02 de Agosto 2004
Fuente: La Nación Line
Por Jorge Rouillon
Columna
La carta "Sobre la colaboración del hombre y la mujer", de la Congregación para la Doctrina de la Fe, apuntó contra las perspectivas de una lucha de sexos, calificada como ilusión y peligro de "segregación y competición entre hombres y mujeres". El texto, firmado por el cardenal Joseph Ratzinger y aprobado por el Papa, no menciona el término "feminismo", aunque se lo ha interpretado como una crítica a su versión "extrema" o "radical".
Enfoca, en primer lugar, una tendencia que subraya la subordinación de la mujer y suscita una contestación: la mujer, para ser ella misma, se hace antagonista del hombre. La rivalidad entre los sexos, en el cual la identidad y el papel de uno se asumen en desventaja del otro, tiene un efecto nefasto en la familia.
Otra tendencia tiende a cancelar las diferencias, como un simple condicionamiento histórico-cultural. La diferencia corporal, llamada "sexo", se minimiza, y se maximiza la dimensión estrictamente cultural, denominada "género". Estima el texto que de ahí surgen ideologías que promueven el cuestionamiento de la índole natural biparental de la familia, esto es, compuesta de padre y madre; la equiparación de la homosexualidad a la heterosexualidad, etc.
El texto sugiere que se afronte la diferencia de sexos desde un punto de vista relacional, no competitivo ni de revancha, y habla de colaboración en el reconocimiento de esa diferencia. Habla del "genio" de la mujer, en el sentido en que Juan Pablo II lo hizo en el documento "Mulieris dignitatem", en 1988, y en la Carta a las Mujeres, de 1995, previa a la Conferencia de la ONU en Pekín. Pide que las mujeres accedan a puestos de responsabilidad y, también, horarios adecuados en los trabajos, para que no padezcan una situación habitual de tensión que afecte el equilibrio personal y familiar.
El documento se propone una valoración crítica de algunas concepciones antropológicas actuales. Un modo de ver las referencias que hace a un orden de la naturaleza y a la antropología bíblica es adjudicarlas a una visión que intenta conservar una concepción tradicional. Otro modo distinto sería interpretar la advertencia, más que como el conservadurismo de un statu quo, como una rebeldía ante un nuevo "establishment" que se manifiesta en la difusión de una mentalidad, en políticas impulsadas por algunos organismos internacionales y en determinada legislación vigente, sobre todo en Occidente. Cabe recordar que un libro de Karol Wojtyla, antes de asumir el papado, se llamó "Signo de contradicción", papel atribuido a Jesucristo, en línea con los profetas del Antiguo Testamento que interpelaban al pueblo con llamados que muchas veces éste no deseaba oír.
Anteayer, en el encuentro fraterno de católicos y evangélicos en el Espíritu Santo, que reunió a mil personas en la Universidad Católica Argentina (UCA), el líder carismático mundial Matteo Calisi se refirió a la amenaza de un "nihilismo moral".
En ese encuentro de oración "a nivel de pueblo", no de especialistas, en Buenos Aires -que varios observadores consideraron "histórico" y primero en América latina-, Calisi se refirió a la necesidad de restaurar el tejido social a partir de la familia. Cuestionó la proliferación de uniones de hecho, el debilitamiento del matrimonio, el otorgamiento de status matrimonial a uniones de personas del mismo sexo, etc. Al tiempo que observó el proceso de secularización en Europa, destacó con entusiasmo el crecimiento exponencial de los movimientos carismáticos en el hemisferio sur. E incluso en los países que antes estuvieron en la esfera soviética.
En la misma casa de estudios, pasado mañana, a las 16, una catedrática de filosofía ítalo-argentina, Paola Delbosco, expondrá un tema vinculado con las materias mencionadas: "Renovando los roles del varón y la mujer".