Ángela Johnson tiene 36 años, el pelo corto y negro, ojos verdes inquietos y risueños, un matrimonio de 14 años y 11 hijos nacidos en parto normal: Rafael, de 13 años; María de los Ángeles, de 12; José Miguel, de 11; Gabriel, de 10; Tomás, de 9; Santiago, de 7; Sebastián, de 6, María Victoria, de 5; Consuelo, de 2; Margarita, de 1, y Amalia, de dos meses y medio.
Ángela Johnson y José Miguel Romero se casaron pensando tener una familia grande. Era una realidad que conocían de cerca: ella tiene 12 hermanos y él, nueve. Pero nunca se propusieron tener once hijos ni menos fue algo impuesto el uno al otro. Se fue dando y hoy Ángela dice que todavía pueden tener más. Sentada en el living de la casa de su madre, en Reñaca Alto, y esperando que los ocho niños "mayores" salgan del colegio para partir a la parcela donde viven, camino a Quintero, explica muy segura: "No toda la gente está llamada a tener tantos niños. Y yo estoy físicamente hecha para tener muchos. Según el doctor, tengo para cinco más. Con mi marido vivimos para ellos, son el tesoro que tenemos".
Se levantan a las seis de la mañana. Los siete niños más grandes se visten solos; a la de cinco, hay que animarla un poco para que lo haga por su cuenta. "Jamás se me ocurriría vestir a un niño de siete años", dice Ángela. Su marido los va a dejar al colegio. Los niños van al Montemar y las dos niñitas "grandes" al Albamar, ambos en la zona de Reñaca Alto, y a 25 minutos de la casa. Por mientras, Ángela hace vida en la casa o sus miles de trámites con las tres niñitas chicas, que la acompañan para todos lados. Cerca de las cuatro pasa a recoger al resto de la prole al colegio y parten de vuelta. La tarde es el momento de las tareas. Como ayuda, Ángela cuenta con dos empleadas "puertas afuera", que viven por ahí cerca, en el campo.
Va al supermercado todas las semanas, lo mismo que a la feria, pero éstos no son temas para ella: "Me siento súper profesional para ese tipo de cosas. Te vas armando un orden, lo que te permite poder hacer otras cosas. Porque no puedo perder el tiempo; lo necesito para los niños y para mi marido. Porque primero está él; mientras el matrimonio esté fantástico, todo lo demás va a funcionar".
Ángela cuenta que con el tiempo ha aprendido a "regalonear" a su marido, y que de repente le compra cosas ricas sólo para que él las goce. "Hace dos días le compré un pack de Coca light en lata que le encanta. Porque somos hartos y hay que limitarse. No podemos comer de todo, y da lo mismo. Yo siempre les digo a los niños que si no hay jamón o queso da lo mismo. ¡Qué importa! Pero a él sí. Y los niños saben que son cosas del papá y no las tocan. También le hago comidas ricas. Si hay charquicán, él come bistec. Lo otro es el control remoto, que esté guardado en un lugar que lo pueda encontrar. Para él, estas pequeñas cosas son demostraciones de cariño y arreglan tanto más la vida. En eso veo el entregarse al otro".
La paciencia
Para las vacaciones parten con los once hijos en una camioneta de tamaño mediano. Han ido a Futaleufú y también a Playa Blanca, como el verano que pasó, en que hicieron camping y ella no llevó ayuda doméstica. Ángela dice que todavía caben en el auto porque son chicos de porte, que más adelante se piensan comprar una liebre, siempre petrolera. "Uno se va acomodando a todo. Y si en el auto tienen que ir apretados, van apretados".
Para ella la paciencia es una virtud que se va adquiriendo con el tiempo. "Además, uno se va dando cuenta de lo que importa y de lo que no importa. Con calma, con serenidad, las cosas se van solucionando de a poco. Y los niños te van imitando: cuando uno anda tranquila, todo funciona bien, porque uno como mamá pone la nota siempre, frente al marido, frente a los hijos. Te levantas en la mañana y bueno, que sea lo que Dios quiera, y a enfrentar lo que venga con tranquilidad y paciencia. De repente uno la pierde, pero vuelve. Es un tema de manejo de voluntad. Y si les he gritado alguna vez o he sido injusta, trato de pedirles perdón. Es súper bueno, porque se dan cuenta de que la mamá también se equivoca y lo reconoce. Así les vas enseñando también a ser así entre ellos, que se pidan perdón si la han embarrado o a mí en alguna circunstancia. No es fácil, porque uno siempre quiere mantener la autoridad, pero lo hago y me ha funcionado".
