Tanto historiadores como sociólogos han recavado que, sin importar en qué parte del mundo, las personas poseen un impulso por estar informadas.
Tenemos una necesidad intrínseca por saber qué ocurre fuera de nuestra esfera de acción y el estar informado otorga una sensación de control, seguridad y confianza.
Un ejemplo de esto, fue una sorpresiva respuesta del Senador Republicano y ex candidato a las elecciones presidenciales norteamericanas del 2000, John McCain, al contestar, en una rueda de prensa durante la campaña, que lo que más echó de menos durante sus cinco años como prisionero de guerra en Hanoi, durante la guerra de Vietnam, no fue la comida, la libertad, sus amigos, o incluso sus familiares sino: información. Libre, sin distorsiones y abundante.
Generalmente, lo primero que ocurre cuando uno se topa con un amigo es compartir información, “Supiste qué...”. Saber si se enteraron sobre lo mismo que nosotros y si el mensaje les llegó de la misma manera.
Muchas veces, se conforman relaciones, se eligen amistades, e incluso, se hacen juicios de carácter basados, en parte, por cómo alguien reaccionó respecto a la información.
El periodismo es el sistema creado, dentro de la sociedad, para dar a conocer los hechos y es por eso que al público le interesa tanto el carácter de las noticias y su influencia sobre la calidad de vida, el pensamiento y la cultura.
El periodismo es capaz de otorgarle a una cultura, de manera independiente, precisa y comprensiva, información que le permita, a la sociedad, mantener su libertad.
En la medida que el ciudadano obtiene este tipo de información puede autogobernarse mejor y consentir a mayor libertad y, gracias a las nuevas tecnologías, se hace posible una mayor participación dentro del sistema democrático.
En 1774, el parlamentario y filósofo, Edmund Burke, pronunció, dentro del Parlamento inglés, la incólume frase, “El periodismo es el cuarto poder”.
Sus palabras han servido para que, sobre todo en tiempos de crisis, los periodistas salvaguarden la importancia y el poder que conlleva su estamento, el que en reiteradas oportunidades dicta las pautas y el ritmo de los acontecimientos que conforman el engranaje social.
Entonces, si es tan importante su indiscutido rol cultural y antropológico, valdría la pena preguntarse cuál es la esencia de la labor periodística, cuál es la percepción del público hacia el periodismo y qué se espera de los periodistas (esta última es una pregunta que pocas veces es formulada por los profesionales de la comunicación).
El año pasado, Chile recibió a dos académicos, del más alto prestigio, relacionados con el quehacer periodístico. Tanto el norteamericano, Maxwell McCombs como su par español Enrique Bustamante, fueron invitados por la Fundación Chile Unido para discutir sobre dos ámbitos poco argumentados dentro de nuestra actividad periodística.
El profesor McCombs es el creador de la irrebatida “Agenda Setting” (Teoría sobre la Agenda de los Medios) y el periodista y sociólogo, Bustamante, habló sobre una realidad que carcome a la industria de los medios: su comercialización y la competencia constante por el rating.
El Fetichismo de los Medios
Desde el caso Watergate en 1972, pasando por el escándalo de Mónica Lewinsky, hasta la testimonial y tan mediatizada guerra en Irak, ejemplifican la función de los medios de acercar al público, al menos por un tiempo, aquellos hechos considerados como los más relevantes.
Pero fue en 1976, cuando la historia sobre el impacto social de los medios de comunicación se dividió en un antes y un después.
En un ambicioso estudio empírico, en la Universidad de Carolina del Norte de Chapel Hill, McCombs pudo apreciar el poder y directa relación que ejercen los medios de comunicación sobre la agenda pública de la sociedad y cómo ésta, a su vez, influirá en la construcción de la agenda política.
“Los medios de comunicación son quienes poseen y ejercen la tarea de distribuir toda la información que acontece en el mundo y que se encuentra, inexorablemente, fuera del alcance y la mirada total del ciudadano. Las personas, a su vez, necesitan mantener un equilibrio y requieren de una agenda para orientarse sobre todo lo que acontece a su alrededor. Es así entonces, que los medios son el puente comunicador entre el mundo externo y las imágenes que tenemos sobre él”, precisó.
Sin embargo, el poder de los medios sobre el público no es ilimitado. “Las personas no están programadas para absorber mecánicamente toda la información que reciben. Demandan información según dos variables, la necesidad de orientación y la relevancia sobre un tema. Determinan cuánta información requieren para satisfacer sus necesidades”, explicó.
En su último libro, “The Two W’s of Journalism” (Las Dos W’s del Periodismo), McCombs examinó el qué y por qué de la creación periodística. El autor, apeló a la curiosidad incesante que tiene el público por saber y a lo que él denominó como el fetiche de los medios: saturar a las personas con información.
Parte de la obra analiza también cómo, gracias a las nuevas tecnologías, el acceso a los eventos noticiosos es cada vez mayor. Sin embargo, destacó cómo hoy, más que nunca, las personas demandan información más analítica, dentro de un contexto, y con una mayor profundidad. Es así como la versión internacional del periódico The New York Times se ha posicionado como el medio escrito con la mayor cantidad de suscriptores, a través de Estados Unidos.
