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Colaboración de Natalia

Un hombre vuelve a su casa en subte, como cada noche. Ha trabajado duro y esta ansioso de llegar a casa. El invierno se advierte en la temperatura y en los días cada vez más cortos. El destino parece estar en absoluta oposición a la concreción de su deseo. De repente, el subte se detiene en una estación por culpa de un mecanismo dañado.

Pasados unos minutos un altavoz anuncia que el servicio se interrumpirá hasta reparar la falla. Se calculan 20 minutos. La empresa lamenta el inconveniente y dice que a los que desean abandonar el tren en ese punto, se les devolverá el importe del viaje. El hombre resopla como mínima expresión de su fastidio.

Mira otra vez el nombre de la estación. Si decide caminar desde aquí, tardaría mas o menos lo mismo que si espera la reparación, aunque si corta camino a través de la plaza... Se da cuenta de que no soporta la idea de quedarse impotente frente al desperfecto. Así, sale de la estación, casi alegre con la tarjeta de subte de compensación. Al llegar a la plaza empieza a apurar el paso. Ya escuchó de varios robos e incidentes en los últimos meses. De pronto, desde unos arbustos sale el grito ahogado de una mujer. Es evidente que está siendo atacada. La voz de un hombre le grita y se escucha un golpe. El hombre mira a su alrededor buscando un policía o un teléfono, pero todo resulta en vano. Si corre hasta su casa para pedir ayuda, posiblemente sea tarde, pero que puede hacer él, un pusilánime oficinista para salir a defender a alguien de un vándalo. El hombre hace dos pasas para alejarse del episodio y de repente se da cuenta que la atacada podría ser una de las mujeres de su familia. ¿Qué pensaría de aquel que al pasar por ahí actuó como él mismo? Con este pensamiento regresa y se mete entre los arbustos. En efecto, un joven esta sentado sobre el cuerpo de una joven en la oscuridad, le ha rasgado las ropas e intenta violarla. Sin saber con que fuerzas se tira sobre el y trata de agarrarlo del cuello. El delincuente se libera del hombre y lo amenaza con la navaja que tiene en la mano. En el forcejeo, el jovencito hiere al hombre en el hombro y luego sale corriendo. Con gran dolor, el hombre se acerca a la joven y la ayuda a ponerse de pie.

-"Ya está" -le dice- "ya pasó todo". Caminan juntos hasta el banco iluminado y allí la joven de unos veinte años, levanta la vista por primera vez y mirando al hombre le dice:

-"¿Eres tu papá? ¿Eres tú?"

Y el hombre descubre recién entonces que acaba de salvar a su propia hija.

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El Racimo de Uvas

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kyoho(grape)

Image via Wikipedia

Un día llamaron a la puerta de un convento, y abrió el hermano portero llamado Barragán, este vio con asombro que un hortelano de las tierras de al lado le entregaba un hermoso racimo de uvas tan grande que le causó admiración, diciéndole: hermano te regalo este racimo de uvas en agradecimiento por la buena atención que me prestas cada vez que vengo al convento, sin pensarlo dos veces el hermano portero le dio las gracias por tan precioso regalo y le dijo que no tardarían mucho en dar cuenta de él.

Apenas salió el hortelano del convento ya se relamía pensando en que se lo comería el solo y no decir nada a los demás, al fin y al cabo se lo habían regalado para él.

Lo lavó y dejó escurrir en un clavo que había colgado en la pared, mirándolo con alegría por el gran festín que le esperaba.

Pero la viva conciencia del hermano portero le hizo pensar que en el convento había un hermano enfermo que no gustaba de comer nada, debido a su enfermedad. Este pensó para sí que sería una buena obra alegrarle el día a este enfermo y de paso llenarle el estómago, tan necesitado de alimento.

Sin pensarlo mucho descolgó el racimo de uvas y se fue a la enfermería a regalárselo a tan delicado enfermo. El enfermo al ver el racimo abrió los ojos sobresaltado al ver su gran tamaño, y el portero le dijo: Hermano Matías me han regalado este racimo para mí, pero pensando en tu enfermedad y sabiendo que no te apetece comer nada, quizás estas uvas te abran el apetito, el hermano Matías se lo agradeció de corazón que se hubiese acordado de él, diciéndole que si se moría le tendría muy presente cuando estuviera en el Cielo con Nuestro Señor. El portero le buscó una fuente donde le colocó el racimo para que fuera picando cuando gustara. Dejándolo solo, se fue para la portería pensando en la gran obra que había hecho por su hermano Matías.

