“Hoy, lunes de Resurrección, ¡tengo imperiosa necesidad de renovar y profundizar el contacto con mis hermanos! ¡Cristo ha resucitado! Contigo, Madrecita, quisiera cantar el Magníficat. Tú fuiste la única persona sobre la tierra que mantuvo la más inalterable esperanza en que aquel templo destruido sería verdaderamente reedificado en tres días, y por eso estuviste toda la Vigilia de Pascua en vela y en oración, aguardando el milagro supremo de tu Hijo. Seguramente él, antes que las mujeres fueran de madrugada al sepulcro, luego de su maravillosa resurrección, vino de inmediato a ti, para regresar resucitado al mundo junto a la misma persona que lo recibió en sus brazos al ser descendido de la cruz del sacrificio redentor... Quiero esperar como tú, en confianza y alegría el triunfo de tu Hijo y su resurrección en los otros y en mí.”
Mario Hiriart
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