Novedades en la categoría Iglesia

A raíz del descubrimiento y publicación del papiro del siglo IV que contiene el que se ha dado en denominar "el evangelio prohibido de Judas", se ha extendido la idea de que existe en la Iglesia católica una gran inquietud y preocupación, pues dicho documento echaría por tierra todo lo que hasta ahora se ha dicho sobre Jesús.

Ello es totalmente falso. El llamado "evangelio de Judas" no implica cambio alguno, puesto que la doctrina contenida en él no supone ninguna novedad, ni tal documento aporta nada en la investigación del Jesús histórico.

Desde el siglo II se sabe que existía un evangelio de Judas, pues al mismo se refirió Ireneo de Lyon en su obra "Contra los herejes". El evangelio de Judas había sido escrito por los gnósticos, pertenecientes a la secta de los cainitas. Los gnósticos constituían una corriente de pensamiento que asumía elementos del judaísmo, del cristianismo, de la religión de Irán y de la filosofía griega. Para ellos, el alma era una chispa de la divinidad, mientras que todo lo material era considerado malo, proveniente de otro creador, que también era malo. La perfección consistía en liberarse del cuerpo humano, para que el alma pudiera volver a fundirse en la divinidad. De ahí todo el desprecio a lo material y a lo humano en particular. Así lo ha explicado el teólogo argentino Luís Rivas.

Dentro de esta corriente de pensamiento es lógico que Judas aparezca como un héroe, porque es la persona que ayuda a Jesús a liberarse de su humanidad. Los gnósticos estuvieron en polémica con los Padres de la Iglesia, y para justificar sus doctrinas crearon una serie de evangelios atribuidos a personajes importantes que hubieran estado en contacto con Jesús y que hubieran recibido enseñanzas y revelaciones que los otros no tenían, y que por lo tanto no aparecían en los cuatro evangelios que la Iglesia tenía desde comienzos del siglo II.

Por otra parte, el citado teólogo ha señalado que "en el siglo III fueron escritos varios evangelios, como el de Tomás, el de Felipe, el de María Magdalena, el de Judas. Sin embargo, es un escrito importante, si es que se prueba que realmente pertenece al siglo III y que no es ninguna falsificación, porque muestra cómo pensaba un grupo sectario de esa época".

Fuente: Espejo del Evangelio

¿El evangelio de Judas?

Cada tanto se hacen anuncios espectaculares sobre supuestos hallazgos de manuscritos, presuntamente ocultados por la Iglesia, que cambian la historia del cristianismo. Por estos días, una señal internacional de cable promociona un documental sobre un "Evangelio de Judas" con slogans como "el Evangelio prohibido" y "la religión prohibida".

El biblista Luis Rivas explica que en el siglo III "apareció una secta que integraba varias doctrinas ajenas al cristianismo que despreciaban lo material y humano. Los que pertenecían a ese grupo tenían un ''Evangelio de Judas'' y celebraban a Judas porque, con su traición, había contribuido a destruir al Jesús--hombre".

Añade que "la secta fue rechazada por el cristianismo y el libro se perdió y cayó en el olvido. En tiempos recientes, se difundió la noticia de que aquel Evangelio había sido hallado y estaba en proceso de traducción. Ello no significa ninguna rehabilitación de Judas porque la obra no tiene nada que ver con su figura histórica ni con los documentos. No era un ''Evangelio de la Iglesia'' ni estaba ''prohibido'', sino ''perdido''".

Fuente: El Clarín

Evangelio de Judas

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Jesús Ginés Ortega
Universidad Santo Tomás

¡Gran noticia gran! El evangelio de Judas acaba de ser descubierto por una revista internacional, cuya especialidad es la geografía. La verdad es que el referido acontecimiento solo tiene que ver con algunos papiros antiguos en copto que dicen exactamente lo mismo que decían otras versiones también antiguas, pero un poco menos. Parece que el descubrimiento es nada más que eso, pero dada la supina ignorancia de una buena cantidad de lectores de noticias, este hallazgo pareciera ser espeluznante para el cristianismo. Ciertamente que para historiadores y estudiosos de la antigüedad greco-romana y cristiana, el tema en cuestión es absolutamente irrelevante. Pero no hay duda que la noticia, dada a conocer en los dias previos a la Semana Santa, puede que tenga algún sentido de escándalo periodístico al que ya nos tienen acostumbrados algunos cazadores de sensaciones fuertes.

Para dejar las cosas en su sitio, baste decir que el tal evangelio es más conocido que Carlomagno o Felipe II entre los estudiosos bíblicos, que tienen catalogado el tal texto entre los muchos escritos gnósticos de finales del siglo II y hasta el IV de la era cristiana en que los seguidores de esta secta entregaron a sus ávidos lectores una especie de colección a lo Dan Brown de nuestros dias que, si bien no les producía mucho dinero, sí les producía escándalo y por cierto, daño a los cristianos comunes y corrientes. Es lo que se ha hecho siempre con los grandes hombres y las grandes ideass. Combatirlas desde la cuneta.

Al igual que el "evangelio de Judas" que pretende dar una versión benévola sobre el amigo que traicionó al mejor amigo y luego se colgó de un arbol, desesperado por su acto poco noble, los seguidores de la secta gnóstica también se habían ocupado de redimir de su pecado a Caín por la muerte de Abel y a otras figuras cargadas de mala fama por algunas fechorías, que las fuentes bíblicas nos han transmitido a lo largo del tiempo.

Nada nuevo bajo el sol."El evangelio de Judas", que aparecerá estos dias como gran titular de la prensa de las sensaciones, es un desentierro hecho por personas que a toda costa quieren sembrar la duda en muchos miles de fieles seguidores del cristianismo, llamando a rebato por un hallazgo que no es otra cosa que la reposición de una película vieja ya vista. Otro tanto podrían hacer con los muchos evangelios apócrifos que la Iglesia desestimó a lo largo del tiempo y que pueden encontrarse, sin que nadie les haya vetado su reimpresión, en cualquier librería de viejo o incluso en elegantes ediciones de bibliófilos que las reproducen hasta con los contornos de los antiguos códices.

Dado el carácter de incoherencia generalizada, que podemos advertir en una gran porción de los seguidores de Cristo en el mundo actual, incluyendo a los de casa, nada extrañará que escuchemos a nuestros orientadores faranduleros, poniendo el grito en el cielo ante tamaño "descubrimiento". Es un elemento más para echar a la hoguera del desprestigio generalizado al que ya nos tienen acostumbrados.

¿Hasta cuándo va a durar la embestida de tantos ignorantes revestidos de una leve capa de apariencia científica, contra una Iglesia que, acostumbrada a sufrir ofensas, tiene que verse asediada por tanta ignorancia, conducida por algunos falsificadores de la historia y de la fe religiosa?

