Novedades en la categoría Cuentos

Se quema tu choza

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sequematuchoza.JPGEl único sobreviviente de un naufragio estaba sobre una pequeña isla desierta. Estaba orando fervientemente, pidiendo a Dios que lo rescatara. Todos los días revisaba el horizonte buscando ayuda, pero ésta nunca llegaba.

Cansado, eventualmente empezó a construir una pequeña cabaña para protegerse y proteger sus pocas posesiones. Pero entonces un día, después de andar buscando comida regresó y encontró su pequeña choza en llamas, con humo subiendo hasta el cielo. Lo peor que había pasado, fue que todas sus cosas se habían perdido.

El náufrago estaba confundido y enojado con Dios y llorando le decía: "¿Cómo pudiste hacerme esto?", y se quedó dormido sobre la arena. Temprano a la mañana siguiente, escuchó asombrado la sirena de un buque que se acercaba a la isla.

¡Venían a rescatarlo!.

Al llegar sus salvadores les preguntó: "¿Cómo sabían que yo estaba aquí?".

Y ellos les respondieron: "Vimos las señales de humo que nos hiciste..."

A muchos nos pasa que cuando atravezamos momentos difíciles en nuestra vida nos volvemos hacia Dios preguntándole porque nos pone una cruz tan grande sobre los hombros. El, con su mirada y sabiduría paternal, está trabajando en medio del dolor para sacar un bien de ahí.

Por eso la pregunta importante que le tenemos que hacer es para qué quieres Señor que pase por esto y, nos sorprenderemos al contestarnos y ver de cuan presente está Dios, en ese momento, junto a nosotros.

DIOS SIEMPRE SABE SACAR UN BIEN DE UN MAL. NO LO OLVIDES.

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Mañana en la mañana abriré tu corazón le explicaba el cirujano a un niño. Y el niño interrumpió:
-¿Usted encontrará a Jesús allí?

El cirujano se quedó mirándolo, y continuó:-Cortaré una pared de tu corazón para ver el daño completo.
-Pero cuando abra mi corazón, ¿encontrará a Jesús ahí?, volvió a interrumpir el niño.

Lente de Contacto

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Brenda era una joven mujer que fue invitada a escalar rocas. Aunque esto le causaba mucho miedo, fue con su grupo a un tremendo risco de granito. A pesar de su miedo, se colocó el equipo, tomó un extremo de la cuerda y comenzó a enfrentar la roca. En determinado momento, llegó a un borde, donde pudo tomar un respiro.

Mientras estaba ahí, la cuerda de seguridad golpeó contra un ojo de Brenda y le sacó su lente de contacto

Bueno, ahí estaba ella en el borde de la roca, con cientos de metros bajo ella y cientos de metros sobre ella. Por supuesto que buscó y buscó, esperando que hubiera caído en el borde, pero simplemente no estaba el lente.

Estaba brava la seca

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Mamerto Menapace

estaba brava la seca.jpgPara peor, el año aquel pintaba feo. Desde hacía meses una sequía bárbara tenía a los colonos en la angustiosa perspectiva de perder las cosechas. Ya no se sabía cómo enfrentar la situación. Y claro, cuando se acaban los posibles humanos, no queda otra que recurrir al buen Dios.

Y esto es lo que hicieron los buenos feligreses del padre Damián. Pero, como quizás les pareció mucho recurrir directamente a Nuestro Señor, prefirieron hacerlo a través de algún calificado intercesor que entendiera del asunto. Y así fue que se pensó en san Isidro Labrador.

El patito feo

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¡Qué hermosa estaba la campiña! Había llegado el verano: el trigo estaba amarillo; la avena, verde; la hierba de los prados, cortada ya, quedaba recogida en los pajares, en cuyos tejados se paseaba la cigüeña, con sus largas patas rojas, hablando en egipcio, que era la lengua que le enseñara su madre. Rodeaban los campos y prados grandes bosques, y entre los bosques se escondían lagos profundos. ¡Qué hermosa estaba la campiña! Bañada por el sol levantábase una mansión señorial, rodeada de hondos canales, y desde el muro hasta el agua crecían grandes plantas trepadoras formando una bóveda tan alta que dentro de ella podía estar de pie un niño pequeño, mas por dentro estaba tan enmarañado, que parecía el interior de un bosque. En medio de aquella maleza, una gansa, sentada en el nido, incubaba sus huevos. Estaba ya impaciente, pues ¡tardaban tanto en salir los polluelos, y recibía tan pocas visitas!

