Novedades en la categoría Hechos de la vida real

Publicación con motivo de los 40 años de Schönstatt en España

kentenich.jpgMADRID, jueves 4 de febrero de 2010 (ZENIT.org).- "Tenemos que contribuir a la creación de un nuevo tipo de hombre: el hombre que necesita la Iglesia para superar en su propio seno algunas graves perturbaciones".

Éste es uno de los muchos pensamientos del fundador del Movimiento de Schönstatt que aparecen en el libro "José Kentenich. Historia de un hombre libre" (Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2009, 308 pp.), presentado este martes en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas, de Madrid.

Se trata de la primera biografía del padre Kentenich escrita por una persona que no pertenece al Movimiento de Schönstatt, el carmelita Eduardo T. Gil de Muro, prolífico periodista y escritor.

“El lugar adecuado para esos tres embriones es con su madre, para darles el derecho a la vida”, fue el argumento de la mujer ante el Tribunal. La Constitución irlandesa reconoce el derecho a la vida del no nacido, pero la otra parte argumenta que se estaría obligando al marido a tener más hijos. El Tribunal trata de que las partes alcancen un acuerdo amistoso antes de imponer una solución, ya que la legislación irlandesa es muy ambigua en este terreno.

Tras someterse a un tratamiento de fecundación in vitro, la esposa descubrió que su marido mantenía relaciones con otra mujer, lo cual motivó la separación. Hasta entonces, según reconoce, nunca había pensado en las consecuencias de ese tratamiento, que concluyó con tres embriones sobrantes congelados. Tras la separación, manifestó a su marido su deseo de llevar adelante el embarazo de esos tres hijos, pero éste se negó y propuso venderlos o destruirlos.

Fuente: Análisis Digital
Mujer Nueva

Amor en Auschwitz

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Amor_en_Auschwitz_1.jpg.jpgEn medio de los horrores de Auschwitz encontraron el amor. David Szumiraj y su esposa Perla celebrarán en Buenos Aires su 59º aniversario de matrimonio el próximo mes.

Su historia muestra que la fortaleza del espíritu humano puede imponerse a las situaciones más adversas. Cuando se conocieron en el peor campo de exterminio nazi la supervivencia era el imperativo de cada día.

Él, un joven judío polaco, la vio por primera vez mientras realizaba trabajos forzados en el cultivo de la papa y ella lavaba vegetales, pero no pudieron hablarse por mucho tiempo.

"Como no podíamos hablar, nos mirábamos cuando no había nadie alrededor", dijo Szumiraj, y agregó: "No pudimos hablarnos hasta que los alemanes nos dijeron que iban a evacuar por separado a hombres y mujeres".

Para el momento en que pudieron dirigirse la palabra por primera vez y tomarse de las manos, David y Perla ya se consideraban una pareja y soñaban con algún día contraer matrimonio.

145086

Szumiraj conversó con la BBC mientras regaba sus plantas en su vivienda bonaerense.

A pesar de que han pasado seis décadas del horror del Holocausto, aún para Perla es muy doloroso recordar, y por eso es David quien habla.

Su jovialidad y su sonrisa contagiosa no permiten intuir las adversidades que vivieron tanto él como su familia, de la que 42 miembros perecieron en el Holocausto.

La pesadilla de Szumiraj comenzó a finales de 1942 cuando soldados alemanes apresaron a todos sus vecinos en el ghetto de Lodz, en el centro de Polonia.

"Viajamos tres días en los vagones de un tren, sin comer, sin beber, haciendo allí mismo las necesidades fisiológicas", recordó David.

Al llegar a Auschwitz fue tatuado en su antebrazo con el número 145086. La vida se convirtio en un bregar diario por la existencia.

"Desnudos, -manifestó David- nos inspeccionaban para determinar quién estaba en condiciones de hacer trabajos forzados y quién debía ser destinado a la cámara de gas".

"Un día -dijo- el hombre a cargo de la selección me mandó a la fila izquierda, la de los destinados a morir. El hombre tenía una estatura como de 2 metros, pero yo salté y le agarré la solapa. Le grité en la cara: 'Soy joven. Estoy fuerte. Déjame vivir. Puedo trabajar'".

