Hay mayor felicidad en dar que en recibir
Subido por Beatriz Letelier el Marzo 9, 2004

Autora: Margot Valenzuela V.
El período cuaresmal comprende entre otras cosas la entrada triunfal en Jerusalén, o Domingo de Ramos; el miércoles de ceniza; la Ultima Cena; la traición de Judas y la posterior crucifixión del Señor. Es ahí donde se rememora el triunfo del amor, así como las aflicciones y dolorosas decepciones, de nuestro redentor, sólo por amor a sus escogidos.
La Cuaresma es una forma de morir y resucitar en una vida más plena. Su preparación implica que sea necesario renunciar a ciertas actitudes cotidianas. “Volver a poner el corazón en el eje central de nuestra vida”, dice el director de la campaña Cuaresma de Fraternidad, Roberto Urbina. Para ello son necesarias tres cosas concretas: hacer más oración, penitencia y la caridad. Así, se logra tener los mismos sentimientos que tuvo Jesús, y se obtiene la conversión.
Para cumplir los puntos anteriores, la Iglesia pone a nuestra disposición: un altar para rezar, además, una alcancía para depositar el fruto de nuestras privaciones y practicar la caridad. Es decir: “si fumas, fuma menos, pero deposita en las cajitas el dinero que te ahorras; no la limosna de lo que no gastaste”, dice Ricardo Urbina.
La Campaña Cuaresma de Fraternidad, se realiza desde 1982 –año en que se efectuó por primera vez para financiar proyectos de acción social- a nivel nacional en las veintiséis diócesis; mediante el sistema de las alcancías. También, existe una cuenta corriente en el Banco Estado. Sin embargo, las “cajitas” son el principal canal de recaudación. Roberto Urbina, director de la campaña, hace hincapié en que no es una colecta, porque: “La campaña requiere provocar que tengamos algunas privaciones y, con ellas, compartir con quienes más lo necesitan. Por esta razón, la campaña Cuaresma de Fraternidad no es una colecta”.
Después de Semana Santa, el ciento por ciento del dinero recaudado se junta en el Obispado, donde se distribuye para distintas actividades. El sesenta por ciento de las recaudaciones de cada diócesis queda como capital local para realizar actividades internas. En Chiloé, se destina, en gran parte, para ayudar ante las muchas emergencias de incendios. El cuarenta por ciento restante del dinero se divide en un diez para la publicidad, es decir: afiches, comerciales, altares, alcancías. El treinta por ciento final es enviado a una cuenta corriente común, para un fondo nacional, que favorece a las diócesis más pobres como Illapel, algunas de la zona sur de Santiago, entre otras. El año pasado, el presupuesto fue de 175. 384. 839 pesos, con lo que se pudo financiar treinta y tres proyectos de los cuarenta y tres que se habían presentado, pues la recaudación fue menor que la del año 2002.
Para poder ayudar a los distintos sectores de la sociedad la campaña decidió hace diez años tomar como el eje de la cruzada a jóvenes en riesgo social. Posteriormente, entre 1998 y el 2000, se orientó en beneficio de los ancianos. Desde el año 2001, hasta el presente, por decisión de los obispos, quienes tenían a las mujeres dentro de sus principales preocupaciones, decidieron favorecer a las jefas de hogar. Según Ricardo Urbina, se delimitó el campo de acción; reduciéndolo solamente a mujeres pobres, jefas de hogar. No necesariamente solas, el marido también puede estar, pero tal vez enfermo o entregado a algún vicio. Es decir, va en beneficio de aquellas que deben mantener a sus familias.
Con el dinero recaudado se entrega capacitación técnica, en gestión de negocios. Ricardo Urbina recuerda, entre los más novedosos, en el año 2002 un taller de gasfitería, y otro de mecánica automotriz. Ambos debieron superar el problema del machismo, porque “les costó ganar la confianza de la sociedad”. En el caso de las “mecánicas” de la zona sur de Santiago, de las quince que participaron, ocho consiguieron trabajo en un taller y seis son independientes.
Para quienes postulan como pequeñas empresarias, existe un micro crédito que les permite comenzar sus negocios. Por otra parte, se busca mejorar su desarrollo personal para consolidar su autoestima, desarrollando actividades paralelas. Muchos programas están enfocados o van de la mano con la capacitación.
Otro aspecto que busca reforzarse es la asociación. Por ejemplo, en Illapel se lleva a cabo un proyecto llamado: Sociedad de Hecho Reina del Panal. Este se formó con cuatro mujeres, entre ellas la señora Julia Vallejos, quienes con ayuda de INDAP en el año 2001, lograron consolidarse en el mercado de la miel de abeja. En el 2003 postularon a los beneficios de la campaña Cuaresma de Fraternidad, con un proyecto que les permitiría aumentar el número de participantes y variar la producción con derivados como el propóleo y la jalea real. De esta manera, disminuyó el desempleo de las mujeres de la zona. En santiago, uno de los proyectos que obtuvo financiamiento fue el de las Religiosas Adoratrices con su hogar María Madre, ubicado en la comuna de Providencia. Ellas han conseguido sacar de la prostitución a treinta madres jefas de hogar reinsertándolas con éxito en la sociedad.
Cuaresma significa entonces, considerar, sopesar el amor de Dios en una cruz muriendo por todos nosotros y preguntamos “¿Somos dignos de un amor y dolor tan grandes?” Al hacernos esta pregunta, lo único que podemos hacer es parafrasear a San Pablo y responder “No, pero me sigo esforzando”.
En la próxima Cuaresma pensemos en cuantos se verían beneficiados con nuestro aporte y cómo todas las alcancías logran demostrar cuan grande es el corazón de la familia católica. Recordemos que según las palabras del Papa Juan Pablo II: “Cuaresma es un tiempo para privarse no sólo de lo superfluo, sino también de algo más para distribuirlo a quien vive en necesidad”.
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