“El lugar adecuado para esos tres embriones es con su madre, para darles el derecho a la vida”, fue el argumento de la mujer ante el Tribunal. La Constitución irlandesa reconoce el derecho a la vida del no nacido, pero la otra parte argumenta que se estaría obligando al marido a tener más hijos. El Tribunal trata de que las partes alcancen un acuerdo amistoso antes de imponer una solución, ya que la legislación irlandesa es muy ambigua en este terreno.
Tras someterse a un tratamiento de fecundación in vitro, la esposa descubrió que su marido mantenía relaciones con otra mujer, lo cual motivó la separación. Hasta entonces, según reconoce, nunca había pensado en las consecuencias de ese tratamiento, que concluyó con tres embriones sobrantes congelados. Tras la separación, manifestó a su marido su deseo de llevar adelante el embarazo de esos tres hijos, pero éste se negó y propuso venderlos o destruirlos.
Fuente: Análisis Digital
Mujer Nueva