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EL MEJOR AYUNO

¿Te animas a ayunar en esta cuaresma?

• Ayuna de palabras hirientes y transmite palabras bondadosas
• Ayuna de descontentos y llénate de gratitud
• Ayuna de enojos y llénate de mansedumbre y de paciencia
• Ayuna de pesimismo y llénate de esperanza y optimismo
• Ayuna de preocupaciones y llénate de confianza en Dios
• Ayuna de quejarte. Llénate de las cosas sencillas de la vida
• Ayuna de presiones y llénate de oración
• Ayuna de tristezas y amargura y llénate de alegría el corazón
• Ayuna de egoísmo y llénate de compasión por los demás
• Ayuna de falta de perdón y llénate de actitudes de reconciliación
• Ayuna de palabras y llénate de silencio y de escuchar a los otros

Si todos intentamos este ayuno, lo cotidiano se llenará de:

PAZ, CONFIANZA, ALEGRÍA Y VIDA


La meditación en audio que escuchas pertenece a Reza Mientras Caminas,
una creación y publicación de la Sociedad del Santo Niño Jesús (www.santoninojesus.org)

31marzo.mp3

Martes Santo

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La meditación en audio que escuchas pertenece a Reza Mientras Caminas,
una creación y publicación de la Sociedad del Santo Niño Jesús (www.santoninojesus.org)

30marzo.mp3

Lunes Santo

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La meditación en audio que escuchas pertenece a Reza Mientras Caminas,
una creación y publicación de la Sociedad del Santo Niño Jesús (www.santoninojesus.org)

29marzo.mp3


Hoy terminamos nuestro camino cuaresmal.

Fue un trayecto tan corto que apenas lo sentimos.

Pensé muchas veces: "¿Qué puedo decirles?" Me pareció que lo mejor sería compartir mi experiencia, lo que vivo cada día.

A mi edad, he descubierto lo efímera que es la vida y que sólo vale la pena vivirla para Dios.

Éste es un camino de santidad. Nos hacemos santos en lo cotidiano, en el trabajo, nuestro hogar, en la calle.

Y seremos santos en la medida que pongamos el ingrediente "secreto" a nuestras vidas:

"El amor".

Lo curioso, lo que me deslumbra siempre, es pensar que Dios nos ama, a pesar de lo que somos y hacemos.

Somos especiales para Él.

Si te parece bien, unamos nuestros corazones y recemos juntos una breve oración para agradecer sus favores.

Y así terminar este día, con deseos de abrazarlos a todos, de amarlos a todos".

"Señor, te amo.
Gracias por amarme,
a pesar de lo que soy.
Transforma mi vida.
Lléname de ti.
Que te ame cada día más.
Y que pueda llevarte a los demás".

Amén


Haremos algo muy sencillo.

Vamos a anotar 5 cosas, por las que debemos estar agradecidos a Jesús.

Compartiré contigo las mías.

1. Por la vida.

2. Por quedarte con nosotros.

3. Por Tu madre que es madre nuestra.

4. Por la familia que me has concedido.

5. Por mi trabajo, con el que puedo sostenerla.

Hay tanto más, que podría continuar llenando varias hojas... pero bastan cinco, para entender que nos ama inmensamente.

Y luego... ¡a darle gracias!... Que te nazca del alma.

"Gracias Señor".


Ayer, el buen sacerdote me lo ha recordado: "Santo no es el que nunca cae, sino el que siempre se levanta".

¿No te parece que es un buen momento para reiniciar nuestro camino?

Una buena confesión ayudaría mucho.

¿Hace cuánto que no te confiesas?

Un amigo solía visitarme siempre inquieto. Compartí con él algunas de mis experiencias y le recomendé confesarse.

A la semana regresó a verme. Esta vez tenía una amplia sonrisa en el rostro. Una ilusión que se le desbordaba.

"Pero, ¿Qué ha ocurrido?", pregunté sorprendido.

"Me confesé", dijo emocionado. "Desde entonces no dejan de ocurrirme cosas extraordinarias. Es como si Dios hubiese esperado este momento para soltar sobre mí una montaña de gracias".


En ocasiones, escuchas historias de personas que han preferido ofrendar sus vidas, con tal de salvar otras.

Son relatos inspiradores y nos llenan de esperanza.

Te hacen reflexionar en lo que nos dice en la Biblia: "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15, 13).

Pensaba en esto durante la eucaristía y de pronto terminan una canción con un: "Amén".

Me pareció escuchar algo diferente:

"Amen".

Como un llamado de Dios para que nos amaramos los unos a los otros.

Miré a mi alrededor a los asistentes y pensé: "debo amar". "Pero, ¿cómo?"

Entonces, me brotó del alma una oración sencilla, como una jaculatoria:

"Señor", le dije, "enséñame a amar".

Y me marché de la iglesia con esta palabra que Dios me repetía y te repite a ti:

"Amen".

¿Amarás como Dios te pide?


Llevaba días reflexionando en estas palabras de Jesús:

"Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy presente en medio de ellos" (Mt 18-20).

De pronto recordé este pensamiento de Chiara Lubich: "Jesús en medio de nosotros" se hace presente plenamente si estamos unidos en su nombre, es decir, en él, en su voluntad, en el amor recíproco".

Y me dije: "Qué sabroso ha de ser vivir así".

Por eso te propongo vivir con Jesús, en medio. Tener la experiencia.

Jesús, entre tú y aquella persona que te ofende.

En tu familia. En tu trabajo.

Jesús presente en todas tus actividades cotidianas. Contigo y en ti.

Amando.

Compartiendo.

Disfrutando su presencia amorosa.


Suelo hablar de este buen sacerdote con el que solía confesarme. Era mayor y estaba en una silla de ruedas.

Un día le vi triste. Después de confesarme me animé a preguntarle: "¿Le ocurre algo padre?" "Hoy es mi cumpleaños", me dijo afligido, "Mire la hora que es. Nadie me ha felicitado. Mi única hermana vive en España y no he podido hablar con ella".

Esta era la última misa del día y oscurecía.

Lo miré como quien ve a un abuelo entrañable, le obsequié una espléndida sonrisa y exclamé: "¡FELIZ CUMPLEAÑOS PADRE!".

Me sonrió sorprendido por este gesto.

"Nosotros, los que usted confiesa, somos su familia y le queremos mucho", le dije.

Anoté el día de su cumpleaños y a partir de entonces tuve el cuidado de visitarlo en esa fecha muy temprano, para alegrarlo y recordarle lo mucho que significaba para nosotros.

Un amigo me contó de este sacerdote, que en las Navidades pasadas cenó en una gasolinera, solo, porque ninguna familia lo acogió, luego de la eucaristía.

Hoy quisiera que pensáramos en nuestros sacerdotes. El de tu parroquia, el que te casó, aquél con quien te confiesas.

¿Sabes cómo se llama?

¿De dónde es? ¿Cuándo es su cumpleaños? ¿Alguna vez ha estado en tu casa, compartiendo con tu familia? ¿Lo apoyas en su parroquia?

Y lo más importante... ¿Rezas por él?

 

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