Ser una profesional
Ángela no siente que por tener tantos niños no les dedique el tiempo suficiente a cada uno. Por el contrario, dice que "los aprovecho, los gozo, y no porque llegue otra guagua van a sentirse desplazados. De hecho, han sentido muy pocos celos; no hay tiempo de sentirlos. Y estoy con ellos todo el día. En la mañana con las chicas y en las tardes con los niños que van al colegio. Yo lo tomo como un trabajo. Ser mamá es mi trabajo. Ojalá se pusiera de moda esta opción, porque la encuentro espectacular. Me siento súper realizada, plena. Estudié publicidad, pero no terminé, porque no era compatible con mi opción de familia. Y nunca sentí un vacío o una necesidad, y cada vez me doy más cuenta de que esto es un trabajo; lo tomo como una profesión y en la medida en que lo haga con ese espíritu, mejor sale".
- ¿Cómo lo hace con las tareas?
- Me preocupo de estudiar y de estar al día con las materias de los niños, y también tuve que aprender computación. De los ocho que ya van al colegio, sólo hay tres que se las baten solos. Con los otros tres tengo que estar encima, porque están en la edad en que adquieren el hábito de estudio. Y aunque reclaman, les hago ver que gracias a Dios son súper habilosos, y han aprendido a estudiar y se manejan perfecto. A los más grandes también les pido que me ayuden con los más chicos. Les voy dando responsabilidades y creo que les hace bien, no que los perjudique como me han insinuado a veces. Yo soy la tercera de trece hermanos, también tuve mis responsabilidades y no me siento para nada trancada.
Ángela asegura, además, que este sistema le entrega la oportunidad de acercarse más a sus hijos. "Pienso que conozco a cada uno. Y con mi marido nos complementamos mucho en esto. A veces él capta ciertas cosas que yo no y viceversa. Cuando estamos solos hablamos de ellos, y los vamos revisando uno a uno. Le voy informando de cosas que les han ido pasando en la semana o le pido ayuda en cosas bien concretas. Vamos armando el puzzle juntos, porque sola no puedo, es imposible. Necesito a este hombre al lado y a él le pasa lo mismo: nos apoyamos mucho.
- ¿No le hace falta tiempo para sí misma?
- Me lo hago si es necesario. No salgo a vitrinear; si tengo que comprar algo voy y lo compro. A lo mejor me faltan minutos para ir a la peluquería y no estar haciéndome embarradas en la cabeza yo sola. Pero no tengo esa necesidad del tiempo propio, mío; no es algo que me esté cuestionando. Mi tiempo lo gozo con mi marido, no sé qué otro espacio puedo querer para mí misma. Tampoco ando desesperada buscando respiros. No.
El tema de conservar a las amigas sí lo considera importante, y cuenta que ese espacio lo va robando a su rutina "por aquí y por allá". Están las juntas con las mamás de los colegios; a veces en las mañanas se toman un café entre ellas, "el fin de semana pasado tuvimos una comida de curso y lo pasamos salvaje, nos acostamos como a las tres de la mañana. Esos momentos los gozo, pero de ahí a que me sienta ahogada, asfixiada, porque necesite mi tiempo, para nada. Soy feliz con lo que hago, me agoto, termino muerta en la noche, pero bien. Me digo fue un día bien trabajado. Yo soy bien cuadrada; es mi marido el que me da la flexibilidad".
El desgaste físico que puede sufrir una mujer después de tantos hijos no es un tema para Ángela. De hecho, con 11 criaturas y una de apenas dos meses y medio, no parece como una clásica "recién parida" y apenas tiene un par de kilos de sobrepeso. "No me paralizo pensando en eso. Me gusta ser mamá, me gusta tenerlos en la guata y me gusta tener guagua. Suena súper feo y a lo mejor es muy fuerte decirlo, pero me gusta parir. Para mí es una satisfacción, finalmente los hijos van a estar, mientras que de lo otro (y hace un gesto como diciendo "el cuerpo") no te va a quedar nada".
Dice que por algo insiste en el tema de que ella nació para ser madre. "Yo estoy hecha para esto. Quizá a otra mujer con once hijos se le hubiera roto el útero, pero es de familia, mi mamá tuvo 13. Depresión posparto tampoco he tenido nunca, gracias a Dios".
- ¿Su marido le ayuda, muda guaguas, por ejemplo?
