“El Patito Feo”
Últimamente me he topado, en al menos en tres oportunidades, con el cuento del "Patito Feo" y en dos de ellas era citado para explicar los procesos internos que vivimos. Si recuerdan bien el cuento se acordarán que el patito feo era un cisne que había sido incubado por una pata y que fue cruelmente rechazado por su familia y por todos los que vivían en el corral, por lo que huyó en busca de mejores posibilidades. Era tal su fealdad a los ojos de los demás que el pobre animal pasó un invierno muy duro y corrió varias desastrosas aventuras hasta que un día, al llegar la primavera y ver su rostro reflejado en la laguna, descubrió que él era un cisne y, por lo demás, el más hermoso que había en el lugar.
Nosotros pasamos por lo mismo, en mayor o menor grado: nos sentimos rechazados, incomprendidos, golpeados por la vida, dejados de lado. A veces llegamos a sentir que lo mejor que podemos hacer es dejar todo como está y huir de ese color gris que está tomando nuestra vida.
Es aquí cuando tenemos que volver a recordar las primaveras que hemos tenido a lo largo de nuestras vidas. Es cuando, haciendo un esfuerzo, porque nuestro ánimo nos tira hacia abajo, tenemos que mirar a nuestro alrededor y fijarnos en las cosas lindas y agradables del día a día para agradecer, por a lo menos una cosa buena, que nos halla pasado.
Todo momento de dolor, de pascua, contiene en sí la semilla de la resurrección. Aferrémonos a los pequeños rayos de sol que penetran en nuestros momentos de dolor para poder alcanzar mañana la alegría de la resurrección.
Leer más en sección: Editorial
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Subido por Beatriz Letelier el 1 de Abril de 2004
Últimamente me he topado, en al menos en tres oportunidades, con el cuento del "Patito Feo" y en dos de ellas era citado para explicar los procesos internos que vivimos. Si recuerdan bien el cuento se acordarán que el patito feo era un cisne que había sido incubado por una pata y que fue cruelmente rechazado por su familia y por todos los que vivían en el corral, por lo que huyó en busca de mejores posibilidades. Era tal su fealdad a los ojos de los demás que el pobre animal pasó un invierno muy duro y corrió varias desastrosas aventuras hasta que un día, al llegar la primavera y ver su rostro reflejado en la laguna, descubrió que él era un cisne y, por lo demás, el más hermoso que había en el lugar.
Nosotros pasamos por lo mismo, en mayor o menor grado: nos sentimos rechazados, incomprendidos, golpeados por la vida, dejados de lado. A veces llegamos a sentir que lo mejor que podemos hacer es dejar todo como está y huir de ese color gris que está tomando nuestra vida.
Es aquí cuando tenemos que volver a recordar las primaveras que hemos tenido a lo largo de nuestras vidas. Es cuando, haciendo un esfuerzo, porque nuestro ánimo nos tira hacia abajo, tenemos que mirar a nuestro alrededor y fijarnos en las cosas lindas y agradables del día a día para agradecer, por a lo menos una cosa buena, que nos halla pasado.
Todo momento de dolor, de pascua, contiene en sí la semilla de la resurrección. Aferrémonos a los pequeños rayos de sol que penetran en nuestros momentos de dolor para poder alcanzar mañana la alegría de la resurrección.
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