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    La Plegaria
    Subido por Beatriz Letelier el 6 de Abril de 2004

    No suelo quedarme dormida fácilmente. Todas las noches, al acostarme, me quedo despierta mientras mi marido, Louis duerme a mi lado. A veces repaso mentalmente pequeñas cosas que sucedieron durante el día o medito sobre asuntos importantes del mundo que me rodea. Con frecuencia pienso en mis hijos. Y cuando finalmente me duermo, mi mente se puebla de vívidos sueños. Cierta noche me despertó uno de esos sueños y como resultó ser, fue por una muy buena razón.

    Scott es mi segundo hijo. De pequeño, era adorable, muy independiente y capaz. Cuando los niños eran pequeños, compartíamos muchos momentos en familia; nos gustaba ir de campamento a nuestra parcela junto al lago o visitar otros lagos de los alrededores. Scott era un experto excursionista; actuaba con gran seguridad en el bosque, en el agua y con nuestro pequeño bote.

    Cuando Scott estaba en la secundaria era claro que probablemente nunca fuera a la universidad, por lo tanto su padre y yo esperábamos que encontrara una profesión en la que pudiera progresar. Cuando nos anunció que al terminar la escuela ingresaría en la fuerza área no podíamos haber estado más complacidos. Louis también había estado en la fuerza aérea, y estaba orgulloso de que su hijo fuera a seguir sus pasos. Conforme a su personalidad independiente, Scott viajó solo en bus los trescientos cincuenta kilómetros que hay entre Aberdeen, nuestra ciudad y Sioux Fall donde debía hacer su reconocimiento médico. Yo estaba preocupada porque aún era muy joven para dejar la ciudad solo, pero él no pensaba así.

    Años más tarde, volví a preocuparme cuando nos dijo que planeaba radicarse en Alaska. ¿Alaska? ¿Tan lejos de su hogar, en Dakota del Sur? Pero como Scott estaba decidido y entusiasmado con su nueva vida en Alaska, mis temores se disiparon gradualmente. En realidad, Alaska no está tan lejos de Dakota del Sur; hemos viajado cuatro veces hasta allí; ahora entiendo por qué mi hijo ama tanto ese hermoso estado. Scott, un apasionado por la vida al aire libre, acostumbra salir de excursión, tal como lo hacíamos en familia durante su niñez.

    Y así transcurrió la vida de Scott en Alaska hasta que tuve aquel sueño. Al hacer memoria sobre las circunstancias de esa noche, no puedo recordar todos los detalles del sueño. Sólo sé que repentinamente desperté en la mitad de la noche con un terrible miedo por la vida de Scott. Mientras Louis dormía profundamente a mi lado, el corazón empezó a latirme con rapidez. Mi hijo estaba en peligro; ¡yo lo sabía!

    Scott necesitaba mi ayuda. ¿Cómo podía hacer para ayudar a mi hijo, que estaba en Alaska, desde mi dormitorio en Dakota del Sur? Había una única respuesta: podía orar.

    Me levanté silenciosamente y me arrodillé a los pies de la cama. Rece para que Dios protegiera a Scottt y lo mantuviera sano y salvo. Recé durante un rato, suplicando una y otra vez por la vida de Schott. Luego, agotada emocionalmente, volví a la cama.

    Uno o dos días después recibí una llamada de Alaska. Era la ex esposa de Scott. Me dijo: "Donna, debo darte una noticia sobre Scott. Está en el hospital recuperándose de un accidente aéreo que tuvo durante una excursión". Me tranquilizó diciéndome que él estaba estable, y que no hacía falta que yo viajara. Pero nuevamente sentí que debía estar a su lado,

    Pocos días después, Louis y yo fuimos a visitar a nuestro hijo al hospital. Cuando mejoró pudo contarme lo sucedido: cuando él y su amigo Gary se disponían a regresar en su avión de una excursión de caza de alces, al despegar hubo una alteración en la corriente de aire; el avión derrapó sobre el fuselaje hasta detenerse y estalló en llamas. Gary logró salir con rapidez, pero Scott tenía bloqueado su cinturón de seguridad. Mientras trataba desesperadamente de liberarse, sintió que una mano lo tomaba con fuerza del hombro y loa ayudaba a zafarse. Finalmente pudo abrir el cinturón y corrió para alejarse del avión. Ya a salvo, Scott agradeció a Gary por haberlo salvado. "¿Salvarte?, respondió Gary. En ese momento yo estaba a diez metros del avión, rodando por el suelo para alejarme de allí; nunca me acerqué al fuego."

    Me quedé pasmada. Mientas mi hijo estaba atrapado en un avión en llamas, yo le había enviado la única clase de ayuda que estaba a mi alcance: las plegarias de una madre. Aunque Scott pasó muchos meses de doloroso tratamiento para recuperarse completamente de las heridas, agradece a su familia y amigos por el amor y el apoyo que el brindaron para superar la penosa experiencia. Y en lo que respecta a mí, cuando siento la necesidad de rezar por alguno de mis hijos, ¡lo hago de inmediato!

    Donna Weber
    Aberdeen, Dakota del Sur
    "Milagros de Madres", Jamie C. Miller, Laura Lewis y Jannifer Basye Sander, pag. 27, Javier Vergara Editor, año 2.000

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