Novedades en la categoría Dialogando con Dios


EL SANTO ROSARIO RENOVADO

Renovación de una Forma de Orar

Mons. Juan Larrea Holguin

Al iniciar el 25º año de su pontificado, Juan Pablo II nos ha enviado a todos los fieles una hermosa carta sobre el Santo Rosario, con profundidad teológica y mucho sentimiento, respetuosa de las costumbres arraigadas a la vez que renovadora. Quiere el Papa llevarnos por caminos de autentica contemplación, al mismo tiempo que respeta la absoluta libertad de los fieles para orar conforme les inspire el Espíritu.

Es preferible rezar los tradicionales misterios gozosos los lunes y sábados ; los dolorosos, los martes y viernes ; los gloriosos el miércoles y el domingo ; y, como queda dicho, los "luminosos" el jueves . Estos nos hablan de Jesús " Luz del mundo", que vino a disipar las tinieblas de la ignorancia y el error, manifestándonos la plenitud de la verdad.

La meditación de estos momentos especiales de la vida de nuestro Redentor, parte de la enunciación de los misterios, puede enriquecerse( y es muy deseable que sea así), con una breve lectura del Evangelio, aunque sea una simple frase de la palabra de Dios relativa al hecho que se contempla. Conviene dedicar unos instantes al recogimiento silencioso ; y después, rezar con pausa la conocidas oraciones: Un Padre nuestro, diez Avemarías y un Gloria.

Las tres oraciones vocales que forman como el telón de fondo de la meditación de la vida de Cristo, son las más recomendadas por la Iglesia. El Padrenuestro nos lo dejó el mismo Jesús, como modelo de toda oración ; el Avemaría entreteje palabras de la Sagrada Escritura relativas a la encarnación e invoca ardientemente a María como Madre ; el Gloria se viene recitando desde los primeros siglos cristianos como una plegaria de adoración a la Santísima Trinidad.

El Rosario I Parte

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Por Nicolás Ovalle

Su historia

rosario 1.gifEl Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor.

Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo. El Rosario, comprendido en su pleno significado, conduce al corazón mismo de la vida cristiana y ofrece una oportunidad ordinaria y fecunda espiritual y pedagógica, para la contemplación personal, la formación del Pueblo de Dios y la nueva evangelización.

·Hijo mío, que estás en la Tierra,
preocupado, confundido, desorientado,
solitario, triste, y angustiado.

·Yo conozco perfectamente tu nombre,
y lo pronuncio bendiciéndolo,
porque te amo.

La oración de Jesús

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Por Padre Nicolás Schwizer

Circunstancias:

La oración de Jesús - igual que la nuestra - no era algo automático, que Él ponía en marcha cuando quería. Tenía que escoger bien el lugar: el desierto, la soledad de un monte. Tenía que elegir también el momento, las circunstancias que inspiraban y favorecían la oración.

En su existencia tan llena de ocupaciones - como lo es la nuestra - le resultaba muchas veces difícil encontrar el tiempo necesario. Entonces tenía que levantarse muy de madrugada, o se retiraba al atardecer, o velaba durante la noche. E incluso a veces, cuando le estorbaba la presencia de sus discípulos, los mandaba subir a la barca y los enviaba a la otra orilla del lago.

Escuchaba una hermosa canción que hablaba de que Dios fuera tanto la entrada como la salida.

Me puse a pensar en lo que significaba y en realidad es hermoso, porque nos recuerda muchas cosas hermosas de nuestro Padre. Porque al ser nuestra entrada y nuestra salida Dios cuidará no solamente lo que nos suceda y "entre" en nuestros corazones, sino también aquello que salga de nosotros.

Y es que pasamos el tiempo siempre pidiendo a Dios, o tristes por aquello que nos hacen o que nos lastima, pero pocas veces pensamos y meditamos en aquellas palabras hirientes o actos que salen de nosotros y pueden hacer daño.

Al guardar nuestra entrada y salida Dios vigila no solamente nuestro futuro sino nuestra espalda, cuidándonos de rencores, tristezas y dolores antiguos que no tiene sentido cargar ya.

