Si te sientas al ponerse el sol
y cuentas los actos realizados
y encuentras, al contar,
un acto abnegado, una palabra,
que alivió el corazón de quien la ha oído
una mirada afable
que alumbrara como el sol lo que mirase,
puedes considerarlo un día ganado.
Pero si en ese largo día, a nadie han alegrado tus palabras,
si nada encuentras
entre las acciones de ese día
que llevara el sol a ningún rostro.
Ningún ínfimo acto
que ayudara a ningún alma a ningún precio
considera que ese día está perdido.