El tema en cuestión, del evangelio de Judas, ya fue puesto en solfa a través de la ópera rokc "Jesucristo superstar", donde la letra de la canción recogía esto mismo que hoy se nos presenta como un hallazgo sensacional, que Judas fue llevado a entregar a Jesús impulsado por el mismo espíritu divino.

No vale la pena perder más tiempo con este "nuevo evangelio". De nuevo, nada.

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El hombre que de labios de Jesús fue considerado como un desdichado al que le hubiera sido mejor no haber nacido, los mismos autores de novelones de ciencia ficción con fondo religioso

Acción de Gracias por S.S. El Papa Juan Pablo II

Misa_03_de_abril_por_JP_II_7.JPGMientras los apóstoles permanecían con las puertas cerradas, por miedo a los que habían dado muerte a su Maestro Y Señor, entró Jesús y se puso en medio de ellos, deseándoles la paz.

Así llegó el Santo Padre Juan Pablo II a nuestro país, trayéndonos la presencia de Cristo. También nuestras puertas estaban cerradas. Y cerradas estaban las puertas de la fraternidad en un mundo marcado por la guerra fría, como también cerradas las ventanas de la libertad y de la trascendencia en innumerables países oprimidos por ideologías ateas, como también las puertas de la esperanza en países olvidados, sumidos en la pobreza, la enfermedad y el hambre. Nosotros lo recibimos, con la alegría de acogerlo como “mensajero de la vida y peregrino de la paz”. Una canción de bienvenida que nunca olvidó, porque el acogimiento que le dio Chile, le recordaba el cariño con que lo recibía en cada visita su propia patria.

Mientras daba sus últimos pasos de peregrino, lleno de esperanza, hacia la patria de la vida y de la paz, todos nosotros lo acompañábamos con mucha gratitud e indecible dolor. Y día a día hemos estado junto a él. Sufríamos con él, pero nuestras lágrimas no eran sólo el desahogo de un profundo dolor; también eran expresión del recuerdo emocionado, ya que confluía su paso a la Patria eterna, con su paso por Chile. En efecto, día a día seguíamos también sus huellas por nuestra patria. No podíamos olvidar que hace 18 años, precisamente un primero de abril, pisó nuestra tierra y también la besó, poniendo de manifiesto su aprecio por nuestra historia y por los anhelos de paz, de libertad y de vida que latían entre nosotros, conforme a nuestra dignidad de hijos de Dios.

Hace 18 años, a estas horas, todavía vibraban sus palabras a los jóvenes en el Estadio Nacional, que habían acogido su mensaje vigoroso que los invitaba a levantarse, a resucitar, y a mirar el rostro de Cristo. Y ese tres de abril, peregrinó al Santuario de la Virgen del Carmen en Maipú, tierra de encuentro y de misericordia, para alentar en las religiosas su vida contemplativa y de servicio, impulsada por el amor y la audacia del Evangelio. Después de coronar la imagen de la Sma. Virgen, reconociendo el poder de su bondad, junto al Señor Jesús, Rey de Universo, les habló a los campesinos de la zona central. Y desde allí acudió al Hogar de Cristo, a visitar a los enfermos. Junto con pedirles que fueran en su debilidad y con su oración una fuente de fuerza para la Iglesia y para la humanidad, le rogó a Dios que siguiera suscitando apóstoles de la talla del P. Alberto Hurtado. Poco después ingresaba a la Universidad Católica, para animar las aportaciones del mundo de la cultura y de los constructores de la sociedad. A ellos les pidió ensanchar y consolidar una cultura de solidaridad, como asimismo profundizar nuestra identidad cultural, proyectándola hacia el futuro. Y ese mismo día pronunció su célebre discurso en la Sede de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, urgiendo a los economistas a descubrir en las cifras del subdesarrollo el rostro viviente y doloroso de cada persona, porque es “el hombre, todo el hombre, cada hombre en su ser único e irrepetible, creado y redimido por Dios, el que se asoma … tras la generalidad de las estadísticas”. A ellos los urgía, diciéndoles: “¡los pobres no pueden esperar!”. Ese mismo día, entregó su mensaje a los diplomáticos, se reunió con la comunidad polaca, y invitó a un grupo de políticos, de muy variadas tendencias, a la colaboración y el diálogo en aras del bien común, rechazando toda violencia. Y como si lo anterior fuera poco ese mismo 3 de abril, que recordamos como una bendición de Dios para nuestra patria, celebró en el parque O´Higgins la Eucaristía de la Reconciliación, en la que experimentamos al mismo tiempo la cercanía del cielo, cuando Jesucristo actualizaba su alianza de paz, y el Papa beatificaba a nuestra primera santa, Teresita de los Andes, como también experimentamos la fuerza del mal. Pero esa misa y la convivencia entre nosotros no quedó marcada por la violencia, sino por su grito de esperanza en medio del desconcierto: ¡el amor es más fuerte!

Sus palabras constituyeron un mensaje potente, lleno de verdad y de vida. Era un mensaje liberador, que despertaba nuestra esperanza. Ese día 3 de abril nos alentó a ser artesanos de la paz, de la democracia y de la reconciliación, y a trabajar por la solidaridad, a partir de los valores de nuestra cultura, que había acogido el mensaje del Evangelio. Nos propuso contemplar el rostro de Jesús, y servir a los más pobres y marginados, que no pueden esperar. Nos invitó a hacer fructificar nuestra cultura ante los nuevos desafíos. Y puso ante nuestros ojos la fidelidad y la maternidad de la Virgen del Carmen, la alegría y la familiaridad con Cristo de Teresita, como también la figura del P. Hurtado, a quien llamó hijo preclaro de la Iglesia y de Chile.

Pero la emoción y la gratitud que late entre nosotros no se explica tan sólo por sus palabras, por sus mensajes. Había algo más profundo en él, que tocaba lo más hondo de nuestro ser, que nos llena de emoción y de gratitud, y que nos ha hecho orar y llorar por su partida.