Que Dios guarde nuestra entrada y nuestra salida ahora y siempre, y te llene de su paz, su amor y cariño.

Que Dios te bendiga

Colaboración Guillermo Cox

Camino de santidad

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Recuerdo la historia de una señora que continuamente hablaba mal de un vecino. Una vez le dijeron que pidiera a Dios por aquella persona, a lo que respondió que no iba a perder el tiempo orando por él. La persona le dijo: "Si rezaras por él sería un tiempo mejor invertido que el que gastas en hablar mal de él."

Los seres humanos somos muy buenos para emitir criterios, juzgar y condenar sin tener muchas veces ni siquiera los argumentos más básicos para intentar comprender la situación.

¿Por que no dejarle el juicio a Dios? Recordemos que con la misma medida que juzguemos seremos juzgados y en realidad, ponemos medidas sumamente estrictas.

Dios conoce los corazones, las almas, las situaciones, lo oculto, lo cierto y lo falso. Si has sido objeto de chismes, juicios y malos entendidos.

Entrégalo a Dios Padre que el sabrá juzgarte con justicia.

Si crees que has juzgado, pide perdón y no cometas los mismos errores. La santidad es un camino de todos los días, y siempre tenemos mucho que mejorar.

Aunque nos cueste, recemos por aquellos que se nos hace más difícil de apreciar y tolerarl

Que Dios te bendiga

Para este ejercicio de meditación es necesario que estés en un lugar y en una posición cómoda. Haz algún pequeño ejercicio de relajación (respiración profunda y pausada, pensar en algo que te agrade, etc) y luego reza pidiéndole al Espíritu Santo que te ilumine a lo largo de este ejercicio.

A continuación lee el cuento El Patito Feo

Luego de leer el cuento haz el siguiente ejercicio:

• Visualiza a una pata, semioculta entre los juncos, empollando en su nidal. Contempla su espera paciente, su silencio expectante, su entrega ilimitada, mientras comunica el calor de su cuerpo a la puesta que oculta bajo sus plumas... Después de días con apenas breves pausas para saciar su apetito, el esfuerzo ha dado fruto. Ha percibido un movimiento leve bajo su cuerpo.

• Contémplala retirándose un poco para observar con ojos cargados de asombro el comienzo de la vida... Los pollos van rompiendo la cáscara y asomando su mirada curiosa al paisaje que los envuelve...

• Identifícate con uno de esos patitos y asómate a la vida. Contempla, con tus ojos recién estrenados, la naturaleza que te rodea. contempla el sol de verano... Déjate sorprender por su majestuosa presencia, iluminar por su luz, acariciar la piel por sus rayos. Persevera en la contemplación hasta que puedas confesar: "Señor, ya sé lo que quieres decirme"...

• Contempla, con tus ojos recién estrenados, el trigo amarillo, la avena verde, los haces de heno, los juncos, el bosque lejano... Déjate sorprender por los diversos tonos e intensidades de los verdes del campo. Persevera en la contemplación de la flora que te rodea hasta que puedas confesar: "Señor, ya sé lo que quieres decirme"...

• Contempla, con tus ojos recién estrenados, el lago cercano. Déjate impresionar por su serena belleza, por sus aguas profundas, por su clara transparencia, por el frescor que crea en su entorno, por la vida que engendra con su muda presencia... Persevera en la contemplación hasta que puedas confesar: "Señor, ya sé lo que quieres decirme"...

• Deja que la brisa de la mañana acaricie tu piel. Nota su frescor, aspira las aromas que te trae, admira la huella rizada que deja en la superficie del lago... Persevera en la contemplación hasta que puedas confesar: "Señor, ya sé lo que quieres decirme"...

• Contempla el cercano castillo. Observa sus piedras, sus murallas, sus almenas, sus torres. Escucha las pisadas de los soldados, las voces de los hombres, las risas de las mujeres, los gritos de los niños... Toma conciencia de la presencia, cercana e inquietante, de los seres humanos... Persevera en la contemplación hasta que puedas confesar: "Señor, ya sé lo que quieres decirme"...

