Novedades en la categoría Cuaresma

dar amor.jpgUn amigo me escribió: "La vida no es justa. Las personas a tu alrededor abusan, te hacen daño".

Me nació del alma abrazarlo con mis palabras: "Es verdad. Lo he vivido. Sin embargo tengo una noticia muy buena para ti. Puedes, si lo deseas, cambiar esto. Dar lo mejor de ti, en tu trabajo, en tu hogar. Darle sentido a tu existencia. Llenar de amor lo que te rodea, aunque nadie ame. Tú serás la diferencia. . Ya lo decía san Juan de la Cruz: "Donde no hay amor, pon amor, y encontrarás amor".

Es lo que te propongo, querido lector, para nuestra cuaresma. Vivirla como si fuese una oportunidad que se nos da, llenarla de amor. Amar a todos. Amarlos más.

Olvidarnos de nosotros por un momento y empezar a darnos a los demás.

The Lady Chapel / El Camarín de la Virgen

Image by . SantiMB . via Flickr

Ayer me impusieron las cenizas. "Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás", me dijeron. Qué difícil pensarlo cuando somos jóvenes y el mundo nos pertenece. Con los años, nos percatamos que es verdad. La vida transcurre demasiado rápido. Es un "Don", que poco valoramos.

La cuaresma me ayuda a tener un alto en el camino. Para reflexionar. Y pensar.

Me nace del alma un gesto de agradecimiento por estos 40 días, que me recuerdan tres cosas:

1. Aún hay tiempo para cambiar.

2. Podré limpiar mi alma de todo pecado.

3. Con Jesús, lo puedo todo.

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miércoles de cenizas.jpgHoy es el primer gran día de tu vida nueva, una vida en Dios.

Vamos, ¡levántate! Tienes tanto para ofrecer a la vida, a los que te rodean.

Seguramente habrás sonreído y pensado: "¿A éste que le pasó?" Ni yo mismo lo sé. A estas alturas de mi vida, hay algo dentro de mí que me mueve a una búsqueda.

Autor: P. Hugo Tagle Moreno

Cuaresma_camino_de_encuentro.jpgDurante el tiempo cuaresmal acompañamos a Cristo en su camino a Jerusalén adentrándonos poco a poco en el misterio central de la fe, el de su pasión, muerte y resurrección. Aquí se rememoran tanto los cuarenta días en el desierto de Moisés, Elías y Jesús mismo al inicio de su predicación, como los cuarenta años del pueblo de Israel camino a la tierra prometida. En su profundo sentido de penitencia y renovación, la cuaresma busca abrir a los cristianos a la Pascua, punto de encuentro con la vida que se regala en Cristo resucitado.

La gracia de la fe es un don, un regalo, el cual ha de llevarnos a compartirla con otros, particularmente en este tiempo. Así lo señala Juan Pablo II en su carta cuaresmal del año pasado: "La cuaresma es como un retorno a las raíces de la fe, porque meditando sobre el don de gracia inconmensurable que es la Redención, nos damos cuenta de que todo ha sido dado por amorosa iniciativa divina. Así nos lo dice el Señor mismo: "Gratis lo recibisteis; dadlo gratis (Mt 10, 8)".

Cristo invita a "subir a Jerusalén" en la vía de la Cruz y a iniciar un proceso de conversión, propia del tiempo cuaresmal. Este camino, verdadero itinerario de vida, es ocasión propicia para realizar una profunda revisión de vida que lleve a compartirla, tal como se nos regaló a nosotros.

El haber recibido gratis la vida, señala el Papa, nos debe llevar a darla a los demás de manera gratuita. "Así lo pide Jesús a los discípulos, al enviarles como testigos suyos en el mundo: Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. Y el primer don que hemos de dar es el de una vida santa, que dé testimonio del amor gratuito de Dios. El itinerario cuaresmal es para todos los creyentes una llamada constante a profundizar en esta peculiar vocación. El creyente se ha de abrir a una existencia que se distinga por la gratuidad, entregándose a sí mismo, sin reservas, a Dios y al próximo".Los trágicos acontecimientos causados por la soberbia humana y que aún palpitan en el inconsciente colectivo, han hecho surgir profundos fosos de odio y de violencia entre algunos pueblos. Asistimos con impotencia al reflorecer de conflictos que creíamos definitivamente superados, dando la impresión que algunos viven atrapados en una espiral de imparable violencia sin una concreta perspectiva de solución. Los auspicios de paz resultan aparentemente ineficaces y la concordia deseada no logra afianzarse. Es allí cuando el hombre de fe apela a la certeza de que la unidad y la paz son sólo producto de una renovación interior conducida por y hacia Cristo.

