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    Evangelio domingo 16 de octubre de 2005
    Subido por Beatriz Letelier el 14 de Octubre de 2005

    Vigésimo noveno Domingo del tiempo ordinario
    Evangelio: Mateo 22: 15 - 21


    15 Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra.
    16 Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas.
    17 Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?»
    18 Mas Jesús, conociendo su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?
    19 Mostradme la moneda del tributo.» Ellos le presentaron un denario.
    20 Y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?»
    21 Dícenle: «Del César.» Entonces les dice: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios.»

    Preguntas para meditar, reflexionar y compartir:

    Las lecturas de este domingo nos hacen una invitación a confiar permanetemente en Dios, a alabarlo en cada momento, poner nuestra vida a su servicio, distinguir entre lo que es su voluntad y lo que no lo es, buscar estar con El y complacerlo como al amado o la amada. Relee nuevamente el evangelio y medita:

    1- ¿Me detengo en mi quehacer diario un instante para contemplar la presencia de Dios a través de todo lo que me rodea: acontecimientos, naturaleza, personas,ect. ?

    2- ¿Me dejo momentos de silencio para estar a solas con Dios y discernir su voluntad en mi vida ?

    3- ¿Cómo respondo yo concretamente a la presencia de Dios en mi vida cotidiana, desde lo que me toca hacer?

    Cooperación de Raymond P.


    Respuestas, comentarios, consultas y opiniones recibidas
    Enviado por Jéssica Farías A. el 18 de Octubre de 2005

    “Den al Cesar lo que es del Cesar…”
    Mateo 22, 21.

    Cuentan que hace mucho tiempo vivía en la zona rural una pareja de esposos ya muy ancianos, de extrema pobreza, no habían tenido hijos y vivían solo de la caridad de la gente del pueblo. Cada día él salía hacia el mercado con la esperanza de conseguir alguna cosa para comer
    en la noche junto a su amor. Su único tesoro era una vieja pipa de madera
    que hacia mucho tiempo no veía el tabaco pero el se la colgaba en la boca, para
    espantar un poco el hambre del día.
    Ella se sentaba a media mañana en la entrada del ranchito y peinaba mil veces sus largas trenzas, su máximo tesoro y su orgullo. Su pelo blanco y largo hacia mucho que no conocía un peine pues el último que había tenido hacia mucho que se había destrozado y ya no pudo conseguir otro. Al ponerse el sol llegaba él con algún pequeño paquete de frutas que alguien le había regalado. Así era día a día.
    Llegó el día del aniversario de bodas, y el salió como cada mañana temprano, pensando qué le regalaría a ella, nada tenía y su día se veía negro. Por su parte ella se sentó en la puerta de la casita pensando cómo celebrar si no había con qué.
    Al llegar la tarde el tenía en sus manos un presente que le dio con un suave beso en la frente “¡Feliz aniversario!”, ella tomó otro paquete que le entrego con una gran sonrisa.
    Al abrir cada uno su regalo, se miraron y rieron en silencio disfrutando del gran amor demostrado.
    Ella había vendido sus trenzas y le había comprado una bolsita de tabaco para la pipa de él. En cambio el había vendido su pipa y le había comprado un hermoso par de peines para las trenzas de ella.

    “… y a Dios lo que es de Dios”
    Mateo 22, 21.
    “Se miraron y rieron en silencio disfrutando del gran amor”
    ¡Que tengas una linda semana! ¡Qué lindo que es darse!

    P. Ricardo Canevari


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