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CS_Lewis.jpgMi querido Orugario:

Me complace mucho todo lo que me cuentas acerca de las relaciones de este hombre con su madre. Pero has de aprovechar tu ventaja. El Enemigo debe estar trabajando desde el centro hacia el exterior, haciendo cada vez mayor la parte de la conducta del paciente que se rige por sus nuevos criterios cristianos, y puede llegar a su comportamiento para con su madre en cualquier momento. Tienes que adelantártele. Mantente en estrecho contacto con nuestro colega Gluboso, que se ocupa de la madre, y construid entre los dos, en esa casa, una costumbre sólidamente establecida y consistente en que se fastidien mutuamente, pinchándose todos los días. Para ello, los siguientes métodos son de utilidad.

1. Mantén su atención centrada en la vida interior. Cree que su conversión es algo que está dentro de él, y su atención está, por lo tanto, volcada, de momento, sobre todo hacia sus propios estados de ánimo, o, más bien, a esa versión edulcorada de dichos estados que es cuanto debes permitirle ver. Fomenta esta actitud; mantén su pensamiento lejos de las obligaciones más elementales, dirigiéndolo hacia las más elevadas y espirituales; acentúa la más sutil de las características humanas, el horror a lo obvio y su tendencia a descuidarlo: debes conducirle a un estado en el que pueda practicar el autoanálisis durante una hora, sin descubrir ninguno de aquellos rasgos suyos que son evidentes para cualquiera que haya vivido alguna vez en la misma casa, o haya trabajado en la misma oficina.

2. Por supuesto, es imposible impedir que rece por su madre, pero disponemos de medios para hacer inocuas estas oraciones: asegúrate de que sean siempre muy "espirituales", de que siempre se preocupe por el estado de su alma y nunca por su reuma. De ahí se derivarán dos ventajas. En primer lugar, su atención se mantendrá fija en lo que él considera pecados de su madre, lo cual, con un poco de ayuda por tu parte, puede conseguirse que haga referencia a cualquier acto de su madre que a tu paciente le resulte inconveniente o irritante. De este modo, puedes seguir restregando las heridas del día, para que escuezan más, incluso cuando está postrado de rodillas; la operación no es nada difícil, y te resultará muy divertida. En segundo lugar, ya que sus ideas acerca del alma de su madre han de ser muy rudimentarias, y con frecuencia equivocadas, rezará, en cierto sentido, por una persona imaginaria, y tu misión consistirá en hacer que esa persona imaginaria se parezca cada día menos a la madre real, a la señora de lengua puntiaguda con quien desayuna. Con el tiempo, puedes hacer la separación tan grande que ningún pensamiento o sentimiento de sus oraciones por la madre imaginaria podrá influir en su tratamiento de la auténtica. He tenido pacientes tan bien controlados que, en un instante, podía hacerles pasar de pedir apasionadamente por el "alma" de su esposa o de su hijo a pegar o insultar a la esposa o al hijo de verdad, sin el menor escrúpulo.

3. Es frecuente que, cuando dos seres humanos han convivido durante muchos años, cada uno tenga tonos de voz o gestos que al otro le resulten insufriblemente irritantes. Explota eso: haz que tu paciente sea muy consciente de esa forma particular de levantar las cejas que tiene su madre, que aprendió a detestar desde la infancia, y déjale que piense lo mucho que le desagrada. Déjale suponer que ella sabe lo molesto que resulta ese gesto, y que lo hace para fastidiarle. Si sabes hacer tu trabajo, no se percatará de la inmensa inverosimilitud de tal suposición. Por supuesto, nunca le dejes sospechar que también él tiene tonos de voz y miradas que molestan a su madre de forma semejante. Como no puede verse, ni oírse, esto se consigue con facilidad.

4. En la vida civilizada, el odio familiar suele expresarse diciendo cosas que, sobre el papel, parecen totalmente inofensivas (las palabras no son ofensivas), pero en un tono de voz o en un momento en que resultan poco menos que una bofetada. Para mantener vivo este juego, tú y Globoso debéis cuidaros de que cada uno de ellos tenga algo así como un doble patrón de conducta. Tu paciente debe exigir que todo cuanto dice se tome en sentido literal, y que se juzgue simplemente por las palabras exactas, al mismo tiempo que juzga cuanto dice su madre tras la más minuciosa e hipersensible interpretación del tono, del contexto y de la intención que él sospecha. Y a ella hay que animarla a que haga lo mismo con él. De este modo, ambos pueden salir convencidos, o casi, después de cada discusión, de que son totalmente inocentes. Ya sabes como son estas cosas: "Lo único que hago es preguntarle a qué hora estará lista la cena, y se pone hecha una fiera". Una vez que este hábito esté bien arraigado en la casa, tendrás la deliciosa situación de un ser humano que dice ciertas cosas con el expreso propósito de ofender y, sin embargo, se queja de que se ofendan.