En una democracia, el triángulo amoroso entre medios, sociedad y política incluye los tres componentes sociales que se interrelacionan en la teoría de Maxwell McCombs siendo el público el ente social más valioso y substancial para el académico. “De la esencia de la Agenda Setting emanan consecuencias directas que afectarán a la formación de la opinión pública. Los medios de comunicación juegan un rol primordial al poner ciertos temas en la agenda, haciendo que éstos se integren a la discusión pública de una sociedad”, manifestó recalcando que, “es una vocación al servicio público, y no a auto servirse, lo que debe constituir la noble labor que ejerce el periodista”.
Pan y Circo
Para Enrique Bustamante, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, el avance incesante de la tecnología y los efectos de la globalización han transformado el ambiente económico y cultural. A través de nuevas redes de comunicación como Internet, se está mutando el éxito recogido por los grandes medios analógicos tradicionales de la televisión, la radio y la prensa escrita. “Ha habido una clara recomposición para satisfacer nuevas necesidades y funciones del sistema comunicativo. Nadie podrá sobrevivir si no es a través de una presencia creciente en los medios digitales", aseveró.
Sin embargo, la principal interrogante que se desprendió de su análisis fue si la creciente ola de mercantilización actual ha contaminado al mundo mediático. Su respuesta incluyó al nuevo género televisivo que ha arrasado dentro de la televisión, a nivel mundial, bajo el nombre de Reality Show.
“Hablar con nostalgia de una supuesta edad de oro en la cual la cultura y la comunicación estarían libres de la mercancía, me parece una utopía negativa que no revela, sino que más bien oculta, lo que ocurre en nuestra sociedad. La comercialización no es de ahora, sino desde hace más de un siglo atrás. La inédita expansión en la historia de la cultura de la comunicación se produce gracias a las industrias culturales, por lo tanto, es indispensable la articulación de un avance científico tecnológico y de un mercado”, enunció.
“La televisión es el medio pionero, tanto en lo tecnológico como en lo mercantil. Hoy, el producto televisivo es insertado a través de agresivas estrategias de marketing y publicidad con el fin de garantizar el éxito dentro de la cultura de masas. Lo que los norteamericanos han denominado como el ´killer format´ o formato asesino es un ejemplo. De éste germinó el Reality Show”, explicó.
“Programas de Reality en España, como Operación Triunfo, no es que tengan un éxito apabullante, ni un arrastre insaciable. Sin embargo, es un programa que logra subordinar a otros durante todos los días de la semana. Infecta a los competidores que no tienen más remedio que hablar sobre lo mismo porque sino, se quedan atrás”.
“Un formato asesino es un verdugo de la diversidad de información y tiende a ser un formato asesino de la diversidad cultural. La televisión está actuando de pionera en un proceso terriblemente arriesgado y enormemente preocupante. La prensa, por su parte, no tiene más remedio que hablar también sobre ellos, aunque sea para criticar, alimentando el círculo de publicidad y promoción del programa”, declaró el catedrático. Las consecuencias de este fenómeno suenan conocidas dentro de nuestro país.
Para el experto en comunicación audiovisual, los Reality se organizan a través de un solo factor: la confusión de la realidad con la ficción. “Toda la constelación de medios y de soportes gira en torno a un solo contenido que, además, no tiene nada que ver con la realidad exterior y social. Es puramente mediático, inventado, programado, y creado por las propias redes de comunicación”, denunció Bustamante.
Agregó que uno de los códigos para comprender a la televisión y a los medios en general, es que poseen dos grandes gérmenes, uno referente a la realidad y el otro a la ficción. Lo peligroso de los Reality es que mezclan estos elementos. “Son un acontecimiento mediático, fabricado que no guarda distancia del espacio público, de la auténtica realidad”, enfatizó. ¿Un ejemplo de esto? Su intromisión en los noticieros de televisión. Para el profesor, resulta escalofriante analizar cómo los eventos de contenido político-sociales han ido perdiendo peso dentro del conjunto informativo. Hoy, los noticiarios se ven en la obligación de bombardear al televidente con “noticias” que emanan de este tipo de eventos mediáticos, que realmente no poseen correlación con la realidad.
Para el periodista y sociólogo, la resolución al actual desafío no resulta simple, pero tampoco escapa el alcance de los profesionales de la comunicación. “Necesitamos revitalizar el concepto de servicio público que posee el periodismo dentro de las escuelas de comunicación. Así, en la futura historia de la comunicación, existirá un equilibrio armónico entre empresa privada y mercado, a través de una notoria responsabilidad social por quienes ejercen esta delicada labor de manejar y transmitir la información de la cultura. Los periodistas deben dar una lucha a muerte entre el servicio público y las leyes del mercado”, concluyó.
Los argumentos de ambos expertos decantaron hacia un componente que deseo subrayar como uno de los elementos primordiales dentro de la labor periodística: la lealtad del periodista hacia sus ciudadanos.
La verdad es la primera obligación dentro del periodismo y sí, es cierto, sirve como un monitor independiente de poder y como foro de crítica pública pero, para el usuario, la información que éste recibe por parte de los medios debe guiarlo hacia el compromiso social y conferirle noticias interesantes, de la mayor relevancia, comprensibles y proporcionales que lo ayuden a comprender, en un marco amplio de interpretación, los hechos que lo rodean e inevitablemente afectarán su diario vivir.

PAULA SHMIDT MEYERHOLZ
Historiadora y Periodista
Fuente: www.rrealidad.cl
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