La Iglesia, anunciando la reconciliación, presenta a la humanidad entera una nueva forma de relacionarse con los demás, una forma ciertamente fatigosa, pero rica en esperanza. Mediante el sacramento de la reconciliación, se nos concede en Cristo su perdón, lo que empuja a vivir en la caridad, a considerar al otro no como un enemigo, sino como un hermano.

Este cambio interior regala su sentido a otro aspecto propio de la cuaresma: la penitencia y el desprendimiento. La conciencia de saberse regalado por Dios lleva a tener un corazón generoso. Las renuncias propias de cuaresma han de ser reflejo de ese afecto de sentirse querido por El y por tanto llevan a abrirse generosamente a quienes sufren carencias y padecen hambre y pobreza.

Señala el Papa que "no se trata de dar lo que nos es superfluo para tranquilizar la propia conciencia, sino de hacerse cargo con solidaridad de la miseria presente en el mundo. Considerar el rostro doliente y las condiciones de sufrimiento de muchos hermanos impulsa a compartir, al menos parte de los propios bienes, con aquellos que se encuentran en dificultad". Sólo así adquieren pleno sentido las prácticas ascéticas de este tiempo, transformándose en vida para otros, posibilidad de encuentro con los hombres y con Dios. "Si alguno que posee bienes de la tierra y ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en el amor de Dios?" (1 Jn 3, 17), señala San Juan.

El seguimiento de Jesús supone no pocos sacrificios. Pero el creyente sabe que son infinitamente mayores los dones que se regalan en ella, renovada ahora en el camino de reconciliación y conversión cuaresmal. La vivencia de ese encuentro esperanzado con el Señor de la vida, es un sentido anhelo de una humanidad agobiada por el desencuentro, las tensiones y luchas. El fin del tiempo cuaresmal -la participación en la gracia pascual, verdadera y única fuente de vida- indica la certeza de ese encuentro.

Martes 31 de enero de 2006

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«Al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas» (Mt 9,36)

Amadísimos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia Aquél que es la fuente de la misericordia. Es una peregrinación en la que Él mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, sosteniéndonos en el camino hacia la alegría intensa de la Pascua. Incluso en el «valle oscuro» del que habla el salmista (Sal 23,4), mientras el tentador nos mueve a desesperarnos o a confiar de manera ilusoria en nuestras propias fuerzas, Dios nos guarda y nos sostiene. Efectivamente, hoy el Señor escucha también el grito de las multitudes hambrientas de alegría, de paz y de amor. Como en todas las épocas, se sienten abandonadas. Sin embargo, en la desolación de la miseria, de la soledad, de la violencia y del hambre, que afectan sin distinción a ancianos, adultos y niños, Dios no permite que predomine la oscuridad del horror. En efecto, como escribió mi amado predecesor Juan Pablo II, hay un «límite impuesto al mal por el bien divino», y es la misericordia (Memoria e identidad, 29 ss.). En este sentido he querido poner al inicio de este Mensaje la cita evangélica según la cual «Al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas» (Mt 9,36). A este respecto deseo reflexionar sobre una cuestión muy debatida en la actualidad: el problema del desarrollo. La «mirada» conmovida de Cristo se detiene también hoy sobre los hombres y los pueblos, puesto que por el «proyecto» divino todos están llamados a la salvación. Jesús, ante las insidias que se oponen a este proyecto, se compadece de las multitudes: las defiende de los lobos, aun a costa de su vida. Con su mirada, Jesús abraza a las multitudes y a cada uno, y los entrega al Padre, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio de expiación.