Para terminar, cuéntame algo acerca de la actitud religiosa de la vieja señora. ¿Tiene celos, o algo parecido, de este nuevo ingrediente de la vida de su hijo? ¿Se siente quizá "picada" de que haya aprendido de otros, y tan tarde, lo que ella considera que le dio buena ocasión de aprender de niño? ¿Piensa que está "haciendo una montaña" de ello, o, por el contrario, que se lo toma demasiado a la ligera? Acuérdate del hermano mayor de la historia del Enemigo.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

Fuente: Fluvium

cartas_del_diablo_a_su_sobrino.jpgEn esta ocasión, el brillante escritor C. S. Lewis se mete en la piel de un astuto e ingenioso diablo. En tan sólo 115 páginas logra dar un completo repaso a las dificultades en que se encuentra un alma en su viaje espiritual hacia Dios y mostrar, de modo tan cómico como veraz, cómo las personas somos mucho más ingenuas, débiles y necesitadas de lo que nos creemos.

El libro tiene la forma de treinta y una cartas supuestamente escritas por el anciano diablo Escrutopo a su sobrino Orugario. En ellas, el viejo diablo aconseja a su sobrino sobre la (des)orientación que éste debe de darle a su “paciente” (un joven desconocido) para alejarle de Dios (“el Enemigo”), de la religión y del bien.

De este original e ingenioso modo, Lewis hace una demostración de conocimiento del corazón del humano, de sus miserias y de sus grandezas, y sobre todo, de cómo el hombre se juega la vida en el ejercicio de ese don otorgado por “el Enemigo”: la libertad.

Un libro muy recomendable. Realmente profundo, en el más pleno sentido de la palabra, a la vez que tremendamente entretenido y simpático. (Apostamos a que será difícil que, al leerlo, no piense que parece escrito especialmente para usted).

Sobre el autor
C. S. Lewis

Clive Staples Lewis (Belfast, 1898- Oxford, 1963), comúnmente conocido como C.S. Lewis. Fue un escritor, apologista y académico irlandés.

En 1917, comenzó sus estudios en la Universidad de Oxford, donde desde 1925 trabajó como profesor de lengua y literatura inglesa hasta 1954. En este último año fue nombrado “Professor” de Literatura Medieval y Renacentista en Cambridge. Como docente se hizo muy popular, y ejerció una profunda influencia en sus alumnos.

Conoció a J. R. R. Tolkien, con quien fundó en 1939, junto a Charles Williams y Owen Barfield, el Club de los Inklings para discutir sobre literatura y filosofía.

Dotado de una inteligencia brillante y lógica, y un estilo claro y vivo, llegó a ser uno de los escritores más influyentes de nuestro tiempo. En la mayoría de sus novelas aparecen indiscutibles y numerosos elementos religiosos. También escribió muchos libros para niños y literatura fantástica , además de muchos trabajos de crítica literaria.

Otros libros del autor

Fuente: Criteria Club de Lectores

Eres el alma de mi alma
Ensueño de mi razón
Gotas andan, gotas quedan
Con misterio, con dolor

¿Quién ha de pensar
extasiado el sufrimiento,
ignorado el caminar
los repentinos sentimientos
que vienen y se van?

Eres el alma de tu alma
Sueño hecho real
Coplas te cantan las rosas
Tímidas, enraizadas en su propio techo,
Para circundar el mundo
De cielo y de caridad.

¡Cuántos hay
maltrechos pudrimientos en zorzal caído,
sin sentencia, sin piar!
Abismos de luz;
¡Espanta la piedra
y échala a andar.

Eres el alma de mi alma
Y yo no me doy cuenta,
Te lo juro.

Autor: Santiago Martínez O.

Ella, uva y espiga

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Sin tierra no sabe crecer el trigo,
sin entraña fresca el manantial no surge.
María te dio la tierra de su sangre,
y fue el primer cáliz de la primera fuente.
Cuando partes para nosotros tu pan,
estás entregándonos la harina blanca
de la espiga de Nazaret.
Ella no lo olvidó jamás,
ni cuando molían tu trigo en el Calvario,
ni cuando pisoteaban los racimos de tu fuego,
ni en las eucaristías primeras de la Iglesia
cuando ella renovaba al Padre su Magníficat,
y recibía de vuelta el Cuerpo y la Sangre
que iniciaron los latidos en su entraña.

Joaquín Alliende Luco
del libro “Niño Dios-Niño Sol”, 2002

El Jardinero, 16

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Las manos se cogen de otras manos y los ojos se quedan fijos en tus ojos... Es el principio de la historia de nuestros corazones.

Es una noche de Mayo, brilla la luna, y el suave olor de plantas aromáticas se esparce por el aire. He dejado mi flauta olvidada y tú no has acabado de tejer tu guirnalda...

