De niño íbamos a esos circos itinerantes que se instalaban en las playas durante el verano. Recuerdo aún al boletero de uno de ellos, un personaje gracioso y simpático. Junto a él se encontraba una señora algo menor que hacía de acomodadora y acompañaba a las sillas. Los dos hacían fiesta desde la puerta con bromas y metiendo miedo a los más pequeños. Todo auguraba un rato alegre en este circo diminuto, tan lleno de vida como escaso de medios. Al comenzar el primer acto, apareció entre luces el presentador, que resultó ser el mismo boletero. Luego vinieron un par de acrobacias de poca monta para, finalmente, dar paso al número estrella, un payaso. Y, para nuestra sorpresa, ¡ nuevamente el boletero! O sea, todo el gran circo no eran más de cuatro o cinco personas, con el boletero a la cabeza. Con los años he escuchado más de una vez eso de "organizaciones de circo pobre", en que uno hace varios papeles a la vez. No me ha sido difícil saber a qué se refiere.
Hay gente a la que les gusta tener todo bajo control, tanto así, que terminan haciendo todo ellas mismas. No sé si caen en eso por proteccionismo, desconfianza o, lo peor, falta de organización. Tiendo a pensar que es por esto último.
Cargamos las más de las veces responsabilidades ajenas por flojera de delegar. Es más fácil hacerlas uno, piensa más de alguno. Cuando un líder delega una tarea, procurará prestar tanta atención a la persona como a la tarea y más aún: cuando el líder se concentra en la relación con esa persona y asegura un ambiente de confianza y participación, la delegación dignifica. Este proceso es un trabajo en sí mismo ¿O acaso alguien piensa que delegar, es sinónimo de no trabajar? Delegar, o mejor aún, facultar, es "otro trabajo". No es tarea fácil. Implica desarrollar credibilidad, compartir información, alentar la participación, preocuparse por el otro.
Delegar implica compartir información, hacer sentir al otro que dispone de las mismas herramientas que uno para operar. Resulta obvio y casi axiomático, pero uno de los impedimentos más comunes en la delegación es no compartir información por desconfianza. Y si no hago un voto de confianza, difícilmente puedo esperar que otros desmpeñen bien su labor.
Compartir información y confiar llevan a una mayor participación. El liderazgo no es un lugar, es un proceso que logra despertar lo mejor de las personas al sentirse sujeto de confianza.
Cuando logramos que todos se comporten como líderes, vale decir, cuando todos desafían, inspiran, posibilitan y alientan el compromiso, éste es mucho mayor y el éxito más probable. En las buenas organizaciones, todos saben que el liderazgo es esperado y recompensado en todos los niveles y que todos son responsables de lograr buenos resultados.
Los logros más extraordinarios nunca ocurren sin la participación activa y el apoyo de muchas personas. Podrán haber golpes de suerte, en que por mérito de uno las cosas resultan. Pero no es lo normal. Si la meta es un desempeño superior, lo mejor es apostar por la cooperación y tomar decisiones de manera compartida.
No damos lo mejor de nosotros cuando estamos aislados. No logramos cosas extraordinarias trabajando solos, sin apoyo ni aliento ajeno. Cuando apoyamos y el otro se sabe apoyado, el conjunto se siente mejor consigo mismo. Se eleva la estima grupal y a su vez, la propia. Es este sentimiento de sentirse valorado lo que crea el ambiente propicio para el crecimiento en la gente, que reporta buenos resultados en toda organización y que eleva la calidad de vida de sus integrantes.
Padre Hugo Tagle-Moreno
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