La Iglesia, iluminada por esta verdad pascual, es consciente de que, para promover un desarrollo integral, es necesario que nuestra «mirada» sobre el hombre se asemeje a la de Cristo. En efecto, de ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su corazón. Esto debe subrayarse con mayor fuerza en nuestra época de grandes transformaciones, en la que percibimos de manera cada vez más viva y urgente nuestra responsabilidad ante los pobres del mundo. Ya mi venerado predecesor, el Papa Pablo VI, identificaba los efectos del subdesarrollo como un deterioro de humanidad. En este sentido, en la encíclica Populorum progressio denunciaba «las carencias materiales de los que están privados del mínimo vital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo... las estructuras opresoras que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de las explotaciones de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones» (n. 21). Como antídoto contra estos males, Pablo VI no sólo sugería «el aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza, la cooperación en el bien común, la voluntad de la paz», sino también «el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin» (ib.). En esta línea, el Papa no dudaba en proponer «especialmente, la fe, don de Dios, acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad de la caridad de Cristo» (ib.). Por tanto, la «mirada» de Cristo sobre la muchedumbre nos mueve a afirmar los verdaderos contenidos de ese «humanismo pleno» que, según el mismo Pablo VI, consiste en el «desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres» (ib., n. 42). Por eso, la primera contribución que la Iglesia ofrece al desarrollo del hombre y de los pueblos no se basa en medios materiales ni en soluciones técnicas, sino en el anuncio de la verdad de Cristo, que forma las conciencias y muestra la auténtica dignidad de la persona y del trabajo, promoviendo la creación de una cultura que responda verdaderamente a todos los interrogantes del hombre.

Ante los terribles desafíos de la pobreza de gran parte de la humanidad, la indiferencia y el encerrarse en el propio egoísmo aparecen como un contraste intolerable frente a la «mirada» de Cristo. El ayuno y la limosna, que, junto con la oración, la Iglesia propone de modo especial en el período de Cuaresma, son una ocasión propicia para conformarnos con esa «mirada». Los ejemplos de los santos y las numerosas experiencias misioneras que caracterizan la historia de la Iglesia son indicaciones valiosas para sostener del mejor modo posible el desarrollo. Hoy, en el contexto de la interdependencia global, se puede constatar que ningún proyecto económico, social o político puede sustituir el don de uno mismo a los demás en el que se expresa la caridad. Quien actúa según esta lógica evangélica vive la fe como amistad con el Dios encarnado y, como Él, se preocupa por las necesidades materiales y espirituales del prójimo. Lo mira como un misterio inconmensurable, digno de infinito cuidado y atención. Sabe que quien no da a Dios, da demasiado poco; como decía a menudo la beata Teresa de Calcuta: «la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo». Por esto es preciso ayudar a descubrir a Dios en el rostro misericordioso de Cristo: sin esta perspectiva, no se construye una civilización sobre bases sólidas.

Gracias a hombres y mujeres obedientes al Espíritu Santo, han surgido en la Iglesia muchas obras de caridad, dedicadas a promover el desarrollo: hospitales, universidades, escuelas de formación profesional, pequeñas empresas. Son iniciativas que han demostrado, mucho antes que otras actuaciones de la sociedad civil, la sincera preocupación hacia el hombre por parte de personas movidas por el mensaje evangélico. Estas obras indican un camino para guiar aún hoy el mundo hacia una globalización que ponga en el centro el verdadero bien del hombre y, así, lleve a la paz auténtica. Con la misma compasión de Jesús por las muchedumbres, la Iglesia siente también hoy que su tarea propia consiste en pedir a quien tiene responsabilidades políticas y ejerce el poder económico y financiero que promueva un desarrollo basado en el respeto de la dignidad de todo hombre. Una prueba importante de este esfuerzo será la efectiva libertad religiosa, entendida no sólo como posibilidad de anunciar y celebrar a Cristo, sino también de contribuir a la edificación de un mundo animado por la caridad. En este esfuerzo se inscribe también la consideración efectiva del papel central que los auténticos valores religiosos desempeñan en la vida del hombre, como respuesta a sus interrogantes más profundos y como motivación ética respecto a sus responsabilidades personales y sociales. Basándose en estos criterios, los cristianos deben aprender a valorar también con sabiduría los programas de sus gobernantes.

No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral» (Enc. Redemptoris missio, 11).

