Novedades en la categoría Cuentos

Estaba brava la seca

user-pic
Voto 0 Votos

Mamerto Menapace

estaba brava la seca.jpgPara peor, el año aquel pintaba feo. Desde hacía meses una sequía bárbara tenía a los colonos en la angustiosa perspectiva de perder las cosechas. Ya no se sabía cómo enfrentar la situación. Y claro, cuando se acaban los posibles humanos, no queda otra que recurrir al buen Dios.

Y esto es lo que hicieron los buenos feligreses del padre Damián. Pero, como quizás les pareció mucho recurrir directamente a Nuestro Señor, prefirieron hacerlo a través de algún calificado intercesor que entendiera del asunto. Y así fue que se pensó en san Isidro Labrador.

Dios siempre escucha

user-pic
Voto 0 Votos

Mamerto Menapace

dios siempre escucha.jpgEl padre Damián era un hombre de Dios. Había sido secuestrado por Dios de entre los hombres, para ser puesto al servicio de los hombres en las cosas que se refieren a Dios.

Como tal, dedicaba la jornada entera a su tarea de pastorear el rebaño que Nuestro Señor le había confiado. Y por la noche, cansado, se retiraba a rezar un rato antes de irse a descansar en su cama.

Pero, a veces sucedía que el sueño se le adelantaba y lo sorprendía con su libro de rezos en las manos. Diciéndolo en forma directa, se quedaba profundamente dormido mientras rezaba su breviario. Y esto fue justamente lo que le sucedió aquella tarde, luego de la tormenta que le había volado una parte del techo de su iglesita. Para peor, sabía que ni él, ni sus pobres feligreses, tendrían demasiadas posibilidades de conseguir los medios para techarla de nuevo rápidamente.

La paz perfecta

user-pic
Voto 0 Votos

Había una vez un Rey, que ofreció un gran premio al artista que pudiera plasmar en un lienzo
“LA PAZ PERFECTA”

seguir leyendo

Angeles Custodios

user-pic
Voto 0 Votos

Angeles_Custodios.jpgUn día Tata Dios llamó a uno de sus angelitos. De esos que Él tiene destinados para ponerlos junto a un niño que está por nacer, para que sea su guardián de por vida, y más allá.

-Mira-le dijo- ven que te necesito. Te voy a mandar para que le hagas compañía y lo ayudes en su camino por la tierra a un niño que esta noche va a comenzar su vida.

-¡No, Tata Dios! -respondió el angelito, medio asustado por el encargo que estaba por recibir. Yo soy muy chiquitito y de esas cosas no entiendo nada.

-No te preocupes-le dijo Dios- Sólo tienes que acompañarlo y aconsejarlo. Y, a la vez, mantenerme informado de todo lo que le pase. Me traerás sus pedidos, y le llevarás mis consejos.

-¡No, Tata Dios! Yo no puedo- se volvió a excusar el angelito. -No sé hacer eso que me estás pidiendo. Me contaron otros angelitos que los niños lloran mucho, que se hacen caca, y otras cosas que yo no entiendo. Yo siempre estuve en el Cielo y sólo sé jugar; reír y cantar en tu presencia.

-No te hagas problemas- le volvió a insistir el Padre Bueno. -De esas cosas tú no tendrás que ocuparte. Para eso yo ya destiné a otro ángel grande, que estará siempre con ustedes dos, y que entiendo bien lo que tiene que hacer.

-Ah, bueno. Entonces sí. Pero dime: ¿cómo se llama ese ángel grande?

A lo que Dios respondió con una sonrisa: -No importa como se llama. Ustedes le dirán: MAMÁ.

¿Tienes algún cuento propio o que quieras compartir con nosotros? Envíalo a editora@todomujer.cl.

El auto

user-pic
Voto 0 Votos

auto.jpg
A un amigo mío llamado David, su hermano le dió un automóvil como regalo. Un día, cuando David salió de su oficina, un niño de la calle estaba caminando alrededor del brillante coche nuevo admirándolo.

- "Señor, ¿éste es su coche?" - preguntó.

David afirmó con la cabeza. - "Mi hermano me lo regaló".

El niño estaba asombrado. - "¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada? - ¡Vaya! me gustaría..." - titubeó el niño.

Desde luego, David sabía lo que el niño iba a decir: que le gustaría tener un auto o un hermano así, pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció a David de pies a cabeza: - "Me gustaría -prosiguió el niño- poder ser un hermano así".

David miró al niño con asombro, e impulsivamente añadió: - "¿Te gustaría dar una vuelta en mi auto?". "¡¡¡Ah sí, eso me encantaría!!!"

Después de un corto paseo, el niño volteó y con los ojos chispeantes dijo: - "Señor... ¿No le importaría que pasáramos frente a mi casa?".

David sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería. Quería enseñar a sus vecinos que podía llegar a su casa en un gran automóvil.... Pero de nuevo, David estaba equivocado.

- "¿Se puede detener donde están esos dos escalones?" pidió el niño. Subió corriendo y en poco rato David oyó que regresaba, pero no venía rápido. Llevaba consigo a su hermanito lisiado. Lo sentó en el primer escalón, entonces le señaló hacia el coche.

- "¿Lo ves Juan?. Allí está, tal como te lo dije, allí arriba. Su hermano se lo regaló y a él no le costó ni un centavo, y algún día yo te voy a regalar uno igualito... entonces podrás ver por ti mismo todas las cosas bonitas de los escaparates, de las que he estado tratando de contarte".

David, bajó del coche y subió al muchacho enfermo al asiento delantero. El hermano mayor, con los ojos radiantes, se subió tras de él y los tres comenzaron un paseo memorable.

Ese día, David comprendió lo que Dios quería decir con: "Hay más dicha en dar que en recibir........."

Que tengas un excelente día y no olvides:

a.. Dar vida a otras vidas...
b.. Dar esperanza...
c.. Somos lo que pensamos.
d.. Somos lo que decidimos ser.

Decidamonos a ser hombres y mujeres de VALORES. Nuestro entorno lo necesita desesperadamente !!!

¿Tienes algún cuento que quieras compartir con nosotras? Envíalo a editora@todomujer.cl.

Colaboración de Natalia

Un hombre vuelve a su casa en subte, como cada noche. Ha trabajado duro y esta ansioso de llegar a casa. El invierno se advierte en la temperatura y en los días cada vez más cortos. El destino parece estar en absoluta oposición a la concreción de su deseo. De repente, el subte se detiene en una estación por culpa de un mecanismo dañado.

Pasados unos minutos un altavoz anuncia que el servicio se interrumpirá hasta reparar la falla. Se calculan 20 minutos. La empresa lamenta el inconveniente y dice que a los que desean abandonar el tren en ese punto, se les devolverá el importe del viaje. El hombre resopla como mínima expresión de su fastidio.

Mira otra vez el nombre de la estación. Si decide caminar desde aquí, tardaría mas o menos lo mismo que si espera la reparación, aunque si corta camino a través de la plaza… Se da cuenta de que no soporta la idea de quedarse impotente frente al desperfecto. Así, sale de la estación, casi alegre con la tarjeta de subte de compensación. Al llegar a la plaza empieza a apurar el paso. Ya escuchó de varios robos e incidentes en los últimos meses. De pronto, desde unos arbustos sale el grito ahogado de una mujer. Es evidente que está siendo atacada. La voz de un hombre le grita y se escucha un golpe. El hombre mira a su alrededor buscando un policía o un teléfono, pero todo resulta en vano. Si corre hasta su casa para pedir ayuda, posiblemente sea tarde, pero que puede hacer él, un pusilánime oficinista para salir a defender a alguien de un vándalo. El hombre hace dos pasas para alejarse del episodio y de repente se da cuenta que la atacada podría ser una de las mujeres de su familia. ¿Qué pensaría de aquel que al pasar por ahí actuó como él mismo? Con este pensamiento regresa y se mete entre los arbustos. En efecto, un joven esta sentado sobre el cuerpo de una joven en la oscuridad, le ha rasgado las ropas e intenta violarla. Sin saber con que fuerzas se tira sobre el y trata de agarrarlo del cuello. El delincuente se libera del hombre y lo amenaza con la navaja que tiene en la mano. En el forcejeo, el jovencito hiere al hombre en el hombro y luego sale corriendo. Con gran dolor, el hombre se acerca a la joven y la ayuda a ponerse de pie.

-"Ya está" –le dice- "ya pasó todo". Caminan juntos hasta el banco iluminado y allí la joven de unos veinte años, levanta la vista por primera vez y mirando al hombre le dice:

-"¿Eres tu papá? ¿Eres tú?"

Y el hombre descubre recién entonces que acaba de salvar a su propia hija.

Igual que Natalia tú puedes también enviarnos tu cuento a editora@todomujer.cl para que lo puedas compartir con nosotras.

El Racimo de Uvas

user-pic
Voto 0 Votos
kyoho(grape)

Image via Wikipedia

Un día llamaron a la puerta de un convento, y abrió el hermano portero llamado Barragán, este vio con asombro que un hortelano de las tierras de al lado le entregaba un hermoso racimo de uvas tan grande que le causó admiración, diciéndole: hermano te regalo este racimo de uvas en agradecimiento por la buena atención que me prestas cada vez que vengo al convento, sin pensarlo dos veces el hermano portero le dio las gracias por tan precioso regalo y le dijo que no tardarían mucho en dar cuenta de él.

