La solidaridad masculina, ha ocupado mucho mi atención en estas últimas semanas, entre “ellos” se saben cubrir muy bien sus espaldas.
¿Por qué pienso así? dirán ustedes simplemente, porque lo he vivido. Existen, laboralmente hablando, muchas diferencias de tratos entre hombres y mujeres, y esto sí que lo hemos hablado, pero solidaridad masculina es un tema nuevo. Esto significa que: entre ellos se perdonan, se permiten y hasta se justifican los errores, en cambio a nosotras se nos critica, se nos corrige y se nos acusa. Debemos diferenciar los hombres solidarios, de los hombres “barreros” estos están en otro número (no sé si esto lo hemos hablado antes, mis neuronas a estas alturas del año están algo agotadas, por no decirles que me quedan pocas. Lo que nunca me escucharán ni leerán que es porque estoy “vieja”). Y aquí debo hacer una acotación: en estos casos no importa el género. Es tema que da para largo, e incluso puedo agregar como comentario, que estos llamados “hombres barreros” edifican su estructura laboral bajo el siguiente concepto, forman su equipo de trabajo mediante este tipo de estímulo, lo que significa es: que te perdono, te permito, pero tú a cambio estarás dispuesto (a) a tal o cual favor o trabajo, ¿me explico? Así de esa forma él se podrá retirar temprano, así de esa forma el podrá descansar en los hombros de los otros. Mientras tiene a estos otros pobres haciendo lo que a él le carga hacer, pero a cambio se le perdona esa ineficiencia, por decir algo, es así como esa persona construye su trabajo. Lo más triste, es que pasará algún tiempo para descubrir este daño que se le hace a una empresa y esa persona (s) en cuestión, tal vez nunca sepa porque le ha ido tan mal en los trabajos, sin darse cuenta que simplemente, porque desde que se inició sólo lo que recibió, fue una mala educación.
Entendamos que éstos no son la generalidad de los hombres, yo sólo veo entre un grupo de hombres con los cuales me toca compartir diariamente. No me justifico, simplemente aclaro las cosas, no quisiera que pensaran que los odio, y los detesto, no, por el contrario, mi existencia se la debo precisamente a un hombre, el que me engendró la vida, vida que quiero y agradezco; mi esposo es hombre y es un hombre maravilloso, Dios no pudo haber escogido a otro sino el que me dio para que fuera mi esposo; mis dos hijos son hombres y son extraordinarios, mi máximo orgullo y nuestro Señor Jesús es hombre, Salvador de la vida El ha vino a corregir precisamente estos males de la sociedad y lo más grande ha sido un Hombre que ha dado su vida para que yo existiera.
Manuela Casval
Leer más en sección: Columnas Especiales
Revise bien las consultas y respuestas dadas en el sitio ya que están muchas veces repetidas. Gracias.