Es cierto, era un gran comunicador. Pero no un vendedor de proyectos e ilusiones. Con mucha sinceridad y cercanía, nos hablaba al corazón, despertaba nuestra esperanza, nos hacía creer en Chile, y en nuestra propia vocación al amor y al servicio. Jesucristo, cuando nos habló en parábolas, nos dijo que el Buen Pastor llama a las suyas por su nombre. Las llama desde su vocación más profunda, que siempre es una vocación a la verdad, a la paz, a la bondad y al amor, que siempre es vocación a la amistad con Dios y con los hermanos, a la reconciliación y el perdón, a la plenitud y la felicidad, que es siempre vocación de cielo. Lo repetía Juan Pablo II incansablemente y así lo sentíamos en sus palabras y en el trato que nos daba: quería para nosotros una vida conforme a nuestra dignidad de hijos de Dios. Y por eso ponía todo de su parte para que saliéramos de la miseria, de la enemistad, de las guerras, de la opresión, de la esclavitud de poner nuestras aspiraciones sólo en los bienes materiales, olvidando los bienes de arriba, los que Cristo nos conquistó al amarnos hasta el extremo de dar su vida por nosotros, y de convertirnos en sus amigos, para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. En él, en su preocupación por todo lo nuestro, tuvimos una experiencia extraordinaria: el Evangelio es una vida llena de alegría – se nos relata que uno de los últimos mensajes suyos antes de morir, fue decir a sus colaboradores más cercanos: “soy feliz, sedlo también vosotros” -, el Evangelio es una vida llena de amor, de generosidad, de contemplación y de servicio a los hermanos, encontrando en todos ellos, particularmente en los niños, los pobres y los afligidos, el rostro de Jesús.

Pero hay también otra experiencia que nos conmovió. Fue él mismo. Pasó entre nosotros como un hombre de Dios. Nos cautivó la integridad de su vida, la alegría de su rostro, la profundidad de su oración, la cordialidad de sus gestos, la esperanza de sus palabras, la ternura de su cariño, la fuerza de su voz, cada vez que nos mostraba el camino y nos pedía dejar los caminos que no conducen ni a la vida ni al bien, también la convicción de su apoyo a los Obispos, como evangelizadores de esperanza y reconciliación. Admiramos su donación permanente, su respeto a todos, su amistad con Jesucristo, su admiración por los santos, su cercanía a innumerables líderes religiosos, buscando la unidad y la paz, su capacidad de diálogo con quienes disentía, su valentía ante los poderosos, su preocupación por los más débiles, por las vidas indefensas antes del nacimiento, por los encarcelados, por los condenados a muerte, para salvar sus vidas. Nos maravilló su amor a la verdad, la que salía de su mente y de su corazón como un agua refrescante, también cuando denunciaba males y proponía caminos de comunión y de santidad.

A los discípulos de Cristo en Antioquia, porque lo reflejaban a él, comenzaron a llamarlos “cristianos”. Por eso se decían entre ellos: “viste al hermano, viste a Cristo”. Con mucha razón, gente de nuestro pueblo, al ser entrevistada en estos días, confidenciaba: “Al verlo a él, me encontré con Cristo, tuvo la experiencia de Cristo, recorriendo los caminos de nuestra patria. Pasaba entre nosotros, como se dice de Jesús, sólo haciendo el bien”.

“Hemos visto al Señor”. Con estas palabras, los apóstoles que estaban en la sala cuando Jesús entró estando las puertas cerradas, trataron de convencer a Tomás para que creyera. Pero era demasiado grande su pena y su desconfianza. No lograba creer en la resurrección de Cristo. No lograba resucitar su esperanza. Él necesitaba, personalmente, un encuentro con Jesús. El Señor, que es misericordioso, llegó hasta él, y entró en las puertas cerradas por su falta de fe, su nostalgia y su desconfianza. Entró, deseando la paz. Y le presentó a Tomás, personalmente, los signos de su pasión. Ahí estaban las huellas de los clavos en sus manos, y de la lanza en su costado. Pero las llagas ya no sangraban. Estaban transfiguradas. Y esta señal de la resurrección de Cristo se da también en nuestro dolor. Las llagas pueden estar traspasadas por el amor, por la confianza en el Padre y por el amor a los hermanos; pueden tener algo de la transparencia y la intimidad con Jesús. Fue su último mensaje. Quiso el Papa ser discípulo de Jesús, llevando su propia cruz hasta el final. Ni el domingo ni el miércoles pudo hablarnos con palabras, pero nos habló con la elocuencia de quien alienta con su testimonio, con su paso a la contemplación del rostro de Cristo, como familiar de Dios, llevando la cruz del Señor. Nos ha confiado la sabiduría de asumir la nuestra – el dolor de la enfermedad, la incomunicación y la ancianidad - como cruz que purifica y nos acerca a nuestro Señor. Su última palabra la pronunció con la elocuencia del amor, del sufrimiento y de la esperanza.

Concluyamos nuestra acción de gracias. Dios nos ha visitado en la persona de un padre, un pastor, un profeta, un sacerdote, un maestro, un hermano y un amigo; amigo nuestro y amigo de Jesús. Aprendió a amarlo, desde el corazón de la Sma. Virgen. Todo tuyo le decía cada vez que daba un nuevo paso en su vida; se lo decía cada día.

En este domingo, fiesta de la Misericordia de Dios, cuando nuestros cuasimodistas acompañan al Señor de la misericordia para que sea acogido por los enfermos, al término de su cabalgata hacia la gloria, así lo esperamos, el cielo espera y acoge con inmensa alegría a nuestro Papa Juan Pablo II.

Y nosotros, desde esta plaza, que nos recuerda la historia de nuestra república, y en la cual se cruzan los caminos de la patria, lo despedimos con inmensa gratitud. Nuestro corazón nos dice emocionado que ha partido, pero que no podremos olvidarlo. Ha escrito páginas decisivas de nuestra historia, porque su amor fue más fuerte. Páginas, que queremos seguir escribiendo con él y con su Señor y nuestro Señor, porque también en nuestra vida, en camino al Bicentenario, el amor quiere ser más fuerte.

Amén.

† Francisco Javier Errázuriz Ossa
Cardenal Arzobispo de Santiago

sagrario_int1.jpgNOVENA
VIRGEN DEL CARMEN

8 al 16 de Julio de 2004.

Intención: Pedir al Señor que esta nueva sede de la Imagen de Nuestra Señora del Carmen coronada Reina y Madre de Chile en la Parroquia El Sagrario, sea un santuario del cual broten abundantes gracias y bendiciones para Chile, para Santiago, y para la Arquidiócesis.

Jueves 8: : Consagración de los niños y Jóvenes a Nuestra Señora del Carmen.

10:30 hrs. Rosario en la Catedral.
11ºº hrs. Eucaristía. Preside Pbro. Galo Fernández, Vicario episcopal para la Esperanza Joven.
Especialmente invitados los estudiantes de colegios de Santiago.

Viernes 9: Consagración del nuevo Altar de la Parroquia El Sagrario.
11ºº hrs. Rosario parroquia El Sagrario.
11:30 hrs. Eucaristía. Preside Monseñor Francisco Javier Errázuriz O., Cardenal Arzobispo de Santiago.
Especialmente invitados todos los sacerdotes de la Arquidiócesis.

Sábado 10: Oración por las vocaciones y los que se forman al sacerdocio.
10:30 hrs. Rosario en la Catedral.
11ºº Eucaristía. Preside P. Rodrigo Polanco F. Rector del Seminario Pontificio Mayor.
Especialmente invitados los seminaristas y Novicios.