Apenas salió el hortelano del convento ya se relamía pensando en que se lo comería el solo y no decir nada a los demás, al fin y al cabo se lo habían regalado para él.

Lo lavó y dejó escurrir en un clavo que había colgado en la pared, mirándolo con alegría por el gran festín que le esperaba.

Pero la viva conciencia del hermano portero le hizo pensar que en el convento había un hermano enfermo que no gustaba de comer nada, debido a su enfermedad. Este pensó para sí que sería una buena obra alegrarle el día a este enfermo y de paso llenarle el estómago, tan necesitado de alimento.

Sin pensarlo mucho descolgó el racimo de uvas y se fue a la enfermería a regalárselo a tan delicado enfermo. El enfermo al ver el racimo abrió los ojos sobresaltado al ver su gran tamaño, y el portero le dijo: Hermano Matías me han regalado este racimo para mí, pero pensando en tu enfermedad y sabiendo que no te apetece comer nada, quizás estas uvas te abran el apetito, el hermano Matías se lo agradeció de corazón que se hubiese acordado de él, diciéndole que si se moría le tendría muy presente cuando estuviera en el Cielo con Nuestro Señor. El portero le buscó una fuente donde le colocó el racimo para que fuera picando cuando gustara. Dejándolo solo, se fue para la portería pensando en la gran obra que había hecho por su hermano Matías.

El enfermo cogió el racimo como pudo e iba a dar buena cuenta del, pero pensó que si lo dejaba haría un buen sacrificio para remisión de sus pecados y bien de su alma y decidió no comerlo y dárselo al hermano enfermero que le atendía con tanta caridad y se desvivía por él por las noches.

Gritó al hermano enfermero pensando este que le sucedía algo por la insistencia en que le llamaba. Hermano Esteban me ha traído el hermano portero este racimo para que lo degustara pensando en mi enfermedad, pero pensé que, ya que no me entra nada en el estómago y pudiérase que me hiciera daño he pensado que te lo comas tú, que te portas tan bien conmigo. El Hermano Esteban insistía en que lo intentara comérselo pero cuanto más insistía el enfermero mas lo rechazaba el enfermo. Este decidió comérselo en su celda dándole las gracias por tan precioso regalo.

Y mientras caminaba hacia su celda, pensó que mejor que comérselo él, se lo daría al Hermano cocinero que bien se esmeraba para que todos lo frailes comieran lo poco que les llegaba de la huerta y de donativos. Bajó a la cocina y encontrándose con Buenaventura el hermano cocinero y topándose de bruces con él y el racimo le dijo: mira, lo que me han regalado, pero te lo regalo a ti para que saborees estas uvas tan hermosas, como hermoso es tu corazón, el hermano Buenaventura quitándole importancia a lo que decía, le insistió que se lo diera mejor al prior ya que era tan responsable con la comunidad.

Y así fue pasando el racimo de hermano en hermano por todo el convento, hasta que llegó de nuevo a la portería donde el hermano portero, extrañado y perplejo por el suceso decidió que no diera más vueltas el racimo de uvas, y ni corto ni perezoso se lo comió con tal gusto que le pareció las uvas más sabrosas que jamás hubiera comido.

¿Tienes un cuento con un bonito mensaje para compartir? Envíalo a bea@todomujer.cl

El Puente

user-pic
Voto 0 Votos

el_puente.jpg
Subido por Beatriz Letelier el 30 de Septiembre de 2005

el puente.jpgNo hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes cayeron en un conflicto. Este fue el primer problema serio que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua.

Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio.

Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero.

-"Estoy buscando trabajo por unos días", dijo el extraño, "quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso".

-"Sí", dijo el mayor de los hermanos, "tengo un trabajo para usted.

Mire al otro lado del arroyo, en aquella granja vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano menor.

La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros pero él desvío el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros. Él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor.

¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más."

El carpintero le dijo: "creo que comprendo la situación".

El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo.

Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo.

El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, su quijada cayó.

No había ninguna cerca de dos metros. En su lugar había un puente que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una fina pieza de arte, con todo y pasamanos.

En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano mayor le dijo:
-"Eres un gran tipo, mira que construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho".

Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas.

-"No, espera". "Quédate unos cuantos días, tengo muchos proyectos para ti", le dijo el hermano mayor al carpintero.

"Me gustaría quedarme", dijo el carpintero, "pero tengo muchos puentes por construir".

Muchas veces dejamos que los malentendidos o enojos nos alejen de la gente que queremos, muchas veces permitimos que el orgullo se anteponga a los sentimientos. No permitas que eso pase en tu Vida.