- No, y no se lo exijo, porque no es algo que tengamos que compartir. Creo que hay ciertos trabajos que son de uno, que las mujeres hacen ciertas cosas mejor y que los hombres hacen otras mejor, y no es que sea machista. Tampoco me nace pegarle una patada en la noche porque la guagua está llorando; prefiero que descanse porque va a trabajar todo el día. Voy yo, porque a la guagua de dos meses la que mejor la hará callar soy yo. Y a lo mejor él lo hace mucho mejor conversando con el de 13, que está entrando a una edad complicada. Considero que hay cosas que son de hombres y cosas que son de mujeres en el tema de la educación de los hijos. Absolutamente. Creo que lo estamos haciendo bien en ese sentido; nos ha funcionado estupendo, aunque eso no significa que él no sepa llevar la casa.
Problemas graves no han tenido muchos. Lo peor que han pasado es cuando María Victoria estuvo a punto de morir a causa de una meningogoxemia, una bacteria que se va a la sangre.
"Fue bien difícil, y Dios es grande, pero por una fiebre yo no los llevo al doctor. Pero en ese minuto creo que me hizo atinar, porque era una cuestión de horas. Sufrimos harto, fue una semana bien intensa, pero también nos dijimos que si tenía que morirse era la voluntad de Dios. Que así como Dios te la dio te la puede quitar. Así lo vivimos, súper tranquilos, a pesar del enorme sufrimiento".
Accidentes tampoco: "Santiago se nos cayó del segundo piso, pero no le pasó nada. Lo amortiguó el pasto y el hecho de que tenía harto pelo en la cabeza. Ahí pusimos reja en las ventanas. Pero ese mismo año le dio un virus en la cabeza bien complicado y perdió la mitad de la audición. Por eso le cuesta un poco más hablar".
- ¿Tampoco han vivido conflictos como matrimonio?
- No, somos súper normales, como todas las familias, no nos damos lujos, pero sí algunos gustos. Y en estos catorce años nos hemos aprendido a conocer. Ha sido súper entretenido. Jamás volvería atrás. Él ha aprendido a quererme con mis defectos, yo también; ahí le ponemos empeño. Y los dos nos hemos puesto de acuerdo en trabajar las dificultades, porque uno se da cuenta - es cosa de mirar para el lado- que si no lo haces la cuestión se acaba, y no es la idea.
Lo que sí, Ángela confiesa que se ha sentido criticada. "Muchas veces la gente es imprudente, se mete en temas que no le corresponde, te hace preguntas idiotas, de frentón. Y mi marido los deja bien en su lugar. ¿Acaso no tienen televisión? nos han dicho.
Una vez un tipo me dijo, en muy mal tono: ¿Y tú qué pretendes? ¿Poblar el mundo? Esas cosas me molestaban. Pero ya no. Muchas mujeres también me critican, lo sé, pero me resbala. Me da lo mismo. Porque mis niños están súper bien, son sanos, los llevo al doctor cuando debo. La gente piensa que uno los tiene botados, pero yo creo que mientras más hijos uno tiene son más tesoros, uno los cuida más. A los míos les encanta su familia y ya están pidiendo que tengamos otro hombrecito".
Fuente: Revista Ya, El Mercurio
Texto: Ximena Urrejola B. Fotografías: Viviana Morales
hola bueno primero darle las gracias por todos sus comentarios y por haber leido la sección de mi mamá el segundo motivo es para informar a la señora(ita) carolina rosende que yo puedo contactarla con mi mamá, ella felizmente la atenderia un saludo para toda la gene que leyo aquella seccion y agradesco a la produccion por la oportunidad que nos han dado para salir en viva la mañana y asi la gente nos conosca. cayayi_rj123@hotmail.com
Que maravilla este gran testimonio de VIDA.
Con Angela compartimos algún tiempo cuando estudiabamos Publicidad en el IPEVE en Santiago.Que lindo saber de ella.
Mil cariños para ella y la gran misión que Dios le ha encomendado.
Hola: Soy carolina rosende, periodista del "Viva la mañana" de Canal 13. Les escribo porque estaba leyendo la sección de MUJERES ESTACADAS y me llamó mucha la atención la familia de Ángela Johnson y José Miguel Romero, encuentro maravilloso que tengan 12 hijos, todos sanos y que ellos estén súper afiatados como matrimonio. son un súper ejemplo. Por lo mismo me gustaría que me ayudaran a contactarme con ellos para poder hacerles una nota. Se los agradecería enormemente. Saludos.
Carolina Rosende B.
carorosende@hotmail.com
9-2517605 / 2630574