"En ese momento los SS se desvivían por dispararme, pero el hombre dijo: 'Déjenlo. Que vaya a la derecha'". Durante sus tres años en Auschwitz, David pasó 19 selecciones como esa.

El primer beso

Amor_en_Auschwitz_2.jpg.jpgEl día en que David y Perla se pudieron hablar por primera vez -después de caminar unos 25 metros y encontrarse en el medio de un campo- no fue sino el preludio de una separación debido a las llamadas Caminatas de la Muerte.

Los jóvenes se tomaron de las manos, se abrazaron y se besaron por primera vez.

Amor en Auschwitz 2.jpg"A través de nuestras miradas, tanto ella como yo estábamos seguros de que habíamos encontrado a la persona amada. Sentíamos que éramos el uno para el otro", expresó David.

La evacuación tenía lugar en las postrimerías de la guerra, poco antes de la liberación de Auschwitz hace ahora 60 años. Más de 50.000 reclusos fueron internados en territorio bajo control alemán.

"Dejamos Auschwitz en vagones de trenes abarrotados que no tenían techo. Nevaba. Comíamos nieve. Después de una semana la gente comenzó a morir".

El viaje se interrumpió cuando el tren cayó bajo fuego aliado procedente de bombarderos británicos. Con un peso corporal de sólo 38 kilos, David y muchos de los reclusos huyeron y se tuvieron que alimentar de hierbas. Como secuela, todavía hoy él no es capaz de probar, por ejemplo, la lechuga.

Finalmente, fue rescatado por tropas estadounidenses y al final de la guerra se unió al ejército de EE.UU. en Berlín como traductor.

Pero no sabía nada de Perla.

"Lloramos, reímos"

Las noticias de Perla le llegaron desde Hamburgo, desde un campamento donde las mujeres tenían tatuajes en sus brazos. Un amigo de él la vio, y ella le preguntó: "¿David está vivo? ¿Todavía me ama? ¿Se quiere casar conmigo?"

El reencuentro tuvo lugar en la base donde él trabajaba. Ella se escondió detrás de un árbol. "Al vernos lloramos, reímos, nos abrazamos", recuerda David.

El matrimonio se celebró en París, donde tuvieron el primer hijo. En la capital francesa decidieron trasladarse a Buenos Aires, donde David tenía familiares.

Pero emigrar a Argentina no era fácil para los judíos. El gobierno argentino había emitido una orden secreta que prohibía el acceso de personas expulsadas de sus países de origen, lo que afectaba básicamente a los inmigrantes judíos.

Para entrar a Argentina, varios familias judías dijeron que eran católicas. Otras debieron pagar cuantiosos sobornos.

La familia de David no tenía los 20.000 pesos necesarios para asegurarse visas para él y su familia y entonces se dirigieron a Paraguay, donde entraron en contacto con traficantes de personas que podían ingresarlos a territorio argentino.

Dejaron Paraguay en medio de la noche. David tuvo que cubrir con cinta adhesiva la boca de su bebé para que el llanto no los delatara.

Ya en Buenos Aires, la familia los esperaba con una cena, "como no había visto en más de seis años", sigue rememorando David. Era el 12 de marzo de 1947. En 1954, el matrimonio adoptó la ciudadanía argentina.

El próximo mes, la pareja celebrará sus 59 años de casados junto a sus dos hijos, siete nietos y tres bisnietos.

Seis décadas después del horror de Auschwitz, David Szumiraj y su esposa Perla saben bien cuán afortunados fueron de haberse conocido y de estar vivos.

Para leer más información pincha aquí

Fuente: BBC online
Fecha: 2005-06-23

Hace un mes que se aprobó el aborto en Colombia y Yolanda Mulcué (indígena paez) jefa del cabildo de Quilichao, anunció inmediatamente que sería la primer mujer que abortaría por ser su embarazo riesgoso. Sin embargo, al escuchar el latido de su bebé frente a los médicos que le practicaban la ecografía exclamó: «Es el latido de mi bebé». Ella miró a los médicos que le tomaban la ecografía y les dijo: "No voy a abortar". Con esa decisión se juega la vida, porque su médula no produce sangre y debe ser sometida a un trasplante.