Domingo 11: Oración y Alabanza por la Vida Religiosa.
11:30 hrs. Rosario en la Catedral.
12ºº hrs. Eucaristía que preside Monseñor Ricardo Ezzati, Obispo Auxiliar de Santiago.
Especialmente invitada las religiosas y religiosos de Santiago.

Lunes 12: Honores a la Patrona de las Fuerzas Armadas.
10:30 hrs. Rosario en la Catedral.
11ºº hrs. Eucaristía que preside P. Jaime Casals, Capellán Castrense.
Especialmente invitados los miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden.

Martes 13: Junto con Santa Teresa oramos a Nuestra Señora del Carmen por las familias.
10:30 hrs.: Rosario en la Catedral.
11ºº Eucaristía que preside P. Jaime Fernández M., Vicario episcopal para la familia.
Especialmente invitadas las familias y quienes trabajan con ellas.

Miércoles 14: Pedimos a Ntra. Señora del Carmen una nueva cultura basada en el Evangelio.
10:30 hrs. Rosario en la Catedral.
11ºº hrs. Eucaristía que preside Monseñor Andrés Arteaga, Obispo Auxiliar de Santiago.
Especialmente invitados académicos, universitarios, y Área del Laicado.

Jueves 15: Santiago y su folclor saludan a Nuestra Señora del Carmen.
10:30 hrs. Rosario en la Catedral.
11ºº: Eucaristía que preside Monseñor Cristián Contreras, Obispo Auxiliar de Santiago.
Especialmente invitadas las comunidades de base, cuasimodistas, folcloristas, etc.

Finalizada la Santa Misa, habrá fiesta y canto a Nuestra Señora del Carmen y la acompañaremos a su nueva casa en El Sagrario.

Viernes 16: ENTRONIZACIÓN DE LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN EN LA IGLESIA PARROQUIAL DE EL SAGRARIO.
10:30 hrs. Rosario en El Sagrario.
11ºº Eucaristía de entronización. Preside Monseñor Francisco Javier Errázuriz O., Cardenal Arzobispo de Santiago.

Invitamos a todos los fieles que a partir del 16 de Julio, visiten a Nuestra señora en su nueva casa, que será su Santuario en Plaza de Armas. Ella nos espera.

Parar leer la Homilía de Entrnonización de la Virgen del Carmen en la Iglesia Parroquial del Sagrario del P. Joaquín Allinde Luco pincha aquí

(extraido de la Audiencia Papal del 24 de Diembre de 1999)

1. Entre los desafíos del actual momento histórico los impulso a reflexionar como he señalado, en la carta apostólica Tertio millennio adveniente, el que atañe al respeto de los derechos de la mujer (cf. n. 51). Hoy deseo recordar algunos aspectos de la problemática relativa a la mujer, a los que, por lo demás, ya me he referido en otras ocasiones.

mujersonrisa.jpgSobre el tema de la promoción de la mujer arroja mucha luz la sagrada Escritura, indicando el proyecto de Dios sobre el hombre y la mujer en los dos relatos de la creación.

En el primero se afirma: "Creó Dios al ser humano a imagen suya; a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó" (Gn 1, 27). Esa afirmación es la base de la antropología cristiana, pues señala el fundamento de la dignidad del hombre en cuanto persona en su ser creado "a imagen" de Dios. Al mismo tiempo, el texto dice con claridad que ni el hombre ni la mujer separadamente son imagen del Creador, sino el hombre y la mujer en su reciprocidad. Representan en igual medida la obra maestra de Dios.

En el segundo relato de la creación, a través del simbolismo de la creación de la mujer a partir de la costilla del hombre, la Escritura pone de relieve que la humanidad realmente no está completa hasta que es creada la mujer (cf. Gn 2, 18-24). Ésta recibe un nombre que, por la asonancia verbal en la lengua hebrea, expresa relación con el hombre (is/issah). "Creados a la vez, el hombre y la mujer son queridos por Dios el uno para el otro" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 371). El hecho de que la mujer sea presentada como una "ayuda adecuada a él" (Gn 2, 18) no ha de interpretarse en el sentido de que la mujer sea sierva del hombre, pues "ayuda" no equivale a "siervo"; el salmista dice a Dios: "Tú eres mi ayuda" (Sal 70, 6; cf. 115, 9. 10. 11; 118, 7; 146, 5). Esa expresión quiere decir, más bien, que la mujer es capaz de colaborar con el hombre porque es su correspondencia perfecta. La mujer es otro tipo de "yo" en la humanidad común, constituida en perfecta igualdad de dignidad por el varón y la mujer.

2. Conviene alegrarse de que la profundización de "lo femenino" haya contribuido, en la cultura contemporánea, a replantear el tema de la persona humana en función del recíproco "ser el uno para el otro" en la comunión interpersonal. Hoy concebir a la persona en su dimensión oblativa se está convirtiendo en un logro de principio. Por desgracia, a veces eso no se refleja en la práctica. Por tanto, entre las numerosas agresiones contra la dignidad humana, es preciso condenar con vigor la violación generalizada de la dignidad de la mujer, que se manifiesta con la explotación de su persona y de su cuerpo. Es necesario luchar enérgicamente contra cualquier práctica que ofenda a la mujer en su libertad y en su femineidad: el así llamado "turismo sexual", la compraventa de muchachas, la esterilización masiva y, en general, toda forma de violencia hacia el otro sexo.

mujerejecutiva.jpgUna actitud muy diversa exige la ley moral, que predica la dignidad de la mujer como persona creada a imagen de un Dios-comunión. Hoy resulta más necesario que nunca volver a proponer la antropología bíblica sobre el carácter relacional, que ayuda a comprender de modo auténtico la identidad de la persona humana en su relación con las demás personas y, en particular, entre hombre y mujer. En la persona humana, considerada en su aspecto "relacional", se descubre una huella del misterio mismo de Dios, revelado en Cristo como unidad sustancial en la comunión de tres divinas personas. A la luz de este misterio se entiende bien la afirmación de la Gaudium et spes según la cual la persona humana, que "es la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma, no puede encontrarse plenamente a sí misma sino en la entrega sincera de sí misma" (n. 24). La diferencia entre hombre y mujer recuerda la exigencia de la comunión interpersonal, y la meditación en la dignidad y vocación de la mujer corrobora la concepción del ser humano como comunión (cf. Mulieris dignitatem, 7).

3. Precisamente esta índole de comunión que lo femenino evoca con vigor permite replantear la paternidad de Dios, evitando las representaciones de tipo patriarcal tan rechazadas, no sin motivo, en algunas corrientes de la literatura contemporánea. En efecto, se trata de captar el rostro del Padre dentro del misterio de Dios en cuanto Trinidad, es decir, perfecta unidad en la distinción. La figura del Padre se ha de replantear en su vínculo con el Hijo, el cual desde la eternidad está dirigido hacia él (cf. Jn 1, 1) en la comunión del Espíritu Santo. Es preciso subrayar también que el Hijo de Dios se hizo hombre en la plenitud de los tiempos y nació de la Virgen María (cf. Ga 4, 4) y eso proyecta luz también sobre lo femenino, mostrando en María el modelo de mujer que Dios quiere. En ella y mediante ella aconteció lo más grande que ha sucedido en la historia de los hombres. La paternidad de Dios Padre no sólo está relacionada con Dios Hijo en el misterio eterno, sino también con su encarnación realizada en el seno de una mujer. Si Dios Padre que "engendra" al Hijo desde la eternidad, para "engendrarlo" en el mundo valoró a una mujer, María, haciéndola así "Theotókos", Madre de Dios, eso tiene significado para captar la dignidad de la mujer en el proyecto divino.

4. Así pues, el anuncio evangélico de la paternidad de Dios, lejos de constituir una limitación para la dignidad y el papel de la mujer, es una garantía de lo que lo "femenino" simboliza humanamente, es decir: acoger, cuidar del ser humano y engendrar la vida. En efecto, todo ello está arraigado de modo trascendente en el misterio de la eterna "generación" divina. Desde luego, la paternidad de Dios es totalmente espiritual. Sin embargo expresa aquella eterna reciprocidad e índole relacional propiamente trinitaria que está en el origen de toda paternidad y maternidad y que funda la riqueza común de lo masculino y lo femenino.

Por consiguiente, la reflexión sobre el papel y la misión de la mujer encaja muy bien en este año dedicado al Padre, impulsándonos a un compromiso aún más intenso para que a la mujer se le reconozca todo el espacio que le corresponde en la Iglesia y en la sociedad.

Homilía del Papa Juan Pablo II en la Misa de Beatificación de la Madre Teresa de Calcuta VATICANO, 19 Oct. 03 (ACI).-

teresadecalcuta6.jpg1. "El que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos" (Mc 10, 44). Estas palabras de Jesús a los discípulos, que acaban de resonar en esta Plaza, indican cuál es el camino que conduce a la grandeza evangélica. Es el camino que Cristo mismo recorrió hasta la Cruz; un itinerario de amor y de servicio que va contra toda lógica humana. ¡Ser el siervo de todos!

Por esta lógica se dejó guiar la Madre Teresa de Calcuta, Fundadora de los Misioneros y las Misioneras de la Caridad, que hoy tengo la alegría de inscribir en el Catálogo de los Beatos. Estoy personalmente agradecido a esta valerosa mujer, a quien siempre he sentido cerca de mí. Imagen del Buen Samaritano, se acercaba a cualquier lugar para servir a Cristo en los más pobres entre los pobres. Ni los conflictos ni las guerras lograban detenerla.

De vez en cuando venía a hablarme de sus experiencias en el servicio de los valores evangélicos. Recuerdo, por ejemplo, cuando dijo al recibir el premio Nobel de la Paz: "Si oís que alguna mujer no quiere tener a su hijo y desea abortar, intentad convencerla para que me traiga a ese niño. Yo lo amaré, viendo en él el signo del amor de Dios" (Oslo, 10 de diciembre de 1979).

teresadecalcuta1.jpg2. ¿No es significativo que su beatificación tenga lugar precisamente en el día en que la Iglesia celebra la Jornada Misionera Mundial? Con el testimonio de su vida, la Madre Teresa recuerda a todos que la misión evangelizadora de la Iglesia pasa a través de la caridad, alimentada en la oración y en la escucha de la palabra de Dios. Emblemática de este estilo misionero es la imagen que refleja a la nueva Beata mientras sostiene, con una mano, la de un niño y, con la otra, recorre la corona del Rosario.

Contemplación y acción, evangelización y promoción humana: la Madre Teresa proclama el Evangelio con su vida entregada por entero a los pobres, pero, al mismo tiempo, envuelta en la oración.

3. "Quien quiera ser grande entre vosotros debe ser vuestro servidor" (Mc 10, 43). Con particular emoción recordamos hoy a la Madre Teresa, una gran servidora de los pobres, de la Iglesia y del mundo entero. Su vida es un testimonio de la dignidad y del privilegio del servicio humilde. Eligió ser no sólo la última, sino la sierva de los últimos. Como una verdadera madre de los pobres, se inclinó a los que sufrían diferentes formas de pobreza. Su grandeza reside en su capacidad de dar sin importar el coste, dar "hasta que duela". Su vida fue una vida radical y una valiente proclamación del Evangelio.

El grito de Jesús en la cruz, "Tengo sed" (Jn 19, 28),bu expresando la profundidad del deseo de Dios por el hombre, penetró el alma de la Madre Teresa y halló tierra fértil en su corazón. Saciar la sed de amor y de almas de Jesús, en unión con María, la Madre de Jesús: esto se convirtió en el objetivo de la existencia de la Madre Teresa y en la fuerza que la sacó de sí misma y la llevó a recorrer el mundo para trabajar por la salvación y la santificación de los más pobres entre los pobres.

4. "Cuanto hicisteis a uno de esos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 49). Este pasaje del Evangelio, crucial para comprender el servicio de la Madre Teresa a los pobres, era la base de su convicción llena de fe de que al tocar los cuerpos rotos de los pobres estaba tocando el cuerpo de Cristo. Era al propio Jesús, oculto bajo la dolorosa apariencia de los más pobres entre los pobres, a quien se dirigía su servicio. La Madre Teresa pone de relieve el significado más profundo del servicio: un acto de amor hecho al que tiene hambre, sed, al extranjero, al que está desnudo, al enfermo, al prisionero (Cf. Mt 25, 34-36) se hace al propio Jesús.

Reconociéndole a Él, ella se consagró con toda devoción, expresando la delicadeza de su amor esponsal. De esta forma, en total donación de sí misma a Dios y al prójimo, la Madre Teresa halló su gran realización y vivió las más nobles cualidades de su feminidad. Quiso ser un signo "del amor de Dios, de la presencia de Dios, de la compasión de Dios" y así recordó a todos el valor y la dignidad de cada hijo de Dios, "creado para amar y ser amado". Así hizo la Madre Teresa, "llevando las almas a Dios y Dios a las almas" y saciando la sed de Cristo, especialmente en aquellos más necesitados, aquellos cuya visión de Dios había quedado oscurecida por el sufrimiento y el dolor.