* Aprende a perdonar y valora lo que tienes.
* Recuerda que perdonar no cambia en nada el pasado pero si el futuro.
* No guardes rencores ni sentimientos de amargura que sólo te lastiman, te alejan de Dios y de las personas que te quieren.
* No permitas que un pequeño desliz malogre una gran amistad...
* Recuerda que el silencio a veces es la mejor respuesta...
* Una casa feliz es lo que más importa. Haz todo lo que esté a tu alcance para crear un ambiente en armonia.
* Aprende a ser feliz y disfruta de las maravillas que Dios ha creado. Él te ama y desea que tengas una vida dichosa, llena de amor y armonía.

Desconocido

Comparte con nosotras un cuento envíandolo a editora@todomujer.cl

El Ladrillazo

user-pic
Voto 0 Votos

el_ladrillazo.jpgUn joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Jaguar ultimo modelo, sin ningún tipo de precaución. De repente sintió un estruendoso golpe en la puerta, se detuvo y al bajarse vio que un ladrillo le había estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su lujoso auto. Se subió nuevamente, pero esta vez lleno de enojo dio un brusco giro de 180 grados; y regresó a toda velocidad al lugar donde había visto salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo hermoso que lucía su exótico auto. Salió del auto de un brinco y agarró por los brazos a un chiquillo, empujándolo hacia el auto estacionado le gritó a toda voz:
"¿Qué rayos fue eso?, ¿Quién eres tú?, Qué crees que haces con mi auto?". Y enfurecido, casi botando humo, continuó gritándole al chiquillo: "¡Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro!, ¿Por que hiciste eso?".

"Por favor, señor, por favor. ¡Lo siento mucho!, no se que hacer", suplicó el chiquillo. "Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía"... Las lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia un lugar cercano del auto estacionado.

"Es mi hermano", Le dijo. “Se descarriló su silla de ruedas y se cayó al suelo... y no puedo levantarlo". Sollozando, el chiquillo le preguntó al ejecutivo: "¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla?, está golpeado, y pesa mucho para mi solito...soy muy pequeño".

Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo el ejecutivo tragó grueso el taco que se le formó en su garganta. Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo y lo sentó nuevamente en su silla; y sacó su pañuelo de seda para limpiar un poco las cortaduras y la suciedad que cubría las heridas del hermano de aquel chiquillo tan especial.

Luego de verificar que se encontraba bien, miró al chiquillo y este le dio las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie... "Dios lo bendiga, señor...y muchas gracias" le dijo.

El hombre vio como se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta llegar a su humilde casita. El ejecutivo aún no ha reparado la puerta del auto, manteniendo la hendidura que le hizo el ladrillazo... para recordarle el no ir por la vida tan de prisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.

¿Tienes algún cuento que quieras compartir con nosotros? Envíalo a editora@todomujer.cl.

El Elefante

user-pic
Voto 0 Votos

Cuando yo era chico me encantaba ir al circo, especialmente para ver al elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal ... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era minúscula, me parecía insuficiente para atar un elefante. Aquel animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio: ¿Que lo mantiene entonces?, ¿Por que no huye? Pregunte a muchas personas y me daban razones insuficientes. Uno me dijo que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado. Entonces la pregunta obvia:-Si esta amaestrado, ¿por que lo atan a la estaca? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo aquella incógnita se quedó guardada en los recesos de mi memoria sin darle mas atención.

Un día encontré la explicación: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño". Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para el. Al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal acepto su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que NO PUEDE. El tiene registrada en su memoria el recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia y jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás ... Jamás ... intentó poner a prueba su fuerza contra la estaca otra vez.

... Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos" simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo: No puedo ... No puedo y nunca podré. Crecimos portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca mas lo volvimos a intentar. La única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO TU CORAZON.

San Pablo enseña: "Todo lo puedo en Aquel que me conforta" Filipenses 4,13

En Cristo tenemos la capacidad para actuar plenamente según el amor con los dones que El nos ha dado. Cristo nos libera del pecado que es la "estaca" que nos amarra a una existencia sin sentido.

Hay, sin embargo, quienes creen que el cristianismo es como la estaca del elefante, que nos prohíbe tomar libertades. ¿Que nos prohíbe el Cristianismo? Lo que es pecado, es decir lo que es indigno del ser humano porque es contrario al amor. El pecado y no el cristianismo es la estaca del hombre.

«Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.» Juan 8,31-32

¿Tienes algún cuento que quieras compartir con nosotras? Envíalo a editora@todomujer.cl.

 

Sobre este archivo

Esta página es un archivo de las últimas entradas en la categoría Cuentos.

Columnas Especiales es la categoría anterior.

Dialogando con Dios es la siguiente categoría.

Encontrará los contenidos recientes en la página principal. Consulte los archivos para ver todos los contenidos.

¡Suscribirse

Si quiere suscribirse para recibir las últimas actualizaciones de Todo Mjer entre su email: