Novedades en la categoría Iglesia

Bajo tu amparo

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Bajo tu amparo nos acogemos,
Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita! Amén.

Carta a las Mujeres

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Esta carta del Papa Juan Pablo II se hizo pública el lunes 10 de julio de 1995 y fue escrita con motivo de la proximidad de la IV Conferencia Mundial de la Mujer que tuvo lugar ese año durante el mes de Septiembre en la ciudad de Pekín. En ella el Santo Padre se dirige a las mujeres del mundo entero para expresarnos la gratitud y estima que siente por nosotras la Iglesia. Además, nos exhorta fuertemente a que realicemos, junto a los hombres, los cambios necesarios en nuestro medio para así acabar con los diferentes abusos a los que se ve sometida la mujer.

Para leer el documento CARTA A LAS MUJERES.doc



adam.jpgSr. Arturo Bravo*

INTRODUCCIÓN

¿Saben ustedes por qué Dios no creó a la mujer antes que al hombre?. Porque no quería consejos mientras modelaba.

Les ruego me disculpen el inicio tan desconcertante del presente artículo, pero no he hecho otra cosa sino utilizar, por supuesto modificado, un antiguo recurso de la retórica greco-latina, que consiste en comenzar el discurso con la afirmación justamente contraria a lo que se pretende demostrar.

He escogido como tema el relato yahvista de la creación, porque este relato es el que ha servido prácticamente de base escriturística para "probar" la superioridad del hombre con respecto a la mujer, fundamentalmente por tres razones: 1) la mujer es creada después que el hombre; 2) es creada de una costilla del mismo, y 3) la debilidad y culpabilidad de la mujer aparecen reflejadas en el relato de la caída, en cuanto que es ella quien seduce al varón. Objeto de este artículo son los dos primeros puntos.

Publicación con motivo de los 40 años de Schönstatt en España

kentenich.jpgMADRID, jueves 4 de febrero de 2010 (ZENIT.org).- "Tenemos que contribuir a la creación de un nuevo tipo de hombre: el hombre que necesita la Iglesia para superar en su propio seno algunas graves perturbaciones".

Éste es uno de los muchos pensamientos del fundador del Movimiento de Schönstatt que aparecen en el libro "José Kentenich. Historia de un hombre libre" (Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2009, 308 pp.), presentado este martes en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas, de Madrid.

Se trata de la primera biografía del padre Kentenich escrita por una persona que no pertenece al Movimiento de Schönstatt, el carmelita Eduardo T. Gil de Muro, prolífico periodista y escritor.

Capellán de la Fundación Las Rosas:
Falleció Monseñor Sergio Correa Gac

En la noche del lunes 24 de diciembre, falleció Monseñor Sergio Correa, luego de una prolongada enfermedad. Sus funerales se realizarán el Miércoles 26 de 1007 a las 12 horas en el Santuario a María Santísima (Rivera 2005; Independencia). Y serán presididos por el Cardenal Francisco Javier Errázuriz.


El siguiente es el comunicado y la biografía entregados por la Fundación Las Rosas, al dar a conocer su deceso.

El buen Padre Dios ha llamado a Monseñor Sergio Correa Gac.

Fundación Las Rosas comunica el sensible fallecimiento de quien fuera su Capellán durante 30 años. Un sacerdote muy querido y respetado por todos que, en sus 67 años de ministerio sacerdotal, encontró en la celebración diaria de la Santa Misa el alimento y la fuerza del amor de Cristo para ponerse al servicio de los adultos mayores más pobres y desvalidos del país.
La Iglesia le confió diversos ministerios pastorales en parroquias, Caritas Santiago y, finalmente, la de “acoger, alimentar, acompañar en la salud y llevar al encuentro del Señor” a miles de personas en los hogares de la Fundación.

Desde sus inicios infundió un gran espíritu de oración y de caridad responsable y concreta, tanto en los hogares como en los voluntarios y bienhechores para dar una esperanza y vida digna a quienes, muchas veces, lo habían perdido todo.