5. "El Hijo del hombre ha venido para dar su propia vida en rescate de muchos" (Mc 10, 45). La Madre Teresa participó en la pasión del Crucificado, de forma especial durante largos años de "oscuridad interior". Fue aquella una prueba a veces muy dolorosa, acogida como un singular "don y privilegio".

En las horas más oscuras se aferraba con mayor tenacidad a la oración ante el Santísimo Sacramento. Este duro trabajo espiritual la llevó a identificarse cada vez más con quienes servía a diario, experimentando la tristeza y hasta el rechazo. Amaba repetir que la mayor pobreza es no ser deseado, no tener a nadie que se ocupe de uno.

6. "¡Danos, Señor, tu gracia, y en Ti esperamos!". Cuántas veces, como el Salmista, también la Madre Teresa en los momentos de desolación interior repitió a su Señor: "¡En Ti, en Ti espero, Dios mío!".

Nuestra admiración a esta pequeña mujer enamorada de Dios, humilde mensajera del Evangelio e infatigable bienhechora de la humanidad. Honremos en ella a una de las personalidades más relevantes de nuestra época. Acojamos su mensaje y sigamos su ejemplo.

Virgen María, Reina de todos los Santos, ayúdanos a ser a ser mansos y humildes de corazón como esta intrépida mensajera del Amor. Ayúdanos a servir con la alegría y la sonrisa a toda persona que encontremos. Ayúdanos a ser misioneros de Cristo, nuestra paz y nuestra esperanza. ¡Amén!

Dominique Lapierre: «Madre Teresa era una bomba de amor y caridad para los desesperados del mundo»
POR JUAN FRANCISCO ALONSO Y MIGUEL ÁNGEL BARROSO

El Papa beatifica hoy a Teresa de Calcuta. Dominique Lapierre, autor de «La dominiquelapierre1.jpgciudad de la alegría», glosa la figura de esta extraordinaria mujer que cambió su vida para siempre

Aún no ha amanecido en la Costa Azul francesa, cerca de Saint Tropez, en un pequeño pueblo abrigado por el mar. En el refugio del escritor y su esposa, Dominique y Dominique («ella es la grande y yo el pequeño»), hay luz desde las cinco de la mañana. Dominique Lapierre (París, 1931) y Larry Collins (West Hartford, Connecticut, 1929), la pareja de escritores de grandes éxitos más relevante de los años setenta y principio de los ochenta («Arde París», «Oh, Jerusalén», «Esta noche, la libertad», «El quinto jinete»), regresan con una nueva novela. «El argumento es secreto de Estado, pero les puedo decir que esperamos haberla terminado para Navidad», afirma Lapierre. Queda poco. Apenas el último esfuerzo que, estos días, comparte necesariamente con el recuerdo de una las personas que más le ha influido en el último tramo de su vida, Madre Teresa, la santa de los desamparados.

-¿Cómo la conoció?

-Fue hace veintitrés años, en su cuartel general de Calcuta. Madre Teresa dominiquelapierre2.jpgasistía a su misa cotidiana, a las 5.30 de la madrugada, rodeada por un centenar de sus hermanas. Era un momento extraordinario: la vieja religiosa en una pequeña capilla, con el ruido de la calle, en el centro de una ciudad inhumana. Fui a conocerla porque, después de escribir «Esta noche, la libertad», la historia de la independencia de la India, deseaba ayudar en lo posible a los niños leprosos de Calcuta. Había pasado dos largos años en la India enfrascado en la investigación de ese libro y quería destinar parte de mis derechos de autor a una obra humanitaria. Lo primero que le dije fue: «Madre, tengo cincuenta mil dólares en mi bolsillo; quiero entregar este dinero a una institución que se ocupe de los niños leprosos». Ella me contestó: «Pero, Dios...». Aquel día me presentó a un inglés, James Stevens, una «Madre Teresa» anónima, que dirigía una leprosería que había salvado a nueve mil niños, pero que no tenía un céntimo más para continuar. Fue un choque brutal. El principio de mi acción humanitaria. Hay muchas personas anónimas como él en la India. Es uno de los mensajes más destacados de Madre Teresa: todos podemos traer un poco de justicia a este mundo. En una ocasión, Stevens y Madre Teresa me llevaron a uno de los barrios de chabolas de Calcuta, donde habían encontrado sus primeros niños protegidos. Este lugar se llamaba, paradójicamente, la Ciudad de la Alegría. Un barrio de chabolas, un lugar inhumano, el infierno sobre la Tierra. Allí encontré tanta fuerza, tanto valor, tanta fe, tanta capacidad de compartir... que le dije a mi esposa: quiero escribir la historia de supervivencia de esta gente.

Su mensaje, más fuerte que nunca

teresadecalcuta2.jpg-¿Qué sensaciones le transmitió Madre Tersa?

-Era una bomba de caridad, de amor. La impresión de caminar junto a ella por los barrios de Calcuta era extraordinaria. Cada vez que su pequeña silueta encorvada aparecía era un símbolo de esperanza en mitad de la desesperación. Casi no dormía, y con un plátano y un poco de arroz tiraba todo el día. Tenía una vitalidad enorme. Viajábamos a Nueva York y, tras veinte horas de avión, empezaba a visitar sus hogares, como si acabara de levantarse.

-A veces se le acusó de no utilizar su influencia para encontrar soluciones políticas a la pobreza.

-Hablé muchas veces con ella de este asunto. Le dije que podía hacer una huelga de hambre enfrente de la sede de Naciones Unidas para alertar a los poderosos. Entonces me dedicó una sonrisa, y me dijo: «Me interesa la gente que no tiene un pedacito de pan para sobrevivir un día más. No puedo preocuparme por la multitud, sino por un individuo que está a punto de morir. Hay otras personas en el mundo que pueden luchar por los derechos humanos. Aquí nos enfrentamos a la miseria total».

teresadecalcuta3.jpg-¿Su legado sigue presente?
-Seis años después de su muerte, el mensaje de Madre Teresa es más fuerte que nunca. La orden de las Misioneras de la Caridad es la única en todo el mundo que debe rechazar vocaciones por falta de lugar para acomodar a tanta gente. En los conventos del resto de las órdenes religiosas sólo hay monjas muy veteranas. En las Misioneras de la Caridad es justo al contrario, a pesar de la promesa de una vida muy difícil, de pobreza, de mucho sacrificio.

-¿Madre Teresa ha sido su principal fuente de inspiración literaria?

-Por decirlo con más precisión, fue el detonante de muchas cosas. La fuente de inspiración la encontré en el valor de la gente para sobrevivir, para triunfar sobre todas las adversidades. Hay un poema de Tagore que dice: «La adversidad es grande, pero el hombre es más grande que la adversidad».

-Calcuta se ha convertido en un centro de peregrinación de famosos. ¿Las caras conocidas benefician la causa de los pobres?