• Contémplate a ti mismo. Sorpréndete de lo que eres, sueñas, anhelas, deseas... Toma conciencia de la vida que circula por tus venas. Persevera en la contemplación hasta que puedas confesar: "Señor, ya sé lo que quieres decirme"...

• Termina la oración rezando o canturreando este salmo:

"Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos;
la luna y las estrellas que has creado,

¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él?;
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo tus pies:
rebaños de ovejas y toros
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.
señor, Dios nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Fuente:
"El Patito Feo Una fábula para orar y meditar" Emanuela Ghini, Editorial PPC, Editorial y Distribuidora, S.A.; 2002. Página 116.
email:ppcedit@ppc-editorial.com

Carta a Dios

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carta_a_dios.jpg¡¡Hola Dios!! ¿Cómo estás? Te escribo para saludarte y porque ahora sí tengo que surtirme, pues la "canasta básica" con que me mandaste al mundo se me ha ido agotando a lo largo de estos años.

Por ejemplo, la paciencia se me acabó por completo, igual que la prudencia y la tolerancia. Ya me quedan poquitas esperanzas y el frasquito de fe, está también vacío.

La imaginación también está escaseando por estos rumbos. Debes saber que hay cosas de la canasta que ya no necesito como la dependencia y esa facilidad para hacer berrinches, que tantos sinsabores y problemas me han ocasionado. Así que quisiera pedirte nuevos productos para la canasta.

Para empezar me gustaría que rellenaras los frascos de paciencia y tolerancia (pero hasta el tope), y mándame por favor el curso intensivo: "Cómo ser más prudente", volúmenes 1, 2 y 3.

Envíame también varias bolsas grandes, pero "bolsones" de madurez que tanta falta me hace. Quisiera un costal grande lleno de sonrisas, de esas que alegran el día a cualquiera.

Te pido que me mandes dos piedras grandes y pesadas para atarlas a mis pies y tenerlos siempre sobre la tierra.

Si tienes por ahí guardada una brújula para orientarme y tomar el camino correcto, te lo agradecería mucho.

Regálame imaginación otra vez; pero no demasiada, porque debo confesar que en algunas ocasiones tomé grandes cantidades y me empachó. Nuevas ilusiones y una doble ración de fe y esperanza también me caería excelente.

Te pido también una paleta de colores para pintar mi vida cuando la vea gris y oscura. Me sería muy útil un bote de basura para tirar todo lo que me hace daño.

Te pido muchas zanahorias, para tener buena vista y no dejar pasar las oportunidades por no verlas.

Necesito también un reloj grande, muy grande, para que cada vez que lo vea me acuerde de que el tiempo corre y no debo desperdiciarlo.

¿Podrías mandarme muchísima fuerza y seguridad en mí misma? Sé que voy a necesitarlas para soportar los tiempos difíciles y para levantarme cuando caiga.

También quisiera un bote de pastillas de las que hacen que crezca la fuerza de voluntad y el empeño, para que me vaya bien en la vida y te pido unas tres o cuatro toneladas de "ganas de vivir", para cumplir mis sueños.

Necesito también una pluma con mucha tinta, para escribir todos mis logros y mis fracasos. Pero más que nada, te pido que me des mucha vida, para lograr todo lo que tengo en mente y para que el día que me vaya contigo, tenga algo que llevarte y veas que no desperdicié el tiempo aquí en la Tierra.

De antemano te agradezco lo que me puedas mandar y te agradezco el doble todo lo que me mandaste la primera vez.

Con mucho cariño....

Te adora, tu hija

Autor: Anónimo

El silencio de Jesús

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La oración es una conversación con Dios donde, partiendo de un suceso de nuestra vida le vamos preguntando a Él por dónde tenemos que ir, qué nos está pidiendo que hagamos, que actitud debemos conquistar. Esta parábola nos enseña que la mirada de Dios es distinta a la de la nuestra.