Encontró en la Santísima Virgen, Madre de los sacerdotes, un apoyo insustituible en su fidelidad sacerdotal, un consuelo en la dificultad y una Madre que acoge a todos. “Soy un contemplativo de esta obra de María”, nos decía.

Sus restos descansaran en el Santuario a María Santísima de Fundación Las Rosas, testigo de su generoso y abnegado ministerio, a los pies del altar del Sagrado Corazón como un testimonio de la caridad de Cristo en medio de nosotros.

Invitamos a todos a elevar una oración al Padre, rico en misericordia, en la confianza que van a ser suyas las promesas del Señor: “ven, siervo bueno y fiel,…entra a formar parte del gozo de tu Señor” (Mt 25,23).

Sus funerales se realizarán el Miércoles 26 de Diciembre de 2007 a las 12 horas en el Santuario a María Santísima (Rivera 2005; Independencia). Y serán presididos por el Cardenal Arzobispo de Santiago Francisco Javier Errázuriz.

Un legado de entrega y solidaridad

Su rica vida interior y su trabajo en favor de los ancianos más necesitados de nuestro país lo hicieron merecedor del cariño y reconocimiento de quienes lo conocieron.

Nacido el 8 de febrero de 1915, su infancia transcurrió en su casa de calle Agustinas 2537, junto a su padre, don Florencio Correa Larraín, y su madre, doña Carmela Gac de Correa. Tercero de cuatro hermanos, realizó sus estudios en el Colegio de los Padres Franceses de la Alameda, lugar donde comenzó su acercamiento a la Iglesia. A los 15 años sintió un fuerte llamado a ser sacerdote, su vocación fue creciendo, hasta que finalmente entró al seminario el 15 de agosto de 1930. “Allí fui muy feliz, aunque debo reconocer que me costó harto acostumbrarme, no teníamos ninguna comodidad, ni siquiera agua corriente en los lavatorios, y dormíamos de a 30 en un gran dormitorio común”, relataba.

Estudió Teología en la Universidad Católica y fue ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1939. Durante 11 años fue párroco “en un pueblo maravilloso que guardo en mi corazón: Isla de Maipo”. Luego fue trasladado a Santiago, donde ofició de párroco en diferentes parroquias de la capital: San Nicolás de Tolentino, Parroquia del Buen Pastor, Divina Providencia, Basílica del Salvador, San Pedro de Las Condes y San Ramón de Providencia. Fue antes que nada Pastor, dejando una huella profunda entre sus feligreses.

Cuando desempeñaba el cargo de Director Arquidiocesano de Cáritas de Santiago conoció la Fundación de Ayuda Fraterna, que construía su primer hogar para ancianos, iniciativa que lo cautivó. En 1972 se hizo cargo de su dirección junto a un grupo de laicos, y con el nuevo nombre de Fundación Las Rosas de Ayuda Fraterna se convirtió en una de las principales instituciones al servicio de la ancianidad desvalida y en la gran obra de su vida, siempre bajo la inspiración de la Virgen María.

Fundación Las Rosas: un “hogar” cristiano para los ancianos

En la Sede Central de la Fundación Las Rosas el Padre Correa pasó 30 importantes años que lo marcarían para siempre. “Aquí se viven momentos inauditos de alegría y emoción que nos entrega la Santísima Virgen María a diario. Siempre repito la misma frase: ‘no hay nada, pero alcanza para todo’, y no es una frase piadosa, porque realmente uno no explica cómo siempre llega la ayuda cuando más se requiere”, afirmaba.

El Padre Sergio siempre tuvo la preocupación de que en cada uno de los hogares los abuelos se sientan cómodos, que nada les falte y por sobre todo, que se viva el primer mandamiento: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo”. Y para él, el amor a Dios se practicaba haciendo sonreír y llevando esperanza al anciano desvalido.

Fue el propio don Sergio Correa quien, entre amigos y conocidos, comenzó a recolectar ropa y enseres – toallas, sábanas, frazadas - imprescindibles para equipar los hogares, y al ir corriéndose la voz la ayuda se extendió.

Don Sergio impulsó una profunda vida espiritual en los hogares, invitando a sacerdotes a ser capellanes de los hogares, y visitando él mismo todas las instalaciones de esta gran obra. Así se hizo querido y admirado por todos quienes lo conocieron.

Esto le permitía cumplir con lo más importante en el servicio a los ancianos más pobres y desvalidos: llevarlos a su encuentro con el Señor. Así, la misión de la Fundación se plasmó en “acoger, alimentar, acompañar en la salud y llevar al encuentro del Señor”, con la esperanza de que cada familia aprendiera a querer, valorar e integrar a sus mayores y la Patria pudiese implementar políticas públicas que permitieran envejecer con alegría, dignidad y esperanza.

“No hay lugar”

Entre las muchas obligaciones diarias, Monseñor Correa ocupaba gran parte de su tiempo en la Misa diaria y el rezo del Santo Rosario. Además, ideaba nuevas formas de recolectar dinero. “Mi oficina queda muy cerca de la entrada y me ha tocado ver cómo llegan ancianitas apuntaladas por dos personas y en el umbral reciben una frase terrible: no hay lugar. Es esta frase la que me impulsa a no ponerle puertas a esta obra y si la Virgen me entrega las llaves, seguiré formando hogares. ¿Cuántos? Los que quiera ella. Cada día nuestra Madre solicita abrir más puertas, para paliar más y más dolor, abandono y tristeza”, expresaba. Así fue como fundó los actuales 40 hogares que mantiene la Fundación y que acogen a 2.400 ancianos pobres y desvalidos.

Si hay algo para lo cual don Sergio Correa tenía grandes condiciones era para encontrar casas, muchas de las cuales parecían inhabitables, sin embargo, luego de una remodelación nacía otro hogar. Ni un detalle de la decoración se le escapaba, todo pasaba por su visto bueno: papel mural, alfombras, adornos y jardines. Su anhelo era que los ancianos se sintieran en una casa acogedora y no en un hotel, por eso le daba tanta importancia a la estética. Quizás por esta preocupación es que fue nominado como miembro de la Comisión Nacional de Arte Sacro, entidad encargada de resguardar los bienes artísticos y patrimoniales de la Iglesia en Chile.

“Pan partido para la vida del mundo”

El padre Sergio Correa se empeñó siempre en cumplir el mandamiento nuevo del Señor: “ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 13,34) y al alimentarse diariamente con el Pan de Vida, llegó al conocimiento vivo de que “…en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo, que « consiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido en comunión de voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo»”.*

Monseñor Correa dando su sí al Plan de Dios y haciéndose instrumento para construir el Reino, llega a conocer a través de su entrega y del alimentarse con el sacramento de la caridad que “…la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse « pan partido » para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno. Pensando en la multiplicación de los panes y los peces, hemos de reconocer que Cristo sigue exhortando también hoy a sus discípulos a comprometerse en primera persona: «dadles vosotros de comer » (Mt 14,16). En verdad, la vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo”.*

Y este es el legado que nos deja Monseñor Correa.

* S.S. Benedicto XVI Sacramentum Caritatis. N° 88.

Fuente: Fundación Las Rosas

Santiago, 25/12/2007

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Antonieta Meo: "No he perdido una pierna, se la he donado a Jesús"

ROMA, 19 Dic. 07 / 12:19 am (ACI).- Antonieta Meo, la pequeña Sierva de Dios que transitara a la Casa del Padre a los seis años de edad en 1937, es todo un testimonio de cómo el Señor se muestra a los sencillos de corazón. Luego que el Papa Benedicto XVI autorizara a la Congregación para la Causa de los Santos el reconocimiento de la "heroicidad de virtudes" de esta niña conocida como "Nennolina", el P. Piersandro Vanzan destacó que la pequeña "brilla no solo delante de Jesús y con Jesús, sino para darnos luz a todos".

El sacerdote, censor teólogo de la Comisión para la causa de beatificación de Antonieta Meo, recuerda en una entrevista concedida a Radio Vaticano, que esta niña italiana "pudo realizar de modo increíble, desde el punto de vista humano, un gran ensimismamiento místico con Jesús crucificado y efectivamente el Señor ha hecho grandes cosas en la pequeña Nennolina".

Tras recordar que las cartas de "Nennolina escritas a Jesús, la Virgen María y el Espíritu Santo, dictadas a su madre a los cinco años constituyen su espiritualidad de ensimismamiento místico", el sacerdote rememoró como la pequeña Antonieta quiso celebrar "el aniversario de la amputación" de su pierna izquierda

Era 1936 y Antonieta les dijo a sus familiares: "Debemos festejas el aniversario de la amputación de la pierna, porque se la he donado a Jesús" y a una tía le precisó con alegría "no he perdido una pierna, se la he regalado a Jesús".

"Esta serenidad de Nennolina ante el sufrimiento es fruto de particulares dones de gracia. De otro modo, humanamente no es explicable. Esta niña tiene la capacidad de sufrir y ofrecer con Jesús todo al Padre, por la salvación del mundo. Esto de definitivamente una gracia extraordinaria. Además, tenemos el testimonio de su confesor, a quien la pequeña le decía: 'me acuesto sobre la herida, para sentirme mal, para que en ese momento pueda ofrecer más dolores a Jesús'", explica el P. Vanzan.

Desde 1942

De otro lado y según la agencia italiana SIR, Silvia Correle, quien ha seguido el proceso de postulación por cuenta de la Acción Católica, comenta que "ya desde antes de la muerte de Nennolina, entre los años 33 y 35, algunos consultores de la Congregación habían estudiado el tema de la santidad de los niños". Asimismo explicó que la fundadora femenina de la AC, la venerable Armida Barelli, promovió la causa de beatificación de Nennolina en 1942.

La causa fue luego confiada al postulador, P. Antonio Cairoli, en 1962 y el proceso en el tribunal del Vicariato de Roma fue instruido el 7 de abril de 1968.

"Es una bella noticia, para nosotros de la Acción Católica (de la que Nennolina hacía parte) y toda la Iglesia. Testimonia como la vida de todo cristiano, incluso de joven edad, puede ser vivida con tensión hacia Dios. El Espíritu Santo entra en cada vida humana, sin diferencia de edad, clase social o cultura, para obtener el máximo de amor a Dios", dijo a su turno Mons. Domenico Sigalini, Obispo de Palestrina y asistente general de la Acción Católica en Italia, al conocer el reconocimiento de la heroicidad de virtudes de Antonieta Meo.

Antonieta Meo falleció a causa de una enfermedad ósea conocida como osteosarcoma, que obligó a los médicos a amputarle la pierna izquierda antes de cumplir cinco años.

Esta niña italiana nació en Roma el 15 de diciembre en 1930, falleció antes de cumplir siete años, el 3 de julio de 1937 y fue luego sepultada en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén. Su tumba se ha convertido ahora en meta de peregrinación para muchos católicos en todo el mundo quienes llegan admirados por el testimonio de esta niña.

Para conocer más de la vida de Antonieta, puede ingresar a: http://www.aciprensa.com/vejemplares/nennolina.htm

Para leer extractos de alguna de sus cartas, puede ingresar a: http://www.aciprensa.com/vejemplares/cartas.htm

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VATICANO, 17 Dic. 07 / 10:02 am (ACI).- El Papa Benedicto XVI autorizó hoy a la Congregación para las Causas de los Santos a promulgar los decretos de milagros atribuidos a la intercesión de seis Siervos de Dios y los de “heroicidad de virtudes” de ocho personas, entre ellas, el de Antonietta Meo, una niña romana de tan solo seis años conocida como “Nennolina”, y el de Manuel Lozano Garrido, “Lolo”, un laico español discapacitado que ejerció una fecunda labor evangelizadora como periodista y escritor.

