Nos cuesta dialogar con Dios. Sobre todo si se trata de tener un dialogo tranquilo y profundo con el Señor. Nos resulta difícil dejarnos el tiempo necesario para dialogar entre nosotros, con quienes tenemos a nuestro lado, mucho más difícil es establecer un dialogo con Dios, a quien no vemos físicamente, sino sólo con los ojos de la fe.
Pero sentimos que es necesario ese dialogo con Él; sentimos que nos hace falta. De hecho quisiéramos que nuestra relación con Él fuese más íntima y constante. ¿Como lograrlo?
Si compartimos con Él nuestras alegrías y preocupaciones diarias, Jesús se nos va haciendo más y más cercanos, lo vamos sintiendo como una poderosa fuente de vida, de motivación y de energía espiritual. Y ese contacto más personal con Él repercute en nuestra familia, en nuestro entorno.
Existen diferentes tipos de oración: entre ellas la oración que comúnmente llamamos rezo; es la oración recitativa, leída o memorizada. Existe también la oración que parte de la lectura bíblica. Por último, la meditación u oración meditativa.
La Oración Meditativa
La oración meditativa cobra gran importancia si pretendemos alcanzar una presencia más viva de Dios y un trato más personal con Él. Por la oración meditativa buscamos cultivar un dialogo profundo e íntimo con el Señor. En la meditación nos abrimos a Él para escuchar su voz y desentrañar sus mensajes. En ella buscamos responder a lo que Dios nos propone a través de lo que el Espíritu Santo inspira en nuestra alma. Meditar no es reflexionar. La meditación tiene que ver con “gustar” la verdad de Dios, con la entrega y comunión personal con Él.
Pero ¿será posible lograr “ detenernos”, físicamente y espiritualmente, teniendo en cuenta el ritmo de vida que llevamos, centrado en el activismo?. Nos cuesta pensar que sea posible. Pero “para Dios no hay nada imposible”, supuesto que nos abramos a la gracia y cooperemos con ella. Por eso, en nuestro desvalimiento, repetimos: “Señor enséñanos a orar". Lo imploramos al Espíritu Santo, quien clama en nuestros corazones “Abbá, Padre”. Él es capaz de encender la llama del amor en nuestra alma y de elavarla a Dios con un sentimiento de profundo e íntimo amor filial.
Si de verdad queremos aprender el arte de meditar, entonces es imprescindible:
1. Dejar a Dios un espacio de tiempo en nuestro quehacer diario
2. Aprender a descubrir al Dios que está presente y que nos habla a través de las circunstancias
1. Dejarle a Dios un espacio durante el día.
Es necesario dedicarle a Dios un espacio de tiempo y una hora adecuada, en un lugar adecuado; 10 minutos, un cuarto de hora, si queremos un encuentro más profundo con Dios, donde nuestro espíritu se pueda abrir para escuchar a Dios y comunicarse personalmente con Él. ¿Será posible darle a Dios un cuarto de hora? Depende de nuestra decisión y de nuestra capacidad de renunciar a otras cosas. Aquí se pone en juego nuestra escala de valores y la consecuencia práctica de nuestra fe.
Para rezar meditativamente tenemos que crear un espacio que lo favorezca por ejemplo, sentarse con tranquilidad, o arrodillarse ante un crucifijo, contemplar una imagen de María, procurar una luz adecuada, encender un cirio, etc. Son cosas pequeñas, “ detalles, que sin duda nos ayudan a recogernos interiormente. No olvidemos que somos de carne y hueso, no sólo en lo terreno sino también en lo que atañe a nuestra vida “ espiritual y religiosa”.
2. Aprender a descubrir a Dios que está presente y nos habla a través de las circunstancias
La oración meditativa es aquella que conduce a un estar de corazón con Dios.
El P. Kentenich cultivó y enseñó este tipo de oración sobre todo en relación al encuentro con el “ Dios de la vida”. A Dios lo encontramos en la Palabra revelada, en la Eucaristía, y también en la vida, es decir, en las circunstancias que nos rodean, en las realidades concretas de nuestro hogar, de nuestra familia, de nuestro trabajo, en las circunstancias de la vida diaria. Dios está presente en todo lo que vivimos y hacemos; Él es un Dios de vivos y no de muertos, Él es partícipe de la historia. Pero tenemos que buscarlo allí. Si de verdad creemos en su Providencia, Dios está en nuestra vida y en todo lo que nos preocupa, entonces dándonos el trabajo de buscarlo a través de la meditación de la vida, podremos comulgar con Él, y en Él llegaremos a ver nuestra vida de otra forma.
Pretender estar concentrados en Dios, desligándonos de los problemas reales de aquello que nos intranquiliza, para estar con “Dios que nos trae la paz”, resulta ser un esfuerzo infructuoso. Lo que debemos hacer es tomar como materia de nuestra meditación aquello que nos intranquiliza, ese conflicto que tenemos, o aquella difícil situación económica que nos apremia. En otras palabras tenemos que concentrarnos en el Dios de la vida, de nuestro trabajo, de nuestra familia, de nuestras amistades; en ese Dios que nos sale al encuentro y nos habla, que nos requiere, precisamente en esas situaciones y que allí nos regala su paz “ que nos cobija en el descobijamiento”.
