“Soy Feliz, Sedlo También Vosotros”.
Estas fueron unas de las últimas palabras de nuestro querido Papa Juan Pablo II. Claramente es una invitación a vivir en esta vida, que si bien tiene su cuota de dolor y sufrimiento, no evita que podamos vivirlo con felicidad. Clara muestra de ello fue su ejemplo de vida, que medio de tanto dolor y de su enfermedad, se entregó hasta el final por nosotros, tal como le hiciera Jesucristo.
Y en eso radica en secreto de su felicidad. Que más allá de lo que ocurriera a su cuerpo pudo entregarse por entero a los demás un amor ilimitado, cercano, cálido, humano y desprendido.
A nadie dejó indiferente su partida hacia el encuentro con Jesucristo y con María, a quien desde un principio de su pontificado le había confiado todo.
Desde todos los lugares del mundo acudió la gente a despedir a este gran hombre cuyo paso por la tierra no dejó indiferente a nadie.
En estos días en que se elegirá un nuevo Papa quisiera invitarlos a reflexionar al menos sobre tres puntos: 1. ¿Qué fue lo que más admiré en la persona de Juan Pablo II? 2. ¿Qué creo que Dios me está diciendo a través de los que yo le admiré del Santo Padre? 3. ¿Qué actitud concreto puedo cultivar durante este mes como regalo para los míos y que tengo más cercanos en memoria de lo que Santo Padre me regaló a mí?
Sobre su persona podríamos decir mucho, pero creo que lo fundamental es lo que cada uno rescate en su vida personal de su encuentro con su Santidad Juan Pablo II para poder llevarlo como regalo y testimonio a los demás en demostración de que su vida nos dejó una huella que queremos seguir porque lo queremos y lo admiramos. De esta manera seremos felices nosotros y haremos felices también a los que nos rodean diariamente.
Leer más en sección: Editorial
Revise bien las consultas y respuestas dadas en el sitio ya que están muchas veces repetidas. Gracias.
Subido por Beatriz Letelier el 11 de Abril de 2005
Estas fueron unas de las últimas palabras de nuestro querido Papa Juan Pablo II. Claramente es una invitación a vivir en esta vida, que si bien tiene su cuota de dolor y sufrimiento, no evita que podamos vivirlo con felicidad. Clara muestra de ello fue su ejemplo de vida, que medio de tanto dolor y de su enfermedad, se entregó hasta el final por nosotros, tal como le hiciera Jesucristo.
Y en eso radica en secreto de su felicidad. Que más allá de lo que ocurriera a su cuerpo pudo entregarse por entero a los demás un amor ilimitado, cercano, cálido, humano y desprendido.
A nadie dejó indiferente su partida hacia el encuentro con Jesucristo y con María, a quien desde un principio de su pontificado le había confiado todo.
Desde todos los lugares del mundo acudió la gente a despedir a este gran hombre cuyo paso por la tierra no dejó indiferente a nadie.
En estos días en que se elegirá un nuevo Papa quisiera invitarlos a reflexionar al menos sobre tres puntos: 1. ¿Qué fue lo que más admiré en la persona de Juan Pablo II? 2. ¿Qué creo que Dios me está diciendo a través de los que yo le admiré del Santo Padre? 3. ¿Qué actitud concreto puedo cultivar durante este mes como regalo para los míos y que tengo más cercanos en memoria de lo que Santo Padre me regaló a mí?
Sobre su persona podríamos decir mucho, pero creo que lo fundamental es lo que cada uno rescate en su vida personal de su encuentro con su Santidad Juan Pablo II para poder llevarlo como regalo y testimonio a los demás en demostración de que su vida nos dejó una huella que queremos seguir porque lo queremos y lo admiramos. De esta manera seremos felices nosotros y haremos felices también a los que nos rodean diariamente.
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