El Santo Padre promulgó este lunes los decretos de milagros –que abre las puertas de su beatificación– atribuidos a la intercesión de los Siervos de Dios:

Michele Sopocko, Sacerdote diocesano; nacido en Juszewszczyna en la región de Vilnius (antes Polonia, actualmente Lituania) el 1° de noviembre de 1888 y muerto en Białystok (Polonia) el 15 de febrero de 1975;

Giacomo Da Ghazir Haddad (en el mundo, Khalil), Sacerdote profeso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y Fundador de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Cruz en Líbano; nacido en Ghazir (Líbano) el 1° de febrero de 1875 y muerto en Beirut (Líbano) el 26 de junio de 1954;

María Magdalena de la Encarnación Sordini (en el mundo: Caterina), Fundadora de del Instituto de las Hermanas de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento; nacida en Porto Santo Stefano (Grossetto, Italia) y fallecida en Roma el 29 de noviembre de 1824;

Giovanna Emilia de Villeneuve, Fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción; nacida en Toulouse (Francia) el 9 de marzo de 1811 y fallecida en Castres (Francia) el 2 de octubre de 1854;

Vincenza María Poloni (en el mundo: Luigia), Fundadora del Instituto de las Hermanas de la Misericordia de Verona; nacida en Verona (Italia) el 26 de enero de 1802 y hallada muerta el 11 de noviembre de 1855;

María Josefina de Jesús Crucificado Catanea (en el mundo: Giuseppina); Monja profesa de la Orden de las Carmelitas Descalzas; nacida en Nápoles (Italia) el 18 de febrero de 1896 y hallada muerta el 14 de marzo de 1948.

Asimismo la “heroicidad de virtudes” de los siguientes Siervos de Dios:

Francesco Mottola, Sacerdote diocesano y Fundador del Instituto Secular de los Oblatos del Sagrado Corazón; nacido en Tropea (Catanzaro, Italia) el 3 de enero de 1901 y muerto el 29 de junio de 1969;

Serafino Morazzone, Sacerdote diocesano; nacido en Milán (Italia) el 1° de febrero de 1747 y fallecido el 13 de abril de 1822;

Raffaele Luigi Rafiringa, Religioso profeso del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas; nacido en Antananarivo (Madagascar) el 3 de noviembre de 1856 y muerto en Fianarantsoa (Madagascar) el 19 de mayo de 1919;

Stefano Nehmé (en el mundo: Giuseppe), Hermano profeso de la Orden Libanesa de los Maronitas; nacido en Líbano los primeros días de marzo de 1889 y muerto en Kfifane (Líbano) el 30 agosto de 1938;

Ana María Marovich, del Instituto de las Hermanas de la Repararación del Sacratísimo Corazón de Jesús y de María Inmaculada; nacida en Venecia (Italia) el 7 de febrero de 1815 y fallecida el 3 de octubre 1887;

Maria Piera de Micheli (en el mundo: Josefa María), Hermana profesa de la Congregación de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires; nacida en Milán el 11 de septiembre de 1890 y fallecida en Centonara di Artó (Novara, Italia) el 26 de julio de 1945;

Manuel Lozano Garrido, laico y periodista; nacido en Linares (Jaén, España) el 9 de agosto de 1920 y fallecido el 3 de noviembre de 1971;

Antonietta Meo (conocida como Nennolina), niña; nacida en Roma el 15 de diciembre 1930 y fallecida el 3 de julio de 1937, a los seis años de edad.



A los 72 años de edad y después de una larga enfermedad, ha partido al descanso eterno el fundador de la corporación María Ayuda. Sus exequias serán este miércoles 19.



A las 04:00 horas de este martes 18 de diciembre y a los 72 años de edad, falleció el padre Hernán Alessandri Morandé, fundador de María Ayuda, Corporación de Beneficencia que desde hace 25 años acoge a niñas y niños víctimas de maltrato infantil.

Una larga enfermedad lo tuvo nueve años postrado, tiempo en el que se mantuvo unido a su obra a través de la oración.