Teniendo en cuenta la victoria de Cristo sobre todo mal que oprime al hombre, la Cuaresma nos quiere guiar precisamente a esta salvación integral. Al dirigirnos al divino Maestro, al convertirnos a Él, al experimentar su misericordia gracias al sacramento de la Reconciliación, descubriremos una «mirada» que nos escruta en lo más hondo y puede reanimar a las multitudes y a cada uno de nosotros. Devuelve la confianza a cuantos no se cierran en el escepticismo, abriendo ante ellos la perspectiva de la salvación eterna. Por tanto, aunque parezca que domine el odio, el Señor no permite que falte nunca el testimonio luminoso de su amor. A María, «fuente viva de esperanza» (Dante Alighieri, Paraíso, XXXIII, 12), le encomiendo nuestro camino cuaresmal, para que nos lleve a su Hijo. A ella le encomiendo, en particular, las muchedumbres que aún hoy, probadas por la pobreza, invocan su ayuda, apoyo y comprensión. Con estos sentimientos, imparto a todos de corazón una especial Bendición Apostólica.

Vaticano, 29 de septiembre de 2005.
BENEDICTUS PP. XVI


Fuente: Revista Vínculo

¿QUE ES LA CUARESMA?
Llamamos Cuaresma al período de cuarenta días (quadragesima) reservado a la preparación de la Pascua, y señalado por la última preparación de los catecúmenos que deberían recibir en ella el bautismo.

¿DESDE CUANDO SE VIVE LA CUARESMA?
Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

¿POR QUE CELEBRAMOS LA CUARESMA EN LA IGLESIA CATÓLICA?

"La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto" (Catecismo de la Iglesia Católica n. 540).

¿CUAL ES, POR TANTO, EL ESPÍRITU DE LA CUARESMA?
Debe ser como un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales, con la purificación del corazón, una práctica perfecta de la vida cristiana y una actitud penitencial.

¿QUE ES LA PENITENCIA?
La penitencia, traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (literalmente el cambio de espíritu) del pecador, designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador. Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de El, o del incrédulo que alcanza la fe.

¿QUE MANIFESTACIONES TIENE LA PENITENCIA?
La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el AYUNO, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1 Pedro, 4,8.). (Catecismo Iglesia Católica, n. 1434).

¿ESTAMOS OBLIGADOS A HACER PENITENCIA?
Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por la ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia. (Código de Derecho Canónico, cánon 1249).

¿CUALES SON LOS DÍAS Y TIEMPOS PENITENCIALES?
"En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma" (Código de Derecho Canónico, canon 1250).

¿QUE DEBE HACERSE TODOS LOS VIERNES DEL AÑO?
En recuerdo del día en que murió Jesucristo en la Santa Cruz, "todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo". (Código de Derecho Canónico, cánon 1251).

¿CUANDO ES CUARESMA?

La Cuaresma comienza el Miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la Misa Vespertina in Coena Domini. (jueves santo).

¿QUE ES EL MIERCOLES DE CENIZA?
Es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de CONVERSION a Dios. Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.

¿CUANDO TIENE ORIGEN LA PRACTICA DE LA CENIZA?
El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. El liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso.

¿CUANDO SE BENDICE E IMPONE LA CENIZA?
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Gn, 3, 19 y Mc 1, 15.

¿DE DONDE PROVIENE LA CENIZA?
La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán.

¿CUAL ES EL SIMBOLISMO DE LA CENIZA?
El simbolismo de la ceniza es el siguiente: a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte; b) Situación pecadora del hombre; c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda; d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo.

¿A QUE NOS INVITA LA IGLESIA EN LA CUARESMA?
La Iglesia persiste en invitarnos a hacer de este tiempo como un retiro espiritual en el que el esfuerzo de meditación y de oración debe estar sostenido por un esfuerzo de mortificación personal cuya medida, a partir de este mínimo, es dejada a la libertad generosidad de cada uno.

¿QUE DEBE SEGUIRSE DE VIVIR LA CUARESMA?

Si se vive bien la Cuaresma, deberá lograrse una auténtica y profunda CONVERSIÓN personal, preparándonos, de este modo, para la fiesta más grande del año: el Domingo de la Resurrección del Señor.

¿QUE ES LA CONVERSIÓN?
Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador. Supone e incluye dejar el arrepentimiento y la Confesión de todos y cada uno de nuestros pecados. Una vez en gracia (sin conciencia de pecado mortal), hemos de proponernos cambiar desde dentro (en actitudes) todo aquello que no agrada a Dios.

