Septiembre 13 de2003.
Hoy hablaba con una amiga por teléfono sobre nuestro tema central: “los hombres”, sobre cómo gira nuestra vida en torno a ellos y, como a su vez, los criticamos a rabiar. Sin embargo, no podemos estar sin ellos.
Próxima a festejar nuestra fiesta de independencia, muchas de nosotras nos hacemos unas expectativas gigantescas, porque somos como tontas para organizarlo todo, trabajamos hasta quedar como trapos (yo no sé si queremos descansar o nos queremos matar), haciendo arreglos, comprándolo todo para que no se nos quede ningún detalle fuera. Todo para pasar unos días inolvidables, en esta semana de nuestra chilenidad. Pero… se nos olvida lo más importante de todo: involucrarlos a ellos, comentarle nuestros planes. Damos por hecho que ellos quieren bailar nuestro cueca, y ¿cuál es su estado de animo?...
Bueno eso es lo que le pasó a mi amiga, y muy deprimida me contaba que después de tenerlo todo bajo control, se le descontroló todo porque él tenía unos planes distintos. Y yo qué puedo decirle o hacer en este caso, sino ser una oyente y esperar que se desahogue, pues si le hecho mas leña al fuego, fijo que me quemo, y agudizo más su situación. Entonces, a medida que me contaba su drama, me mantuve calmada, interesada en su tema, y la invite a que no lo viera tan negativamente, que no fuese tan prejuiciosa, tal vez él cambiaría su actitud, que a lo mejor estaba con mucho stress, todas estas cosas que quedan tan bien y lo mejor de todo es que nos dejan tan bien puestas, como los clichés. Finalmente reflexionó y me dijo, “pero igual me encantan los hombres, lo paso tan bien, pero estoy aburrida de tirar el carro, son muchos los años y ya estoy aburrida no quiero más”. Se que lo dice sin mucho querer decirlo, en esto debemos ser muy cuidadosas pues un mal consejo, un comentario mal dicho, provocaría un desastre y yo estoy por la unificación de la familia y por el matrimonio que es para toda la vida. Quizás somos nosotras las que los provocamos. Si tan sólo hubiesen planeado todo esto juntos, tal vez su llamada hubiese sido diferente, pero igual somos super masoquistas y volveremos a repetir la historia, ¿no están de acuerdo?
La llamada la recibí cuando iba en el auto, camino a nuestra parcela. Luego de cortar el celular, mi marido me dice: “me vas a matar, me olvidé de traer el repuesto para la máquina cortadora de pasto”. Efectivamente, lo hubiese matado, pues mi proyecto de de trabajo para entretenerme durante el fin de semana, en mi parcela, era cortar el pasto. Que quieren que les cuente ¡estamos rodeadas!, pero igual los amamos y no podemos vivir sin ellos.
¿Saben lo que no puedo compatibilizar con todo este asunto de los hombres? Si Cristo fue hombre y El es perfecto, ¿por qué no hacemos de El más nuestro ideal para que nuestras vidas también cambien?
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