La Mujer, compañera y colaboradora de la vida
Nuestro país está viviendo tiempos fuertes, de profundos y grandes cambios culturales y valóricos, que lentamente le van dan un rostro distinto a nuestra patria. Se trata de cambios que van expresando una honda transformación de mentalidad y de la visión del ser humano, que influyen directamente en el interior de cada persona, de cada familia y en la sociedad.
¿Qué papel jugamos nosotras en todo esto? Sin duda que uno muy importante. Según las estadísticas del censo del año 2002 la población femenina es mayor que la masculina y los hogares que tienen como jefe a una mujer han aumentado hasta el 31,5% (esto incluye las familias monoparentales). ¿Cómo poder decir, entonces, que en gran parte los cambios culturales no pasan por nuestro corazón, por nuestras manos, por nuestro ser?
Si bien, a la mujer le es más difícil acceder a los más altos puestos públicos y en la empresa privada por muchos y distintos motivos, no por eso vamos a olvidar cuanta influencia tenemos en nuestro medio familiar, social, laboral y político. Mal que mal todo hombre depende en mayor o menor grado de alguna mujer y viceversa.
Por eso es de tanta importancia que cuidemos y hagamos todo lo posible por mantener y acrecentar los dones que Dios nos regaló al crearnos mujeres. Como tales tenemos la misión de humanizar y complementar al hombre ayudando a gestar una cultura con alma, donde el ser humano sea
considerado, acogido, querido por ser quien es y no por cuánto vale o produce. Somos la compañera, muchas veces silenciosa, de muchos hombres, que desde un segundo plano estamos atentas para ayudarlos a servir a los demás. Somos esa colaboradora, siempre presente y fiel, que asume los desafíos que la vida le depara sin volverles la espalda, sin olvidar que es nuestro esfuerzo constante y muchas veces sacrificado el que hará que otros puedan tener un hogar y una vida dignas para vivir. Como madres, esposas, hijas, hermanas, primas... secretarias, asesoras, dependientes, vendedoras, gerentes, directoras, profesoras... tenemos mucho que aportar si vivimos cada día con la conciencia que somos compañeras y colaboradoras en cada tarea que Dios deposita en nuestras manos.
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