A veces pienso que se debe a un exceso de ocio o quizá a una falta de entretenciones, pero la cosa es que la lengua termina siendo en más de un caso un instrumento de un uso abusivo. El cotilleo de que hablan los españoles, el pelambre y copucha nuestro, se ha transformado de un tiempo a esta parte en un verdadero deporte nacional. La prensa se ha preocupado de darle alimento a nuestro afán de despedazar las intimidades ajenas, haciendo de algunos personajes de la farándula criolla una suerte de juguete de comentarios y burlas. Nos salpica con copuchas de conventillo y busca así solazarnos con sus intimidades. Las verdaderas sesiones de cirugía estética a la que los someten casi diariamente dan cuenta de ese gusto por sus intimidades y su vida de plasticina.
Pero hemos perdido el sentido de las proporciones y el límite al afán morboso por indagar en la vida privada de otros se amplía hasta el infinito. Culpables son tanto parte de la prensa como un público ansioso por saber más del famoseo circundante.
Me he acordado de una vieja historia que da en el clavo en esto del respeto a la dignidad ajena. Y sobre todo muestra que, una vez pisoteada, es difícil volver a levantarla.
Había una vez un hombre que calumnió a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado. Tiempo después se arrepintió de la ruina que le trajo con sus calumnias, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo: "Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?", a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y sueltalas donde vayas". El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco de plumas y al cabo de un día las había soltado todas. Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado". El sabio le contestó: "Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Vé y búscalas". El hombre se entristeció, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna. Al volver, el sabio le dijo: "Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".
El voyerismo insano de hurgar en la vida privada de personas públicas y su misma sobreexposición, nos lleva a sentirnos con el derecho de hacer de ellas piezas de Vitrina. Pienso en el daño que se hace a familias enteras por culpa de dos o tres comentarios destemplados y cuyas consecuencias no podemos revertir. Es cierto que más de uno vive a costa de todo ese circo montado casi por ellos mismos, pero mi pregunta es dónde termina esta exposición pública y el servicio real que se presta a la prensa y la información, el cual es bastante pobre.
Y esto lo vemos en la vida cotidiana de oficinas, empresas e incluso entre familiares. No me extraña la actitud recelosa de mucha gente por el simple temor de que su propia vida se vea mancillada por un comentario de mal gusto y un comadreo bajo que arruine su vida familiar o laboral. Nos preguntamos quién será la próxima víctima de esta fiesta iniciada por nuestro insaciable apetito de morbo. El respeto a la honra, el sigilo ante una confidencia, el secreto ante una palabra de confianza, son piezas claves en la convivencia social. Cuando se socaba y zamarrean, el edificio entero empieza a tambalear. Y en esto podemos terminar siendo víctima todos.
Padre Hugo Tagle-Moreno
Para: Todo Mujer
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