Los demás patos preferían nadar por los canales, en vez de entrar a hacerle compañía y charlar un rato.

Por fin empezaron a abrirse los huevos, uno tras otro. «¡Pip, pip!», decían los pequeños; las yemas habían adquirido vida y los patitos asomaban la cabecita por la cáscara rota.

Dios siempre escucha

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Mamerto Menapace

dios siempre escucha.jpgEl padre Damián era un hombre de Dios. Había sido secuestrado por Dios de entre los hombres, para ser puesto al servicio de los hombres en las cosas que se refieren a Dios.

Como tal, dedicaba la jornada entera a su tarea de pastorear el rebaño que Nuestro Señor le había confiado. Y por la noche, cansado, se retiraba a rezar un rato antes de irse a descansar en su cama.

Pero, a veces sucedía que el sueño se le adelantaba y lo sorprendía con su libro de rezos en las manos. Diciéndolo en forma directa, se quedaba profundamente dormido mientras rezaba su breviario. Y esto fue justamente lo que le sucedió aquella tarde, luego de la tormenta que le había volado una parte del techo de su iglesita. Para peor, sabía que ni él, ni sus pobres feligreses, tendrían demasiadas posibilidades de conseguir los medios para techarla de nuevo rápidamente.

La paz perfecta

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Había una vez un Rey, que ofreció un gran premio al artista que pudiera plasmar en un lienzo
“LA PAZ PERFECTA”

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Angeles Custodios

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Angeles_Custodios.jpgUn día Tata Dios llamó a uno de sus angelitos. De esos que Él tiene destinados para ponerlos junto a un niño que está por nacer, para que sea su guardián de por vida, y más allá.

-Mira-le dijo- ven que te necesito. Te voy a mandar para que le hagas compañía y lo ayudes en su camino por la tierra a un niño que esta noche va a comenzar su vida.

-¡No, Tata Dios! -respondió el angelito, medio asustado por el encargo que estaba por recibir. Yo soy muy chiquitito y de esas cosas no entiendo nada.

-No te preocupes-le dijo Dios- Sólo tienes que acompañarlo y aconsejarlo. Y, a la vez, mantenerme informado de todo lo que le pase. Me traerás sus pedidos, y le llevarás mis consejos.

-¡No, Tata Dios! Yo no puedo- se volvió a excusar el angelito. -No sé hacer eso que me estás pidiendo. Me contaron otros angelitos que los niños lloran mucho, que se hacen caca, y otras cosas que yo no entiendo. Yo siempre estuve en el Cielo y sólo sé jugar; reír y cantar en tu presencia.

-No te hagas problemas- le volvió a insistir el Padre Bueno. -De esas cosas tú no tendrás que ocuparte. Para eso yo ya destiné a otro ángel grande, que estará siempre con ustedes dos, y que entiendo bien lo que tiene que hacer.

-Ah, bueno. Entonces sí. Pero dime: ¿cómo se llama ese ángel grande?

A lo que Dios respondió con una sonrisa: -No importa como se llama. Ustedes le dirán: MAMÁ.

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El auto

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A un amigo mío llamado David, su hermano le dió un automóvil como regalo. Un día, cuando David salió de su oficina, un niño de la calle estaba caminando alrededor del brillante coche nuevo admirándolo.

- "Señor, ¿éste es su coche?" - preguntó.

David afirmó con la cabeza. - "Mi hermano me lo regaló".

El niño estaba asombrado. - "¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada? - ¡Vaya! me gustaría..." - titubeó el niño.

Desde luego, David sabía lo que el niño iba a decir: que le gustaría tener un auto o un hermano así, pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció a David de pies a cabeza: - "Me gustaría -prosiguió el niño- poder ser un hermano así".

David miró al niño con asombro, e impulsivamente añadió: - "¿Te gustaría dar una vuelta en mi auto?". "¡¡¡Ah sí, eso me encantaría!!!"

