Si uno se topa con Marcela Zubiaguirre, de 28 años, en la calle no podría imaginarse nunca todo el mundo que ella esconde en su interior. Bajo una apariencia sencilla, sobria, directa, risueña uno descubre a una psicóloga y mujer muy inquieta que divide su tiempo de trabajo en los siguientes lugares: Universidad del Pacífico, Colegio Internacional San Juan de Las Condes, en un centro para jóvenes de bajos recursos (CAIA, aun cuando a éste lo considera más en el área de voluntariado que hace) que dirige la Dra. Paula Peláez, en el programa Puente (del Fosis) en la Comuna de San Ramón trabajando con Familias en riesgo social y, por último, en un programa con niños con talentos académicos de la PUC (PENTA UC). Como si todo esto no le bastara, participa en el Voluntariado Miembro de Directorio del Programa Acógeme. Eso no evita que le dedique algún tiempo a su familia y a otras actividades propias a las de una persona soltera.
Marcela es la mayor de cinco hermanos y actualmente vive con tres de ellos. En su familia le fomentaron la preocupación por los que sufrían, el trato digno para todos y el ser agradecidos con los que tenían.
TM: ¿Cómo se te manifestaba de pequeña estas ganas que siempre has tenido de querer ayudar a los demás?
Marcela: Desde pequeña me interesó por colaborar poniendo mi grano de arena para que mi país estuviera mejor. Imaginaba cómo hacer para disminuir la pobreza o cómo ayudar a los demás a ser más felices. Poco a poco fui dándome cuenta que, mientras más personas nos sintiéramos bien, más probabilidades teníamos de contagiar y de entregar bienestar a otros.
TM: ¿Qué te llevó a elegir la profesión de psicología?
Marcela: Antes de elegir psicología me gustaron un montón de carreras, de variadas áreas, pero al final predominó aquella en que pudiera trabajar con personas y colaborar en que su vida fuera un poco mejor.
TM: Frente a un mundo donde el exitismo y la ganancia monetaria están muy acentuados: ¿no te parece un poco quijotesco el optar tan radicalmente por valores contrarios a éstos?
Marcela: Pese a que soy bastante austera, debo reconocer que varias veces caigo en el consumo, sobre todo cuando de viajes se trata, me apasionan. No es que no me guste ganar dinero, pero asumí que optar por algunos trabajos implicaba menor remuneración. Los hago con gusto y mientras no tenga tantas responsabilidades (mantener una familia, por ejemplo), soy feliz de poder trabajar en ellos. A veces las distancias son largas entre una pega y otra, pero una vez que tengo a la persona o a la familia al frente lo disfruto mucho.
TM: ¿Qué cambios esperas realizar en el mundo a través de tu trabajo? ¿Cómo crees que podemos generar cambios en nuestro medio?
Marcela: Mis expectativas son lograr pequeños cambios que puedan ir multiplicándose y vayan dando frutos. Por ejemplo, en San Ramón, tengo a cargo 10 familias, si éstas logran sentirse mejor y aprender algunas herramientas para solucionar sus problemas, pueden ir ayudando a sus vecinos y así ir organizándose, entre otras cosas, para mejorar la seguridad en su comuna. La comunicación es un elemento fundamental, compartir experiencias e ideas. También ocurre con el programa Acógeme, donde atendemos a 25 niños con sus familias y realidades. Con algunas oportunidades y recursos (humanos, materiales, dinero) pueden salir adelante.
Creo que podemos lograr cambios siempre que exista la voluntad de participación. Es fundamental cambiarse uno primero para estar dispuestos a trabajar para mejorar el entorno, colaborar por hacer más agradable mi hogar, trabajo, ser responsable en los deberes.
Las acciones realizadas a nivel micro, van repercutiendo en las macro (y viceversa), van despertando el interés y luego la necesidad de ayudar.
TM: ¿Cómo ha sido para ti trabajar con niños de la calle?
Marcela: Partí hace tiempo con algunas celebraciones de Navidad de Naim, luego el 2000 y parte del 2001 fui voluntaria en la casa de acogida Nazareth. Una vez por semana dormía con los niños en la casa, me preocupaba, junto a otros voluntarios, de que se bañaran, comieran y jugábamos con ellos. El 2001 también hice trabajo de calle en Plaza Italia, en el 14 de vicuña, Puente, Alto y Departamental. El 2002 trabajé junto al grupo de trabajo de calle por una oficina que pudiera centralizar ofertas de ayuda y demandas que requiriera la comunidad. Este proyecto quedó en espera para reincorporarme al equipo de Nazareth 2. A principio del 2003 me invitaron a participar en el directorio del Programa Acógeme, con la idea de poder trabajar con las familias de los niños, planificar evaluaciones para éstos y hacer cuanto aporte desde la psicología se pueda.
TM: ¿Te costó asumir que por mucho que tú les regalaras unas horas a la semana no siempre ibas a lograr que ellos dejaran la calle y qué esa iba a ser su opción más común?
