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    Mi cumpleaños
    Subido por Beatriz Letelier el 11 de Diciembre de 2003

    Como sabrás nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños, todos los años se hace una gran fiesta en mi honor y creo que en este año sucederá lo mismo.

    En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en la radio, en la T.V. y en todas partes no se habla de otra cosa, si no de lo poco que falta para que llegue ese día. La verdad, es agradable saber que, al menos un día del año algunas personas piensan un poco en mí. Como tu sabes, hace muchos años empezaron a festejar mi cumpleaños, al principio no parecía comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero hoy en día nadie sabe para que lo celebran, la gente se reúne y se divierte mucho pero no sabe de que se trata.

    Recuerdo que el año pasado al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta en mi honor, había cosas muy deliciosas en la mesa, todo estaba decorado y recuerdo también que habían muchos regalos, ¿pero sabes una cosa? ni siquiera me invitaron.

    Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme. La fiesta era para mí y cuando llegó el gran día me dejaron afuera, me cerraron la puerta... y yo quería compartir la mesa con ellos.

    La verdad no me sorprendió, porque en los últimos años todos me cierran la puerta. Como no me invitaron, se me ocurrió entrar sin hacer ruido, entré y me quedé en el rincón, estaban todos bebiendo, había algunos ebrios contando chistes, carcajeándose, la estaban pasando en grande, para colmo llegó un viejo gordo vestido de rojo, de barba blanca y gritando jo-jo-jo-jo, parecía que había bebido de más. Se dejó caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron hacia él, diciendo: “el viejito pascuero”, “el viejito pascuero”. ¡Cómo si la fiesta fuese en su honor!

    Llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse, yo extendí
    mis brazos esperando que alguien me abrazara y ¿sabes? Nadie me abrazó... De repente todos empezaron a repartirse los regalos, uno a uno los fueron abriendo, hasta que se abrieron todos. Me acerqué para ver si de casualidad había alguno para mí y no encontré ni uno. ¿Qué sentirías si el día de tu cumpleaños se hicieran regalos unos a otros ¿y a ti no te regalaran nada?

    Comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin hacer ruido, cerré la puerta y me retiré. Cada año que pasa es peor, la gente sólo se acuerda de la cena, de los
    regalos y de las fiestas, y de mí nadie se acuerda.

    Quisiera que esta Navidad me permitieras entrar en tu vida; que vieras como cada día salgo a tu encuentro y te saludo a través de las pequeñas cosas y de las personas con las que estás. Ojalá pudieras apreciar cuán cerca de ti estoy y te alegraras al saber que te quiero. En realidad no te pido regalos para mí por mí; sino que me hagas el regalo de tu transformación interior de tal manera que seas una pequeña luz que ilumine el mundo llevando mi amor a los demás.

    ¡Hoy sólo quiero que tú creas esto con todo tu corazón!!! Hasta pronto.... tu amigo,

    Jesús


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