Después de un corto paseo, el niño volteó y con los ojos chispeantes dijo: - "Señor... ¿No le importaría que pasáramos frente a mi casa?".

David sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería. Quería enseñar a sus vecinos que podía llegar a su casa en un gran automóvil.... Pero de nuevo, David estaba equivocado.

- "¿Se puede detener donde están esos dos escalones?" pidió el niño. Subió corriendo y en poco rato David oyó que regresaba, pero no venía rápido. Llevaba consigo a su hermanito lisiado. Lo sentó en el primer escalón, entonces le señaló hacia el coche.

- "¿Lo ves Juan?. Allí está, tal como te lo dije, allí arriba. Su hermano se lo regaló y a él no le costó ni un centavo, y algún día yo te voy a regalar uno igualito... entonces podrás ver por ti mismo todas las cosas bonitas de los escaparates, de las que he estado tratando de contarte".

David, bajó del coche y subió al muchacho enfermo al asiento delantero. El hermano mayor, con los ojos radiantes, se subió tras de él y los tres comenzaron un paseo memorable.

Ese día, David comprendió lo que Dios quería decir con: "Hay más dicha en dar que en recibir........."

Que tengas un excelente día y no olvides:

a.. Dar vida a otras vidas...
b.. Dar esperanza...
c.. Somos lo que pensamos.
d.. Somos lo que decidimos ser.

Decidamonos a ser hombres y mujeres de VALORES. Nuestro entorno lo necesita desesperadamente !!!

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Colaboración de Natalia

Un hombre vuelve a su casa en subte, como cada noche. Ha trabajado duro y esta ansioso de llegar a casa. El invierno se advierte en la temperatura y en los días cada vez más cortos. El destino parece estar en absoluta oposición a la concreción de su deseo. De repente, el subte se detiene en una estación por culpa de un mecanismo dañado.

Pasados unos minutos un altavoz anuncia que el servicio se interrumpirá hasta reparar la falla. Se calculan 20 minutos. La empresa lamenta el inconveniente y dice que a los que desean abandonar el tren en ese punto, se les devolverá el importe del viaje. El hombre resopla como mínima expresión de su fastidio.

Mira otra vez el nombre de la estación. Si decide caminar desde aquí, tardaría mas o menos lo mismo que si espera la reparación, aunque si corta camino a través de la plaza... Se da cuenta de que no soporta la idea de quedarse impotente frente al desperfecto. Así, sale de la estación, casi alegre con la tarjeta de subte de compensación. Al llegar a la plaza empieza a apurar el paso. Ya escuchó de varios robos e incidentes en los últimos meses. De pronto, desde unos arbustos sale el grito ahogado de una mujer. Es evidente que está siendo atacada. La voz de un hombre le grita y se escucha un golpe. El hombre mira a su alrededor buscando un policía o un teléfono, pero todo resulta en vano. Si corre hasta su casa para pedir ayuda, posiblemente sea tarde, pero que puede hacer él, un pusilánime oficinista para salir a defender a alguien de un vándalo. El hombre hace dos pasas para alejarse del episodio y de repente se da cuenta que la atacada podría ser una de las mujeres de su familia. ¿Qué pensaría de aquel que al pasar por ahí actuó como él mismo? Con este pensamiento regresa y se mete entre los arbustos. En efecto, un joven esta sentado sobre el cuerpo de una joven en la oscuridad, le ha rasgado las ropas e intenta violarla. Sin saber con que fuerzas se tira sobre el y trata de agarrarlo del cuello. El delincuente se libera del hombre y lo amenaza con la navaja que tiene en la mano. En el forcejeo, el jovencito hiere al hombre en el hombro y luego sale corriendo. Con gran dolor, el hombre se acerca a la joven y la ayuda a ponerse de pie.

-"Ya está" -le dice- "ya pasó todo". Caminan juntos hasta el banco iluminado y allí la joven de unos veinte años, levanta la vista por primera vez y mirando al hombre le dice:

-"¿Eres tu papá? ¿Eres tú?"

Y el hombre descubre recién entonces que acaba de salvar a su propia hija.

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