¿POR QUE SE DICE QUE LA CUARESMA ES UN "TIEMPO FUERTE" Y UN "TIEMPO PENITENCIAL"?
Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de CUARESMA, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia. Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras). Catecismo Iglesia Católica, n. 1438)

¿COMO CONCRETAR MI DESEO DE CONVERSIÓN?
De diversas maneras, pero siempre realizando obras de conversión, como son, por ejemplo: 1.Acudir al Sacramento de la Reconciliación (Sacramento de la Penitencia o Confesión) y hacer una buena confesión: clara, concisa, concreta y completa. 2.Superar las divisiones, perdonando y crecer en espíritu fraterno. 3.Practicando las Obras de Misericordia.

¿CUALES SON LAS OBRAS DE MISERICORDIA?
Las Obras de Misericordia espirituales son: Enseñar al que no sabe. Dar buen consejo al que lo necesita. Corregir al que yerra. Perdonar las injurias. Consolar al triste. Sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas del prójimo. Rogar a Dios por los vivos y los muertos.

Las Obras de Misericordia corporales son: Visitar al enfermo. Dar de comer al hambriento. Dar de beber al sediento. Socorrer al cautivo. Vestir al desnudo. Dar posada al peregrino. Enterrar a los muertos.

¿QUE OBLIGACIONES TIENE UN CATÓLICO EN CUARESMA?
Hay que cumplir con el precepto del AYUNO y la ABSTINENCIA, así como con el de la CONFESIÓN y COMUNIÓN anual.

¿EN QUE CONSISTE EL AYUNO?
El AYUNO consiste en hacer una sola comida al día, aunque se puede comer algo menos de lo acostumbrado por la mañana y la noche. No se debe comer nada entre los alimentos principales, salvo caso de enfermedad.

¿A QUIEN OBLIGA EL AYUNO?
Obliga vivir la ley del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que tengan cumplido cincuenta y nueve años. (cfr. CIC, c. 1252).

¿QUE ES LA ABSTINENCIA?
Se llama abstinencia a privarse de comer carne (roja o blanca y sus derivados).

¿A QUIEN OBLIGA LA ABSTINENCIA?
La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años.(cfr. CIC, c. 1252).

¿PUEDE CAMBIARSE LA PRACTICA DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA?

"¿La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad". (Código de Derecho Canónico, canon 1253).

¿QUE ES LO QUE IMPORTA DE FONDO DEL AYUNO Y LA ABSTINECIA?
Debe cuidarse el no vivir el ayuno o la abstinencia como unos mínimos, sino como una manera concreta con la que nuestra Santa Madre Iglesia nos ayuda a crecer en el verdadero espíritu de penitencia.

cuaresma.jpg

Autora: Margot Valenzuela V.

El período cuaresmal comprende entre otras cosas la entrada triunfal en Jerusalén, o Domingo de Ramos; el miércoles de ceniza; la Ultima Cena; la traición de Judas y la posterior crucifixión del Señor. Es ahí donde se rememora el triunfo del amor, así como las aflicciones y dolorosas decepciones, de nuestro redentor, sólo por amor a sus escogidos.

La Cuaresma es una forma de morir y resucitar en una vida más plena. Su preparación implica que sea necesario renunciar a ciertas actitudes cotidianas. “Volver a poner el corazón en el eje central de nuestra vida”, dice el director de la campaña Cuaresma de Fraternidad, Roberto Urbina. Para ello son necesarias tres cosas concretas: hacer más oración, penitencia y la caridad. Así, se logra tener los mismos sentimientos que tuvo Jesús, y se obtiene la conversión.

Para cumplir los puntos anteriores, la Iglesia pone a nuestra disposición: un altar para rezar, además, una alcancía para depositar el fruto de nuestras privaciones y practicar la caridad. Es decir: “si fumas, fuma menos, pero deposita en las cajitas el dinero que te ahorras; no la limosna de lo que no gastaste”, dice Ricardo Urbina.