Numerosas veces se refiere el P. Kentenich a la necesidad de “digerir“ las experiencias, especialmente las vivencias negativas, que fácilmente, si no las elaboramos, permanecen como una masa indigesta generando en nuestro interior una serie de conflictos interiores y gestando, además tensiones en el trato con quienes convivimos. La oración equilibra nuestra vida personal, con ella llega a nuestro corazón esa paz que el mundo no puede dar, y al mismo tiempo mejoran nuestras relaciones personales en el hogar y en nuestro trabajo.
Sin embargo, no debemos pensar que Dios nos sale al encuentro sólo en lo difícil que nos toca enfrentar. Está también en los acontecimientos gozosos y gloriosos de nuestra vida: Él vino “ para que tuviésemos vida y la tuviésemos en abundancia”. Por eso, compartamos nuestra alegría con Él. Gocemos al Dios que nos regala, que nos rodea de beneficios, que nos cuida y que se nos muestra rico en misericordias con nosotros.
San Ignacio de Loyola dice en sus ejercicios espirituales: “No el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar las cosas interiormente”. Es lo mismo que vivía y enseñaba el Padre Kentenich; gustar los dones de Dios, saborearlos, sopesar las muestras de amor que nos ha dado. “ posgustar, gustar y pregustar”, son palabras preferidas en su práctica de meditación.
Abramos las puertas de nuestro hogar al Señor, Adquiramos de a poco, el hábito de la oración meditativa
¿Cómo aprender a descifrar los mensajes de Dios en nuestra realidad cotidiana?. A caminar se aprende caminando, a meditar la vida, meditándola... ¿Podríamos habituarnos a considerar los principales acontecimientos de nuestra vida, viéndolos a la luz de Dios?
Intentemos descubrir qué nos pide Dios con nuestras alegrías y pruebas. Imploremos la luz del Espíritu Santo: hagámoslo especialmente cuando nos cueste discernir sus deseos. Busquemos precisar después, según los frutos obtenidos, si acertamos o no al tratar de interpretar lo que Él nos pedía.
En la medida que practiquemos la meditación de la vida, poco a poco nos iremos familiarizando con el “ESTILO” según el cual Dios nos trata; iremos reconociendo el lenguaje con que nos habla. Todo ello nos conducirá a experimentarlo como al Dios de nuestra historia.
SALMO DE LA CREACION
oh, oh, oh...
Por tu océano azul y las aguas del mar,
por todo continente y los ríos que van.
Por el fuego que dice como arbusto ardiente
por el ala del viento, quiero gritar:
Mi Dios, tú eres grande y hermoso,
Dios viviente e inmenso
Tu eres el Dios de amor
Mi Dios, tú eres grande y hermoso, Dios viviente e inmenso
Dios presente en toda creación
Para pauta de trabajo pincha aquí
Fuente : El Apóstol
Creo que lo primero para comenzar a tener un encuentro con Dios..es saber que DIOS es un niño que necesita tiempo y cariño...él se entriztece,cuando nosotro hemos hecho algo malo o dicho algo que lo hiera a él.... eso retrocede nuestra comunicación ,porque para que me entiendan , él tiene el corazón de un niño ...no es sólo sentarse y comenzar a orar...se necesita que cada día uno lo salude como cuando uno está con un amigo..ganar la confianza poco a poco, día tras día ...es ahí , cuando uno recien comienza a sentir suavemente la presencia de él...cada día uno lo siente mas y mas cerca...y eso, casi nadie lo sabe..piensan, que rezando un padre nuestro memorizado, está ganado el cielo ..eso no es tan así...todo requiere tiempo...y en el tiempo se encuentra a Dios.
Cuando estés con el espiritu Santo, en que tu la sientas verdaderamente..será tan fácil perdonar..hacer el bien con personas que te han hecho mal... tu lo harás, no porque lo dice la biblia, sinó , porque al hacerlo, sentirás algo grandioso dentro de tí...y eso es estar con Dios..eso es lo maravilloso de todo .....es como alimentar una amistad que durará por siempre y que todo se realizará facil , por mas que los demás vean dificultades..para nosotros es como tener un padre incondicional que te apoya y te enseña a la vez ...siempre estará ahí.....
UNO LOGRA MUCHAS COSAS EN LA VIDA , SENTIRSE BIEN UNO , SENTIRSE LLENO DE FELICIDAD Y SOBRE TODO CON UNA VIDA INTERIOR ESPLENDIDA.......NO LO DUDES, HAZLO Y VERÁS QUE ESTA VIDA TIENE MUCHOS MISTERIOS MARAVILLOSOS, y ese es Dios.
Karina.