Marcela: Al principio es bien frustrante, sobretodo si no se ha estudiado la realidad de las personas a las que te dedicas. Es muy importante reconocer el estilo de vida escogido por cada niño o familia, entender sus ventajas y respetarlas. Desconocer ese contexto lleva a cometer errores que son más perjudiciales para las personas.
Además, como voluntaria también me desgastaba más tratando de que se dieran las cosas como esperaba, y me ido dando cuenta que si quiero trabajar para Dios, debo poner mi esfuerzo pero, hacia los rumbos y en los tiempos que Él disponga. Por esto mismo, la oración es fundamental y me ayuda a sentirme como instrumento de algo más grande.
TM: ¿Que sientes la trabajar en lo que haces?
Marcela: Son muchas cosas, me siento consecuente con mis ideales, siento que es lo que me gusta hacer, que crezco con cada persona y con cada realidad. También hay veces que siento cansancio y me frustro por no poder dar más.
Siento que puedo estar en contacto con diversas realidades, que se dan en un mismo país, que hay diferencias que muchas veces me parecen injustas y sería estupendo dar oportunidades a todos.
Eso me ha llevado trabajar la consecuencia (aún me falta mucho), ya sea en cómo trato a los que me rodean, a las personas que me atienden, dejar ordenada una sala después de un taller, dar la propina justa, entre muchas cosas más.
TM: ¿En qué sentido te sientes compañera y colaboradora de la vida? ¿Cuáles son para ti los acentos más importantes, aquellos en qué más te esfuerzas hoy en desarrollar para poder ayudar a crecer lo mejor que hay en los demás?
Marcela: En la medida que soy parte activa de la vida de nuestro mundo y trabajo, dentro de mis posibilidades, en actividades que ayuden a mejorarlo, me siento compañera y colaboradora, con mis talentos y defectos. Por esto último, es tan importante para mí la cantidad de tiempo que dedico para reflexionar sobre cómo estoy tratando de ayudar, estudiar, dar tiempo a la oración, a la recreación, a la familia y amigos. Si soy instrumento debo cuidarme para estar bien dispuesta (y dar el ejemplo) para estar con el otro.
También es fundamental trabajar en equipo, para generar vínculos en torno a ideales semejantes, aportar ideas, críticas constructivas, ser un apoyo en momentos de flaqueza y confiar que cuando dos o más nos juntamos en nombre del Señor, Él está con nosotros.
El respeto por la manera de pensar de las personas a las que quiero llegar es importantísimo, escuchar sus sueños, sus necesidades, sus recursos, su manera de ver la vida, así se puede colaborar en el crecimiento de lo mejor de ellos, desde lo que son.
TM: ¿Qué les dirías tú a tantas mujeres que son solteras y jóvenes que están preocupadas de su bienestar económico más que de su desarrollo orgánico como personas?
Marcela: Que es comprensible querer tener ciertas comodidades, pero llega un límite en que hay que preguntarse ¿qué sentido tiene para mí lo que hago a diario, las cosas que quiero lograr? Llega un momento que, pese a tener mucho, hay un bienestar que no se logra con lo material, la parte trascendente que llevamos como seres humanos se revela y “tira”. Las invitaría a atreverse, aunque sea por una vez, a tener contacto con los niños o las familias de la casa de acogida, el encuentro con ellos les puede despertar la solidaridad, la gratitud por lo que se tiene, la creatividad para contribuir (con talleres, contactos, dinero). Toda ayuda es válida, pero el contacto con el otro es el más enriquecedor.
Es la opción de vivir para trabajar y tener dinero o vivir y sentirse bien en muchos aspectos de la vida, en el trabajo, con lo económico, la familia, la sociedad y los espiritual.
Como es el colegio san juan de las condes??????
Marcela: me gustó mucho tu entrevista....y me hizo recordar a una hermosa persona que conocí hace algun tiempo...la verdad ya casi 8 años...hoy tengo 24 y me da la impresión que tu eres Marce la sonriente estudiante de la Universidad Catolica, que conocí en las Misiones en Curanilahue...no recuerdo bien el año...96 ó 97..me gustaria mucho que trataras de comunicarte conmigo si eres tu...
Gracias Marcela por ser una mujer destacada y especialmente por lo que haces,me siento muy identificada contigo siempre he tenido esa necesidad de ayudar al otro,yo soy licenciada en arte y estoy tratando de generar proyectos para mejorar la calidad de vida de las personas mediante el arte.Deseo mucho trabajar en eso,pero Dios tiene sus tiempos...Tu lo has dicho.Exito siempre te lo mereces.Espero algun dia destacarme por lo mismo que tu.Claudia.
oye tengo una pregunta tu trabajas en el sanjuan de las condes ?? porke yo voy en ese colegio y nunka te he visto por ahi
mi nombre es paulette roldan belmonte y voy en 8º