La Campaña Cuaresma de Fraternidad, se realiza desde 1982 –año en que se efectuó por primera vez para financiar proyectos de acción social- a nivel nacional en las veintiséis diócesis; mediante el sistema de las alcancías. También, existe una cuenta corriente en el Banco Estado. Sin embargo, las “cajitas” son el principal canal de recaudación. Roberto Urbina, director de la campaña, hace hincapié en que no es una colecta, porque: “La campaña requiere provocar que tengamos algunas privaciones y, con ellas, compartir con quienes más lo necesitan. Por esta razón, la campaña Cuaresma de Fraternidad no es una colecta”.

Después de Semana Santa, el ciento por ciento del dinero recaudado se junta en el Obispado, donde se distribuye para distintas actividades. El sesenta por ciento de las recaudaciones de cada diócesis queda como capital local para realizar actividades internas. En Chiloé, se destina, en gran parte, para ayudar ante las muchas emergencias de incendios. El cuarenta por ciento restante del dinero se divide en un diez para la publicidad, es decir: afiches, comerciales, altares, alcancías. El treinta por ciento final es enviado a una cuenta corriente común, para un fondo nacional, que favorece a las diócesis más pobres como Illapel, algunas de la zona sur de Santiago, entre otras. El año pasado, el presupuesto fue de 175. 384. 839 pesos, con lo que se pudo financiar treinta y tres proyectos de los cuarenta y tres que se habían presentado, pues la recaudación fue menor que la del año 2002.

Para poder ayudar a los distintos sectores de la sociedad la campaña decidió hace diez años tomar como el eje de la cruzada a jóvenes en riesgo social. Posteriormente, entre 1998 y el 2000, se orientó en beneficio de los ancianos. Desde el año 2001, hasta el presente, por decisión de los obispos, quienes tenían a las mujeres dentro de sus principales preocupaciones, decidieron favorecer a las jefas de hogar. Según Ricardo Urbina, se delimitó el campo de acción; reduciéndolo solamente a mujeres pobres, jefas de hogar. No necesariamente solas, el marido también puede estar, pero tal vez enfermo o entregado a algún vicio. Es decir, va en beneficio de aquellas que deben mantener a sus familias.

Con el dinero recaudado se entrega capacitación técnica, en gestión de negocios. Ricardo Urbina recuerda, entre los más novedosos, en el año 2002 un taller de gasfitería, y otro de mecánica automotriz. Ambos debieron superar el problema del machismo, porque “les costó ganar la confianza de la sociedad”. En el caso de las “mecánicas” de la zona sur de Santiago, de las quince que participaron, ocho consiguieron trabajo en un taller y seis son independientes.

Para quienes postulan como pequeñas empresarias, existe un micro crédito que les permite comenzar sus negocios. Por otra parte, se busca mejorar su desarrollo personal para consolidar su autoestima, desarrollando actividades paralelas. Muchos programas están enfocados o van de la mano con la capacitación.

Otro aspecto que busca reforzarse es la asociación. Por ejemplo, en Illapel se lleva a cabo un proyecto llamado: Sociedad de Hecho Reina del Panal. Este se formó con cuatro mujeres, entre ellas la señora Julia Vallejos, quienes con ayuda de INDAP en el año 2001, lograron consolidarse en el mercado de la miel de abeja. En el 2003 postularon a los beneficios de la campaña Cuaresma de Fraternidad, con un proyecto que les permitiría aumentar el número de participantes y variar la producción con derivados como el propóleo y la jalea real. De esta manera, disminuyó el desempleo de las mujeres de la zona. En santiago, uno de los proyectos que obtuvo financiamiento fue el de las Religiosas Adoratrices con su hogar María Madre, ubicado en la comuna de Providencia. Ellas han conseguido sacar de la prostitución a treinta madres jefas de hogar reinsertándolas con éxito en la sociedad.

Cuaresma significa entonces, considerar, sopesar el amor de Dios en una cruz muriendo por todos nosotros y preguntamos “¿Somos dignos de un amor y dolor tan grandes?” Al hacernos esta pregunta, lo único que podemos hacer es parafrasear a San Pablo y responder “No, pero me sigo esforzando”.

En la próxima Cuaresma pensemos en cuantos se verían beneficiados con nuestro aporte y cómo todas las alcancías logran demostrar cuan grande es el corazón de la familia católica. Recordemos que según las palabras del Papa Juan Pablo II: “Cuaresma es un tiempo para privarse no sólo de lo superfluo, sino también de algo más para distribuirlo a quien vive en necesidad”.

 

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