El enfermo cogió el racimo como pudo e iba a dar buena cuenta del, pero pensó que si lo dejaba haría un buen sacrificio para remisión de sus pecados y bien de su alma y decidió no comerlo y dárselo al hermano enfermero que le atendía con tanta caridad y se desvivía por él por las noches.

Gritó al hermano enfermero pensando este que le sucedía algo por la insistencia en que le llamaba. Hermano Esteban me ha traído el hermano portero este racimo para que lo degustara pensando en mi enfermedad, pero pensé que, ya que no me entra nada en el estómago y pudiérase que me hiciera daño he pensado que te lo comas tú, que te portas tan bien conmigo. El Hermano Esteban insistía en que lo intentara comérselo pero cuanto más insistía el enfermero mas lo rechazaba el enfermo. Este decidió comérselo en su celda dándole las gracias por tan precioso regalo.

Y mientras caminaba hacia su celda, pensó que mejor que comérselo él, se lo daría al Hermano cocinero que bien se esmeraba para que todos lo frailes comieran lo poco que les llegaba de la huerta y de donativos. Bajó a la cocina y encontrándose con Buenaventura el hermano cocinero y topándose de bruces con él y el racimo le dijo: mira, lo que me han regalado, pero te lo regalo a ti para que saborees estas uvas tan hermosas, como hermoso es tu corazón, el hermano Buenaventura quitándole importancia a lo que decía, le insistió que se lo diera mejor al prior ya que era tan responsable con la comunidad.

Y así fue pasando el racimo de hermano en hermano por todo el convento, hasta que llegó de nuevo a la portería donde el hermano portero, extrañado y perplejo por el suceso decidió que no diera más vueltas el racimo de uvas, y ni corto ni perezoso se lo comió con tal gusto que le pareció las uvas más sabrosas que jamás hubiera comido.

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El Puente

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el_puente.jpgNo hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes cayeron en un conflicto. Este fue el primer problema serio que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua.

Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio.

Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero.

-"Estoy buscando trabajo por unos días", dijo el extraño, "quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso".

-"Sí", dijo el mayor de los hermanos, "tengo un trabajo para usted.

Mire al otro lado del arroyo, en aquella granja vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano menor.

La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros pero él desvío el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros. Él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor.

¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más."

El carpintero le dijo: "creo que comprendo la situación".

El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo.

Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo.

El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, su quijada cayó.

No había ninguna cerca de dos metros. En su lugar había un puente que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una fina pieza de arte, con todo y pasamanos.

En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano mayor le dijo:
-"Eres un gran tipo, mira que construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho".

Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas.

-"No, espera". "Quédate unos cuantos días, tengo muchos proyectos para ti", le dijo el hermano mayor al carpintero.

"Me gustaría quedarme", dijo el carpintero, "pero tengo muchos puentes por construir".

Muchas veces dejamos que los malentendidos o enojos nos alejen de la gente que queremos, muchas veces permitimos que el orgullo se anteponga a los sentimientos. No permitas que eso pase en tu Vida.

* Aprende a perdonar y valora lo que tienes.
* Recuerda que perdonar no cambia en nada el pasado pero si el futuro.
* No guardes rencores ni sentimientos de amargura que sólo te lastiman, te alejan de Dios y de las personas que te quieren.
* No permitas que un pequeño desliz malogre una gran amistad...
* Recuerda que el silencio a veces es la mejor respuesta...
* Una casa feliz es lo que más importa. Haz todo lo que esté a tu alcance para crear un ambiente en armonia.
* Aprende a ser feliz y disfruta de las maravillas que Dios ha creado. Él te ama y desea que tengas una vida dichosa, llena de amor y armonía.

Desconocido

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El Ladrillazo

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el_ladrillazo.jpgUn joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Jaguar ultimo modelo, sin ningún tipo de precaución. De repente sintió un estruendoso golpe en la puerta, se detuvo y al bajarse vio que un ladrillo le había estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su lujoso auto. Se subió nuevamente, pero esta vez lleno de enojo dio un brusco giro de 180 grados; y regresó a toda velocidad al lugar donde había visto salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo hermoso que lucía su exótico auto. Salió del auto de un brinco y agarró por los brazos a un chiquillo, empujándolo hacia el auto estacionado le gritó a toda voz:
"¿Qué rayos fue eso?, ¿Quién eres tú?, Qué crees que haces con mi auto?". Y enfurecido, casi botando humo, continuó gritándole al chiquillo: "¡Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro!, ¿Por que hiciste eso?".