En 1964, fue ordenado sacerdote schoenstattiano y comenzó su trabajo pastoral en la comuna de Quinta Normal, parroquia Nuestra Señora de los Dolores y San Vicente Palloti, donde sirvió a la comunidad de la zona de Carrascal y del santuario de Schoenstatt “Nuevo Belén”.

Para el sacerdote, las condiciones materiales y físicas eran fundamentales para el pleno desarrollo de las personas como hijos de Dios, por lo que organizó cooperativas habitacionales, comedores para niños y talleres de artesanía para mujeres, los que fueron exportados a Alemania.

Posteriormente, asumió como asesor de matrimonios en el Santuario de Schoenstatt de Bellavista de La Florida. Allí fundó en el año 1983 la Corporación María Ayuda, cuando recibió noticia de niñas que estaban en serio riesgo social alrededor de la Rotonda Quilín.

La crisis económica había obligado a muchos niños y niñas a salir a las calles, por lo que el Padre apeló a la generosidad de sus contactos y consiguió una casa donde se acogió a las primeras nueve niñas.

María Ayuda fue creciendo y actualmente cuenta con 20 programas sociales a lo largo del país, donde se acoge a 1.700 niños y niñas vulnerados en sus derechos.


El padre Alessandri también participaba como teólogo en el Vaticano y era consultado por los obispos chilenos, a través de la Conferencia Episcopal.

Participó activamente en la Conferencia Episcopal Latinoamericana como asesor, profesor y miembro del equipo de reflexión. Fue uno de los redactores del documento final de la Conferencia de Puebla (México, 1979).

A los 60 años comenzó un proceso de deterioro de su salud que lo fue desconectando paulatinamente del mundo que lo rodeaba, hasta terminar postrado en su lecho los últimos nueve años.

Sus funerales se realizarán el miércoles 19 a las 15.00 en la Iglesia del Espíritu Santo del Santuario de Schoenstatt Bellavista (La Concepción 7626, La Florida).

Vida y obra del P. Alessandri

Fuente: www.terra.cl - www.mariaayuda.cl

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Mensaje ¡de Pascua que pronunció Benedicto XVI a mediodía del Domingo de Resurrección desde el balcón de la fachada de la Basílica de San Pedro del Vaticano.


Ciudad
del Vaticano, 8 abril de 2007.

Hermanos y hermanas del mundo entero,
¡hombres y mujeres de buena voluntad!

¡Cristo ha resucitado! ¡Paz a vosotros! Se celebra hoy el gran misterio, fundamento de la fe y de la esperanza cristiana: Jesús de Nazaret, el Crucificado, ha resucitado de entre los muertos al tercer día, según las Escrituras. El anuncio dado por los ángeles, al alba del primer día después del sábado, a Maria la Magdalena y a las mujeres que fueron al sepulcro, lo escuchamos hoy con renovada emoción: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado!" (Lc 24, 5-6).

No es difícil imaginar cuales serían, en aquel momento, los sentimientos de estas mujeres: sentimientos de tristeza y desaliento por la muerte de su Señor, sentimientos de incredulidad y estupor ante un hecho demasiado sorprendente para ser verdadero. Sin embargo, la tumba estaba abierta y vacía: ya no estaba el cuerpo. Pedro y Juan, avisados por las mujeres, corrieron al sepulcro y verificaron que ellas tenían razón. La fe de los Apóstoles en Jesús, el Mesías esperado, había sufrido una dura prueba por el escándalo de la cruz. Durante su detención, condena y muerte se habían dispersado, y ahora se encontraban juntos, perplejos y desorientados. Pero el mismo Resucitado se hizo presente ante su sed incrédula de certezas. No fue un sueño, ni ilusión o imaginación subjetiva aquel encuentro; fue una experiencia verdadera, aunque inesperada y justo por esto particularmente conmovedora. "Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros»" (Jn 20, 19).

