Desde chiquito, yo no quería ser yo. Quería ser como Billy Widdledon y Billy Widdledon ni siquiera me quería. Caminaba como él, hablaba como él, y me anoté en el mismo secundario que él.
Razón por lo cual Billy Widdledon se cambió. Empezó a andar con Herby Vandeman, caminaba como Herby Vandeman, hablaba como Herby Vandeman. ¡Yo me hice un lío!
Empecé a caminar y hablar como Billy Widdledon, que caminaba y hablaba como Herby Vandeman.
Y entonces me di cuenta de que Herby Vandeman camina y hablaba como Joey Haverlin. Y Joey Haverlin caminaba y hablaba como Corky Sabinson.
Heme aquí, pues, caminando y hablando como la imitación que hace Billy Widdleman de la versión de Herby Vandeman de Joey Haverlin, quien trata de caminar y hablar como Corky Sabinson. ¿Y como quién creen que camina y habla siempre Corky Sabinson? ¡Imagínense! Como Dopey Wellington... ¡ese pelmazo que camina y habla como yo!
Autor desconocido
Enviado por Scott Shuman
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El Presidente Calvin Coolidge invito en cierta oportunidad a unos amigos de su ciudad natal a comer a la Casa Blanca. Preocupados por sus modales en la mesa, los invitados optaron por hacer todo lo que hacia Coolidge. La estrategia dio resultado hasta que sirvieron el café. El presidente volcó el café en el plato. Los invitados hicieron lo mismo. Coolidge le agregó azúcar y crema. Los invitados también. Luego, Coolidge se agachó y puso el plato en el piso para el gato.
Erik Oleson
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No tienes por que ser tu madre, a menos que ella sea quien tú quieres ser. No tienes porque ser la madre de tu madre, o la madre de la madre de tu madre, o incluso la madre de tu abuela por parte de tu padre. Podrás heredar su mentón o sus caderas o sus ojos, pero no estás destinada a ser las mujeres que te precedieron. No estás destinada a vivir sus vidas. De modo que, si heredas algo, hereda su fuerza, su confianza. Porque la única persona que estás destinada a ser es la persona que decidas ser.
Pam Finger
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Cuando gane ese campeonato voy a ponerme mis jeans viejos y u sombrero viejo y me dejaré la barba y caminaré por un viejo camino de campo donde nadie me conozca hasta encontrar una linda chica cuyo nombre no conozca que simplemente me quiera por lo que soy. Y después la llevaré a mi casa de doscientos cincuenta mil dólares en mi complejo de viviendas de un millón de dólares y le mostraré todos mis Cadillac y la pileta bajo techo por si llueve y le diré: “Esto es tuyo, querida, porque me quieres por lo que soy”.
Muhammad Alí
Fuente: "Otra Taza de Chocolate caliente para el Alma", Jack Canfield y Mark Hansen, Editorial Atlántida, 2001, pag. 49-51
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