-Todos podemos visitar Calcuta. En mi caso, en esa ciudad encuentro vitaminas extraordinarias. Cuando regreso a París y no encuentro aparcamiento para el coche, resulta fácil considerarlo un problema menor. Aprendes que todo es relativo. En cuanto a lo que buscan los famosos, es muy difícil adivinar lo que esconde el corazón de la gente. La visita de la princesa Diana, por ejemplo, fue totalmente sincera, un ejemplo de cómo involucrarse con esa obra de compasión y de justicia.

Tomar partido

-¿Madre Teresa inspiró su compromiso solidario?

-Conocerla fue un momento muy importante en mi vida. Descubrí que un autor de grandes éxitos literarios también podía cambiar la vida de los protagonistas de sus novelas. Un escritor puede ser, y lo digo con total humildad, Hemingway y Madre Teresa a la vez. Pensé que no era suficiente escribir, denunciar. Había que actuar, tomar partido en el campo de batalla de la pobreza. Tenía cincuenta y dos años. Fue una revelación. Desde entonces, dedico la mitad de mi vida al trabajo humanitario. En veintidós años he contribuido a salvar nueve mil niños leprosos, a curar a cuatro millones de enfermos de tuberculosis. También tengo cuatro barcos hospitales en el Delta del Ganges. En España he encontrado una extraordinaria generosidad. Tenemos una fundación que se llama Ciudad de la Alegría , que recauda dinero para continuar mis acciones en la India.

El hechizo de la India

-Toda esa labor le ha quitado tiempo a su carrera de escritor.

-Sí, la mitad de mi vida. Me ha quitado tiempo, pero ha merecido la pena. Es una experiencia única.

-¿Qué tiene la India para enganchar de esta forma a todos los que visitan el país?

-La primera cosa que te golpea es la belleza interior de la gente, sus cualidades humanitarias. En el más pequeño pueblo hay una hospitalidad y una gentileza impresionantes. Allí me siento como en casa. Creo que en una vida anterior fui un «rickshaw» (un carro-taxi tirado por una persona). Viajo allí tres veces cada año. Cuando no voy y han pasado tres meses, me faltan las vitaminas.

-Hoy es la ceremonia de beatificación de Madre Teresa. Usted la conoció muy bien: ¿era una santa?

-Lo pienso desde hace veinticinco años. No necesito la firma de un monseñor en un papel para saber que Madre Teresa era una santa. Y hay muchos otros santos anónimos que nos sorprenden en nuestra vida cotidiana. Hay en el mundo gente muy diferente a los criminales, a sátrapas como Sadam Husein, a narcotraficantes como Pablo Escobar.

La madre de los desamparados
POR JAVIER MORO, ESCRITOR

«Casa Madre», 54, Lower Circular Rd. Ésta fue la dirección más conocida de Calcuta en tiempos de la Madre Teresa. Ejercía de imán que atraía a casi todos los extranjeros, y a muchos indios. El escritor Javier Moro, autor de «El pie de Jaipur» y «Era medianoche en Bhopal», retrata su figura.

A las cinco de la mañana, el convento de las Misioneras de la Caridad era ya un hervidero de actividad. Todo el mundo sabía que la misa, a las cinco y media, era la mejor ocasión para ver a «la Madre». Allí la conocí un día de 1989. Ya caminaba encorvada como un ave vieja, envuelta en su sari blanco con borde azul. Me saludó con su expresión dulce y bonachona y no pareció demasiado entusiasmada con mi idea de entrevistarla para documentar el guión de una película sobre su vida. «No soy importante- repetía- El único importante es Él».

Era demasiado humilde para hablar de sí misma, prefería hablar de los demás, sobre todo de los pobres. De los hombres, de las mujeres y de los niños que poblaban las chabolas, de los que pasaban renqueando delante de ella, de los que estaban a punto de exhalar el último suspiro en el moridero que fundó hace más de cincuenta años junto al templo de Kali. Los desamparados, los abandonados, los débiles, los enfermos, los que nadie quiere: esos pobres se habían convertido en la riqueza de su vida. A los políticos indios que venían a verla, solía repetirles la cifra de trescientos millones, el número de personas que en la India viven por debajo del umbral de la pobreza. Gente sin trabajo ni futuro, los excluidos, los «pobres absolutos». ¿Representa esta masa de gente la visión que los padres de la nación, Gandhi y Nehru, tuvieron de la India?, preguntaba machaconamente. No era de extrañar que algunos políticos indios se sintiesen molestos por esta mujer diminuta que siempre ponía el dedo en la llaga. Y que además, perteneciendo a una religión muy minoritaria allí, era capaz de galvanizar a las multitudes como ningún otro líder lo había conseguido desde Gandhi. Ambos, Teresa y Gandhi, tenían puntos en común. Eran frágiles de aspecto pero sólidos como rocas. Humildes, y sin embargo firmes en sus convicciones. Pequeños de tamaño, enormes de estatura. Y ambos sacaban sus fuerzas de un poderoso caudal espiritual. Sin embargo, la Madre Teresa decía: «No esperéis a los líderes; hacedlo solos, persona a persona».

teresadecalcuta5.jpgAllí radicaba la fuerza de su mensaje. Contra la miseria humana, no valen grandes soluciones, ya sean políticas o humanitarias. La miseria se combate cuerpo a cuerpo, chabola a chabola. Es una guerra sin cuartel, y se libra con la más poderosa de las armas: con el corazón. Si su mensaje ha ido extendiéndose por todo el mundo, quizás sea porque las diferencias entre ricos y pobres no han cesado de aumentar.

La Madre Teresa tenía una imagen de mujer dócil y dulce, pero el día en que me la encontré regañando a una novicia porque había dejado una bolsa llena de ropa sucia en las escaleras del convento, descubrí la fuerza de su carácter. Teresa sabía mandar, y tenía que saber hacerlo muy bien para mantener orden en su congregación que llegó a convertirse en una auténtica multinacional de la caridad, con 750 hogares de acogida en 127 países del mundo. Y eso no se consigue siendo dócil. La santa de Calcuta había sido una mujer muy peleona desde el momento en que descubrió su vocación profunda. Ocurrió en un viaje en tren a un convento en Darjeeling, en las faldas del Himalaya, donde acudía para reponerse de un brote de tuberculosis. Tenía treinta y seis años. De pronto, el tren se detuvo en un túnel. La religiosa oyó entonces una voz. «Era la voz de Dios, que me ordenaba abandonarlo todo para servirle a Él ayudando a los más pobres de entre los pobres», contaría más tarde. Hasta ese día, había pasado 19 años de su vida en su Albania natal y 17 en Calcuta como profesora de geografía en el convento de Loreto, el más elitista de la ciudad. Pero seguir dando clases a las niñas bien de la sociedad bengalí le parecía ahora carecer de sentido. Hoy, a tiro pasado, es fácil entender lo que hizo la Madre Teresa. Pero en el contexto de aquel entonces, su abandono del convento para instalarse en una chabola necesitó de grandes dosis de carácter, y hasta de rebeldía. Sus colegas la veían como una excéntrica. Contaba una compañera suya cómo recibieron con cierta sorna la noticia de que la Madre Teresa había recogido a una indigente en la calle y la había llevado en brazos a un hospital, donde por supuesto la mujer no había sido admitida. Buscaba el escándalo decían unas. Es una original, susurraban otras. La realidad era bien distinta: Teresa veía a los moribundos, a los abandonados y a los enfermos con los ojos del corazón. «Veo a Dios en cada ser humano. Cuando limpio las llagas de un leproso, tengo la sensación de estar limpiándole las llagas a Dios... ¿No es eso maravilloso?», dijo en una entrevista en 1974. Ella veía a los pobres y a los desamparados; los demás no los veían como seres humanos, los consideraban una masa sin rostro.

