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    El amor es mas fuerte con los que nos aman
    Subido por Beatriz Letelier el 27 de Mayo de 2005

    Colaboración de Natalia

    Un hombre vuelve a su casa en subte, como cada noche. Ha trabajado duro y esta ansioso de llegar a casa. El invierno se advierte en la temperatura y en los días cada vez más cortos. El destino parece estar en absoluta oposición a la concreción de su deseo. De repente, el subte se detiene en una estación por culpa de un mecanismo dañado.

    Pasados unos minutos un altavoz anuncia que el servicio se interrumpirá hasta reparar la falla. Se calculan 20 minutos. La empresa lamenta el inconveniente y dice que a los que desean abandonar el tren en ese punto, se les devolverá el importe del viaje. El hombre resopla como mínima expresión de su fastidio.

    Mira otra vez el nombre de la estación. Si decide caminar desde aquí, tardaría mas o menos lo mismo que si espera la reparación, aunque si corta camino a través de la plaza… Se da cuenta de que no soporta la idea de quedarse impotente frente al desperfecto. Así, sale de la estación, casi alegre con la tarjeta de subte de compensación. Al llegar a la plaza empieza a apurar el paso. Ya escuchó de varios robos e incidentes en los últimos meses. De pronto, desde unos arbustos sale el grito ahogado de una mujer. Es evidente que está siendo atacada. La voz de un hombre le grita y se escucha un golpe. El hombre mira a su alrededor buscando un policía o un teléfono, pero todo resulta en vano. Si corre hasta su casa para pedir ayuda, posiblemente sea tarde, pero que puede hacer él, un pusilánime oficinista para salir a defender a alguien de un vándalo. El hombre hace dos pasas para alejarse del episodio y de repente se da cuenta que la atacada podría ser una de las mujeres de su familia. ¿Qué pensaría de aquel que al pasar por ahí actuó como él mismo? Con este pensamiento regresa y se mete entre los arbustos. En efecto, un joven esta sentado sobre el cuerpo de una joven en la oscuridad, le ha rasgado las ropas e intenta violarla. Sin saber con que fuerzas se tira sobre el y trata de agarrarlo del cuello. El delincuente se libera del hombre y lo amenaza con la navaja que tiene en la mano. En el forcejeo, el jovencito hiere al hombre en el hombro y luego sale corriendo. Con gran dolor, el hombre se acerca a la joven y la ayuda a ponerse de pie.

    -"Ya está" –le dice- "ya pasó todo". Caminan juntos hasta el banco iluminado y allí la joven de unos veinte años, levanta la vista por primera vez y mirando al hombre le dice:

    -"¿Eres tu papá? ¿Eres tú?"

    Y el hombre descubre recién entonces que acaba de salvar a su propia hija.


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