"Por favor, señor, por favor. ¡Lo siento mucho!, no se que hacer", suplicó el chiquillo. "Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía"... Las lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia un lugar cercano del auto estacionado.

"Es mi hermano", Le dijo. "Se descarriló su silla de ruedas y se cayó al suelo... y no puedo levantarlo". Sollozando, el chiquillo le preguntó al ejecutivo: "¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla?, está golpeado, y pesa mucho para mi solito...soy muy pequeño".

Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo el ejecutivo tragó grueso el taco que se le formó en su garganta. Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo y lo sentó nuevamente en su silla; y sacó su pañuelo de seda para limpiar un poco las cortaduras y la suciedad que cubría las heridas del hermano de aquel chiquillo tan especial.

Luego de verificar que se encontraba bien, miró al chiquillo y este le dio las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie... "Dios lo bendiga, señor...y muchas gracias" le dijo.

El hombre vio como se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta llegar a su humilde casita. El ejecutivo aún no ha reparado la puerta del auto, manteniendo la hendidura que le hizo el ladrillazo... para recordarle el no ir por la vida tan de prisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.

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El Elefante

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Cuando yo era chico me encantaba ir al circo, especialmente para ver al elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal ... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era minúscula, me parecía insuficiente para atar un elefante. Aquel animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio: ¿Que lo mantiene entonces?, ¿Por que no huye? Pregunte a muchas personas y me daban razones insuficientes. Uno me dijo que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado. Entonces la pregunta obvia:-Si esta amaestrado, ¿por que lo atan a la estaca? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo aquella incógnita se quedó guardada en los recesos de mi memoria sin darle mas atención.

Un día encontré la explicación: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño". Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para el. Al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal acepto su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que NO PUEDE. El tiene registrada en su memoria el recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia y jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás ... Jamás ... intentó poner a prueba su fuerza contra la estaca otra vez.

... Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos" simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo: No puedo ... No puedo y nunca podré. Crecimos portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca mas lo volvimos a intentar. La única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO TU CORAZON.

San Pablo enseña: "Todo lo puedo en Aquel que me conforta" Filipenses 4,13

En Cristo tenemos la capacidad para actuar plenamente según el amor con los dones que El nos ha dado. Cristo nos libera del pecado que es la "estaca" que nos amarra a una existencia sin sentido.

Hay, sin embargo, quienes creen que el cristianismo es como la estaca del elefante, que nos prohíbe tomar libertades. ¿Que nos prohíbe el Cristianismo? Lo que es pecado, es decir lo que es indigno del ser humano porque es contrario al amor. El pecado y no el cristianismo es la estaca del hombre.

«Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.» Juan 8,31-32

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El Ejecutivo

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El hombre se despojó de su lastre terrenal y se encaminó directamente ejecutivo_1.jpg hacia las puertas del Cielo. Con un gesto le indicaron que dejara el portafolio en el umbral.

El Ángel Portero le pregunto:

-¿Qué hiciste de tu vida?...

-Tengo... tuve varias propiedades. Piso con vista al río. Departamento en propiedad horizontal. Local a la calle con vivienda. Casa quinta con pileta de natación...-ocultaba el departamento de un ambiente pero decidió que esas debilidades no interesarían en el Cielo.

-¿Qué hiciste de tu vida? -repitió el Ángel.

La flamante alma se sorprendió. Quizá los bienes inmuebles no se tenían en cuenta, pensó algo amoscado.

-Cuenta corriente en bancos, caja de caudales. Tengo... tenía una fabriquita -siempre le había gustado llamar a su empresa "fabriquita" -. Unos setenta empleados entre obreros, oficinistas, corredores y personal de custodia.

Casi agrega "Nada del otro mundo", pero se dio cuenta de que estaba en el otro
mundo...

-¿Qué hiciste de tu vida? -insistió el Portero Celestial.

El alma del Ejecutivo se movió inquieta. Lo que más extrañaba era el portafolio. Cuando se despojó de él, se sintió desnudo. Y, definitivamente, muerto.

