El aburrimiento es uno de los grandes enemigos de los chicos en tiempo de vacaciones. Disponen de muchas horas al día para ellos mismos y si no se está atento, es decir, si sus padres no prevén en qué emplearán tantas horas "muertas", lo ordinario es que se conviertan en peleles de la pereza, con sus secuelas negativas de sensualidad y egoísmo.
También en esto es preciso estar al quite y prever las cosas con tiempo. Y prever es anticiparse a lo que han de hacer, marcándoles metas y objetivos realistas. Se ha de pensar, por ejemplo, en la tarea que durante los días de vacaciones harán, los pormenores del lugar donde residirán.
Sin imposiciones, con flexibilidad a la par que con firmeza, se les ha de ayudar a concretar esos planes. Porque descansar, objetivo muy laudable en época de vacaciones, no consiste en pasarse el día sin hacer nada, tumbados al sol por la mañana o en vela festiva por la noche. Es saber, con imaginación ciertamente, sacarle partido al tiempo con actividades de lo más variadas, planes atractivos que ayuden a descansar en el cuerpo y en el alma.
Junto al horario para hacer deporte, oír música o practicar una afición recreativa y relajante, deben incluir unas horas dedicadas al estudio: unos, porque tendrán que examinarse en septiembre; otros, porque les conviene avanzar en algunas de las asignaturas que tendrán el curso siguiente. A lo que se ha de añadir, lógicamente, el tiempo dedicado a hacer arreglos en la propia casa, tales como la reparación de desperfectos, instalación de nuevos muebles, etc.
De todo ello, quizá lo más difícil sea ayudarles en la organización de las fiestas con sus amigos, de manera que sean a la vez sanas y divertidas. No hay que esperar mucho. Cuando andan entre los quince y dieciséis años es quizá el mejor momento para anticiparse y ayudarles en estos montajes. Porque, como aconseja la experiencia, ni las prohibiciones sirven de ayuda, ni los consejos moralizantes les previene. En todo caso pueden disgustarles y predisponerles en contra.
Sé de padres a los que ha dado buen resultado organizar fiestas familiares en el mismo lugar de veraneo. Y lo han hecho junto con otras familias que sienten igualmente la preocupación por la formación recta de sus hijos. En un local social, en el jardín de un chalé que reúne condiciones, en los llamados clubes familiares, han hecho posible que la diversión de sus hijos discurriera por canales de sana alegría y regocijo, demostrando con ello que no es necesario recurrir a lo grosero o chabacano para que los chicos lo pasen en grande. Son fiestas de familia, decentes y simpáticas, en las que se demuestra que el pasarlo bien no está reñido con la corrección y el buen gusto.
En verano suelen ser también frecuentes las excursiones a la playa o a algún sitio típico donde los chicos quedan solos. Como es lógico, antes de darles permiso - que nunca se debe dar por supuesto - es preciso enterarse bien del plan que proyectan: dónde piensan ir, con quién y en qué lugar pasarán la noche en el caso de que la excursión lo requiera; qué persona mayor les acompañará, etc. Sin pasarse de listos, pero sin pecar de ingenuos, se han de reunir todos los datos para no arrepentirse después de una posible insensatez de los hijos. Sobre todo, y hay que subrayarlo, cuando la excursión es mixta.
No digo que en todos los casos la respuesta haya de ser negativa. Pero es preciso tomar unas cautelas mínimas si se quiere prevenir un riesgo casi seguro. Como en todo lo que roza la libertad personal, las recetas genéricas no sirven. La decisión se ha de tomar sopesando los pros y contras de esa salida, el grado de formación de los chicos, así como las condiciones que reúne el sitio donde se alojarán y la garantía que merece la persona mayor que los acompaña. Sólo entonces se estará en condiciones de dar un sí o un no reflexivo y, por tanto, responsable.
Como el tiempo de vacaciones, especialmente en verano, es largo, y a los chicos suelen quedarles aún varias semanas libres antes de que comience el curso, lo mismo que en otros países - y ahora también en el nuestro - podrían seguir la costumbre de buscarse una ocupación o trabajo remunerado. Algunos estudiantes aprovechan esos días de vacaciones - lo mismo que en Navidad o Semana Santa - para trabajar en tiendas y grandes almacenes, en la distribución de determinados productos, en la venta domiciliaria a plazos, etc.
Consiguen así atender sus propios gastos, ayudar en las tasas de matrícula descargando un poco el déficit económico familiar, de paso que adquieren el hábito de la laboriosidad y gana en sentido de responsabilidad. Es, sin duda, la mejor terapia contra el aburrimiento y la vagancia en la que suelen caer muchos en esas fechas. Bueno será que cada uno se pregunte qué hace para prevenir ese impacto negativo en sus propios hijos, y qué medios está poniendo para proporcionarles un trabajo en verano, con independencia del tiempo que deban dedicar al estudio.
Si fuera difícil encontrar un trabajo remunerado, por sentido de solidaridad podrían emplear su tiempo libre en vacaciones en una tarea humanitaria, de ésas que exigen cierta generosidad y un mínimo espíritu de sacrificio. A algunos les ha ido muy bien participar en un campo de trabajo para estudiantes, en una promoción rural o en alguna otra actividad por el estilo. Les sirve para poner a disposición de los más necesitados lo mejor de ellos mismos.
En este sentido, no olvidemos lo mucho que pueden ayudar a gente mayor, ancianos y enfermos, que esperan en su soledad una mano amiga que les comprenda y anime. Parientes más o menos próximos, personas conocidas, que en su juventud dieron lo mejor de ellas mismas, pero que ahora, en el ocaso de su vida, quizás sientan la indiferencia de sus seres más queridos. ¡Cuánto se les puede ayudar en su amargura y sufrimiento!
El tiempo libre en vacaciones es una bendición de Dios. Ayudemos a los hijos a sacarle partido, porque se robustecerá así su voluntad, ganarán en personalidad y, sobre todo, darán mucha gloria a Dios.
Las entretenciones familiares
LOS PASEOS CAMPESTRES:
Se puede constatar fácilmente que el tipo de intercambio y solidaridad que se gesta en paseos informales al campo, llevando un "lunch" y corriendo juntos pequeñas aventuras, es incomparablemente superior al que se puede gestar en otros momentos de la vida corriente de una familia. Por eso, es altamente recomendable habituar a los hijos a este tipo de actividades apenas empiecen su vida y prolongar esta costumbre todo lo posible. Estos paseos sirven como un medio entretenido para "desintoxicarlos" de la televisión, llevándolos a un sano contacto con la naturaleza. Es una de las formas más participativas y naturales de congregar a toda la familia.
LOS JUEGOS COMPARTIDOS:
También es muy importante que los papás agudicen su imaginación para tener siempre juegos fáciles, que puedan iniciarse en cualquier momento. El jugar con los hijos y enseñarles a divertirse juntos, es un antídoto eficaz para muchas de las deformaciones actuales. Ayuda a dejar un poco de lado la televisión, dando a los hijos una actividad en la cual compartan como familia sin aislarse, y les ayuda también a superar algunas de las tendencias "pandillistas". Estas constituyen normalmente un grave peligro en la preadolescencia y adolescencia. Cuando la familia se acostumbra a tener ese tipo de actividades, que se va renovando en su grado de interés, se tiene un gran seguro para los años más difíciles de la educación.
P. Rafael Fernández
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