Ante aquellas palabras, se reavivó la fe casi apagada en sus ánimos. Los Apóstoles lo contaron a Tomás, ausente en aquel primer encuentro extraordinario: ¡Sí, el Señor ha cumplido cuanto había anunciado; ha resucitado realmente y nosotros lo hemos visto y tocado! Tomás, sin embargo, permaneció dudoso y perplejo. Cuando, ocho días después, Jesús vino por segunda vez al Cenáculo le dijo: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente!". La respuesta del apóstol es una conmovedora profesión de fe: "¡Señor mío y Dios mío!" (Jn 20, 27-28).

"¡Señor mío y Dios mío!". Renovemos también nosotros la profesión de fe de Tomás. Como felicitación pascual, este año, he elegido justamente sus palabras, porque la humanidad actual espera de los cristianos un testimonio renovado de la resurrección de Cristo; necesita encontrarlo y poder conocerlo como verdadero Dios y verdadero Hombre. Si en este Apóstol podemos encontrar las dudas y las incertidumbres de muchos cristianos de hoy, los miedos y las desilusiones de innumerables contemporáneos nuestros, con él podemos redescubrir también con renovada convicción la fe en Cristo muerto y resucitado por nosotros. Esta fe, transmitida a lo largo de los siglos por los sucesores de los Apóstoles, continúa, porque el Señor resucitado ya no muere más. Él vive en la Iglesia y la guía firmemente hacia el cumplimiento de su designio eterno de salvación.

Cada uno de nosotros puede ser tentado por la incredulidad de Tomás. El dolor, el mal, las injusticias, la muerte, especialmente cuando afectan a los inocentes –por ejemplo, los niños víctimas de la guerra y del terrorismo, de las enfermedades y del hambre–, ¿no someten quizás nuestra fe a dura prueba? No obstante, justo en estos casos, la incredulidad de Tomás nos resulta paradójicamente útil y preciosa, porque nos ayuda a purificar toda concepción falsa de Dios y nos lleva a descubrir su rostro auténtico: el rostro de un Dios que, en Cristo, ha cargado con las llagas de la humanidad herida. Tomás ha recibido del Señor y, a su vez, ha transmitido a la Iglesia el don de una fe probada por la pasión y muerte de Jesús, y confirmada por el encuentro con Él resucitado. Una fe que estaba casi muerta y ha renacido gracias al contacto con las llagas de Cristo, con las heridas que el Resucitado no ha escondido, sino que ha mostrado y sigue indicándonos en las penas y los sufrimientos de cada ser humano.

"Sus heridas os han curado" (1 P 2, 24), éste es el anuncio que Pedro dirigió a los primeros convertidos. Aquellas llagas, que en un primer momento fueron un obstáculo a la fe para Tomás, porque eran signos del aparente fracaso de Jesús; aquellas mismas llagas se han vuelto, en el encuentro con el Resucitado, pruebas de un amor victorioso. Estas llagas que Cristo ha contraído por nuestro amor nos ayudan a entender quién es Dios y a repetir también: "Señor mío y Dios mío". Sólo un Dios que nos ama hasta cargar con nuestras heridas y nuestro dolor, sobre todo el dolor inocente, es digno de fe.

¡Cuántas heridas, cuánto dolor en el mundo! No faltan calamidades naturales y tragedias humanas que provocan innumerables víctimas e ingentes daños materiales. Pienso en lo que ha ocurrido recientemente en Madagascar, en las Islas Salomón, en América latina y en otras Regiones del mundo. Pienso en el flagelo del hambre, en las enfermedades incurables, en el terrorismo y en los secuestros de personas, en los mil rostros de la violencia –a veces justificada en nombre de la religión–, en el desprecio de la vida y en la violación de los derechos humanos, en la explotación de la persona. Miro con aprensión las condiciones en que se encuentran tantas regiones de África: en el Darfur y en los Países cercanos se da una situación humanitaria catastrófica y por desgracia infravalorada; en Kinshasa, en la República Democrática del Congo, los choques y los saqueos de las pasadas semanas hacen temer por el futuro del proceso democrático congoleño y por la reconstrucción del País; en Somalia la reanudación de los combates aleja la perspectiva de la paz y agrava la crisis regional, especialmente por lo que concierne a los desplazamientos de la población y al tráfico de armas; una grave crisis atenaza a Zimbabwe, para la cual los Obispos del País, en un reciente documento, han indicado como única vía de superación la oración y el compromiso compartido por el bien común.