-Soy...era socio de un club de golf y de otro de equitación, muy exclusivo. Justamente gracias a ese maldito accidente, perdón, se me escapó; es que estoy en tu presencia...

-¿Qué hiciste de tu vida?...

El Ejecutivo pensó si no se había equivocado de rumbo y en vez de en el Paraíso estaría en otra galaxia.

-Me casé y tuve cinco hijos.

-¿Qué hiciste...? -Comenzó el Portero y el otro se apresuró.

-A todos les di estudio. A los varones los saqué derechos y a las mujeres las casé con excelentes partidos. Todos bien encaminados, gracias a Dios y a mis esfuerzos, continuarán con la firma, darán lustre al apellido.

-¿Qué...?

El Ejecutivo se estremeció. ¡Si pudiera aferrarse a su bienamado portafolios!...¡Eso lo haría sentirse seguro y no como ahora parado en el aire!...

-A mi esposa nunca le hice faltar nada: creaciones de modistas famosos, pieles, joyas, viajes. Todos los caprichos...

Los ojos del Ángel se nublaron como un cielo torrentoso. Los nimbos pasaban no sólo por sus pupilas sino por todo el rostro.

-Entendámonos de una buena vez: ¿qué hiciste con tus manos?

-¿Con mis manos....? -el hombre se miró las manos como si las viera por primera vez. Después sonrió. Ahora se daba cuenta qué quería averiguar el Ángel-. ¡Amasé una fortuna con mis propias manos!... Empecé desde abajo, golpeando el hierro, puliendo el metal, trabajando la madera...

-¿Qué más?

-Golpeé, martillé, serruché, limé, tallé -se sentía tan cansado como si todas las labores las estuviera haciendo allí mismo.

-¿Qué más?

-¿Qué más? Saqué cuentas, pagué a los acreedores, manejé autos y máquinas y herramientas. Alguna vez, lo confieso, levanté mi mano contra mis propios hijos, pero siempre por su bien, ¡para enderezarlos desde chicos!...

Advirtió que estaba gritando en un lugar donde el silencio era una bendición.

El Ángel hizo un gesto amistoso, el único gesto amistoso desde que empezara el interrogatorio. En el vaivén de ese gesto, él vio un extremo del club exclusivo y su propia caída del caballo, rodeado de curiosos...

-Ese soy yo -dijo infantilmente conmovido.

Otro movimiento y vio a su mujer, elegante en su luto, junto al clan familiar.

ejecutivo_2.jpgMe parece que lloran... Los chicos también...-contestó casi alegre, apenas convencido, mientras las propias lágrimas le resbalaban por las traslúcidas mejillas. ¡Lloran por mí!...

-Lloran por todos los besos y caricias que nunca les brindaste en la vida -dijo el Ángel y, con infinita tristeza, mientras el Ejecutivo terca e inútilmente saludaba a la inalcanzable imagen, cerró las puertas del Cielo.

Al marcharse le devolvieron el portafolio.

Autor: Eugenia Calny

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El Carpintero

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Había una vez un viejo carpintero que, cansado ya de tanto trabajar, estaba listo para acogerse al retiro y dedicarle tiempo a su familia. Así se lo comunicó a su jefe, y aunque iba a extrañar su salario, necesitaba retirarse y estar con su familia; de alguna forma sobrevivirían. Al contratista le entristeció mucho la noticia de que su mejor carpintero se retiraría y le pidió de favor que si le podía construir una casa más antes de retirarse. El carpintero aceptó la proposición del jefe y empezó la construcción de su última casa pero, a medida que pasa el tiempo, se dió cuenta de que su corazón no estaba de lleno en el trabajo.

Arrepentido de haberle dicho que sí a su jefe, el carpintero no puso el esfuerzo y la dedicación que siempre ponía cuando construía una casa y la costruyó con materiales de calidad inferior. Esa era, según él, una manera muy desafortunada de terminar una excelente carrera, la cual le había dedicado la mayor parte de su vida. Cuando el carpintero terminó su trabajo el contratista vino a inspeccionar la casa. Al terminar la inspección le dio la llave de la casa al carpintero y le dijo: "Esta es tu casa, mi regalo para ti y tu familia por tanto años de buen servicio".

El carpintero sintió que el mundo se le iba... Grande fue la vergüenza que sintió al recibir la llave de la casa, su casa. Si tan solo el hubiese sabido que estaba construyendo su propia casa, lo hubiese hecho todo de una manera diferente.