Nuestro amor es tan simple como una canción.

Tu velo azafranado me encandila. La corona de jazmines que has trnzado para mí me inunda el alma como un dulce piropo... Jugamos a dar y a hacer como que damos, a aparecer y a escondernos. Sonrisas, timideces, dulces peleas en broma...

Nuestro amor es tan simple como una canción.

No hay misterio en este amor más allá de lo que se ve, ni deseo de alcanzar lo imposible, ni oscuridades tras el encanto, ni búsquedas en el abismo de la penumbra...

Nuestro amor es tan simple como una canción.

Las palabras no nos sumen en un eterno callar, ni elevamos al vacío las manos por encima de toda esperanza. Unicamente dar y recibir... No hemos pisado el gozo hasta extraerle el vino de la pena...

Nuestro amor es tan simple como una canción.


Tagore, Obra Escogida, El Jardinero, 16.

Díalogo

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dialogo.jpgSeñorita Luna venga para acá
para que el lucero se junte con el mar.

Ya que tus olitas tienen color carmesí
para que yo cante démelas a mí.

Y se escucha simple canto de gorrión
Y las algas sueñan alcanzar el sol.

Una cueva existe, Lunita de cristal
La hoja que cae sirve para arriar.

El suave viento llega sin rumiar
Señorita Luna, déjeme jugar.

Y al alba le devuelvo, espejo de altar
mi carita triste que aprendió a rezar.

Autor: Santiago Martínez Oportus

Dos hijos

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Nació el Niño
entre la paja,
tú vienes, hija,
como sonaja.

Tembló el Niño
toda su noche,
tú llegas clara
en un derroche.

Porque el Niño
durmió horrores,
te coronas, hija,
jazmín de olores.

Joaquín Alliende Luco
del libro “Niño Dios-Niño Sol”, 2002

De una Virgen hermosa

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Autor: Lope de Vega

De una Virgen hermosa
celos tiene el sol,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

Cuando del Oriente
salió el sol dorado,
y otro sol helado
miró tan ardiente,
quitó de la frente
la corona bella,
y a los pies de la estrella
su lumbre adoró,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

«Hermosa María,
dice el sol vencido,
de vos ha nacido
el sol que podía
dar al mundo el día
que ha deseado».
Esto dijo humillado
a María el sol,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

De mi mundo soñado

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Autor: Santiago Martínez

De_mi_mundo_sonado.jpg
¿Qué más pudiera decirte?
Si ya te he dicho lo que siento.
Suavísimos párpados oníricos
Que suenan temblorosos
Ante la brumosa esencia
De la melancolía infinita
De mi ser perdido
Sobre tu camino recto
Y silencioso;
¡Fuerte plegaria que se inicia
En el terreno terraplén de mi vida
En el suave amanecer de tus días!

Las violetas danzantes
De tu jardín florido
Danzan al son del día estrellado
Con nubes distintas,
Con estrellas extrañas y traviesas,
Con brisa suave y serena
Que dicen al sol
Que lleve su presencia
Al desierto frío de mi corazón.

Un sueño atrapó
La más frágil quimera
De la realidad existente,
De la realidad anhelante
De la dulce pesadilla viviente,
Del abismo profundo y vacío
Que sin saber hace crecer el río.

Soñador de silencio,
Soñador inquieto,
De anarquías sin reino.
Soñador… más sueñas
En la estadía del viento,
En el calabozo luminoso de las horas,
En los ardientes paisajes de luna
En el rugido pesado de las olas
Y en el bien que el bien añora.

Humilde reposo variante,
¡Buscaré el incierto caminante!

Cuando ya me haya ido amor,
búscame en el horizonte,
búscame en el ténue ocaso
y me encontrarás con el lucero.

No te canses, no me olvides,
solo... búscame.

Piensa en aquel arroyo,
búscame el el agua fresca
siéntela cerca tuyo
y sentirás mis labios, mis besos
cuál fruta tierna y fresca.

No estés triste, no llores, solo recuerdame.
Recuerdame en la sonrisa de un niño
en la inocente brisa
que se transforma en vendaval.

Recuerdame en las flores,
en la fuente de agua viva,
en el vuelo de un ave,
en la luz de un candil encendido.

Cierra los ojos y escucha tu corazón
él, te abrirá el cofre de los recuerdos,
él, me traerá de vuelta a tí,
él, te recordará que te amé, te amo y te amaré.

Cuando me haya ido amor,
no mueras conmigo,
vive por mi y por tí, hónrame así.

Nunca olvides que estoy contigo,
tomándote de la mano,
aunque solo la sientas como una brisa
besándote y acariciándote
aunque no lo creas.

Cuando me haya ido amor,
no desesperes, no llores,
búscame en tu corazón
y allí me encontrarás
solo para ti, eternamente.

 

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