Mulcué, una paez, líder de cabildo en Santander de Quilichao, se estremeció cuando escuchó ese ‘lab dap’ que emite el corazón del hijo en el vientre. Los cinco doctores del Hospital Universitario del Valle (HUV) que la escuchaban, entendieron que era la fuerza de la maternidad.

Ella, que a comienzos de semana anunció que sería la primera colombiana en acudir al aborto, tras los casos especiales autorizados por la Corte Constitucional, dio el reversazo a pesar del riesgo.

Sabe que si hay una hemorragia podría morir con su bebé. Pensó en un aborto porque tiene otros dos hijos, Andrés, de 10 años; y Juanita Andrea, de 15 meses. Y un esposo, Germán Alberto Isnos, que la quiere viva.

El director de Ginecobstetricia del HUV, Hoover Canaval, dijo que el bebé, de 19 semanas, es ya un ciudadano colombiano. Su desarrollo anatómico es normal, pero es un embarazo de alto riesgo”.

A comienzos del año Mulcué supo que tenía una enfermedad que solo toca a 5 de cada millón de personas. Es sometida cada semana a transfusiones para recuperar el nivel de plaquetas, glóbulos rojos y blancos. Ella le dijo a su esposo que sabe que le va a costar, pero quiere llevar a término el embarazo, aún a riesgo de morir, porque ese latido la puso a pensar que su hijo ya tiene vida.

Fuente: El Tiempo, Colombia
Fecha: 2006-05-25

Sigue su vida: Yolanda Mulcue

Su historia recorre y sorprende a Biloxi

BILOXI (The Miami Herald).- En los largos e inquietantes momentos antes de que el huracán Katrina azotara Biloxi, una decena de familiares, amigos y vecinos se acomodaron como pudieron en la única habitación de una cabaña de madera. Luego esperaron y algunos se quedaron dormidos.

De golpe, el agua ingresó a chorros por las rendijas de las ventanas y las paredes. Pasaron a una sala de estar que momentos después quedó tapada por un metro y medio de agua. Los bebes comenzaron a llorar, los adultos sintieron pánico y, en ese momento, Phillip Bullard, de 13 años, comenzó a salvar vidas. Las de cuatro adultos y de nueve niños, incluida la suya.

Phillip nadó con el menor en brazos. Hizo flotar al más grande, por toda la casa, hasta una ventana del frente que estaba rota y lo depositó en un bote que flotaba en lo que alguna vez fue la calle Holley. Alentó a su hermana melliza a soltarse de la pared de la casa, a la que se aferraba espantada. Y llevó de la mano a su madre y su abuela por la casa, a lo largo de un trayecto trazado con muebles bajo el agua. Ambas mujeres estaban dispuestas a morir, ya que no sabían nadar y estaban demasiado asustadas como para abandonar la vivienda. "Simplemente no quise ver ahogada a mi familia", dijo Phillip, que cursa el séptimo grado.

La historia de Phillip se conoció en toda la ciudad. La gente rápidamente se enteraba del chico que rescató a su familia, un hecho luminoso entre tanta devastación.

"Ese chico es un héroe", exclamó Kenneth Brinson, que ayudó a organizar un centro comunitario al aire libre cerca de la iglesia Bautista, sobre la calle principal del barrio donde vive Phillip.

Phillip vive con su madre y su abuela en el este de la ciudad, en un barrio de viviendas pobres y deterioradas. Desde el principio, los tres sabían que su pequeño hogar sería devastado por una tormenta de tal magnitud. "Vi que el agua surgía de todas partes, incluso del piso, lo juro", dijo la madre de Phillip, Vanesa Posey, de 44 años. "Comencé a gritar y a tratar de levantar a todos. Rompí la ventana y traté de poner a los bebes encima de lo más alto. Mi hijo hizo gran parte del resto", agregó.

Traducción: Luis Hugo Pressenda
Fuente: La Nación

 

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