Así también pasa con nosotros. A diario construimos relaciones en nuestras vidas, y en muchas ocasiones ponemos el menor esfuerzo posible para hacer que esa relación progrese. Entonces, con el tiempo es que nos damos cuenta de la necesidad que tenemos de esa relación. Si lo pudiésemos hacer de nuevo, lo haríamos totalmente diferente. Pero no podemos regresar.

Tú eres el carpintero. Cada día martillas un clavo, pones una puerta, o eriges una pared. Alguien una vez dijo: "La vida es un proyecto que haces tu mismo. Tus actitudes y las selecciones que haces hoy construyen la casa en la cual vivirás mañana".

¡Construye sabiamente! Recuerda... trabaja como si no necesitaras el dinero; ama como ni nunca te hubiesen herido; para el mundo tal vez tu seas una sola persona, pero para una persona tal vez tú seas el mundo.

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Decisión crucial

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decision_crucial.jpgEl profesor pidió silencio y la total atención de la clase.

"Damas y caballeros", comenzó, "pronto serán doctores. Ahora, vamos a suponer que tienen frente a ustedes a una pareja que necesita consejos. El esposo tiene sífilis y la esposa tiene tuberculosis. Ellos tienen 4 hijos que viven: uno es ciego, otro es sordo y mudo, otro tiene tuberculosis y el cuarto está deforme". "Ahora la madre está esperando de nuevo. Ambos el esposo y la esposa aceptan la posibilidad de un aborto, pero les dejan la decisión final a ustedes." "Doctores, ¿qué les aconsejarían? Bajo tales circunstancias, ¿deberían tener el aborto?"

Se dejó que la clase tuviera unos minutos para meditarlo y luego se hizo una votación.

La mayoría de los estudiantes estaban en favor del aborto en dichas circunstancias.

beethoven.jpeg"¡Felicidades!", dijo el profesor a los estudiantes, "¡acaban ustedes de abortar a BEETHOVEN!

Muchas veces nos pasa que creyendo que si optamos por un mal menor, como sería en este caso evitarle a los padres traer al mundo otro hijo enfermo, evitaremos un mal menor, y puede ocurrir lo de este cuento: que privemos a otros de tener vida, de tener una oportunidad de crecer.

Tenemos que asumir que no podemos manejar todas las variables porque somos seres limitados y que sólo Dios puede ver todo lo que está en juego. Sólo al asumir que somos como niños ante Dios y que es mediante el abandono confiado en sus manos que se puede dejar espacio para que ocurra un milagro de amor y de vida.

No somos "dueños" del destino de los otros. Recordemos aquellas palabras "Lo que para el hombre es imposible es posible para Dios"

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Como la plata

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Hace ya tiempo un grupo de señoras se reunieron en cierta ciudad para estudiar la Biblia. Una de las señoras propuso visitar un platero y reportarles a las demás alguna experiencia práctica sobre lo que él dijera; sin decir el objeto de su diligencia, pidió al artesano que le dijera sobre el proceso de refinar la plata.

Después que el platero describiera el proceso, ella le preguntó:
"Señor, ¿usted se sienta mientras que está en el proceso de la refinación?"

- "Oh, sí señora", contestó el platero; "debo sentarme con el ojo fijo constantemente en el horno, porque si el tiempo necesario para la refinación se excede en el grado más leve, la plata será dañada".

La señora inmediatamente vio la belleza y el consuelo de la expresión:
"Él purificará... y los refinará como se hace con la plata" (Mal. 3,3)

Dios ve necesario poner a sus hijos en un horno, su ojo es constantemente atento en el trabajo de la purificación, su sabiduría y amor obran juntos en la mejor manera para nosotros. Nuestras pruebas no vienen al azar, y Él no nos dejará ser probados más allá de lo que podemos sobrellevar.

La señora hizo una pregunta final: "¿Cuándo sabe que el proceso está
completo?"

-"Pues es muy sencillo", contestó el platero, "Cuando puedo ver mi propia imagen en la plata, ahí se acaba el proceso de refinación".

QUE DIOS TE BENDIGA SIEMPRE!!!

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Cicatrices del Alma

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En un día caluroso de verano un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba. Su mamá desde la casa miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía.

Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía. Oyéndole, el niño se alarmó y viró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba. Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar.

Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies. El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remango las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo: "Pero las que usted debe ver son éstas". Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza. "Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida".

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