influimos en el mundo.
¿Quién se atreve a opinar hoy seriamente acerca de los gobernantes de América Latina, en general de calidad objetivamente deplorable, de las relaciones disparatadas entre países que se mantienen en la miseria antes que ceder algo a sus vecinos, de las redes de legislación ridícula que nos inmovilizan y esclavizan, del exceso de gente dedicada a hablar en los parlamentos elegidos, de las corrupciones en cadena de empleados públicos y privados, de la envidia de nuestros intelectuales, de la mediocridad enfermiza de nuestros artistas, de las obsesiones sexuales de nuestros guionistas de teatro, teleseries, cuentos y novelas, de nuestra debilidad mental al acatar una invitación a desnudarse en público y exclamar con regocijo ¡viva la libertad!
Pensar, opinar, ir contra corriente ¡qué horror! El problema verdaderamente grave es que el que no opina, no influye y el que no influye es influido por los que sí opinan y que en general se encuentran a la distancia, en el mercado del mundo donde las opiniones se convierten en negocios, en comunicaciones, en inventos y naturalmente en guerras, en divisiones, en campañas de control de población, en guías de asociaciones de pensamiento para la acción, ONGs incluidas.
Para ser protagonistas del mundo, hoy como ayer, las ideas y las opiniones cuentan. Si nosotros no contamos es sencillamente porque no tenemos ni pensamiento ni opinión, ni la presentamos, ni la defendemos, ni finalmente la creemos. Una vez más, por desuso. Estamos condenados a ser carros de arrastre y no máquinas, seres moldeados al estilo de los que mandan, compradores de la moda que nos imponen, veedores de las imágenes que nos endilgan, consumidores de un alimento al que no hemos contribuido a crear. De seguir así seremos solamente un apéndice del mundo, por muchos tratados que firmemos y por mucha modernidad que importemos. ¿Para qué tener canales propios de TV, si nos conectamos a los que vienen servidos, sin crítica alguna a los mensajes liminares que nos arrojan? ¿Para qué futbol propio si tenemos el buen fútbol que llega de Europa? ¿Para qué ciencia, tecnología, modelos criollos, si todo nos llega impuesto por otros que piensan, opinan e imponen por nosotros?
No es tan simple quedarse en lo que estamos. No deja de ser preocupante esa especie de censura al revés que la costumbre nos impone: No opinemos ni de ciencia, ni de filosofía, ni de fe y nos quedaremos comprando lo que nos vendan, pensando lo nos digan y creyendo cualquier barbaridad importada.
Hay que reconocer con tristeza que el mundo latinoamericano tiene más de pasado que de presente y muy poco de futuro. Hemos renunciado a cambiar el mundo, sencillamente porque no tenemos ni idea de cómo hacerlo, sobre qué fundamentos, y con qué perspectivas. Antes, al menos contábamos con una filosofía de vivir y de sentir, con un sentido de trascendencia. Amábamos la fe de nuestros mayores, la lengua materna, los hábitos y costumbres criollos. Teníamos un mundo por construir. Hoy apenas si lloramos el mundo destruido, la pobreza de nuestra gente, la falta de identidad de nuestros jóvenes, el negro porvenir de nuestros hijos y nietos.
¿Es grave la situación? ¡Gravísima, aunque me tilden de dogmático y fundamentalista! ¿Qué hacer? Creo que hay que volver a pensar, a opinar, a disentir con la corriente, a salirse de los moldes impuestos por los que sí piensan y sobre todo opinan. Es decir, hay que volver a opinar sobre religión, sobre moral y sobre política. Y, no tener miedo por ello.
Jesús Ginés Ortega, UST
Colección Documentos BERIT del Instituto de la Familia de la Universidad Santo Tomás
Santiago de Chile.- Av. Ejército 146, Santiago: Tel: 3624825; Fax: 3601376;
E-mail:mmartinm@ust.cl
De verdad me siento totalmente indignado como Chileno al encontrarme con que el gobierno hará una masiva entrega de la “píldora” del día después, por un tema de equidad y de darle alcance a las mujeres de bajos recursos que no tiene la oportunidad de acceder a tal pastilla.
Ricardo Lagos Weber dice: que “la pastilla de emergencia”será entregada a corto plazo a la comunidad, por lo que nos deja claro que el gobierno esta optando en sus primero días al poder por planes parches, planes que solo evitan y no solucionan, planes que no educan, sino que mal acostumbra a la comunidad Chilena a regirse por caminos instintivos, que lógicamente es natural al ver que la insatisfacción social es ya un tema que viene desde nuestros abuelos, que no tuvieron una comprensión ni la atención suficiente de sus padres.
Todo este tema es bien claro cuando lo pensamos desde el punto tratado en las líneas anteriores, nuestros abuelos. Ellos no tenían la información, en los sectores mas humildes en los años sesenta-setentas y mas atrás también, la economía era tan baja, la comida (que es un asunto primordial para la subsistencia) no era posible conseguirla para muchos, por lo que muchas niñas se prostituían por comida, los matrimonios civiles en algunos casos no importaban, los registros se contradecían por tener a hermanos de diferentes apellidos, todo el sistema era un completo desorden, era bastante común que el hombre tuviera algún hijo por cualquier otro lado, los prostíbulos eran una pelea constante con las autoridades por tener gran territorio ganado en el centro de Santiago (lo que sigue ocurriendo actualmente hoy, -ve al centro de santiago cualquier día a las 8:00, y seguro te encontraras con un caballero ofreciéndote folletos de invitación a los locales libertinos- Si nos fijamos, incluso esos temas del pasado nos siguen golpeando fuertemente en la actualidad.
El asunto pasa que ellos (el gobierno) no propone ni concreta planes de verdadera educación sexual, no hablo de planes del como evitar la gesta de la vida o de evitar que la niñita se arruine la vida terminando con sus aspiraciones, (que son los grandes escudos que utilizan al momento de debatir el tema) tampoco hablo de las reacciones físicas que se producen en la ovulación de la mujer o lo que vivirán los hombres cuando les llegue su primera eyaculación o lo que mas recuerdo de la básica, que no mostraban en treinta minutos como evitar los momentos de pasiones, chistoso que muestren algo tan complejo y que necesariamente tendrá que vivir cualquier niño en ¡y que lo enseñen en treinta minutos!. Yo digo que aquí no se trata de masificar una solución a medias, sino que mas que evitar que nazcan futuros chilenos que desde niños se van criando con el descontento de sus padres por haber nacido en un momento inapropiado o que como es tan común en mi población, que la mamá y el papá de los niños que se relacionaron sexualmente a precaria edad, estén cargando con el peso total de lo que significa tener, criar y solventar las necesidades que requiere un criatura.
Mas que eso, se debe tratar de divulgar la confianza de los hijos a los padres, de una comunicación constante, y constante significa que este presente en todos los momentos de su pubertad, el cariño también debe ser trascendental, por que no le puedes colocar espíritu a tu acompañamiento en la maduración de tu hijo e hija. Por lo que se deben proponer talleres de educación mas que sexual, y mas del como cuidarse, deben ser talleres de una formación social y comunitaria del como hacer familia.
Carlos Lucich O.
Estudiante de Historia, Universidad de los Andes.