Cuenta una antigua leyenda noruega, acerca de un hombre llamado Haakon, quien cuidaba una ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. En esta ermita había una Cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.

Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la Cruz y dijo: "Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la Cruz". Y se quedó con la mirada fija puesta en la efigie, como esperando la respuesta. El señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras: "Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición".

"¿Cuál, señor?", preguntó con acento suplicante Haakon. "¿Es una condición difícil?. Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, señor" Respondió el viejo ermitaño.

"Escucha: Suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar silencio siempre." le dijo el Señor.

Haakon contestó: "¡Os lo prometo, Señor!" Y se efectuó el cambio.

Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño colgado con clavos en la Cruz. El señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada, pero un día llegó un rico que, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje.

Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo furioso: " ¡Dame la bolsa que me has robado!"

El joven sorprendido replicó: "¡No he robado ninguna bolsa!"

"¡No mientas, devuélvemela enseguida!" insistió el rico

"¡Le repito que no he cogido ninguna bolsa!" volvió a decirle el joven

El rico arremetió furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte: "¡Detente!". El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, gritó defendiendo al joven, increpó al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado y salió de la ermita. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje.

Cuando la ermita quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo: "Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio".

"Señor, ¿cómo iba a permitir esa injusticia?" le contestó Haakon

Y se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la Cruz. El

Señor siguió hablando: "Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, pues lleva en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía una necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo." Y el señor nuevamente guardó silencio.

PARA REFLEXIONAR

Una de las cosas que más nos intrigan es el constatar que ante algunas circunstancias difíciles de la vida, da la impresión de que para Jesús pasa desapercibido nuestro dolor, angustia y necesidad. En otras palabras, parecería que efectivamente guarda silencio. Lo que sucede es que nosotros no podemos ver más allá de la inmediatez del momento y no nos damos cuenta de que detrás de lo que nos sucede y del aparente silencio de Jesús se esconde un gran propósito. La próxima vez no te preguntes el por qué de lo que te sucede, pregunta el para qué, y qué es lo que el Señor quiere o tiene de mí en esta situación.

"Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy paciente y humilde de corazón". (MATEO 11, 29)


Me impresionó al ir a bendecir un departamento hace pocos días que estaba en un conjunto habitacional SERVIU. Tuve que cerrar 7 rejas y puertas para llegar. Parecía una cárcel de "alta seguridad" y, simplemente, era un departamento sencillo de clase media popular.

¿Por qué tanta reja Sin duda, pueden haber muchas situaciones que lo justifiquen pero encuentro que es terrible vivir así.

Si veo a mi vecino primero que todo como un enemigo que a un amigo. Si mi trato es sólo un fugaz saludo, en vez de acercarme a conocer su vida y situación; de tener un encuentro más personal con él.

Si mi vida es sólo con los míos y mi televisión y poco conozco de la realidad y necesidades de los que habitan a mi alrededor.

Si mi trabajo y preocupaciones no me permiten conocer, relacionarme y colaborar con los que viven cerca de mí y junto a mi; lo común, lo típico será qué me encierre para resguardarme; porque claro, el mundo lo percibiré como un lugar hostil

Me acuerdo que hace algunos días una hermana extranjera que hace años trabaja en sectores populares me decía: "hay gente que está vendiendo sus departamentos para volver a la población; porque aquí se sienten muy solos y quieren volver a tener amigos".

¿Curioso? ¿Extraño? - puede ser para muchos - pero otros prefieren vivir en forma más sencilla pero más acompañados.

Por eso cuando llegue un vecino, cuando llegue alguien nuevo a instalarse cerca tuyo, más que levantar una reja y colocar un candado, extiende la mano y tendrás la oportunidad de cultivar la mejor seguridad: la seguridad de los amigos.

Invitó a abrir las puertas de tu corazón de dejar caer las rejas que has levantado alrededor de él, para que otros entren en él y vivan la más hermosa experiencia que se puede tener: La de "habitar seguro" en el corazón del otro, el corazón de tu amigo.

P. Carlos Cox D.

 

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