El dinero dejó de ser el único factor motivador dentro del trabajo. Conversando con algunos amigos sobre las razones para permanecer en sus actuales trabajos, son muchos los que dicen "por gusto", "me siento realizado", "hay un buen ambiente laboral". La compensación y los beneficios ya no dictan el por qué y el cuándo una persona talentosa se une o se aleja de una empresa. Parece ser que otros factores entran a jugar en la estabilidad laboral: la calidad de la conducción, el grado de humanidad que tenga, y la habilidad de los empleados para trabajar de manera relajada.
No es tarea fácil atraer y retener a alguien en un trabajo determinado, sin que empiece rápidamente a mirar para el lado. Quizá porque hacemos poco por lograr empatía con aquellos que trabajan con uno. Pensamos que están obligados a permanecer allí donde están y que no le saldrán nunca mejores posibilidades. Puede ser que estas no afloren tan rápidamente pero, así y todo, es triste contar con gente de la cual un porcentaje no menor de sus energías están hurgando en otros escenarios.
Me he encontrado con personas que trabajan años en una empresa sin saber mayormente cómo se produce, para quien y cuáles son sus dueños. Nada de extraño entonces que se sientan aves de paso, a pesar de contar con una larga cronología en la empresa. Cuando las personas son educadas en lo suyo, se comprometen. Y si están comprometidas, probablemente también se realicen en ella y, porqué no, se diviertan en lo que hacen.
No es mala idea prestar atención a la regla de oro en este campo. No tanto tratar a los demás de la manera en que usted quiere ser tratado sino más bien tratarlas de la manera en que ellas quieren ser tratadas. Cada compañía es un abanico de personas con distintas necesidades y expectativas. Buscar, dentro de lo posible, responder a alguna de ellas en quienes trabajan conmigo redunda, a la larga, positivamente en el conjunto de la organización laboral.
Se ha hecho una moda lo de los "cara a cara". Nada mejor que la franqueza en el trabajo ¿Cuándo fue la última vez que organizaron un almuerzo de camaradería, un pic-nic o paseo de empresa? Alentando a todos los miembros a conversar sincera y abiertamente, el líder construye un clima de confianza, lima asperezas y sabe de primera fuente qué es lo que se teje en las bases. Grandes descontentos laborales serían fácilmente evitables si existiese mayor diálogo entre los distintos estamentos. Y esto, que resulta una perogrullada, es de aún escasa aplicación en estos parajes. Así sabremos mejor de frustraciones, enojos, envidias y apatías, antes de que éstas se manifiesten. Ese conocimiento nos regala la oportunidad de actuar proactivamente y no vivir apagando incendios.
Me acuerdo de esas pizarras de colegiales en que se anotan recados y quejas. Un simple fichero puede ayudar mucho. O sea, una superficie que se transforme en un foro de discusión de temas que los empleados sientan cómodo y donde se puedan expresar abiertamente.
¿Cuánto nos conocemos en oficinas, empresas y universidades? Me he topado con gente que no conoce el nombre del personal administrativo, que apenas saluda a la secretaria, que no tiene idea quien es el portero. Y en todo eso hay talento escondido que se pierde sin oportunidad luego de recuperarse. Da lo mismo si el equipo consiste en un grupo de 3 o 193 personas. Saber el nombre de cada persona que trabaja conmigo pertenece al ABC de una buena dirección y requisito de un buen ambiente laboral. Es valor agregado simple, y además barato.
Padre Hugo Tagle-Moreno
Para: Todo Mujer
(derechos reservados)
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