La Madre Teresa no inventó la caridad, pero sí la reinventó en el momento en que surgía el concepto de Tercer Mundo, el de un planeta habitado por una minoría pudiente en medio de una mayoría cada vez más numerosa, cada vez más hambrienta. Luchó por dar un rostro humano al desvalido, al leproso, al abandonado. Vino a decirnos que esos hombres y mujeres sienten y padecen como cualquiera de nosotros. Que tienen deseos, sueños, miedos, anhelos. Que no son una masa inerte, nacida para sufrir. Que cada niño tiene el inalienable derecho a tener una vida feliz, como nosotros, sin la lacra de la pobreza. Vino a decir que la miseria es abyecta e inaceptable e, implícitamente, que la justicia social no es la consecuencia automática del progreso económico. Y aportaba soluciones que los gerifaltes del desarrollo global, en sus despachos de acero y vidrio, tienden a olvidar. Para sacar a la gente de la pobreza, hay que quererlos; hay que darles la esperanza de que es posible salir de su condición. Hay que mostrarles la luz al final del túnel. Rescató una palabra que había caído en desuso: la compasión, que etimológicamente significa padecer con quien sufre.

teresadecalcuta7.jpgEl mundo provincial de Calcuta fue acostumbrándose a la presencia de esta mujer que daba siempre que hablar. Primero, porque un año después de haber oído la Voz en el túnel, el Vaticano autorizó la fundación de una congregación religiosa dedicada a «ocuparse de los enfermos y de los moribundos, educar a los niños abandonados en la calle, atender a los mendigos y albergar a los abandonados». La silueta de las Misioneras de la Caridad, sari blanco con borde azul, empezó a formar parte del paisaje de Calcuta primero, más tarde de las grandes ciudades del mundo.

La Casa del Corazón Puro

Segundo, porque Teresa de Calcuta, en su afán de recoger a todos los desvalidos, necesitaba espacio y ayuda. La ayuda inmediata se la proporcionaron una decena de novicias indias que la siguieron al mundo de las chabolas. El espacio tenía que pedírselo a las autoridades, poco receptivas ante una religiosa católica que exigía cambiar el sacrosanto orden de las cosas. En Teresa de Calcuta salió a relucir entonces una formidable obstinación. Llegó a decirle al alcalde que vendría con un grupo de enfermos y desvalidos y que los dejaría en los pasillos del Ayuntamiento hasta que no obtuviese un lugar donde ocuparse de ellos. El alcalde le consiguió un local junto al templo de Kali, en el centro de la ciudad. Así nació la «Casa del Corazón Puro», donde voluntarios de todo el mundo, ayudados por Misioneras de la Caridad, acogen y cuidan a enfermos y moribundos rescatados del infierno de las calles.

teresadecalcuta4.jpgMás tarde, consiguió otro local para fundar Shishu Bhawan, la Casa de los Niños, dedicada a albergar a niños abandonados. Y en un terreno cedido por la compañía de ferrocarriles fundó un hogar para leprosos. Consciente de que el estigma social de la lepra era tanto o más dañino que la enfermedad en sí misma, organizó una campaña para acercar la población a la realidad de la lepra: «Toquemos un leproso con nuestra compasión». Tuvo tanto éxito que consiguió fundar una ciudad para leprosos a doscientos kilómetros de Calcuta. La llamó Shanti Nagar, «la ciudad de la paz». Al empezar a ocuparse de los leprosos y a medida que la Congregación crecía, dejó de ser «una original» para, poco a poco, convertirse en «una mujer admirable», y luego en una santa. En 1979, recibió el Premio Nobel de la Paz «en nombre de los hambrientos, los sin techo, los discapacitados, los invidentes, los leprosos, en nombre de todos los que se han convertido en un peso para la sociedad y que todo el mundo rechaza». En 1982, en el Beirut desgarrado por intensos combates, consiguió negociar con palestinos e israelíes un alto el fuego. La Madre Teresa necesitaba tiempo para rescatar a treinta y siete niños discapacitados mentales atrapados en un hospital del centro. Las armas se acallaron, y ella corrió para salvar a los suyos, a esos niños que representan uno de los eslabones más débiles de la humanidad. Así era la Madre Teresa.

Hoy, cuando viajo por el mundo, me encuentro de vez en cuando a las Misioneras de Caridad. Van de dos en dos, en rickshaws que zigzaguean por las callejuelas más estrechas o en algún coche vetusto, siempre en los arrabales más desolados y peligrosos. Veo cómo escuchan a los desvalidos. «Sólo pretendemos aportar nuestra gota de agua en el océano de las necesidades», dicen, repitiendo una frase de la Madre Teresa. Esa gota de agua, que en todos los países pone de manifiesto la incapacidad de los políticos y del sistema para atender las necesidades más básicas, representa la gran aportación de la santa de Calcuta a la humanidad. Estaba en Calcuta cuando murió la Madre Teresa y asistí a su funeral. No había indios, europeos o americanos. Ese día no había musulmanes, ni hindúes ni cristianos. Había un mismo fervor, un mismo lamento que lloraba la desaparición de una mujer que supo darles amor y esperanza. Pero seguía habiendo ricos y pobres. Los mazazos que la policía antidisturbios propinaba para impedir que una multitud de harapientos accediese al estadio donde estaba expuesto el cuerpo de la santa hablaban de un mundo separado entre los que tenían un derecho y los que no lo tenían. Una separación que no le hubiera gustado nada a Teresa de Calcuta. Entonces me acordé de una frase que ella dijo a Miguel de Grecia en 1996: «El otro día soñé que había llegado a las puertas del cielo, y San Pedro me decía: «Vuelve a la tierra, Teresa. No hay chabolas aquí arriba»».

Fuentes:
ACI

 

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