Tiempo atrás publicamos un artículo testimonial, titulado "Adelantado en el Amor" en el que María José Letelier nos hablaba sobre como acogió junto a su marido a su hijo enfermo. Hoy ese hijo ya voló al cielo y queremos compartir junto a todos ustedes lo que ests padres nos han regalado.
"Nadie esperaba que Tomasito muriera el día 15 de mayo. Simplemente partió rápidamente hacia el cielo, a los brazos del Padre Eterno, lugar donde sus padres en la tierra esperaban que pudiera llegar algún día. Tuvo la alegría de compartir sus últimos momentos acompañado de su madre, que tanto lo quería y lo quiere aún, porque para ella es una realidad palpable que su alma vive y que él es feliz.
Tiempo antes había recibido su confirmación en una ceremonia muy linda, acompañado de su gran familia. Estas gracias especiales que recibió seguramente lo ayudaron para los días que siguieron, cuando ya estaba sufriendo de un reflujo severo.
Pocos días antes a su partida lo habían operado de para mejorarlo del reflujo. Y fue en la clínica, a primera hora de la mañana cuando nos dejó.
Fueron momentos duros y, a la vez, muy bonitos el ver a sus padres tan acompañados, velando su partida con cantos ininterrumpidos, que ayudaron a crear un ambiente de alegría, esperanza y de cielo en medio de la tristeza.
Fue emocionante ver a José Tomás, su padre, pararse al final de la misa para hablar y decirnos a todos que su hijo era tan alegre como su madre, que para ellos había sido un gran regalo y un inmenso honor haber recibido y tenido este hijo. Impactó mucho escucharlo decir que Tomasito era un santo, por su vida inmaculada, y un santo para la Iglesia, no sólo para ellos, sino que para todos.
Lloramos al verlos bendecir la urna, hecho que pocas veces podremos volver a ver. Lloramos y nos asombramos con la valentía de ellos dos que cargaron los restos de su hijo, uno a cada lado, fuera de la Iglesia.
Pero no todo es pena. Hay mucha alegría por el testimonio silencioso y esperanzador que este matrimonio ha dado durante todo este tiempo.
Tomasito experimentó en la tierra el gran amor que sus padres y que todos los que los rodeaban le tenían. Se llegó a malcriar con tanto amor, al punto de que algunas noches sólo lloraba para que sus padres lo tomaran en brazos y lo pusieran en la cama junto a ellos para dormir. Los desvelos que les produjo esta manía que adquirió fue una fuente de felicidad para los dos.
Mientras que su cuerpecito sufría su enfermedad, su alma se volvía cada vez más hacia la calidez del amor y aprendió, porque al principio le costaba, que estar en brazos era estar en un lugar cálido y protegido y que era el mejor regalo que le podíamos dar. Regalarle una caricia, un beso, un abrazo; reírnos frente a sus peculiaridades, aprender a conocer lo que le gustaba y lo que no, enriqueció su vida, pero sin duda, enriqueció mucho más todas nuestras vidas.
Cada uno de nosotros sabe que nuestro querido angelito está en el cielo, disfrutando de cada regalo que el Tatita Dios le da y, desde acá, cada uno le da mucho trabajo pidiéndole favores. Cada uno según su tamaño de necesidad, como su primo que le encargó zapatillas nuevas y que las recibió al día siguiente de habérselas pedido.
Un ángel en el cielo es un alma que ruega y vela por nosotros, tratando en la medida que Dios así lo quiera, de regalarnos los bienes materiales y espirituales que cada uno le pida.
Es un testimonio vivo de esperanza que nos dice que las familias permanecen unidas a pesar de la distancia que hay entre el cielo y la tierra.
Queremos agradecerle a sus padres el ser ejemplos de vida y de santidad, de alegría, desprendimiento y fortaleza; porque ellos junto a su hijo han marcado fuertemente nuestras vidas.
Su madrina que siempre lo recuerda"