Necesitan reconciliación y paz: la población de Timor Este, que se prepara a vivir importantes convocatorias electorales; Sri Lanka, donde sólo una solución negociada pondrá punto final al drama del conflicto que lo ensangrienta; Afganistán, marcado por una creciente inquietud e inestabilidad. En Medio Oriente –junto con señales de esperanza en el diálogo entre Israel y la Autoridad palestina–, por desgracia nada positivo viene de Irak, ensangrentado por continuas matanzas, mientras huyen las poblaciones civiles; en el Líbano el estancamiento de las instituciones políticas pone en peligro el papel que el País está llamado a desempeñar en el área de Medio Oriente e hipoteca gravemente su futuro. No puedo olvidar, por fin, las dificultades que las comunidades cristianas afrontan cotidianamente y el éxodo de los cristianos de aquella Tierra bendita que es la cuna de nuestra fe. A aquellas poblaciones renuevo con afecto mi cercanía espiritual.

Queridos hermanos y hermanas: a través de las llagas de Cristo resucitado podemos ver con ojos de esperanza estos males que afligen a la humanidad. En efecto, resucitando, el Señor no ha quitado el sufrimiento y el mal del mundo, pero los ha vencido en la raíz con la superabundancia de su gracia. A la prepotencia del Mal ha opuesto la omnipotencia de su Amor. Como vía para la paz y la alegría nos ha dejado el Amor que no teme a la Muerte. "Que os améis unos a otros –dijo a los Apóstoles antes de morir– como yo os he amado" (Jn 13, 34).

¡Hermanos y hermanas en la fe, que me escucháis desde todas partes de la tierra! Cristo resucitado está vivo entre nosotros, Él es la esperanza de un futuro mejor. Mientras decimos con Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!", resuena en nuestro corazón la palabra dulce pero comprometedora del Señor: "El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará" (Jn 12, 26). Y también nosotros, unidos a Él, dispuestos a dar la vida por nuestros hermanos (cf. 1 Jn 3, 16, nos convertimos en apóstoles de paz, mensajeros de una alegría que no teme el dolor, la alegría de la Resurrección. Que María, Madre de Cristo resucitado, nos obtenga este don pascual. ¡Feliz Pascua a todos!
del Domingo de Resurrección desde el balcón de
la fachada de la Basílica de San Pedro del Vaticano.


Misa por la Vida

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Con la tradicional Misa por la Vida, el domingo 3 de diciembre, a las 12:00 horas, en la Catedral Metropolitana, la Iglesia de Santiago da inicio al tiempo de Adviento, de preparación a la Navidad.

La Misa por la Vida será presidida por Monseñor Fernando Chomali, Obispo Auxiliar de Santiago, y durante ella se dará una bendición especial a todos aquellas mujeres que se encuentran embarazadas. “En la Misa por la Vida que, esperamos sea replicada en todas las parroquias y templos de la Arquidiócesis de Santiago, esperamos dar un claro signo que quien desee ser discípulo de Jesucristo, siempre debe respetar la vida, desde la concepción y hasta la muerte natural, por ser un don del Padre”, señala el padre Marcos Burzawa, Vicario Episcopal para la Familia, en la carta invitación a la Misa por la Vida.

Respecto al signo de dar una bendición especial a futuras mamás, el Padre Burzawa destaca que ellas “son el símbolo de la vida que nos alegra y enriquece”.

Marcha ciudadana Vida y Familia

Por otra parte, un grupo de laicos ha organizado para el sábado 16 de diciembre una Marcha ciudadana por la Vida y la Familia, la que se iniciará a las 10:00 horas desde el Museo de Bellas Artes para culminar con un Encuentro Familiar en el Parque Bustamante.

Fuente: DOP Santiago

 

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